Literatura
El espíritu del escritor
Hay un fusilado que vive. Esa es la frase que escuchó Rodolfo Walsh en un café de La Plata. Había un tablero de ajedrez y se hablaba de Nimzovich, un jugador nacido en el imperio ruso que escapó del ejército zarista fingiendo que tenía una mosca en la cabeza. Zzzz así hace, duerme atrás de mis ojos. Le creyeron.
Por Matias Segreti / @matiassegreti
Walsh estaba sentado en un bar, el calor asfixiante y la camisa teñida por el sudor, se acomodaba los anteojos para ver cómo dos personas discutían algunos puntos de una partida de ajedrez. Se pidió una segunda cerveza que le llegó sin espuma, bufó, en ese momento un hombre de apellido Livagra se sentó a su lado y le dijo: hay un fusilado que vive. El hombre continuó con lo que tenía para decir, Walsh le creyó inmediatamente.
Hace un año me llegó un mensaje de la escritora Manuela Paez. Nos conocimos de casualidad en un recital poético. Una chica tomó el micrófono: “ella me amaba, estoy seguro, casi como a su gato” y todos entendieron una referencia que les causó gracia, menos a Manuela y a mí. Nos miramos, nos gustamos al instante de manera breve, después nos dimos cuenta de que solo era el efecto de la noche y de la bestia que duerme en el alcohol. Nos volvimos amigos. El texto que me envió dice: lo vi, era él, no tengo ninguna duda.
Le pedí que nos viéramos, aceptó de inmediato. Fuimos a un bar en la calle Sanchez de Loria y después de pedir varias cervezas me explicó: era él, caminaba como él, hablaba como él, tenía esa lucidez y esa forma vaga y despreciable de mirar. Es decir, miraba y no miraba, pero no tengo ninguna duda. Tenía un olor, un olor familiar, como un perfume que no sé de qué era.
Cuando decía “él” estaba hablando de un escritor argentino desaparecido, muerto hace casi cuarenta años. Manuela tenía una lucidez fuera de lo común, una inteligencia pura, por eso me asombró un poco su comentario. Antes de contestarle revolee los ojos, dije que había escuchado de su presencia en los textos, de su espíritu gravitando en la atmósfera de la ciudad, de la vitalidad de su prosa, de la vigencia. Manuela le dio un buen trago a la pinta y me mandó a cagar. Te estoy diciendo que lo vi, pero vos sos un pelotudo. Se levantó y se fue. Me pareció un poco exagerada su reacción, sobre todo por el tono en la letra “p”. Luego una gota de lluvia cayó desde el techo a mi cerveza.
Por otra casualidad, (un papel que envolvía huevos), algunos meses más tarde encontré un artículo firmado por el Dr. Lucío Casares, quien sospecho tiene algo que ver con Bioy, pero por las dudas dejemoslo ahí. Lo había publicado un diario de tirada no comercial. Desenrollé. La noticia era que, según este doctor Casares, había un hombre igual al escritor que andaba circulando por Buenos Aires. Hablaba balbuceando, decía cosas inentendibles y no se dejaba ayudar. El hombre insistía que se trataba de él. La ceguera, su barboteo, el sentimentalismo. El artículo terminaba exigiendo que alguien haga algo, que el Estado Argentino sea consciente de esta situación. Qué interesante pensé y recordé a Manuela.
Lo último fue hace dos noches. La calle Tucumán o Viamonte, el centro, lugar donde se concentró la tradición de la Ciudad y hoy parece un fuerte abandonado. Vi a un hombrecito intentando abrir la puerta de un edificio con un resultado espantoso. Le erraba a la cerradura y, además sin saberlo, al edificio y a la llave. Me fui acercando con la complicidad de la oscuridad y la ausencia de cualquier testigo. La imagen era un cuerpo frágil, zapatito inglés, el cabello chato, sin dedicación, tenía un bastón y un traje beige. Buenas noches, le dije, no me contestó. Repetí pensando que no me había escuchado, buenas noches. Una voz entrecortada salió del centro de ese cuerpito, “a lo largo de sus generaciones los hombres erigieron la noche”. Contestó eso, como si hubiera saludado de manera corriente, con una pretendida humildad. Recién en ese momento me di cuenta frente a quien estaba. No puede ser, pensé. El hombre seguía en el imposible procedimiento de entrar a un hogar que no era el suyo. ¿Lo puedo ayudar? Intentó mirarme, en sus ojos el crepúsculo de la invalidez, no, dijo, gracias. Luego se enderezó y se fue. Pasó a mi lado y pude olerlo.
Volví a mi casa intentando encontrar en algún lugar esa fragancia, en los canteros de la estación, en los paredones del cementerio. Pensé que era violetas o amaranto, la flor de cereal que las viejas usaban para confeccionar coronas. Caminé las siguientes cuadras sin un punto a dónde ir mientras el horizonte se deshacía en las hojas de paraíso. Comencé a dar vueltas sin sentido como se da vuelta a un problema que no tiene solución, solo que este problema incluía a la de la existencia de dios. Hay un escritor que vive y por alguna razón que desconozco no puede salir de este laberinto.
Agarro el teléfono y le mando un mensaje a Manuela Paez. A papel, escribo. Ya sé a qué huele, a papel y a tinta.
Para escribir hay que creer.
Literatura
“El demonio del mediodía”: una novela provocadora se presenta en la Feria del Libro
La publicación puede encontrarse en el stand 337 del Pabellón Azul, dentro del predio de La Rural (Avenida Sarmiento 2704, CABA), donde se desarrolla la feria entre el 23 de abril y el 11 de mayo.
Alejo Brignole presenta en la Feria del Libro “El demonio del mediodía”
En el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el escritor Alejo Brignole presenta su nueva obra El demonio del mediodía, una novela que se define como ácida, provocadora y profundamente contemporánea.
El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una mirada incómoda sobre el poder, el deseo y “el fantasma de la senectud”, atravesando temas sensibles con una narrativa filosa. La estética de la portada refuerza ese tono inquietante.
La publicación puede encontrarse en el stand 337 del Pabellón Azul, dentro del predio de La Rural (Avenida Sarmiento 2704, CABA), donde se desarrolla la feria entre el 23 de abril y el 11 de mayo.
Con esta propuesta, Brignole se suma a una edición aniversario de la Feria que reúne voces diversas y apuesta a tensionar los debates culturales del presente.

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