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Ya son 16 las provincias que se suman al Alcohol Cero en sus rutas

Recientemente, otras tres adhirieron a esta nueva normativa: Formosa, Santiago del Estero y Neuquén.

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Dos de cada tres provincias argentinas ya cuentan con la normativa de Alcohol Cero al volante en todas sus rutas, informaron fuentes del Ministerio de Transporte.

En total, son 16 las provincias que implementaron la Ley de Alcohol Cero en sus territorios, desde que se sancionó la Ley de tolerancia cero para todas las rutas nacionales, promulgada el mes pasado por el Poder Ejecutivo, y que fue impulsada por la cartera nacional a cargo de Diego Giuliano, en conjunto con la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV).

Recientemente, tres provincias adhirieron a esta nueva normativa: Formosa, Santiago del Estero y Neuquén.

Al respecto, el ministro Giuliano afirmó que “es significativo que dos de cada tres legislaturas provinciales hayan puesto en vigencia la Ley de Alcohol Cero. Eso es, para nosotros, un orgullo enorme. Significa que las y los representantes del pueblo coinciden en la importancia de federalizar un criterio común a la hora de cuidar a sus vecinos y vecinas en las rutas, en que es imprescindible terminar con la especulación de cuánto se puede beber antes de llegar al límite tolerable para manejar y, fundamentalmente, entienden que la prioridad es salvar vidas”.

“Esperamos que muy pronto las siete provincias restantes y la Ciudad de Buenos Aires se sumen para tener un mismo criterio a nivel nacional. Estamos convencidos de que el compromiso con la seguridad vial es compartido en todo el país y eso ya se ve reflejado en dos de cada tres distritos”, agregó Giuliano.

En la misma línea, el director ejecutivo de la ANSV, Pablo Martínez Carignano, señaló que “la Ley de Alcohol Cero fue aprobada por una enorme mayoría de los diputados y senadores nacionales, que representaron fielmente la voluntad de los ciudadanos de sus provincias. Las legislaturas locales están siguiendo esa senda y por eso hoy dos tercios de nuestro país ya tiene tolerancia cero”.

“Confiamos en que las demás provincias den el paso que falta, empezando por Santa Fe y Catamarca, que tienen sendos proyectos de adhesión en tratamiento desde hace dos meses, y luego las restantes. Somos un solo país, necesitamos una sola ley de alcoholemia, la única que sirve, la de alcohol cero al volante”, finalizó Carignano.

Las provincias que cuentan con la Ley de Alcohol Cero en sus rutas son: Chubut, Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, La Pampa, Río Negro, Salta, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Tucumán, Chaco, La Rioja, Buenos Aires, y posterior a la promulgación de la ley nacional se adhirieron Formosa, Santiago del Estero y Neuquén.

La Ley Nacional de Alcohol Cero al volante, impulsada por el Ministerio de Transporte de la Nación y la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), se sancionó en abril de este año y comenzó a regir en todas las rutas nacionales a principios de mayo, luego de su promulgación.

Esta ley busca reducir la siniestralidad vial provocada por el consumo de alcohol en la conducción, presente en uno de cada cuatro hechos viales graves.

Ciencia 🧬

Científicos de la UBA buscan detectar trastornos del neurodesarrollo con un análisis de sangre

Un equipo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular de la Facultad de Ciencias Médicas trabaja en el desarrollo de biomarcadores que permitirían identificar patologías como el TGD sin secuenciación genómica. La investigadora Verónica Báez advierte que la mayoría de los pacientes nunca recibe un diagnóstico preciso porque los estudios son costosos y las obras sociales no los cubren.

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Una muestra de sangre podría cambiarle la vida a miles de familias argentinas que llevan años sin saber qué le pasa a su hijo.

Un equipo científico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET avanza en el desarrollo de una herramienta de diagnóstico que podría transformar la forma en que se detectan los trastornos del neurodesarrollo en niñas y niños argentinos: una simple muestra de sangre, sin necesidad de secuenciación genómica ni equipamiento de alta complejidad. La investigación, que ya obtuvo resultados positivos en modelos animales publicados en revistas internacionales, se encuentra actualmente en la fase de recolección de muestras biológicas de voluntarios de la población general.

Un diagnóstico que llega tarde, o nunca

Las patologías del neurodesarrollo se agrupan en Argentina bajo el paraguas clínico de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), una categoría amplia que, en la práctica, deriva en tratamientos de ensayo y error. Un niño con dificultades motoras va a fisioterapia; uno con problemas cognitivos, a psicopedagogía; ante convulsiones, se prueban anticonvulsivantes hasta dar con el que funciona. El sistema trata síntomas porque, en la mayoría de los casos, no sabe cuál es la causa.

«La mayoría de los pacientes queda sin un diagnóstico certero de la causa. Lo que se hace es tratar los síntomas que va teniendo el paciente», explicó Verónica Báez, docente e investigadora de la UBA y el CONICET, quien dirige el proyecto. La especialista señaló que solo quienes concurren a clínicas especializadas y pueden costear una secuenciación genómica obtienen un diagnóstico preciso: «Pocas familias pueden acceder a este tipo de estudios, dado que muchas obras sociales no los cubren y terminan siendo muy costosos».

El contexto regional agrava el cuadro. «De todos los niños y niñas que tenemos en Argentina con patologías del neurodesarrollo, son muy pocos los que podemos diagnosticar. Y en Latinoamérica son muchísimo menos», subrayó Báez.

Buscar en la sangre lo que ocurre en el cerebro

La propuesta del equipo es rastrear en muestras de sangre las huellas de ciertas proteínas sinápticas, es decir, propias de la sinapsis, la estructura donde las neuronas se comunican entre sí. En particular, el laboratorio trabaja sobre los receptores NMDA, que controlan la plasticidad sináptica: la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y aprender, formar recuerdos y mantener estables las conexiones cerebrales. Cuando estas proteínas se desregulan o fallan, los circuitos cerebrales se desequilibran, un mecanismo directamente vinculado a trastornos del neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas.

«Lo que detectamos es que hay ciertas cosas que se modifican en la sangre cuando una persona tiene una de estas patologías», precisó Báez. Si bien la concentración de estas proteínas en sangre es notablemente menor que en tejido cerebral, el equipo ya pudo verificar su detectabilidad en modelos animales. El paso siguiente es establecer valores de referencia en personas sanas para luego contrastarlos con los de niños y niñas que presentan trastornos sin diagnóstico específico. Cualquier desviación relevante de esos rangos podría constituir una alerta clínica.

Democratizar el diagnóstico: menos costo, más acceso

El objetivo declarado de la investigación no es encontrar una cura, sino abrir una puerta que hoy permanece cerrada para la mayoría de las familias. «Queremos dejar en claro que esta investigación no va a impactar en la cura, pero puede haber un diagnóstico y un tratamiento acertados, que es muy importante», enfatizó Báez.

En un país donde el desfinanciamiento de la ciencia pública avanzó en los últimos años sobre presupuestos universitarios y sobre el CONICET, la apuesta de este equipo representa una respuesta concreta al desafío de sostener investigación aplicada con impacto social en condiciones adversas. Un test de sangre accesible, sin equipamiento de alta complejidad, podría acortar drásticamente los tiempos de diagnóstico y habilitar intervenciones tempranas, que son las que mejoran de manera sustantiva la calidad de vida de los niños y sus familias.

El proyecto se desarrolla en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y el CONICET, y actualmente se encuentra en la etapa de recolección de muestras de la población general, paso previo indispensable para validar el método en humanos.

Puntos clave

  • El equipo de la UBA-CONICET busca detectar trastornos del neurodesarrollo mediante biomarcadores en sangre, sin necesidad de secuenciación genómica.
  • La mayoría de los pacientes con TGD en Argentina no recibe diagnóstico preciso por el alto costo de los estudios genéticos y la falta de cobertura de las obras sociales.
  • Los resultados positivos en modelos animales ya fueron publicados en revistas científicas internacionales; la fase actual trabaja con voluntarios humanos.
  • La investigadora Verónica Báez advierte que en Latinoamérica el déficit de diagnóstico es aún más grave que en Argentina.
  • El objetivo es facilitar un diagnóstico temprano y accesible que permita tratamientos adecuados, no una cura para los trastornos.
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