Literatura
Entre España y Buenos Aires: una novela sobre cuerpos en guerra y relaciones en ruinas
Entrevista al escritor Alejo Brignole: “Los patrones transgeneracionales actúan, dejan su marca de fuego en la psique colectiva, familiar y personal”.
El Argentino Diario mantuvo una charla con el escritor Alejo Brignole, acerca de su última y polémica novela “El Demonio del Mediodía” (Acercándonos Ediciones), en la que se asoma a las consecuencias que produce la sociedad de consumo y la ausencia de humanismo en las relaciones conyugales actuales y sus efectos en las llamadas “crisis de la mediana edad”.
¿Qué lo llevó a escribir sobre una protagonista que atraviesa una crisis de la mediana edad?
Mi divorcio, principalmente. Y mucho de lo que presencié en ese proceso. Cosas que indefectiblemente terminan por dañar, pero también por espantar, e incluso inundan la existencia de vergüenza ajena. Pero esa, finalmente, es la fórmula para poder hundir el bisturí en la gran pregunta: ¿Qué diablos nos pasa como sociedad y como individuos alienados por un frenesí multidimensional?

¿Fue modificando el papel del marido en función de su evolución emocional?
No, no… La novela fue escrita entre España y Argentina en un tiempo relativamente breve para una novela de esa extensión. Las conclusiones ya estaban abordadas cuando comencé su escritura. De todos modos no es una novela biográfica. Se nutre de la realidad, de historias familiares concretas, de lo visto, de todo lo grotesco, insólito o penoso que uno tuvo al alcance en ese proceso siempre tan denso que es el divorcio y la disolución repentina de una familia sin grandes problemas. Dicho esto, podemos decir que fue escrita en “clave autobiográfica”, pero ello impone un matiz con lo estrictamente “autobiográfico”. Y aquí me quedo. No voy a aclarar más sobre el particular por razones legales (consejo de mi editor).
Gabina es la protagonista de la historia. Una historia muy cruda, a caballo entre la España rural y una ciudad periférica de Buenos Aires, pero no lejana a la capital. La narra un hombre que es padre de familia y escritor casado con una mujer española de orígenes proletarios y atormentada por el paso del tiempo. Algo que aparentemente no puede terminar de procesar y que la introduce en una crisis psicológicamente muy desordenada, en una catarsis de su mundo interior más sórdido… ¿La figura del marido es apenas un soporte para contar la historia o también un eje principal?
Es ambos, yo creo… La crisis de la protagonista, expresada de forma repentina y abrupta tras cumplir 50 años y su falta de recursos emocionales para gestionar su mirada interior y su relación con el mundo, es la vértebra de la novela, pero también arrastra a todo su entorno. Y es aquí en donde el narrador (un hombre que ve cómo se desmorona su hogar sin aviso previo), también es eje de la historia. Es una novela grupal e incluso constumbrista, en tanto aborda una crisis familiar y los patrones transgeneracionales de dos culturas parecidas pero no idénticas.
Por momentos me pareció como estar leyendo La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, o la crudeza fatalista de El camino, de Delibes. La brutalidad de Castilla, sus horrores cotidianos, sus miserias escondidas tras una fachada de normalidad…
Por eso a la generación de escritores de los años ’40 la enmarcaron en un estilo de prosa denominada “tremendismo”. Las historias son tremendas, siempre grises y con personajes sombríos, reducidos a cierta miseria existencial debido a las circunstancias y los contextos sociales. Gabina, en mi novela, proviene de ese mundo, aunque sea la España rural moderna de finales del siglo XX y pleno siglo XXI. Es decir, reciente. Los patrones transgeneracionales actúan, dejan su marca de fuego en la psique colectiva, familiar y personal. Un sello que Gabina padece –al igual que todo ser humano–, sólo que ella evidencia obsesiones limitantes muy profundas y aspira a retornos juveniles que ya no son posibles, salvo como mera ilusión pasajera y autodegradante. Y le sucede al entrar en la menopausia. Sus traumas más recónditos le hacen perder pié en ese momento psicológicamente vulnerable de la existencia femenina.
¿Su ex esposa y su familia manchega se ajustan a los personajes? ¿Las terribles situaciones de los habitantes de ese pueblo manchego y las obsesiones estéticas desbordadas de Gabina se ajustan al proceso real que usted vivió?
Sin comentarios…
El que calla otorga.
Sin comentarios…
El marido escritor funge como un detonador del proceso del cuestionamiento de Gabina… Pero hay mucho más detrás. Al menos esa fue mi impresión al leerla.
Sí, en apariencia. La tesis de la novela es que a veces las personas resuelven sus conflictos en los escenarios incorrectos y utilizando chivos expiatorios o extrapolaciones. La crisis de Gabina ni ella misma la comprende, o tal vez sí, pero no manifiesta sus causas profundas. Entabla una guerra contra sí misma, contra su cuerpo decadente y el paso del tiempo que amenazan dejarla fuera de la mirada social masculina que imponen los estándares. Pero esa angustia de muerte encierra otros pesares: las sumisiones de clase, los desprecios a su familia en su pueblo manchego y un odio no reconocido a un hermano abusador que utilizaba a sus hermanas como meros objetos para su comodidad y disfrute cotidiano.
Hay una escena terrible en la que el hermano mayor, Luis, ordena a sus hermanas ir a calentarle el asiento del retrete en invierno antes de ir él a hacer sus necesidades. Me pareció un momento muy claro de la novela en donde se ve la dinámica familiar violenta e incluso deshumanizada.
Coincido con usted. Es además una escena arrancada de la vida real. Eso sucede –incluso hoy– en muchos hogares castellano-manchegos. En este caso, sucede en un pueblo de 700 habitantes llamado Carrascas del Campo. La sumisión perruna intrafamiliar de las mujeres hacia el varón de la casa no se ha extinguido del todo aún. Si bien los tiempos afortunadamente van cambiando, el proceso no es tan rápido como creemos. Sobre todo en países que consideramos erróneamente adelantadados en ciertos aspectos, como Italia, Portugal, e incluso España, cuya vida en pueblos y pequeñas ciudades está llena de lastres culturales muy enraizados y desiguales.
Su libro da escalofríos por momentos. Demasiado cruel para muchos lectores y lectoras, estoy segura. Me pareció muy revelador el proceso mental, el duelo del marido escritor que se sumerge en reflexiones existenciales ancladas en sus lecturas, nutridas de psicología, mitos griegos e historia. Lejos de ralentizar la trama, la enriquece y nos asoma al universo interno del dolor masculino.
Esa era la idea… Me alegra poder haberlo plasmado, aunque sea en parte.
También surge una pregunta obligada y que hay que formular en estos tiempos de cambios de paradigmas masculinos y femeninos, de deconstrucción de roles…
La escucho.
Es sobre la voz que adquiere el marido: ¿No la siente como la voz patriarcal que al mismo tiempo señala las falencias emocionales y el deterioro de la protagonista en su rol de mujer frente al mundo?
Es una de las lecturas posibles del texto, que tiene muchas aristas. En una entrevista reciente, hablaron de las “capas de cebolla” que tiene el libro para adentrarse en su interpretación. En efecto, el narrador siente que su esposa vomita, literalmente, todas sus herencias transgeneracionales en un hogar nutrido, basado en el amor y el respeto, libre de preocupaciones materiales y sin carencias “transmateriales” diría Herbert Marcuse. A pesar de ello, Gabina despliega sus traumas irresueltos de la España profunda. Y la protagonista lo hace de forma repentina, fragmentando una familia no perfecta pero feliz, o al menos sin ataduras ni conflictos aparentes. Lo hace a pesar de estar a 10.000 kilómetros de su pueblo rural atravesado por miserias ancestrales. El protagonista masculino es también una víctima del heteropatriarcado que lo colocó en un lugar de protector y proveedor, del que vela por su familia, arrebatada sin advertencias y –para él– casi trágicamente. Y es aquí donde surge en la novela la mirada a contraluz de todo lo que significa la menopausia en términos sociales, individuales y psicológicos. Se cuestionan los roles históricamente asignados y que son transmitidos ya por hombres o por mujeres. No olvidemos que el principal vector de la transmisión machista han sido históricamente las propias madres. En la familia de Gabina sobre todo, que además tiene una madre esquizofrénica. Cuando eso sucede, todo el conjunto familiar compadece la enfermedad en diverso grado.
¿Con sus capítulos dobles, el objetivo fue construir dos arcos paralelos, donde ella y él (esposa y marido) se confrontan mutuamente?
La confrontación nace del propio conflicto planteado. Los capítulos dobles me permitieron contar en paralelo dos realidades que convergen al final de la novela: la infancia de la protagonista y su historia en una familia de clase social baja, y la ruptura conyugal. En ambos relatos subyace el germen de la comparación, la confrontación con el Yo profundo de los personajes y por tanto del cuestionamiento general que atraviesa toda la novela. En este sentido, es una novela sumamente actual porque pone de manifiesto las pulsiones más básicas a que nos conduce una sociedad materialista, deshumanizada, sexualizada e inmersa en la cultura del descarte y de la satisfacción inmediata. Algo que Gabina no puede sortear, dada su condición de mujer castrada y desorientada en sus búsquedas, con un pasado plagado de marginaciones sutiles, muy propias de los pueblos de España.
¿El marido transitó la andropausia? Algunos estudios sugieren que el declive hormonal de los hombres, que en general es invisible, también los afecta en sus vínculos con desconfianza, insomnio y tensiones o bajones sexuales.
Aquí cabe hacer algunos apuntes. La novela narra algo que desde los años ‘90 se denomina “divorcio gris” (el que ocurre más allá de los 50 años de vida). En esta historia la disruptora es ella, no él. De hecho –y ahora hablando fuera de la trama– desde finales de los años ’90, son las mujeres las que vienen liderando el pedido de divorcio en la mayoría de los países desarrollados y en algunos de América Latina. La novela relata un proceso personal que puede verse reflejado desde muchas perspectivas. Lo que le sucede a Gabina Esquerdo le sucede a millones de mujeres en todo el mundo. Algunas disciernen su propio proceso, su progresión a la vejez y su fin de la vida fértil y lo abordan con la debida madurez. Gabina, en cambio, infantiliza el proceso. Sale a buscar sexo transaccional y validación masculina más bien grosera en bares y en las redes. Búsqueda que resulta más patética porque se desarrolla en un universo cerrado como es la ciudad en que vive a 100 Km. de Buenos Aires. Podríamos decir que ella es víctima de las nuevas herramientas tecnológicas que la confrontan con su propia castración parental y sus carencias estructurales, inmanejables en ese punto de su vida. En cuanto a la andropausia, según los especialistas en endocrinología, esta no existe como término médico. Lo que se acerca a ello es el hipogonadismo, que es una disminución paulatina de la respuesta hormonal en el hombre y la testosterona. La diferencia con el climaterio femenino es que este es relativamente repentino y conduce a la infertilidad. El hombre conserva su capacidad reproductiva hasta la muerte. En las mujeres, la disminución de estrógenos ocurre en un período breve (un par de años, más o menos) y lo cambia todo en el cuerpo. Incluso la bioquímica cerebral, la respuesta sexual y hasta la percepción del mundo y de su propio trayecto vital. He ahí el conflicto menopáusico, sobre todo en mujeres que no poseen herramientas sólidas para semejante cambio o resultan permeables a los mandatos sistémicos más banales. Pero no quiero caer en generalidades ni en reduccionismos que, además, son las de un advenedizo en la materia. El tema es muy complejo. Siempre lo fue y hoy más que nunca en esta plena transisción hacia una nueva masculinidad y un rol de la mujer que ya se renovó pero debe hallar todavía su punto de equilibrio constructivo y cooperativo con todos los géneros.
¿Cómo cree que ese declive hormonal, usualmente invisible, afecta la relación de pareja en la novela?
Es determinante porque explica el comportamiento un poco adolescente, desorientado y con expectativas falsas de Gabina sobre su propio futuro de mujer madura. Explica su retorno ilusorio a una etapa de fiesta y validación juvenil, cuando en realidad debe confrontar con su entrada a la madurez más temprana: la carretera directa hacia la tercera edad. Algo inasumible en muchas mujeres alienadas por las redes y la cultura del descarte. La pretensión de ser eternamente jóvenes y explorar las tentaciones más inmediatas que las redes sociales ofrecen con una variedad inaudita (y más bien sórdida en muchos casos). Gabina cae en esa trampa. Se deja arrastrar ingenuamente y claudica con mucha torpeza emocional sin medir las consecuencias a largo plazo.
¿Pensó además en la historia como una forma de visibilizar los mandatos patriarcales y cómo también encadenan a los hombres?
Digamos que no construí la narración buscando demostrar estos axiomas (que son verdades ya demostradas), porque sabía de antemano que surgirían per se durante la novela. Aparecen a lo largo de toda la trama, tanto en los capítulos que transcurren en España como los que acontecen en Argentina, en una ciudad de provincias que no se nombra. Mire… Respecto a lo que usted señala y a lo que adhiero –los condicionantes mutuos son innegables–, me gustaría mencionar una analogía muy interesante que habla de esa codependencia de roles, esas sinergias culturales que se dan en todos los contextos históricos, si acercamos la lupa. Hubo un psiquiatra y filósofo caribeño nacido en Martinica(Caribe francés) llamado Frantz Fanon, de raza negra y teórico imprescindible de las relaciones entre colonizador y colonizado, entre dominador y dominado, lo cual aplica en términos históricos a las relaciones de género, al menos en Occidente. Frantz Fanon diseccionó estas relaciones codependientes en uno de los los dos libros que escribió, titulado Piel negra, Máscaras Blancas, en donde señala que la condición colonial ata a ambas partes. Es decir, se realizan en el otro, en su misma psicopatía relacional. No hay colonizado sin colonizador, ni colonizador sin colonia. Algo análogo sucede con los patrones de género de nuestra cultura judeo-cristiana. Hasta ahora hubo roles estancos o preasignadosentre hombre-mujer, que deben mutar, pero cooperativamente, pues la destrucción del uno conlleva a la desaparición de su contraparte en tanto complemento. Reformular esta complementaridad –que esineludible en tanto biológica– debereinventarse desde lo cultural. Esa es la tarea pendiente, el verdadero desafío. El demonio del mediodía, en este sentido, no escarba tan abajo porque, precisamente, debe moverse en la banalidad y los vaivenes neblinosos que impone la protagonista a sus hijos y su esposo perplejo, atrapada en sus viejos traumas sociales y en el terror que le producen sus carnes flácidas. Cae víctima de su propio frenesí otoñal, tan lleno de carencias enmascaradas por las premisas de mercado: la apariencia y las ansias provincianas de aceptación como objetivos supremos para atenuar su vacío y sentido de inferioridad heredado.
Una novela muy fuerte, debo decir. La estoy releyendo.
Bienvenida nuevamente a mi libro, entonces. Y gracias sinceras.
América Latina
«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana
El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.
Por Fernando Roperto
El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.
Una lectura que va a fondo
Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.
La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.
Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción
Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.
El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.
Arte y política en la Revolución Cubana
El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».
El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.
El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento
Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.
Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.
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