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La memoria como política de Estado que cruza fronteras: la UE conmemoró los 50 años del Golpe

Frente al negacionismo del gobierno de Milei, no fue un mensaje más. Fue, en los hechos, una toma de posición.

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A 50 años del Golpe de Estado en nuestro país de 1976, la Unión Europea decidió correrse del protocolo diplomático habitual y emitir un gesto político de alto contenido simbólico: conmemoró oficialmente el aniversario del inicio de la última dictadura argentina y rindió homenaje a sus víctimas. No fue un mensaje más. Fue, en los hechos, una toma de posición.

El acto, realizado junto a sus Estados miembros, puso en el centro una definición que no suele aparecer con esa claridad en la arena internacional: el reconocimiento explícito de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia como un modelo democrático. “Son un referente internacional de compromiso democrático”, sostuvo el embajador Erik Høeg. La frase no solo valoró el proceso argentino. También marcó un estándar.

Un reconocimiento con historia

El vínculo entre Europa y los derechos humanos en la Argentina no es nuevo. Durante los años de la dictadura, distintos países europeos fueron destino de exiliados políticos y escenario de denuncias contra el régimen militar. Décadas después, ese lazo se reconfiguró en clave institucional: cooperación judicial, acompañamiento a los juicios de lesa humanidad y respaldo a organismos de derechos humanos.

En ese recorrido, la Argentina construyó un camino singular. La anulación de las leyes de impunidad, la reapertura de los juicios y la consolidación de una política de Estado orientada a juzgar a los responsables del terrorismo de Estado fueron leídas desde el exterior como un proceso excepcional. No por su ausencia de conflictos, sino por su persistencia.

El gesto de la Unión Europea se inscribe en esa tradición. Pero al mismo tiempo, adquiere un nuevo sentido en el contexto actual.

La memoria como política, no como relato

El reconocimiento europeo no se limitó a la evocación histórica. Puso en valor una política pública concreta: la decisión de investigar, juzgar y condenar los crímenes de lesa humanidad. En otras palabras, destacó la memoria como herramienta institucional, no como consigna abstracta.

Ese punto resulta central. En un escenario global donde crecen discursos que relativizan violaciones a los derechos humanos o promueven lecturas revisionistas de procesos traumáticos, la Unión Europea eligió señalar un camino opuesto: el de la memoria activa, sostenida desde el Estado.

No es un dato menor. El bloque europeo también atraviesa sus propias tensiones en materia de memoria histórica, con debates abiertos sobre el pasado colonial, los crímenes del fascismo y las políticas migratorias actuales. En ese marco, mirar hacia la Argentina implica también interpelarse.

Que la Argentina sea presentada como “referente” no es solo un elogio. Es, en cierto punto, una incomodidad para otros países que no avanzaron con la misma profundidad en procesos de justicia transicional.

Mientras en distintos lugares del mundo los crímenes de Estado siguen sin juzgarse o se diluyen en comisiones sin consecuencias penales, el caso argentino aparece como excepción: cientos de condenas, juicios en curso y una narrativa social que legitima ese proceso.

Diplomacia y contexto político

La declaración del embajador Høeg refuerza esa lectura. Y, al hacerlo, coloca a la Argentina en un lugar de visibilidad internacional que contrasta con las discusiones internas.

El pronunciamiento de la Unión Europea no ocurre en el vacío. Llega en un momento en el que, dentro del país, resurgen discursos que cuestionan las políticas de derechos humanos impulsadas desde 2003. La falsa idea de una “memoria completa”, la relativización del número de desaparecidos o la equiparación entre terrorismo de Estado y violencia política forman parte de un clima que tensiona consensos históricos.

En ese contexto, la señal europea adquiere un tono político más marcado. Sin intervenir directamente en la coyuntura local, reafirma un posicionamiento: los procesos de memoria, verdad y justicia no son negociables ni equivalentes a otras interpretaciones.

Es, en términos diplomáticos, una forma de marcar límites.

Memoria global, disputa local

La conmemoración europea también evidencia otra dimensión: la internacionalización de la memoria argentina. Lo que comenzó como una lucha de organizaciones locales (Madres, Abuelas, familiares) se transformó con el tiempo en un paradigma global.

Hoy, el modelo argentino es estudiado en universidades, citado en tribunales internacionales y replicado )con matices) en otros procesos de justicia transicional. La Unión Europea, al reconocerlo, no hace más que formalizar esa circulación.

Sin embargo, esa validación externa convive con una disputa interna que sigue abierta. La memoria no es un terreno saldado. Es un campo de tensiones donde se cruzan historia, política y poder.

A 50 años, una definición

Medio siglo después del golpe, la escena ofrece una paradoja. Mientras desde Europa se consolida la idea de la Argentina como ejemplo democrático en materia de derechos humanos, puertas adentro Milei y el gobierno libertario niega lo ocurrido en la dictadura y refuerza teorías fascistas como la de “los dos demonios”.

El acto de la Unión Europea no resuelve esa tensión. Pero la expone. Y, al hacerlo, refuerza una certeza: la memoria no es solo pasado. Es presente en disputa y, también, proyección internacional.

En ese cruce, la Argentina vuelve a ser observada. No solo por lo que fue, sino por lo que decide ser.

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Dos matrimonios identificados en La Perla tendrán su despedida en CABA

El EAAF restituirá este viernes los restos de Nélida Moreno, José Luis Goyochea, Rosa Godoy y Carlos Cruspeire, dos parejas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar. Las familias organizaron un cortejo fúnebre desde la esquina de Perú y Avenida de Mayo y una misa de cuerpo presente en la Basílica Nuestra Señora de la Merced.

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Este viernes, la Ciudad de Buenos Aires será escenario de una ceremonia de memoria y reparación: los restos de Nélida Noemí Moreno de Goyochea, José Luis Goyochea Escudero, Rosa Cristina Godoy de Cruspeire y Carlos Cayetano Cruspeire, cuatro personas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar argentina, recibirán por fin una despedida digna. Los cuatro fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) entre los restos hallados en la zona conocida como Loma del Torito, aledaña al ex centro clandestino de detención La Perla, en la provincia de Córdoba.

Casi 50 años después, el EAAF les devuelve un nombre

Las identificaciones fueron parte de un proceso mayor iniciado por la justicia federal cordobesa. En mayo de 2026, el juez federal Hugo Vaca Narvaja anunció públicamente los nombres de 16 de las 17 personas identificadas por el EAAF en la Loma del Torito, en el marco de excavaciones realizadas entre septiembre y noviembre de 2025 en la Guarnición Militar de La Calera. De esos trabajos se recuperaron unos 1.200 restos pequeños y fragmentados, que el EAAF sometió a análisis antropológicos y genéticos para lograr las identificaciones. Estas se sumaron a las 12 ya anunciadas en marzo de 2026, lo que elevó a 29 el total de víctimas identificadas en ese predio.

Entre los identificados en mayo, tres matrimonios aparecieron en la misma área, lo que para los investigadores sugiere que fueron trasladados juntos desde el centro clandestino. Así lo indicó el propio juez Vaca Narvaja, quien señaló que las personas fueron secuestradas en sus hogares, en presencia de sus hijos, y que es probable que hayan corrido la misma suerte, aunque aclaró que esa hipótesis todavía se investiga.

Quiénes eran Nélida, José Luis, Rosa y Carlos

Nélida Noemí Moreno nació en Córdoba en mayo de 1945. Era psicopedagoga y trabajaba como administrativa en la Policía de la Provincia. Tenía 32 años cuando fue secuestrada en agosto de 1977 junto a su esposo y en presencia de sus tres hijos de 5, 3 y 1 año. José Luis Goyochea Escudero había nacido en La Rioja y se mudó a Córdoba para estudiar Ciencias Económicas y Filosofía en la Universidad Nacional de Córdoba. Era administrativo del Colegio de Médicos y de la Subsecretaría de Planeamiento provincial.

Rosa Cristina Godoy nació el 5 de octubre de 1953 en Villa Mercedes, San Luis. Trabajaba como ama de casa, integraba un grupo scout vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y desarrollaba trabajo social desde su parroquia. Tenía 23 años cuando fue secuestrada junto a su marido en el barrio de Bella Vista. Su hija pequeña fue entregada a sus abuelos. Carlos Cayetano Cruspeire trabajaba en una compañía de seguros y funeraria, y fue secuestrado en su lugar de trabajo en septiembre de 1977, a los 22 años, para luego ser llevado a su domicilio donde también detuvieron a Rosa.

La restitución de los restos es un acto privado, a pedido de las familias. Sin embargo, las mismas familias organizaron dos instancias públicas para este viernes en CABA. A las 17.30, el cortejo fúnebre partirá desde la esquina de Perú y Avenida de Mayo. Las familias caminarán con las urnas por la Avenida de Mayo, pasando por la Plaza de Mayo y la Catedral, hasta llegar a la Basílica Nuestra Señora de la Merced, en Reconquista 209, CABA. A las 18.00 comenzará allí la misa de cuerpo presente.

Águeda Goyochea, hija de José Luis y Nélida, es una de las impulsoras de estas ceremonias públicas. Como lo indica el sentido de su decisión de abrirlas a la comunidad, se trata de devolver a sus padres un ritual de despedida que la dictadura les negó hace casi medio siglo.

La Perla: el ex centro clandestino que sigue entregando verdad

La Perla fue uno de los centros clandestinos de detención y exterminio más grandes del país durante el terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar (1976-1983). Por allí pasaron miles de personas secuestradas, torturadas y asesinadas bajo las órdenes del entonces comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez. Las excavaciones en los predios aledaños, ordenadas por la justicia en el marco del expediente iniciado hace 40 años, continúan aportando pruebas materiales de los crímenes de lesa humanidad cometidos allí. Con cada nombre restituido, se consolida la verdad que el Estado argentino les debe a las víctimas y sus familias.

El trabajo del EAAF en este caso confirma además que los perpetradores intentaron destruir los restos para volverlos inhallables. Sin embargo, casi cinco décadas después, la ciencia y la justicia lograron lo que la impunidad quiso evitar: devolverles la identidad y, ahora, también la despedida.

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