Sociedad
Día del Gauchito Gil, símbolo de solidaridad popular frente al individualismo libertario
Miles de fieles peregrinan a Mercedes, Corrientes, para honrar al santo de los humildes, cuya figura solidaria cobra especial relevancia frente al discurso del «sálvese quien pueda» que impone el gobierno libertario.
— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.
★ Este jueves 8 de enero, como cada año desde hace décadas, miles de devotos llegaron hasta Mercedes, Corrientes, para rendir homenaje al Gauchito Gil. Largas filas de fieles y micros repletos aguardan desde la madrugada para ingresar al santuario popular del gaucho Antonio Mamerto Gil Núñez, ejecutado un 8 de enero de 1874. Pero esta vez, la celebración adquiere un significado particular: en medio del avance de un modelo que exalta el individualismo y la competencia despiadada, la figura del Gauchito —que robaba a los ricos para darles a los pobres— se yergue como símbolo de resistencia y solidaridad.
Un santo que nació del pueblo y para el pueblo
Antonio Mamerto Gil Núñez nació el 12 de agosto de 1847 en el paraje Pay Ubre, cercano a Mercedes. Fue peón rural en su juventud, hasta que fue reclutado para servir en la Guerra de la Triple Alianza y posteriormente en las milicias que enfrentaban a los federales en las guerras civiles que desangraban al país.
Según la leyenda popular, en medio del conflicto bélico el Dios guaraní Ñandeyara se le apareció en sueños y le transmitió un mensaje que cambiaría su destino: «No quieras derramar sangre de tus semejantes». A partir de ese momento, Gil decidió desertar de las milicias y convertirse en una suerte de justiciero popular. La tradición oral cuenta que robaba a los estancieros ricos para repartir entre los pobres, curaba enfermos y vengaba a quienes habían sufrido injusticias.
Por su deserción y sus acciones, fue perseguido y finalmente detenido. Condenado a muerte, fue trasladado hacia la ciudad de Goya. Pero a pocos kilómetros de Mercedes, en el camino rural, su escolta decidió ejecutarlo colgándolo de un algarrobo. Según el relato que construyó el mito, antes de morir le advirtió al soldado que lo ejecutaba que su hijo estaba gravemente enfermo, y que si lo perdonaba, el niño se curaría. El soldado no le creyó y lo mató de todos modos. Al llegar a su casa, encontró a su hijo moribundo. Desesperado, volvió sobre sus pasos, bajó el cuerpo de Gil y le dio cristiana sepultura. El niño se salvó. Así nació el mito del Gauchito milagroso.
La fe de los que no tienen nada
Hoy, 151 años después de su muerte, el Gauchito Gil es el santo popular más convocante de Argentina. Su santuario en Mercedes recibe peregrinos de todo el país y de países vecinos. En Chaco, Formosa, Misiones y otras provincias del norte argentino también se replican las celebraciones con caravanas, oraciones y espectáculos culturales.
La devoción al Gauchito no es casual. Es la fe de los trabajadores precarizados, de los desocupados, de los que viajan en la banquina de las rutas buscando trabajo, de los que sufren las injusticias del sistema. Es la religiosidad de los sectores populares que no encuentran respuestas en las estructuras oficiales y construyen sus propias formas de espiritualidad, ajenas a los dogmas institucionales.
Solidaridad versus meritocracia
En un contexto donde el gobierno nacional promueve el «sálvese quien pueda» como filosofía de vida, donde se recortan derechos sociales bajo el argumento de la «eficiencia» y se criminaliza la protesta social, la figura del Gauchito Gil interpela. Su historia habla de un hombre que eligió la solidaridad por sobre la obediencia ciega, que desertó de una guerra entre hermanos para defender a los más vulnerables, que enfrentó al poder establecido para repartir justicia entre los desposeídos.
La devoción popular que cada 8 de enero se renueva en Mercedes es, en definitiva, una forma de resistencia cultural. Es la negación del individualismo feroz que pretende imponerse como único modelo posible. Es la afirmación de valores comunitarios que persisten pese a todo: la ayuda mutua, la reciprocidad, el cuidado del otro.
Mientras el discurso oficial celebra al emprendedor solitario que triunfa por mérito propio, millones de argentinos siguen creyendo en un gaucho que robaba a los ricos para darles a los pobres. Esa contradicción dice más sobre el país real que cualquier estadística oficial.
El Gauchito en tiempos de ajuste
Este año, las celebraciones por el Día del Gauchito Gil ocurren en un momento particularmente difícil para los sectores populares. Según datos del INDEC, la pobreza alcanzó al 52,9% de la población en el primer semestre de 2024. El ajuste brutal implementado por el gobierno libertario golpeó especialmente a los trabajadores informales, a los jubilados, a los sectores más vulnerables. Precisamente aquellos que peregrinan hasta Mercedes buscando el amparo del santo popular.
En ese contexto, la promesa del Gauchito —de justicia para los humildes, de castigo para los poderosos abusivos— resuena con particular intensidad. Su mensaje, construido desde la memoria popular y transmitido de generación en generación, confronta con el relato meritocrático que responsabiliza a los pobres de su propia pobreza.
La fe en el Gauchito es también la esperanza de que otro mundo es posible. Un mundo donde la solidaridad no sea vista como debilidad sino como fortaleza, donde la justicia social no sea considerada un anacronismo sino una necesidad, donde el Estado no esté ausente sino presente para garantizar derechos.
Puntos clave:
• Miles de devotos peregrinaron a Mercedes, Corrientes, para celebrar el Día del Gauchito Gil este 8 de enero
• Antonio Gil fue ejecutado en 1874 tras desertar de las milicias y convertirse en justiciero popular que robaba a los ricos para darles a los pobres
• La devoción al Gauchito representa valores de solidaridad y justicia social en contraposición al individualismo del modelo libertario actual
• Las celebraciones se replican en Chaco, Formosa, Misiones y otras provincias del norte argentino
• La figura del Gauchito cobra especial relevancia en un contexto de ajuste que afecta particularmente a los sectores populares
Medios
Jóvenes inglesas de la UBA fueron lapidarias: “las Malvinas son argentinas”
Emily y Lucy estudian historia en la universidad pública porteña y sorprendieron a todos en Recoleta: ante un móvil de C5N sostuvieron que el archipiélago «es de nuestro país», sin dudarlo.
Dos jóvenes inglesas que estudian historia en la Universidad de Buenos Aires (UBA) aseguraron que las Islas Malvinas «son argentinas». Se trata de Emily y Lucy, dos estudiantes que respondieron casi juntas y sin dudarlo en un móvil de la señal de cable C5N en el barrio porteño de Recoleta.
La declaración llegó en el marco del reclamo por la soberanía del archipiélago que impulsó días atrás el presidente Javier Milei y que volvió a poner la causa Malvinas en el centro de la agenda política.
Un móvil en Recoleta
Las chicas fueron entrevistadas mientras pasaban por Buenos Aires y contaron que estudian historia en la UBA, algo que calificaron como «muy bueno y muy interesante».
Emily y Lucy valoraron la posibilidad de «aprender historia de Latinoamérica en Latinoamérica» y remarcaron que la experiencia «es muy diferente» a la que habrían tenido en Inglaterra, según contaron al móvil. El paso por la universidad pública argentina las acercó a una mirada que del otro lado del Atlántico no se enseña del mismo modo.
«Las Malvinas son argentinas»
Cuando el móvil les consultó por el conflicto por la soberanía del archipiélago, las dos jóvenes afirmaron casi en simultáneo y sin vueltas: «las Malvinas son argentinas», según el móvil de C5N.
La causa que reaparece cada tanto
La escena se dio pocos días después de que Milei realizara una cadena nacional dedicada a las Islas Malvinas, en la que volvió a reclamar la soberanía argentina sobre el archipiélago. El ministro de Economía, Luis Caputo, salió a respaldar el anuncio y sostuvo que «nadie puede estar en contra» de una causa que «une a todos los argentinos».
Malvinas es una bandera histórica para el país, pero también un terreno fértil para la política, porque el reclamo suele volver a escena cuando a quien gobierna le conviene. Que dos estudiantes nacidas en el país que administra las islas digan lo que dicen, sin cálculos electorales de por medio, le pone al debate un espejo incómodo que pocos esperaban.
Puntos clave
- Emily y Lucy, dos jóvenes inglesas que estudian historia en la UBA, afirmaron que «las Malvinas son argentinas» ante un móvil de C5N en Recoleta.
- Lo dijeron casi juntas y sin dudarlo cuando les preguntaron por el conflicto por la soberanía del archipiélago.
- Las estudiantes elogiaron «aprender historia de Latinoamérica en Latinoamérica» y destacaron que la experiencia «es muy diferente» a estudiarla en Inglaterra.
- La declaración llegó días después de la cadena nacional de Javier Milei sobre las Islas Malvinas.
- El ministro de Economía, Luis Caputo, respaldó el reclamo y aseguró que «nadie puede estar en contra» de la causa.
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