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Trump exigió “acceso total” al petróleo y advirtió a Delcy Rodríguez que le irá “peor que a Maduro”

En un discurso marcado por el pragmatismo energético, el presidente de EEUU omitió la palabra «democracia» y priorizó el control de los recursos sobre la transición política en Venezuela.

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— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.

★ El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, exigió este domingo «acceso total» a Venezuela, especialmente a sus recursos petroleros, y advirtió a la presidenta encargada Delcy Rodríguez que enfrentará un destino «probablemente peor» que Nicolás Maduro si no coopera con Washington. Las declaraciones del mandatario estadounidense, realizadas a bordo del Air Force One rumbo a Washington, contrastan con la invitación de Rodríguez a trabajar «en el marco de la legalidad internacional».

«Lo que necesitamos (de Delcy Rodríguez) es acceso total. Acceso total al petróleo y a otras cosas en el país que nos permitan reconstruirlo», afirmó Trump ante periodistas, según reportó Infobae. Cuando se le preguntó qué otras «cosas» necesitaría, Trump mencionó las infraestructuras del país, señalando que «las carreteras no se construyen y los puentes se están cayendo».

Trump fue explícito sobre quién controla Venezuela en este momento. Al ser preguntado sobre la transición y la gestión temporal del país, respondió de manera tajante: «No me pregunten sobre quién manda, porque les daré una respuesta y será muy controvertida». Cuando una reportera insistió preguntando qué significaba eso, Trump respondió: «Que nosotros estamos a cargo».

«Le irá peor que a Maduro»

Trump reiteró amenazas que había hecho más temprano en una entrevista con The Atlantic. «Si ella no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente mayor que Maduro», había declarado el mandatario en esa conversación, según reportó NBC News.

A bordo del Air Force One, Trump amplió esas amenazas. «Solo digo que probablemente enfrentará una situación peor que Maduro, porque, ya saben, Maduro se rindió de inmediato», dijo Trump, según CNN. «Se rindió, e hizo lo correcto, pero se rindió. Así que fuimos realmente… fuimos tan efectivos. Y fue tan rápido y violento. Fue muy violento, pero fuimos tan efectivos. Levantó sus manos, se rindió», agregó el mandatario.

«Necesitamos grandes inversiones de las petroleras»

Trump describió la situación de Venezuela en términos críticos para justificar su intervención. «Venezuela ahora mismo es un país muerto. Tenemos que devolverlo a la vida, y vamos a necesitar grandes inversiones de las compañías petroleras para reconstruir la infraestructura y dejarla lista para funcionar», declaró Trump, según CNN.

El mandatario reafirmó que las grandes petroleras estadounidenses entrarán en Venezuela a reparar la infraestructura que, según él, el chavismo «robó» a Washington, según consignó Público. Trump ha sostenido reiteradamente que Venezuela «robó» el petróleo estadounidense debido al rol que compañías estadounidenses jugaron en el desarrollo de la industria petrolera venezolana en los primeros años del siglo XX, según NBC News.

«El país es un desastre. Ha sido terriblemente administrado», afirmó Trump, según el mismo medio, agregando que «necesitamos que funcione bien» y que eso requiere «reconstruir toda la infraestructura».

Contactos con Rodríguez

Trump aseguró que aún no ha hablado personalmente con Rodríguez, aunque otras personas sí lo han hecho, y agregó que lo hará «en el momento adecuado». «Ella está cooperando», afirmó Trump, según múltiples medios.

El mandatario sostuvo que Estados Unidos no le ofreció nada a Rodríguez a cambio de su cooperación, según consignó Ámbito. Sin embargo, el secretario de Estado Marco Rubio había confirmado el sábado que mantuvo una conversación telefónica con la funcionaria venezolana.

«Ella (Rodríguez) está esencialmente dispuesta a hacer lo que creemos que es necesario para hacer que Venezuela vuelva a ser grande», había dicho Trump a los periodistas el sábado, según múltiples fuentes, señalando que había sido «designada por Maduro».

La respuesta de Delcy Rodríguez

Las declaraciones de Trump contrastan con el tono diplomático de Rodríguez, quien extendió una invitación a trabajar con Estados Unidos «en una agenda de cooperación» y «en el marco de la legalidad internacional», según reportó NBC News.

«Extendemos la invitación al gobierno de EUA a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y (que) fortalezca una convivencia comunitaria duradera», manifestó Rodríguez después de encabezar este domingo el primer consejo de ministros tras la captura de Maduro.

En un comunicado publicado en redes sociales, Rodríguez se dirigió directamente a Trump: «Presidente Donald Trump: nuestros pueblos y nuestra región merecen la paz y el diálogo, no la guerra. Este ha sido el predicamento del presidente Nicolás Maduro y es el de toda Venezuela en este momento».

Sin embargo, Rodríguez también dijo durante una sesión del Consejo de Defensa Nacional transmitida por el canal estatal VTV que Maduro es «el único presidente de Venezuela» y exigió su «immediate liberación» junto a su esposa Cilia Flores, según reportaron múltiples medios. La funcionaria afirmó que la integridad territorial de Venezuela había sido «salvajemente atacada» durante los ataques estadounidenses.

La «Doctrina Donroe»

Trump reiteró que su operación para capturar a Maduro y llevarlo ante la justicia en Nueva York responde a una nueva doctrina de intervención en Latinoamérica que bautizó como «Doctrina Donroe», parafraseando la antigua Doctrina Monroe, ya que «el hemisferio (occidental) es nuestro».

El mandatario había dicho el sábado que la operación militar en Venezuela fue «uno de los despliegues más impresionantes, efectivos y poderosos del poderío militar estadounidense en la historia de Estados Unidos», según citó CNN.

Presos políticos en segundo plano

Cuando fue consultado sobre la liberación de presos políticos en Venezuela, Trump dijo que ese tema está en un segundo plano. «No hemos llegado a eso. Ahora mismo lo que queremos es arreglar el petróleo, arreglar el país, traerlo de vuelta y tener elecciones», declaró Trump.

Sin embargo, en otro momento no quiso confirmar si unas elecciones libres en Venezuela son un asunto urgente. «Depende, lo que tenemos que hacer con Venezuela es recuperarla, ya que ahora mismo es un país muerto», afirmó.

Reapertura de la embajada estadounidense

Trump reveló que está considerando reabrir la embajada estadounidense en Caracas, que cerró en 2019 durante su primer mandato tras el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente interino. La reapertura de la misión diplomática facilitaría el control directo de Washington sobre los acontecimientos en Venezuela.

Amenazas a Colombia y predicción sobre Cuba

Durante el vuelo en el Air Force One, Trump también formuló una de sus declaraciones más duras contra el presidente colombiano Gustavo Petro, a quien acusó de permitir la producción de cocaína y advirtió que su gobierno podría tener un final anticipado si no modifica su política antidrogas.

«Venezuela está enferma, Colombia también está muy enferma», afirmó Trump, según el mismo medio, insinuando una posible acción militar.

Sobre Cuba, Trump consideró que el gobierno de Miguel Díaz-Canel «está a punto de caer» y que no cree que haga falta «acción alguna» por parte de Estados Unidos en la isla. «No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos. Recibían todo sus ingresos de Venezuela, del petróleo venezolano», aseguró el mandatario.

Las declaraciones de Trump sobre Cuba se produjeron horas después de que el gobierno de la isla confirmara que 32 militares cubanos que integraban las «Avispas Negras», el círculo de seguridad más cercano a Maduro, murieron durante el ataque estadounidense.

Las contradicciones de la narrativa oficial

Las exigencias de Trump de «acceso total» a los recursos venezolanos contrastan con la narrativa oficial de Washington sobre la operación militar. El secretario de Estado Marco Rubio rechazó en una entrevista con ABC las afirmaciones de que la captura de Maduro tenía como objetivo dar a las empresas estadounidenses un acceso más fácil a las enormes reservas de petróleo del país.

Sin embargo, Rubio sí predijo que el plan de Trump de reclutar empresas estadounidenses para reconstruir la industria venezolana tendría éxito, diciendo que espera «un interés dramático de empresas occidentales».

La claridad con la que Trump expresa sus objetivos petroleros marca un contraste con décadas de retórica estadounidense que justificaba intervenciones militares en América Latina con argumentos sobre democracia, derechos humanos o presunta lucha contra el narcotráfico. En este caso, el mandatario estadounidense ha sido explícito: el objetivo es el control de los recursos naturales, especialmente las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.

Puntos clave:

• Trump exigió «acceso total» a Venezuela, especialmente a sus recursos petroleros, para «reconstruir» el país

• El presidente estadounidense advirtió que Delcy Rodríguez enfrentará un destino «peor que Maduro» si no coopera

• Trump afirmó que Estados Unidos está «a cargo» de Venezuela y trabajará con Rodríguez para la transición

• La funcionaria venezolana invitó a Washington a trabajar «en el marco de la legalidad internacional»

• Trump dijo que la liberación de presos políticos está en segundo plano frente a «arreglar el petróleo»

América Latina

Brasil lanzó su campaña presidencial: Lula lidera en las encuestas pero la derecha disputa el Congreso

El pasado domingo arrancó formalmente la campaña presidencial en Brasil. Con 158,7 millones de electores habilitados y las elecciones fijadas para el 4 de octubre, el escenario es de polarización total entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Las encuestas favorecen al oficialismo, pero la batalla real se libra en el Congreso, donde el Centrão y la renovación del Senado pueden condicionar cualquier gobierno por la próxima década.

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La República Federativa de Brasil activó su maquinaria electoral. El domingo pasado comenzó formalmente la campaña presidencial y lo que en la superficie parece un reencuentro conocido entre dos bloques irreconciliables adquiere, en este ciclo, una dimensión institucional que va mucho más allá de la disputa por el Palacio do Planalto. La elección del 4 de octubre no solo definirá quién gobierna Brasil hasta 2030; también reconfigurará la composición del Congreso Nacional y, con ella, el equilibrio de poderes de la república por al menos una década.

La tercera vía fracasó: el escenario es binario

La contienda se perfila como una reedición del duelo de 2022, pero con nuevos protagonistas en el campo opositor. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, acompañado por el vicepresidente Geraldo Alckmin, encabeza una amplia coalición democrática. Frente a él, Flávio Bolsonaro asumió el liderazgo del Partido Liberal (PL) y la representación orgánica del bolsonarismo, tras la inhabilitación electoral de su padre, Jair Bolsonaro, procesado por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023.

Las denominadas «terceras vías» no lograron despegar. Los candidatos ajenos al duelo central se mantienen estancados entre el 3% y el 9% de intención de voto, lo que consolidó una contienda netamente binaria. En un sistema de doble vuelta con voto obligatorio, donde el índice de rechazo absoluto opera como techo electoral, la elección se perfila como un plebiscito de identidades políticas irreconciliables.

Las encuestas y sus metodologías

El mapa de las intenciones de voto muestra divergencias según la metodología empleada. Las encuestadoras que utilizan entrevistas presenciales y domiciliarias, como Datafolha y Quaest, captan con mayor precisión el voto de los sectores de menores ingresos en regiones periféricas y otorgan ventajas consistentes a Lula. Las firmas que trabajan con reclutamiento digital aleatorio, como AtlasIntel, reflejan un escenario más competitivo, ya que capturan el pulso de un electorado joven y digitalmente activo, más permeable a las narrativas de la oposición.

En el Nordeste, bastión histórico del lulismo y principal ancla electoral del PT, Quaest registra una ventaja de 29 puntos porcentuales para el oficialismo: 54% frente al 25% de Flávio Bolsonaro. Para compensar esa desventaja estructural, el Partido Liberal necesita márgenes de victoria abrumadores en la región Sur, donde sostiene una diferencia de 13 puntos cimentada en el conservadurismo agrario y el histórico antipetismo.

El verdadero campo de batalla es el Sudeste, que concentra el 41,7% del padrón electoral nacional. En São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, Quaest detecta un empate técnico con leve ventaja numérica para Lula (40% a 37%), una variable que sustenta su favoritismo en las proyecciones nacionales. A nivel de género, Lula conserva una ventaja sustancial entre las mujeres (47% a 34%), mientras que entre los varones la disputa está en empate técnico. El dato más preocupante para la izquierda es el electorado juvenil (16 a 24 años), donde la competencia es excepcionalmente estrecha (42% a 40%), lo que evidencia la penetración cultural de la derecha a través de la digitalización del discurso político.

El factor evangélico y la demografía religiosa

La demografía religiosa es quizás el clivaje más dinámico de la política brasileña. El segmento evangélico, que representa una porción creciente del electorado, mantiene un alineamiento casi dogmático con las plataformas de la derecha conservadora. Flávio Bolsonaro, respaldado por estructuras eclesiásticas como la Asamblea de Dios Victoria en Cristo, registra ventajas de hasta 22 puntos porcentuales sobre el oficialismo en ese grupo demográfico. La Iglesia como maquinaria electoral es uno de los activos más difíciles de contrarrestar para el PT.

El Centrão: la gobernabilidad tiene precio

La Cámara de Diputados, compuesta por 513 escaños, opera bajo el amparo del Centrão: un bloque de partidos de centro y centro-derecha (PP, União Brasil, Republicanos, PSD, MDB) con una capacidad de extracción de recursos presupuestarios sin equivalente en América Latina. El mecanismo son las enmiendas parlamentarias, que permiten a diputados y senadores dirigir fondos directamente a sus bastiones electorales.

La sumisión del Ejecutivo a esta dinámica es estructural. A lo largo del primer semestre de 2026, el gobierno de Lula liberó 33.890 millones de reales en enmiendas parlamentarias para garantizar el avance de su agenda legislativa. La paradoja es que el Partido Liberal (PL), principal partido opositor, concentró la mayor tajada: 3.100 millones de reales, frente a los 2.160 millones del PT gobernante. Quien gane la presidencia en octubre heredará esta misma lógica: gobernar Brasil exige pagar peaje en el Congreso.

El Senado: la disputa que puede cambiar la próxima década

Las elecciones de 2026 son especialmente críticas porque implican la renovación de dos tercios de la Cámara Alta: 54 de los 81 escaños del Senado Federal quedan en disputa. Con mandatos de ocho años, esta renovación puede alterar de forma irreversible la fisonomía política del país. Actualmente el Senado exhibe una correlación de fuerzas marcadamente conservadora.

El Senado posee competencias exclusivas que lo convierten en una pieza clave del sistema: ratifica a los directores del Banco Central, aprueba embajadores, confirma designaciones al Supremo Tribunal Federal (STF) y, en términos críticos, tiene la facultad de procesar y destituir a sus magistrados. Si la derecha alcanza los 41 escaños (mayoría absoluta), obtendría el andamiaje institucional para promover juicios políticos contra figuras como Alexandre de Moraes y condicionar la agenda judicial de cualquier gobierno de signo progresista por años.

El rol del STF y las tensiones institucionales

Think tanks internacionales como Chatham House y el Center for Strategic and International Studies (CSIS) advierten sobre una degradación paulatina de las normas democráticas en Brasil. En ese marco, el Supremo Tribunal Federal y en particular las medidas del juez Alexandre de Moraes frente a las redes sociales y la desinformación funcionan como un dique de contención del sistema electoral, aunque profundizan la confrontación interna y generan fricciones con sectores conservadores en el país y en el exterior.

El 4 de octubre, Brasil elegirá mucho más que un presidente. Quien asuma el Planalto en enero de 2027 gobernará bajo la tutela financiera del Centrão y bajo la vigilancia de un Senado potencialmente hostil. En la mayor democracia de América del Sur, ganar la presidencia es solo el primer paso; el verdadero desafío es no quedar atrapado en el laberinto de la propia gobernabilidad.

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