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Santa Fe

Megaoperativo en Rosario: detuvieron a 21 personas en 50 allanamientos por balaceras

Según las fuentes, en total se realizaron 57 allanamientos, principalmente en los barrios Santa Lucía, Ludueña y Empalme Graneros, donde durante los últimos días se registraron numerosos hechos de violencia, y fueron requeridos por el fiscal federal Javier Arzuvi Calvo y los representantes del Ministerio Público de la Acusación rosarino Pablo Socca, Georgina Pairola y Marisol Fabbro.

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Al menos 21 personas fueron detenidas este lunes en 57 allanamientos en distintos barrios de la ciudad santafesina de Rosario en busca de autores de balaceras y asesinatos, y la mayoría de ellas están acusadas de integrar la banda liderada por Mauro Gerez, un señalado jefe de sicarios vinculado a la organización narcocriminal «Los Monos», quien se encuentra preso y aparentemente seguía comandando al grupo desde la cárcel de Piñero, informaron fuentes judiciales.

Entre los procedimientos ordenados por la Justicia federal y provincial, se allanaron las celdas de Mario Segovia, alias «El Rey de la Efedrina» y de Julio Rodríguez Granthon, alias «El Peruano», ambos detenidos en el Complejo Penitenciario 1 de Ezeiza, y de Andrés Benítez, alias «Andy», de la unidad Penitenciaria 11 de Piñero, en Santa Fe.

Según las fuentes, en total se realizaron 57 allanamientos, principalmente en los barrios Santa Lucía, Ludueña y Empalme Graneros, donde durante los últimos días se registraron numerosos hechos de violencia, y fueron requeridos por el fiscal federal Javier Arzuvi Calvo y los representantes del Ministerio Público de la Acusación rosarino Pablo Socca, Georgina Pairola y Marisol Fabbro.

Para llevar a cabo los procedimientos fueron convocados efectivos de Gendarmería Nacional (GNA), de la Agencia de Investigación Criminal (AIC), y fuerzas de las Tropa de Operaciones Especiales (TOE), quienes irrumpieron en las viviendas en busca de integrantes de bandas criminales que operan en la zona.

Los principales puntos donde avanzaron los uniformados fueron los barrios donde durante los últimos días se incrementaron notablemente las balaceras y asesinatos, dijeron las fuentes.

Hasta el momento fueron detenidas 21 personas y otras seis quedaron demoradas por delitos relacionados al narcotráfico, extorsiones, balaceras y homicidios.

Los cerca de 250 efectivos de las distintas fuerzas que llevaron adelante los operativos lograron secuestrar en los allanamientos tres armas de fuego, más de 160 municiones, cartuchos, motocicletas, automóviles y más de un millón de pesos, entre otros elementos de interés para la causa.

También secuestraron 78 envoltorios de cocaína y demás sustancias listas para ser comercializadas.

Muchos de los detenidos, agregaron las fuentes, están vinculados a la banda de Gerez, un señalado jefe de sicaros vinculado a la banda «Los Monos», quien se encuentra preso en el penal de Piñero desde mayo último.

Sobre Gerez (28), los voceros informaron que mantiene desde hace años una disputa territorial con el clan de Francisco Riquelme, vinculada a uno de los principales rivales de «Los Monos», Esteban Lindor Alvarado.

A su vez Riquelme se encuentra alojado en el penal santafesino de Coronda desde abril del 2020, cuando fue detenido por atentar contra la vida de Mariana Ortigala, testigo clave en el juicio contra Alvarado, que fue baleada en un intento de acallar su versión de los hechos.

Por su parte, Gerez, detenido por primera vez en mayo de este año, fue señalado por el fiscal Socca como el responsable de al menos cuarenta balaceras extorsivas contra comerciantes, la mayoría de ellas en julio de 2021.

En aquella oportunidad se logró detener al jefe de sicarios a raíz de una investigación en la que se logró identificar a su novia y así llegar a él cuando entraba a su casa.

De acuerdo a la pesquisa, la mecánica de los delitos cometidos por la banda de Gerez era la siguiente: uno de sus sindicados ladreros, Nicolás Bareiro (19), era el encargado de elegir entre sus vecinos a siguientes víctimas, a quienes primero les enviaba un mensaje intimidatorio reclamando un pago exorbitante y luego balear sus comercios y propiedades y hasta llegaban a matarlas si no entregaban la suma exigida.

Otra variante que empleaban era exigirles a las víctimas, en vez de dinero, la entrega inmediata de una propiedad, que muchas veces pasaban a utilizar como búnker para comercializar estupefacientes.

En ese contexto, el fiscal Socca describió a Gerez como «una de las personas más importantes de la estructura delictiva de la ciudad».

Otra particularidad era la forma de reclutar tiradores por encargo que tenía Gerez, ya que, de acuerdo a la pesquisa, lo hacía en una cancha de fútbol de su barrio, donde captaba a jóvenes, a quienes les daba calzado deportivo a cambio de las balaceras.

Un dato que llamó la atención entonces, fue que antes de ser detenido en la casa de su novia, Gerez había estado demorado en la seccional 12ª de Rosario, aunque cuando desde la fiscalía se preguntó por él en esa dependencia, nadie tenía información al respecto.

Por tal motivo, Socca ordenó allanar la seccional, donde efectivamente no se logró reunir documentación que acreditara que el jefe de sicarios haya estado alojado allí.

Entonces, el fiscal pide la irrupción en la vivienda del subcomisario de la dependencia Iván A. (42), quien fue detenido, acusado de «incumplimiento de los deberes de funcionario público».

Durante ese allanamiento, la policía encontró en la casa del subcomisario dos vehículos robados, uno de ellos con la patente de un patrullero fuera de circulación.

Finalmente en junio de este año, el MPA imputó a Gerez por 40 balaceras, y Soca lo consideró como «el jefe de los sicarios de la organización y uno de los integrantes más importantes dentro de la estructura criminal, donde también se encarga de reclutar soldaditos y dar órdenes».

Economía 💲

Juez denunciado, acreedores ante la Corte y 700 despedidos: la turbulenta venta de SanCor

La licitación de la histórica cooperativa láctea enfrenta impugnaciones ante la Corte Suprema santafesina, denuncias contra el juez Gelcich y un recurso de un acreedor que también quiere comprar. Con 700 trabajadores ya desvinculados, el cronograma sigue vigente pero bajo presión.

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La quiebra de SanCor Cooperativas Unidas desencadenó una batalla judicial de tres frentes que amenaza con paralizar la licitación de sus activos, valuados en USD 52,1 millones. Un síndico denunció al juez, un bloque de acreedores llegó hasta la Corte Suprema de Santa Fe y un empresario rosarino que también quiere comprar presentó un recurso para suspender el proceso. Mientras tanto, más de 700 trabajadores ya perdieron su fuente de trabajo.

El fin del concurso preventivo y el decreto de quiebra

El Juzgado Civil y Comercial N° 4 de Rafaela, a cargo del juez Marcelo Gelcich, decretó la quiebra de SanCor Cooperativas Unidas Limitada el 22 de abril de 2026, tras el fracaso del concurso preventivo iniciado en 2025 por la inviabilidad estructural y financiera de la cooperativa. La decisión marcó el comienzo de un proceso de liquidación que el propio tribunal definió como orientado a «preservar el valor de la empresa en marcha y las fuentes de trabajo».

Entre el 11 y el 12 de junio, Gelcich aprobó el Pliego de Bases y Condiciones para la licitación pública de los activos de la cooperativa, con una base total de USD 52,1 millones. La venta se estructuró en siete lotes: seis plantas industriales ubicadas en las provincias de Santa Fe y Córdoba, y un séptimo lote que agrupa las marcas y activos intangibles de la compañía, valuados por la Justicia en USD 24,7 millones.

Las plantas industriales incluidas en el proceso son las de Devoto (la más alta valuación individual, USD 7 millones), Gálvez (USD 5,5 millones), La Carlota y Balnearia (USD 5 millones cada una), San Guillermo (USD 2,5 millones) y Sunchales (USD 2,4 millones, con reducción del 20% por el incendio registrado el 7 de junio en el sector de elaboración y fraccionado de leche larga vida, núcleo operativo de mayor valor residual de esa planta). Entre las marcas incluidas figuran SanCor, Mendicrim, Tolem y Quesabores, consideradas por especialistas como el activo intangible de mayor peso económico de la cooperativa.

El golpe sobre el empleo

El impacto laboral del proceso fue inmediato y severo. Al 22 de junio, fecha en que venció el plazo legal de continuidad de las relaciones de trabajo, de los 914 empleados que permanecían activos al inicio de la quiebra, solo alrededor de 178 continuaron vinculados a la empresa; más de 700 fueron desvinculados. La deuda laboral acumulada al momento del colapso incluye 1.860 créditos laborales reconocidos por aproximadamente $69.000 millones, más salarios impagos de varios meses, el medio aguinaldo y aportes retenidos y no transferidos a la obra social OSPIL, la mutual AMPIL y la propia ATILRA (Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina). Solo las obligaciones laborales generadas durante los meses previos al colapso superaron los $14.000 millones.

Pese a haber solicitado formalmente la quiebra ante el Juzgado Civil y Comercial de Rafaela durante el proceso concursal, los trabajadores nucleados en ATILRA sostuvieron como objetivo prioritario la continuidad de la actividad industrial y reclamaron alternativas que preservaran las plantas y las fuentes laborales. La sindicatura dejó constancia de que los empleados no conformaron una cooperativa para intentar adquirir los activos, por lo que el proceso continuó bajo la modalidad de licitación con base mínima.

Tres frentes intentan frenar la licitación

La ofensiva judicial contra el cronograma licitatorio definido por el juzgado de Rafaela se desplegó en tres frentes simultáneos.

El primer frente fue abierto por el síndico Juan Luis Tomat, quien denunció irregularidades en la administración de la quiebra. Entre los principales cuestionamientos, sostuvo que fue excluido del expediente digital durante semanas en las que se adoptaron decisiones relevantes, cuestionó la designación directa de una coadministradora sin el sorteo legal obligatorio previsto por el registro de la Corte, y reclamó que nunca se esclareció el destino de unos 24.000 kilos de queso que permanecían bajo garantía judicial.

El segundo frente lo encabeza el denominado Frente Unificado por la Defensa de SanCor, integrado por acreedores, tamberos, proveedores y exempleados, representados por los abogados Aldo Regali y Juan Manuel Bergallo. El espacio presentó ante la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe una denuncia contra Gelcich y solicitó la apertura de un Jury de Enjuiciamiento contra el magistrado. Entre los argumentos, señalaron «situaciones de subvaluación de activos, falta de transparencia en la gestión de bienes intangibles y la exclusión arbitraria de la sindicatura del expediente digital». Asimismo, interpusieron una Medida Cautelar Autónoma de Prohibición de Innovar para paralizar la licitación. El abogado Regali afirmó que «tenemos argumentos jurídicos para que se detenga el proceso de quiebra de SanCor». El Frente también cuestionó la validez de la declaración de quiebra y el rechazo de un plan de salvataje alternativo, descartado por haber sido presentado, según esa parte, apenas 15 minutos después del dictado de la sentencia.

El tercer frente fue habilitado por el empresario rosarino Gustavo Scaglione, quien acumula una doble condición en el expediente: es acreedor de la cooperativa a través de Fidulac S.A., firma que preside, y al mismo tiempo integra el grupo de interesados en adquirir los activos de SanCor. El 19 de junio, apenas una semana después de que el juez aprobara los pliegos, Fidulac S.A. presentó un recurso de revocatoria con apelación en subsidio para dejar sin efecto la resolución que habilitó la venta o, subsidiariamente, suspender todo el procedimiento hasta que se resuelvan las impugnaciones.

La disputa de fondo: ¿venta integral o fragmentación?

El núcleo económico del recurso de Fidulac apunta a un debate que atraviesa todo el proceso: si la venta fragmentada de plantas y marcas por separado maximiza el valor de los activos o, por el contrario, lo reduce en perjuicio de los acreedores. Según el planteo, la Ley de Concursos y Quiebras establece como principio rector preservar la empresa como unidad económica, y el esquema aprobado por Gelcich contradiría ese principio.

Fuentes con conocimiento del expediente indicaron que «los ‘fierros’ valen poco y nada. Lo que vale es la marca SanCor. Produciendo exactamente lo mismo, pero con esa marca, una empresa puede capturar entre un 10% y un 15% más de valor por producto». El recurso de Fidulac sostiene que «la empresa como unidad productiva presentará un mayor valor que las unidades que la integran consideradas en forma separada». Fuentes cercanas al grupo empresario señalaron además que el cronograma licitatorio «avanzó con una velocidad inusual» y sin agotar las instancias previstas para la intervención de los acreedores.

Fidulac también cuestionó la ausencia de una valuación comparativa entre la venta integral y la venta por partes, la falta de acceso de los acreedores a las tasaciones que sirvieron de base para fijar los precios mínimos, y la rebaja del 20% aplicada a la planta de Sunchales tras el incendio, por considerar que no contó con respaldo en un informe pericial concluyente. Aunque Scaglione no forma parte del Frente Unificado, varios de sus cuestionamientos coinciden con los de ese espacio y con los del síndico denunciante, en particular en lo referido a la transparencia del proceso y al diseño del esquema de venta.

Una disputa colateral se suma al cuadro: dos marcas incluidas en la licitación, Mendicrim y Santa Brígida, son objeto de un conflicto judicial con el fondo holandés BAF LATAM Trade Finance Fund B.V., que reclama derechos sobre esos activos. El pliego establece que el comprador recibirá las marcas libres de restricciones, pero una parte del dinero quedará inmovilizada en una cuenta judicial hasta que haya resolución definitiva sobre esa disputa.

El proceso sigue, pero bajo amenaza

Al cierre de esta edición, ninguna de las presentaciones modificó formalmente el cronograma licitatorio. Al menos seis grupos empresarios manifestaron interés en los activos: Adecoagro, Savencia, Punta del Agua, Elcor, La Tarantela y el grupo vinculado a Scaglione. Sin embargo, la decisión que adopte la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe sobre las cautelares y las denuncias contra el juez Gelcich será determinante. Si el máximo tribunal santafesino hace lugar a la prohibición de innovar o dispone la suspensión del magistrado, todo el proceso quedaría en suspenso, obligando a una revisión integral del expediente.

Lo que está en juego no es solo el destino de los activos de una empresa láctea emblemática, sino también el futuro laboral de centenares de trabajadores y el cobro de deudas por parte de miles de acreedores, entre ellos tamberos y proveedores de economías regionales. En un contexto de caída del consumo y retracción del sector industrial bajo la gestión de Javier Milei, la quiebra de SanCor representa uno de los cierres más significativos de la historia cooperativa argentina.

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