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López Obrador propuso «una pausa» en las relaciones con España y un ministro se molestó

«La pausa es: vamos a darnos tiempo para respetarnos y que no nos vean como tierra de conquista. Sí queremos tener buenas relaciones con todos los gobiernos, pero no queremos que nos roben», remarcó López Obrador en su habitual conferencia de prensa diaria.

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Las relaciones entre México y España deben entrar en «una pausa» como forma de recuperar el respeto y mejorar el rol de empresas ibéricas en el país centroamericano, estimó hoy el presidente Andrés López Obrador, quien vaticinó que los vínculos podrán mejorar cuando cambien los respectivos gobiernos.

«La pausa es: vamos a darnos tiempo para respetarnos y que no nos vean como tierra de conquista. Sí queremos tener buenas relaciones con todos los gobiernos, pero no queremos que nos roben», remarcó López Obrador en su habitual conferencia de prensa diaria.

Aún así, el mandatario buscó después bajar el tono de su afirmación, al señalar que se trató solo de «un comentario» y negó que pueda oficializarse de alguna manera esa pausa que propone.

Insistió en que no estaba proponiendo una ruptura diplomática sino «ir más despacio, una pausa, un tiempo», y enumeró las ventajas de empresas españolas en acuerdos con los sucesivos Ejecutivos mexicanos.

Más tarde, el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, invitó a López Obrador a aclarar qué significa exactamente su iniciativa.

«Estoy verificando esas declaraciones. En cualquier caso, si se han producido, y esas son las palabras que ha usado, habría que preguntarle al presidente López Obrador qué es lo que ha querido decir con eso y cuál es el tenor oficial que le da a esas declaraciones», dijo Albares en una breve declaración de respuesta difundida por la Cancillería a los medios de comunicación y recogida por la agencia de noticias Sputnik.

Albares interpreta que la propuesta de pausar las relaciones «no tiene ninguna traducción oficial» en términos diplomáticos y explica que, al menos por el momento, México no contactó con las autoridades españolas para comunicar un cambio en la forma de abordar la relación.

Tras pedir a López Obrador una aclaración sobre el significado de sus declaraciones, se manifestó sorprendido por esas palabras al plantear que «se contradicen» con el mensaje que su canciller, Marcelo Ebrard, le trasladó en el encuentro que ambos mantuvieron en Honduras hace unas semanas.

López Obrador denunció las malas prácticas de algunas firmas, entre ellas Repsol, favorecida a su juicio durante el mandato presidencial de Felipe Calderón.

El gobernante azteca mencionó la concesión de un contrato para extraer gas en la Cuenca de Burgos, pagado a precios «elevadísimos» y sin resultados.

Y también nombró otro acuerdo con Repsol, de 26.000 millones de dólares, para importar gas desde Perú.

Según expuso, el contrato ni siquiera estaba firmado cuando «ya Repsol estaba comprando el gas en Perú asegurando que ya lo tenía vendido en México», un «arreglo» que concluyó con la cancelación del contrato cuando a la empresa española no le resultó rentable por la baja del precio y no pasó «absolutamente nada».

«No quiero hablar de los bancos, porque es otro capítulo», ironizó el presidente, según las agencias de noticias DPA y AFP.

Desde la llegada de López Obrador a la presidencia, en diciembre de 2018, las relaciones de México con España se tensaron, en parte por los reclamos de López Obrador para que Madrid reconozca la violencia ejercida durante el período de la conquista y pida disculpas a los pueblos indígenas.

España es el primer socio comercial europeo de México con un intercambio de cerca de 10.000 millones de euros anuales, según estimaciones oficiales de 2020.

Región

Fin de la 6×1: Brasil discute trabajar menos antes del balotaje Lula-Bolsonaro

El Senado fijó cinco sesiones de debate y una votación posible el 15 de octubre para la enmienda que baja la jornada máxima de 44 a 40 horas y garantiza dos días de descanso. Necesita 49 de los 81 votos.

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Davi Alcolumbre, presidente del Senado de Brasil, habla durante una sesión del plenario del Senado Federal.
La reducción de la jornada laboral llega al Senado brasileño y se mete de lleno en el balotaje entre Lula y Bolsonaro.

Casi 40 millones de brasileños trabajan seis días para descansar apenas uno. Esa es la cifra que puso sobre la mesa el presidente del Senado de Brasil al anunciar que la Cámara alta debatirá, a días del balotaje, la enmienda constitucional que termina con la escala 6×1 y reduce la jornada máxima de 44 a 40 horas semanales. En plena campaña, el país vecino discute cómo devolverles tiempo de vida a los trabajadores.

Davi Alcolumbre, titular del Senado, presentó este martes el calendario para tratar la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) 221/2019, que la Cámara de Diputados aprobó a fines de mayo. Aseguró que cumplirá exactamente el rito reglamentario, que exige cinco sesiones de debate antes de la votación. En la práctica, habrá cinco jornadas de discusión entre esta semana y la próxima, y la votación en primera vuelta podría llegar el 15 de octubre, diez días antes de la segunda vuelta presidencial.

Qué cambia para los trabajadores

La escala 6×1 es el régimen por el cual se trabaja seis días seguidos con uno solo de descanso. El texto en debate establece dos días de descanso semanal remunerado, sin reducción salarial, y baja el tope de la jornada de 44 a 40 horas semanales, según el detalle publicado por la prensa brasileña. El fin de la 6×1 es una de las prioridades del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en el Congreso.

«Cada senador y senadora de esta legislatura tendrá la libertad de votar con su corazón, con su conciencia y con su convicción, si considera razonable disminuir la escala de trabajo de casi 40 millones de brasileños que viven en la escala 6×1 desde hace décadas», afirmó Alcolumbre, que ante los periodistas dejó entrever su postura personal favorable a la enmienda.

Una cuenta difícil y un reloj en contra

Para ser aprobada, la PEC necesita al menos 49 votos a favor, el 60% de los 81 senadores, en dos turnos de votación. Y entre uno y otro turno el reglamento exige otras tres sesiones de debate, por lo que no está garantizado que la aprobación definitiva llegue antes del 25 de octubre.

El camino ya venía trabado. Tras la media sanción de Diputados, Alcolumbre mantuvo el texto parado y recién en agosto lo giró a la Comisión de Constitución y Justicia (CCJ), que lo aprobó a principios de septiembre. Aun así, no lo llevó al pleno: explicó que prefirió esperar el final de la primera vuelta, en la que muchos senadores competían por distintos cargos, para no generar incomodidades a sus colegas durante la campaña.

Ahora la resistencia se trasladó al recinto. La oposición acusa al oficialismo de usar el tema con fines electorales en medio del balotaje y sus líderes en el Senado articulan para no dar quórum en las sesiones de discusión. Del lado del Gobierno, algunos referentes reconocen que el avance de los candidatos de derecha en la renovación del Senado del domingo complica las chances de aprobarla. La oposición que se presenta como la voz del cambio busca vaciar el recinto para no tener que votar una mejora concreta para millones de trabajadores.

El telón de fondo: un balotaje cabeza a cabeza

La discusión llega en el momento más caliente de la campaña. En la primera vuelta del 4 de octubre, el senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), obtuvo más de 56 millones de votos, alrededor del 47% de los válidos, contra casi 53,9 millones de Lula, cerca del 45%. Desde entonces, la alianza de União Brasil y Progressistas, el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado y el excandidato Romeu Zema anunciaron su apoyo al hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Lula, por su parte, salió a buscar a los 29 millones de brasileños que no fueron a votar: «Tenemos que ir a buscar esos 29 millones de brasileños que no votaron, para que sepan que el voto es necesario para definir el futuro de este país».

En ese escenario, la reducción de la jornada se volvió tema de campaña: los senadores oficialistas recuerdan que el debate lleva años en el Congreso, y la oposición lo acusa de oportunismo electoral.

El contraste con la Argentina de Milei

La comparación con lo que ocurre de este lado de la frontera es inevitable. La Ley 27.802 de Modernización Laboral, sancionada en febrero y promulgada en marzo, mantuvo el tope de 8 horas diarias y 48 semanales que fija la Ley 11.544 desde 1929, e incorporó la posibilidad de pactar un banco de horas para compensar horas extras, siempre que se respeten 12 horas de descanso entre jornadas y 35 horas de descanso semanal.

Los resultados que exhibe esa reforma, según estimaciones del Instituto Argentina Grande (IAG), están lejos de lo prometido: 36.000 empleos formales perdidos y 6.905 empresas menos en sus primeros cuatro meses de vigencia. Mientras Brasil debate trabajar menos sin ganar menos, la Argentina de Milei flexibilizó la jornada y, según el IAG, sigue perdiendo empleo registrado.

Lo que tenés que saber:

  • El Senado de Brasil debatirá la PEC que termina con la escala 6×1 y baja la jornada máxima de 44 a 40 horas semanales.
  • Habrá cinco sesiones de discusión y la votación en primer turno podría ser el 15 de octubre; se necesitan 49 de los 81 votos en dos turnos.
  • Según Davi Alcolumbre, casi 40 millones de brasileños trabajan bajo la escala 6×1.
  • El balotaje entre Flávio Bolsonaro y Lula da Silva será el 25 de octubre.
  • En la Argentina, la reforma laboral de Milei mantuvo el tope de 48 horas semanales e incorporó el banco de horas.
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