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En 17 años, la Oficina de Violencia Doméstica asistió a más de 216.000 personas

Con equipos interdisciplinarios y atención las 24 horas, la Oficina de Violencia Doméstica dio respuesta a miles de denuncias desde su creación en 2008.

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Lo que tenés que saber

  • Se registraron 164.497 denuncias en 17 años
  • Las víctimas fueron 216.883 personas, el 61% mujeres mayores de edad
  • La violencia psicológica apareció en el 96% de los casos
  • El 39% de las situaciones presentaba riesgo alto o altísimo
  • El 99% de los casos fue derivado a la justicia civil

Más de 216.000 personas fueron asistidas por la Oficina de Violencia Doméstica

La Oficina de Violencia Doméstica (OVD), dependiente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, cumplió 17 años de funcionamiento y publicó un informe con estadísticas acumuladas desde su apertura en 2008. Durante este período, se registraron 164.497 denuncias y fueron asistidas 216.883 personas.

Según detalló el informe, la cifra representa un promedio de 12.700 personas afectadas por año, lo que equivale a 1.063 por mes o 35 por día. En cuanto a las denuncias, 2019 fue el año con mayor cantidad, alcanzando las 12.457. En promedio, se procesaron más de 42 casos por día.

Perfil de las víctimas y vínculos con las personas denunciadas

El 61% de las víctimas fueron mujeres mayores de 18 años. En tanto, el 30% correspondió a niñas, niños y adolescentes, y el 9% a varones adultos. En cuanto al vínculo con la persona denunciada, el 54% era pareja o expareja, el 32% vínculo filial, el 3% fraternal, otro 3% familiares hasta el cuarto grado, y el 8% otros tipos de relación.

En los casos denunciados, las situaciones de violencia incluyeron una o varias formas de agresión. El 96% registró violencia psicológica, el 57% física, el 47% simbólica, el 32% económica-patrimonial, el 31% ambiental, el 16% social y el 10% sexual.

Riesgo, lesiones y frecuencia de los episodios

Durante estos años, el 39% de los casos presentaba riesgo alto o altísimo al momento de ser evaluado. El 49% fue catalogado como de riesgo medio o moderado, y el 12% como bajo. El informe también detalla que en más de 46.815 atenciones médicas realizadas por la OVD, se constataron lesiones en 29.279 personas. De ese total, el 86% fueron mujeres.

En cuanto a la frecuencia, el 51% de las personas denunció hechos de violencia diarios o semanales. Solo el 5% lo hizo tras un primer episodio.

Personas denunciadas, armas y derivaciones judiciales

En las 164.497 denuncias se identificaron 174.181 personas involucradas, de las cuales el 79% eran varones. El 10% poseía armas al momento de la denuncia.

El informe indica que el 99% de los casos fue derivado a la justicia civil, el 75% a la justicia penal y el 32% al Consejo de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

Atención permanente y trabajo interdisciplinario

La OVD funciona las 24 horas, todos los días del año, con un equipo interdisciplinario compuesto por profesionales del derecho, la salud y la psicología. Su sede está ubicada en Lavalle 1250, CABA, y recibe tanto denuncias directas como derivaciones de comisarías, hospitales, ONGs y otros organismos.

Horacio Rosatti, presidente de la Corte Suprema, señaló: “El trabajo de la OVD refleja no solo la magnitud del problema, sino también la importancia de contar con un espacio institucional especializado que brinde respuestas urgentes y eficaces”.

Además, remarcó: “Esta oficina marca un hito en el compromiso de la Corte con la protección de los derechos humanos y la erradicación de la violencia en el ámbito familiar”.

Espectáculos 🎭

El comunicado de La Joaqui respondiendo a Luck Ra: una lección sobre soberanía de la intimidad femenina

La cantante de RKT respondió con un extenso descargo en redes tras el posteo de su ex, que reveló públicamente su nueva relación. Un texto que trasciende el chimento y pone en el centro una discusión de género urgente.

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El escenario era predecible pero no por eso menos revelador. Luck Ra, el cantante cordobés de cuarteto, publicó en sus redes sociales un mensaje que pretendía desmentir versiones de infidelidad y que, de paso, reveló que su expareja La Joaqui tiene una nueva relación con alguien a quien describió como «un ex gran amigo» suyo.

La respuesta de la artista llegó horas después, con un comunicado tan preciso como contundente que recorrió todas las plataformas y que merece ser leído no solo como un episodio de la farándula argentina, sino como un documento sobre los mecanismos de control que los hombres ejercen sobre la vida pública de las mujeres incluso después de terminada una relación.

Él decidió cuándo terminar, ella decidió callar; él decidió hablar, ella tuvo que responder

La cronología del vínculo entre Joaquina Lerena, conocida artísticamente como La Joaqui, y Facundo Tarifa, conocido como Luck Ra, es relevante para entender el peso del descargo. La relación, que comenzó en 2024 con alta exposición pública, se confirmó como terminada el 29 de julio de 2026 mediante un comunicado conjunto en redes. Ambos habían acordado un cierre sin polémicas: «nuestra relación llegó a su fin por deseos de futuro y etapas distintas», rezaba el texto. Sin embargo, según reveló la propia La Joaqui en su descargo, la separación no fue tan armoniosa como ese comunicado sugería. «Nuestra relación terminó hace dos meses, por decisión tuya y de una manera que fue mucho más fría e irrespetuosa de lo que alguna vez elegí contar», escribió la artista.

Esa asimetría es el nudo del problema. Ella guardó silencio sobre aspectos del final que, según sus propias palabras, «podrían haber dejado muy mal parado» a su ex. Él, en cambio, eligió el momento en que le resultó conveniente hablar, y al hacerlo expuso información que ella había decidido mantener en el ámbito privado: su nuevo vínculo amoroso. La decisión sobre qué contar y cuándo contarlo recayó unilateralmente en él, mientras que ella cargó con el costo de ese silencio.

El doble estándar que el texto desnuda

En su comunicado, La Joaqui identificó con precisión el mecanismo: «Hay algo que me resulta profundamente contradictorio: decir que respetás mi presente mientras exponés públicamente una parte de mi intimidad que yo elegí no hacer pública.» No es una detalle menor.

Es la descripción de una práctica que tiene nombre en cuestiones de género: violencia simbólica, en su variante de control de la narrativa. El hombre que afirma «respetar» a su expareja mientras simultáneamente decide qué información de ella circula en el espacio público no está respetando nada; está ejerciendo, de manera más sutil pero igualmente efectiva, una forma de dominio sobre su vida.

La artista también cuestionó que Luck Ra redujera al hombre con quien ella está vinculada a la categoría de «un ex gran amigo» suyo, como si la nueva relación de ella fuera, ante todo, una historia que lo involucra a él.

«También me parece profundamente injusto que, para acomodar esta historia a tu favor, reduzcas a una persona a un ex gran amigo tuyo«, escribió. La operación que describe es clásica: centrar la narración en el varón, convertir a la mujer en personaje secundario de su propia historia sentimental, y al nuevo compañero en una extensión del universo masculino del ex.

El duelo femenino bajo sospecha permanente

Uno de los pasajes más potentes del texto de La Joaqui apunta directamente a otro prejuicio de género arraigado: la idea de que una mujer que «sana rápido» después de una ruptura es sospechosa, indigna o deshonesta. «Entiendo que te resulte chocante que haya podido procesar este duelo rápido. Pero los duelos no tienen un tiempo reglamentario y, mucho menos, existe un plazo que una mujer deba cumplir para que su próxima decisión sea considerada digna o respetable», escribió. La demanda implícita de que ella permanezca en un estado de duelo visible y prolongado para ser considerada «una mujer que amó de verdad» reproduce una lógica patriarcal que regula los tiempos emocionales de las mujeres según la comodidad de los hombres que las observan.

La Joaqui también rechazó con claridad la trampa que se tiende cuando una mujer rehace su vida: que el ex se erija en víctima de ese presente. «Lo que sí rechazo es esa lógica tan vieja en la que, cuando una mujer rehace su vida, alguien se siente habilitado a contar su intimidad y después presentarse como la persona lastimada por aquello mismo que decidió exponer«, señaló.

El contexto: una separación que nunca fue solo de dos

El episodio se produce en el marco de una ruptura que, desde el principio, tuvo más espectadores que protagonistas. La separación se confirmó a fines de julio de 2026. Yanina Latorre sostuvo en su momento que fue Luck Ra quien tomó la decisión de terminar.

Semanas después circularon versiones, que vinculaban los frecuentes viajes del cantante a Madrid con una relación paralela. El propio Luck Ra salió a desmentir las versiones de infidelidad. La Joaqui, por su parte, había dicho en una visita a un programa de streaming que nunca tuvo una pareja que no la haya engañado, sin nombrar a nadie en particular. Fue ese señalamiento el que desencadenó la cadena de posteos que derivó en el comunicado que hoy circula.

El vínculo de La Joaqui con Tiago PZK, artista de RKT con quien la uniría el nuevo romance según las versiones que circulan, tiene una historia previa e independiente. Ella fue enfática al respecto: se conocen desde chicos, comparten un vínculo construido durante años y ese lazo no necesitó de Luck Ra para existir. La operación de reducirlo a «un ex gran amigo» fue, en sus palabras, elegir cuidadosamente qué parte de la verdad contar para sugerir una traición donde no la hay.

Silencio como respeto, no como falta de memoria

El cierre del comunicado de La Joaqui es quizás el más potente en términos políticos. «Yo sigo eligiendo no contar muchas cosas por respeto. Ojalá no confundas nunca más mi silencio con falta de memoria», escribió. Y luego remató: «Respetar mi presente también significa entender que ya no te pertenece contarlo.» En una sola frase, la artista invirtió la lógica habitual: el silencio no es una concesión ni una debilidad, es una elección soberana. Y la intimidad de una mujer no es patrimonio de nadie que haya formado parte de su pasado.

El texto de La Joaqui no es solo un descargo personal. Es un mapa de los mecanismos con los que las mujeres somos despojadas del control sobre su propia narrativa, incluso cuando la relación ya terminó. Y es, también, una declaración sobre los límites que ella decide poner: no por miedo, no por debilidad, sino porque elige con quién comparte su presente.

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