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Salud 🩺

Crecieron las noticias a favor del derecho al aborto

De acuerdo a una investigación, se difundieron muchas más informaciones positivas sobre la interrupción voluntaria del embarazo.

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Por Néstor Llidó

La cobertura periodística a favor del derecho al aborto creció entre 2018 y 2021, de un 40% de noticias a un 54%, en consonancia con la despenalización social de la interrupción voluntaria del embarazo, que se convirtió en ley en 2020.

Según lo reveló una investigación, monitoreó durante tres años casi 10.000 publicaciones de 31 medios de todo el país, una alta proporción de noticias se centraron en las movilizaciones sociales y fue creciendo en coberturas a favor de la interrupción voluntaria (IVE) y legal (ILE) del embarazo.

El documento “El aborto en la prensa argentina” fue elaborado por el el equipo del proyecto Mirar, del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes), en alianza con la organización internacional Ibis Reproductive Health.

El proyecto Mirar tiene como objetivo monitorear la implementación de la ley de aborto en la Argentina. En ese contexto, la iniciativa determinó el tratamiento periodístico y la evolución de la cobertura mediática del aborto, en 2018 y 2020, cuando se dieron los debates parlamentarios que concluyeron con la aprobación de la ley 27.610 de IVE/ILE, y en 2021, primer año de implementación de la norma.

Para la investigación se monitorearon 31 medios escritos nacionales y de todas las provincias, con un total de 9.957 artículos en los tres años: 4.667 de 2018, 3.906 de 2020 y 1.384 de 2021.

El 2018 -primer debate parlamentario que concluyó con la no aprobación de la ley- fue el año que más artículos registró “porque se trató de un evento extraordinario, que se notó en la cantidad de notas, cantidad de tapas sobre el tema y coberturas sostenidas en los medios”, señaló Mercedes Krauss, una de las autoras del informe.

Los medios monitoreados para la investigación fueron El Ancasti de Catamarca, El Independiente de La Rioja, El Tribuno de Jujuy, El Tribuno de Salta, La Gaceta de Tucumán y Panorama de Santiago del Estero. También el Diario Chaco, El Litoral de Corrientes, La Mañana de Formosa, MisionesOnline, el Diario de Cuyo de San Juan, El Diario de la República de San Luis y Los Andes de Mendoza.

Además, El Diario de Entre Ríos, El Litoral de Santa Fe, El Día de La Plata, La Arena de La Pampa, La Voz de Córdoba, Diario Prensa de Tierra del Fuego, Diario Río Negro, El Chubut, La Mañana de Neuquén y Tiempo Sur de Santa Cruz.

En tanto que los medios nacionales analizados fueron la agencia Télam, Clarín, El Destape Web, Infobae, La Nación, La Prensa, Página/12 y Perfil.

El volumen de artículos producidos por los medios nacionales alcanzó el 42% de las notas sobre el tema, mientras que en las regiones la producción varió entre un 15% (NOA) y un 11% (NEA, Cuyo y Patagonia).

Otro dato aportado por la investigación fue que el porcentaje de artículos favorables creció entre 2018 y 2021, de 40% a 54%.

Esta tendencia se profundizó aún más en algunos medios como La Gaceta de Tucumán (de 19% a 53%), el Diario de Chaco (de 38% a 61%), El Diario de la República de San Luis (de 39% a 79%), y El Chubut (de 29% a 74%).

El aumento de la proporción de publicaciones explícitamente a favor fue aún más notable en las coberturas del diario Río Negro (de 55% a 92%) y de La Arena de La Pampa (de 63% a 93%) donde superaron el 90%, y más aún en La Mañana de Formosa que pasó de 35% a 100% de las notas a favor del derecho.

El proceso contrario se observó en el diario La Prensa, con el 60% de sus artículos en contra de la ley en 2018 y el 91% en contra en 2021.

Las notas a favor de la ley de IVE/ILE, con firma, están escritas por periodistas mujeres, no así las firmadas por varones, que revelan una tendencia más bien conservadora.

Para 2021, ya con la ley vigente, el 84% de los artículos a favor de la ley fueron escritos por mujeres.

En relación a las fotos de las notas sobre aborto, las manifestaciones en las calles fueron las imágenes más utilizadas en los tres años, tanto en notas a favor y en contra del derecho, según el documento.

Sobre terminología utilizada en las notas, la investigación mostró que interrupción del embarazo se impuso a partir de 2021, tras la promulgación de la ley, por lo que se concluyó que hubo una apropiación social y mediática de los términos oficiales empleados por la ley 27.610 de IVE/ILE.

Análisis

La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo

Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».

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Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia

Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.

Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.

Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.

Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.

El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina

La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.

Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.

La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.

Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)

La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.

Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.

Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.

El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas

El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.

Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.

El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.

Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala

La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.

El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.

En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.

Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.

Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.

Machismo de guardapolvo blanco

Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.

La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.

Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.

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