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Hallan cuerpo de nena de 5 años en una caja de madera

Su madre la tapó con cemento y lo usaba como mesa de luz.

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La autopsia a la nena de 5 años hallada muerta dentro de una caja de madera y tapada con cemento dentro de una vivienda de la localidad bonaerense de Villa Ballester determinó que murió producto de una infección respiratoria debido a que padecía enfermedades preexistentes. Su madre usaba el cajón que contenía el cadáver como mesa de luz.

El cuerpo de Milagros Martín (5) fue encontrado en la calle Catamarca al 3900, en esa localidad del partido de San Martín, y por el hecho quedó detenida la madre, identificada como Vanesa Mansilla (27).

Mansilla dijo que la niña había sufrido una broncoaspiración y había fallecido, pero como no supo qué hacer, se asustó y metió el cuerpo dentro de una caja y la llenó de cemento.

«La caja con el cuerpo la utilizaba como mesita de luz en su dormitorio», confió a Télam un investigador.

La autopsia arrojó que la niña falleció producto de una «infección respiratoria», aunque no se pudo establecer la data de muerte.

La denuncia sobre el paradero de la niña la había realizado su padre, Maximiliano Martín, el 24 de octubre.

El hombre indicó que hacía varios meses no veía a su hija y que Mansilla le había dicho que la había dado en guarda al servicio local de San Martín, por las malas condiciones de vida que tenía en su domicilio.

Un investigador indicó que finalmente ayer, luego de varios días, la madre de la niña reconoció ante unos familiares que su hija había muerto luego de que le preguntarán insistentemente dónde se encontraba la menor.

Fueron los familiares, tras enterarse de lo sucedido, que se comunicaron con la fiscalía, que ordenó un allanamiento de urgencia y tras el hallazgo del cadáver, detuvo a la mujer.

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Filas eternas y coches llenos: el ajuste del transporte ya se siente en la calle

Según las empresas hay un 20 por ciento menos de coches en circulación.

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El recorte no se anunció en conferencia ni se publicó en el Boletín Oficial. Se sintió, directamente, en la calle. En Constitución, Retiro y Liniers, la postal se repitió: filas largas, colectivos que no frenan y usuarios que esperan sin saber cuándo llega el próximo.

Menos unidades, más tensión

La AAETA lo blanqueó sin rodeos: hay un 20 por ciento menos de coches en circulación. El argumento es el aumento del gasoil, que (según las empresas) vuelve inviable sostener la frecuencia habitual.

Pero la ecuación cierra de un solo lado. Mientras las cámaras empresarias ajustan la oferta, la demanda sigue intacta. O peor: crece. El resultado es un sistema que se achica sobre los mismos usuarios de siempre.

El ajuste viaja en colectivo

Coches llenos que pasan de largo. Esperas que duplican o triplican los tiempos habituales. Paradas desbordadas en horas pico.

La escena no distingue líneas ni recorridos. El problema es estructural: menos unidades en la calle implican más presión sobre cada servicio activo.

Subsidios, tarifas y un conflicto abierto

Detrás del recorte, el reclamo empresario apunta a la actualización de subsidios y tarifas. Sin embargo, el traslado del costo es inmediato: recae sobre los pasajeros, que pagan con tiempo (y con paciencia) lo que no cierra en los números del sector.

En ese marco, el transporte público vuelve a convertirse en una variable de ajuste silenciosa. Sin anuncios rimbombantes, pero con impacto concreto en la vida cotidiana: viajar peor, más apretados y durante más tiempo.

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