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Jorge Macri en el acto de AMIA: “La impunidad también mata”

A 31 años del atentado, el jefe de Gobierno porteño participó del homenaje y reclamó justicia. También pidió por los secuestrados por Hamas.

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El Argentino Diario-Jorge Macri en el acto por el atentado a la AMIA.

El jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, participó esta mañana del acto de conmemoración por los 31 años del atentado contra la AMIA, ocurrido el 18 de julio de 1994. En su intervención, rindió homenaje a las víctimas y expresó su dolor por la falta de justicia. “Lo que más duele, además del atentado, es la impunidad. Es una herida que nunca termina de cerrar”, afirmó.

Presencia institucional y pedido de justicia

El acto, organizado por la AMIA, la DAIA, familiares de víctimas y diversas instituciones comunitarias bajo el lema “La impunidad sigue; el terrorismo también”, se realizó en la sede de Pasteur 633, donde hace 31 años explotó una bomba que dejó 85 muertos y más de 300 heridos. A las 9.53, hora exacta del estallido, sonaron sirenas en la Ciudad como parte del homenaje.

Participaron autoridades del Gobierno nacional y porteño, representantes diplomáticos, dirigentes religiosos y referentes sociales. Jorge Macri, en representación del Ejecutivo porteño, remarcó la necesidad de sostener el reclamo de justicia y preservar la memoria. “Hay generaciones que no vivieron ese momento. Debemos sostener la memoria y el reclamo vivo, y además siempre volver a exigir la liberación de los secuestrados por Hamas”, manifestó.

Encuentro con instituciones de la comunidad judía

El funcionario reveló que, previo al acto oficial, mantuvo una reunión con su equipo y representantes de todas las instituciones judías en la sede del Gobierno de la Ciudad para reflexionar sobre el atentado. “El dolor se mantiene vigente porque la herida no cierra mientras la impunidad persista”, subrayó.

31 años sin justicia

El atentado contra la sede de la AMIA continúa siendo uno de los mayores actos terroristas perpetrados en América Latina. A más de tres décadas del ataque, no hay condenas firmes contra sus responsables. Las causas judiciales han transitado por innumerables idas y vueltas, denuncias de encubrimiento, cambios de jueces y fiscales, e incluso el asesinato aún no esclarecido del fiscal Alberto Nisman, quien investigaba la conexión internacional del atentado.

El reclamo por los rehenes de Hamas

En un tramo de su discurso, Macri vinculó el atentado de 1994 con el presente, al hacer referencia a los ciudadanos israelíes secuestrados por Hamas. “No podemos naturalizar que haya personas secuestradas. El reclamo por su liberación debe ser parte también de esta memoria activa”, sostuvo. Si bien no profundizó en la relación directa entre ambos hechos, el mensaje pareció buscar un encuadre contemporáneo para renovar el reclamo de justicia en un contexto internacional más amplio.

Puntos clave:

  • Jorge Macri participó del acto oficial por los 31 años del atentado a la AMIA.
  • Reclamó justicia y dijo que “la impunidad es una herida que no cierra”.
  • El homenaje fue organizado por AMIA, DAIA y familiares bajo el lema “La impunidad sigue; el terrorismo también”.
  • A las 9.53 sonaron sirenas en homenaje a las víctimas.
  • Macri también pidió la liberación de los secuestrados por Hamas.

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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