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Organizaciones LGBTTIQ+ recordaron a personas de su comunidad desaparecidas en la dictadura

«Hubo un ensañamiento en las salas de tortura con todas aquellas personas homosexuales o disidencias».

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Organizaciones LGBTTIQ+ reunidas en el Frente Orgullo y Lucha se concentraron esta tarde en la Plaza Carlos Jáuregui del barrio porteño de Constitución para recordar y reivindicar a más de 400 personas homosexuales o disidencias que fueron detenidas y desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar.

Del acto participaron Nora Cortiñas, integrante de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, y Ernesto Gaya de la agrupación HIJOS, entre otros referentes de organizaciones sociales y de Derechos Humanos.

La convocatoria comenzó pasadas las 16 en la Plaza que lleva el nombre de un histórico referente de la comunidad LGBTI+ ubicada en Cochabamba al 1700, donde militantes de las organizaciones que componen el frente protagonizaron un acto de reivindicación de luchas históricas y también presentes.

Martín Cannevaro, referente de la organización 100% Diversidad y Derechos, dijo que «a 47 años del golpe vinimos a reivindicar a esas 400 disidencias desaparecidas por la dictadura cívico-militar-eclesiástica que fueron identificadas por el rabino Meyer en el marco de la Conadep; no está comprobado que haya habido una persecución en particular hacia nuestra comunidad, pero sí hubo un ensañamiento en las salas de tortura con todas aquellas personas homosexuales o disidencias».

«Esta convocatoria busca visibilizar la historia de todas esas víctimas y también la de centenares de luchadores y luchadores por nuestros derechos como quienes en aquellos años habían conformado el Frente de Liberación Homosexual (FLH); por eso hoy también leímos una carta de Héctor Anabitarte, un militante histórico del FLH que vive en España y quiso estar presente de esta manera», apuntó.

«Este año estamos celebrado cuatro décadas de la democracia que conquistó el pueblo argentino y en las que la militancia de las organizaciones LGBTI+ fue construyendo derechos y mayores grados de libertad; pero todavía existe una rémora autoritaria en la reacción conservadora contra los derechos de mujeres y diversidades, intentan construir una nueva otredad supuestamente peligrosa que estaría encarnada por las disidencias y los feminismos para justificar autoritarismos y violencias», completó Cannevaro.

A través de un comunicado, el Frente Orgullo y Lucha recordó que «la dictadura no sólo implicó un autoritarismo político sino también moral. La represión al movimiento popular no excluyó la persecución a lesbianas, bisexuales, gays, maricas, travestis y trans como parte de los dispositivos de disciplinamiento de la sociedad».

«Esa represión a la diversidad no fue procesada socialmente ni formó parte de las causas judiciales por las violaciones a los Derechos Humanos, por eso reivindicando los históricos avances en materia de Memoria, Verdad y Justicia queremos visibilizar la historia de la violencia estatal contra las personas LGBTI+ que fuimos, somos y seremos parte de las luchas de nuestros pueblos», añade el texto.

El documento señala que «el rabino Marshal Meyer de la Comunidad Bet El, integrante de la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas (Conadep) en un encuentro con el histórico activista Carlos Jáuregui en 1985, sostuvo que la Comisión había detectado en su nómina de personas denunciadas como desaparecidas a cuatrocientos homosexuales que, si bien no habían desaparecido por ese motivo, el tratamiento recibido había sido especialmente sádico y violento, como así también el de los detenidos judíos.

Fue recién en el año 2011 que la Conadep recibió la declaración de personas travestis y trans detenidas en centros clandestinos».Héctor Anabitarte, histórico militante del FLH, escribió en la carta enviada para esta conmemoración: «Quisieron eliminar toda manifestación sexual que no fuera la impuesta por la tradición judeo-cristiana y su concepción heteropatriarcal de lo que debe ser una sociedad.

Sabían muy bien que la sexualidad en sí misma es cuestionadora, es rupturista, es desestabilizadora y los administradores de la moral, de la culpa, no lo podían tolerar».»Pretendieron a sangre y fuego acallar los aires de libertad que empezaron a soplar en los finales de los años 60 y principio de los 70 del pasado siglo. No lo lograron. Fracasaron. Y una marea rosa, primero, arco iris, después, les pasó por encima e instaló nuevos derechos casi impensables en pocas décadas», enfatiza la carta.

«Somos más libres, cierto, pero esta libertad, no tiene que sorprendernos, está amenazada. En todo el mundo hay un «rearme moral» de las fuerzas reaccionarias y están envalentonadas por sus evidentes triunfos electorales enarbolando la homofobia como bandera», señaló.

«Lo estamos viendo en Estados Unidos, en Italia, en Hungría, en Polonia, en Rusia, en España… La derecha y la ultraderecha han vuelto al ataque y hay que estar preparados para hacerles frente», apuntó.»Para que no avancen, ¡ni un paso más! Hoy más que nunca es necesaria la organización y la movilización. Reciban el abrazo de este viejo militante. Ánimo», finalizó Anabitarte.

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«Fallido experimento de sufrimiento humano»: cierra la cárcel migrante de Trump

Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Litigios judiciales, denuncias de tratos inhumanos y un gasto superior a los mil millones de dólares forzaron el cierre del experimento más emblemático de la política migratoria trumpista.

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Cierra «Alligator Alcatraz»: el fracaso del campo de detención migrante de Trump

El gobierno del estado de Florida confirmó esta semana el cierre del centro de detención para migrantes conocido como «Alligator Alcatraz», emplazado en la pista del Aeropuerto Dade-Collier, en plena zona de los Everglades. El desmantelamiento se producirá a principios de junio, según la notificación oficial cursada a las empresas operadoras. En la actualidad, el predio alberga a casi 1.400 personas que serán reubicadas progresivamente en otras dependencias gubernamentales.

El símbolo de la política antimigrante que no pudo sostenerse

Inaugurado el 3 de julio de 2025 bajo el impulso directo de Donald Trump, «Alligator Alcatraz» se convirtió rápidamente en el emblema de la política migratoria más agresiva del gobierno republicano. El nombre, una combinación del reptil que habita los Everglades y la célebre prisión de la Bahía de San Francisco, condensaba la lógica punitiva del proyecto: aislar, humillar y disuadir a quienes intentaran ingresar o permanecer en el territorio estadounidense sin documentación.

La decisión de cerrarlo no respondió a un cambio de criterio político, sino a la acumulación de tres factores que terminaron siendo insostenibles: los litigios judiciales impulsados por organizaciones de derechos civiles, la escalada de costos operativos que superaron los mil millones de dólares, y las sistemáticas denuncias por condiciones inhumanas que se multiplicaron desde el primer día de funcionamiento.

El gobernador republicano Ron DeSantis, uno de los principales aliados de Trump en materia migratoria, admitió el cierre en conferencia de prensa con una frase que resume la lógica del proyecto más que cualquier crítica opositora: «Si cerramos mañana, podremos decir que cumplió su propósito».

Un legislador demócrata: «Fallido experimento de sufrimiento humano»

El legislador demócrata Alexander Frost fue uno de los más duros en su evaluación. Cuestionó el impacto ambiental del centro, su emplazamiento en una zona ecológicamente sensible y el dispendio de recursos públicos que implicó. «Ahora, tras malgastar millones de dólares de los contribuyentes y enfrentar constantes demandas ambientales, este fallido experimento de sufrimiento humano finalmente cierra sus puertas», afirmó Frost.

La definición no fue retórica. Las organizaciones de derechos civiles que litigaron contra el centro documentaron desde sus primeros meses de funcionamiento condiciones que incluyeron temperaturas extremas, falta de acceso a sueño y alimentación adecuada, y tratos degradantes en la rutina cotidiana de los detenidos.

El caso argentino que expuso la crisis humanitaria

Entre los miles de casos que transitaron por «Alligator Alcatraz», el del argentino Fernando Artese tuvo especial repercusión. Detenido por su estatus migratorio vencido, Artese fue derivado al centro de los Everglades, y su esposa denunció públicamente las condiciones a las que fue sometido: frío extremo, duchas forzadas de madrugada y privación de sueño por falta de alimento.

La pareja expuso además el régimen de seguridad interna del predio. «Deben caminar con las manos en la nuca para salir de su celda, como si fueran criminales peligrosos. Muchos no cometieron delitos. En el caso de Fernando, creó una empresa y contribuyó al país, pero hoy está encerrado como si fuera lo peor», declaró.

El caso de Artese no fue una excepción: fue la cara visible de un sistema diseñado para castigar la condición migratoria con métodos propios de los regímenes penitenciarios de alta seguridad, aplicados en su mayoría a personas sin antecedentes penales.

La lógica del miedo y sus límites

El cierre de «Alligator Alcatraz» no implica un abandono de la política migratoria represiva de la administración Trump. Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Sin embargo, la clausura del centro más emblemático del proyecto expone sus límites concretos: inviabilidad económica, vulnerabilidad judicial y costo humanitario insostenible.

Lo que quedó en evidencia es que la lógica del miedo tiene un precio que, en este caso, los propios impulsores del proyecto no estuvieron dispuestos a seguir pagando.

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