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Voraz incendio en un edificio de Flores deja al menos ocho heridos

El fuego comenzó en el cuarto piso. Alrededor de ocho personas resultaron afectadas por inhalación de monóxido de carbono. Los bomberos trabajan para controlar las llamas y evitar su propagación.

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El Argentino Diario-Incendio en edificio de Flores.

Un incendio descomunal sorprendió este viernes a los residentes de un edificio de diez pisos ubicado en Culpina al 500, en el barrio de Flores, en la ciudad de Buenos Aires. Las llamas, que se originaron en el cuarto piso, alcanzaron rápidamente el nivel superior, lo que generó una intervención de emergencia de varias dotaciones de bomberos.

Incendio de magnitud y despliegue de bomberos

El fuego, que comenzó en el cuarto piso, se propagó de forma veloz hacia el quinto, causando preocupación entre los residentes, quienes evacuaron el edificio por temor a que el siniestro avanzara. Según las autoridades, los bomberos trabajan con un importante despliegue para controlar las llamas y evitar que afecten otras zonas del inmueble.

Vecinos testigos del incidente describieron el momento con palabras de angustia y aseguraron que “el humo cubrió rápidamente el pasillo” y que “los gritos de ayuda se escuchaban desde varios pisos”.

Heridos y evacuación en emergencia

Hasta el momento, se reportaron ocho personas heridas, principalmente afectadas por inhalación de monóxido de carbono. El SAME trasladó a los afectados a hospitales de la zona para recibir atención médica de urgencia. Se informó que los heridos incluyen a residentes de distintos pisos del edificio, quienes sufrieron por la intensa cantidad de humo.

La Policía de la Ciudad colabora en el operativo, organizando el perímetro y ayudando a los bomberos a mantener el control de la situación mientras se llevan a cabo las tareas de enfriamiento.

Riesgo de propagación y situación controlada

Aunque las llamas fueron controladas parcialmente, los bomberos indicaron que la amenaza de propagación hacia otros sectores continúa. “El riesgo de que el fuego se extienda hacia otros departamentos existe mientras el material esté expuesto”, señaló una fuente oficial.

Las autoridades investigan las causas del incendio, que aún se desconocen. Se supo que el sistema de evacuación fue activado de inmediato, y los residentes se movilizaron por las escaleras para abandonar el edificio.

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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