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El Gobierno de Milei reduce 10% el Impuesto País, pero solo para importaciones

La medida busca aliviar la carga impositiva y fomentar un descenso en la inflación mayorista. La reducción no alcanza al sector turismo ni a la compra de dólar ahorro. Entra en vigor el 2 de septiembre.

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El gobierno de Javier Milei anunció una reducción significativa del Impuesto País para importaciones de bienes y servicios, que entrará en vigor a partir del lunes. Esta medida, que busca aliviar la presión inflacionaria y estimular la actividad económica, marca un giro en la política fiscal del país.

Detalles de la reducción impositiva

El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó a través de su cuenta de Twitter que la alícuota del Impuesto País para la importación de bienes y fletes se reducirá del 17,5% al 7,5%. Esta baja del 10% no afectará al sector turismo, que mantendrá sus tasas actuales.

«Importante! A partir del lunes 2 de septiembre la alicuota del Impuesto País para la importación de bienes y fletes se retrotraerá del 17,5% al 7,5%. Prometimos y cumplimos!», expresó Caputo en su red social.

Impacto económico y desafíos

La decisión representa un desafío significativo para el gobierno de Javier Milei, ya que el Impuesto País ha sido una fuente importante de ingresos fiscales en un contexto de menor actividad económica. En julio pasado, este impuesto aportó aproximadamente 650.000 millones de pesos a las arcas del Estado.

La reducción del impuesto implicará una caída del 40% en una de las principales bases de recaudación del gobierno. Además, se espera que esta medida resulte en un abaratamiento del dólar para importadores, quienes actualmente pagan alrededor de 1.116 pesos por cada dólar.

Evolución del Impuesto País

El Impuesto País fue introducido en diciembre de 2019 por el entonces presidente Alberto Fernández como parte de un refuerzo al cepo cambiario. Originalmente, se aplicaba a la compra de dólares para ahorro, adquisición de bienes y servicios en el exterior, y compra de pasajes o paquetes turísticos internacionales.

Desde su implementación, el impuesto sufrió varias modificaciones:

  • Octubre 2022: Se amplió para incluir la compra de bienes de lujo y ciertos servicios en el exterior, con una alícuota del 30%.
  • Julio 2023: Se extendió a pagos de servicios externos como mantenimiento, servicios informáticos y asesoramiento profesional, con un 25% adicional.
  • Diciembre 2023: El presidente Milei aumentó la tasa para fletes internacionales e importaciones del 7,5% al 17,5%.

Perspectivas futuras

El gobierno de Milei ha señalado su intención de eliminar completamente el Impuesto País para el 31 de diciembre de este año. Esta reducción gradual forma parte de una estrategia más amplia para simplificar el sistema tributario y fomentar la inversión y el crecimiento económico.

Puntos clave de una medida que no alcanza a las compras con tarjeta en dólares ni para adquirir dólar ahorro:

  • El Impuesto País para importaciones se reducirá del 17,5% al 7,5% desde el 2 de septiembre.
  • La medida busca aliviar la carga impositiva y fomentar un descenso en la inflación mayorista.
  • La reducción no alcanza al sector turismo ni a las compras de dólar para ahorro.
  • Se espera que el Impuesto País sea eliminado completamente para finales de año.
  • La decisión implica un desafío fiscal para el gobierno, dada la importancia del impuesto en la recaudación.

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El vocero de Milei dijo que el dólar podría llegar a $1.800: la grieta entre el relato oficial y el mercado

El vocero presidencial admitió en un streaming oficialista que una corrección cambiaria «es una posibilidad», y el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio cercano a los $1.700 para fin de año. La confesión contradice el discurso gubernamental de estabilidad.

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Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.

El dólar y los salarios son los dos pilares sobre los que el Gobierno de Javier Milei construyó su relato de éxito económico. Pero en las últimas horas, uno de los propios funcionarios del equipo oficialista horadó ese andamiaje: el vocero presidencial Adrián Ravier reconoció públicamente que el tipo de cambio podría experimentar una corrección y llegar a valores de entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses. La declaración, formulada en un streaming de carácter oficialista, no pasó inadvertida en un contexto donde la devaluación es una amenaza latente para el poder adquisitivo de los trabajadores.

«Es una posibilidad»: la admisión que el oficialismo intentó minimizar

Ravier intentó enmarcar la posible corrección cambiaria como un movimiento «mínimo» que «no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos». Tras recorrer una serie de grandes devaluaciones de gobiernos anteriores para contextualizar el escenario actual, el vocero reconoció que «es una posibilidad que el tipo de cambio llegue a $1.800 ó $1.700 para dentro de unos meses». El argumento del funcionario buscó diferenciarse de saltos cambiarios abruptos del pasado, pero la admisión en sí misma representa una fisura en el discurso oficial de estabilidad cambiaria que el equipo económico repite cada vez que puede.

La pregunta de si existe o no atraso cambiario sobrevoló la declaración de Ravier, quien esquivó una respuesta directa: «Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir», señaló, antes de concluir que cualquier corrección sería de magnitud acotada. Sin embargo, la dificultad para responder con certeza esa pregunta es, en sí misma, una señal de alarma para quienes siguen de cerca la política monetaria.

El mercado ya descuenta una suba del dólar

Las palabras de Ravier no llegaron en el vacío. Antes de su declaración, el propio mercado financiero ya venía descontando un tipo de cambio más elevado hacia fin de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado en base a encuestas realizadas a las consultoras y empresas más relevantes del sector financiero, proyecta un dólar cercano a los $1.700 para diciembre de 2026. El consenso privado y las palabras del vocero apuntan, entonces, en la misma dirección, aunque el Gobierno se esfuerce en llamarlo «corrección mínima» en lugar de devaluación.

El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares en reservas desde principios de año, un dato que el oficialismo exhibe como señal de fortaleza. No obstante, analistas del sector advierten que ese ritmo de compra se desacelerará una vez superada la cosecha gruesa, lo que limitará el margen del Gobierno para sostener artificialmente el valor del dólar en los meses siguientes.

El ancla que sostiene una macroeconomía frágil

El tipo de cambio cumple en el esquema libertario una función doble y contradictoria: es, al mismo tiempo, el principal instrumento antiinflacionario y el punto de mayor fragilidad del modelo. La estabilidad financiera que el Gobierno exhibe hoy, a pesar de la caída de los salarios, la pérdida de empleos y el cierre de empresas, depende en gran medida del dólar quieto. Una devaluación, aunque sea presentada como «mínima», arrastra un riesgo concreto: acelerar el cierre de negocios y licuar aún más el poder adquisitivo de los trabajadores, especialmente si la respuesta del Gobierno fuera profundizar el ajuste para evitar nuevas correcciones del tipo de cambio, como ya hizo en ciclos anteriores.

El propio Gobierno reconoció en otras instancias que el proceso de recomposición salarial «lleva tiempo» y «genera tensiones». Mientras tanto, los salarios privados registrados subieron apenas un 2% en mayo, por debajo de la inflación del mismo mes, que fue del 2,1%, según datos del INDEC. La brecha entre salarios y precios se repite en las comparaciones interanuales y acumula un deterioro sostenido desde el inicio de la gestión. En ese contexto, una nueva corrección del tipo de cambio sería una mala noticia más para los sectores populares.

La contradicción estructural del modelo

La declaración de Ravier expone una contradicción que el Gobierno prefiere no abordar frontalmente: si el tipo de cambio está atrasado, cualquier corrección afectará los precios internos y erosionará los ingresos reales; si no lo está, la competitividad de las exportaciones queda condicionada por otros factores estructurales que el modelo libertario tampoco resolvió. El propio Ravier intentó salir de ese dilema reivindicando el rendimiento exportador como prueba de competitividad sin necesidad de devaluación, pero sus números sobre la posible llegada del dólar a $1.700 o $1.800 desmienten esa certeza.

El mercado, los analistas y ahora el propio vocero presidencial confluyen en un escenario que el relato oficial prefiere esquivar: el dólar se va a mover. La discusión es cuánto, cuándo y, sobre todo, quién pagará el costo.

Puntos clave

  • El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.
  • El REM del Banco Central proyecta un dólar cercano a $1.700 para diciembre de 2026.
  • El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares desde principios de año, pero el ritmo se desaceleraría tras la cosecha gruesa.
  • Los salarios privados registrados subieron 2% en mayo, por debajo de la inflación del 2,1% según el INDEC.
  • Una corrección cambiaria profundizaría el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de ajuste sostenido.
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