Deuda externa
La causa por la deuda más grande de la historia argentina vuelve a la Justicia: Macri y Caputo en la mira
La decisión de la jueza María Eugenia Capuchetti de cerrar el expediente fue cuestionada por la fiscalía, que sostiene que el gobierno de Macri contrajo una deuda «insostenible» de 57.100 millones de dólares violando la Constitución Nacional y dejando al país como el principal deudor mundial del organismo.
★ La causa judicial por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) firmado durante la gestión de Mauricio Macri no quedará archivada sin más. La Sala I de la Cámara Federal deberá revisar el cierre del expediente después de que el fiscal ante ese tribunal, José Agüero Iturbe, respaldó la apelación presentada por su colega de primera instancia, Franco Picardi. La información fue publicada por la periodista Irina Hauser.
El respaldo de la Cámara al planteo fiscal
Agüero Iturbe se remitió al escrito de Picardi y lo hizo propio: «En el escrito impugnatorio se ha detallado acabadamente las conductas desplegadas, la participación de quienes considera responsables en el suceso investigado, como así también las pruebas que considera acreditan los hechos denunciados», según el dictamen al que accedió Hauser.
El fiscal de instrucción Picardi había presentado un dictamen de 85 páginas en la primera semana de febrero, tres días después de que Capuchetti dio por cerrado el caso. En ese documento, cuestionó con dureza la resolución de la magistrada y señaló que su decisión constituyó una «evaluación parcial, desmembrada, sesgada y superficial de los hechos y las pruebas, así como del marco regulatorio» aplicable.
Picardi también calificó la decisión de «prematura» porque, según argumentó, quedan aspectos por profundizar en base a pruebas que la jueza omitió, y señaló que la resolución «vulnera el principio acusatorio» al ignorar parte de la hipótesis criminal planteada por la fiscalía frente a hechos de «una gran relevancia institucional y trascendencia comunitaria».
Los imputados: de Macri a funcionarios del gobierno actual
Entre los imputados en la causa no figura solo el expresidente Mauricio Macri. El dictamen de Picardi también apunta contra tres funcionarios del actual gobierno nacional: Luis Caputo (ministro de Economía), Federico Sturzenegger (ministro de Desregulación) y Santiago Bausili (presidente del Banco Central de la República Argentina). Además están imputados el exministro de Economía Nicolás Dujovne, varios exfuncionarios del BCRA que integraron el Comité de Política Monetaria de la entidad, y Hernán Sandleris, también en su carácter de extitular del BCRA.
La deuda más grande de la historia argentina y del propio FMI
Según el dictamen fiscal, el gobierno de Cambiemos contrajo «una deuda estatal insostenible, que sabían de imposible repago, por la suma de 57.100 millones de dólares, vulnerando la Constitución Nacional y las leyes nacionales y normas que regulan el funcionamiento de la administración pública nacional y la toma de crédito público».
El primer préstamo acordado fue de 50.000 millones de dólares a ser pagados en 36 meses; cuatro meses después el FMI aprobó una ampliación de 7.100 millones de dólares adicionales. El monto total «superaba las reservas disponibles en el país» en ese momento, según consigna el dictamen.
«Como producto de este esquema defraudatorio, la República Argentina quedó posicionada como el principal deudor mundial ante el FMI, ya que la deuda tomada no solo fue la más grande de nuestra historia nacional, sino también del propio organismo internacional», afirmó Picardi en el escrito.
Los fondos, la fuga y los argumentos «falsos»
La fiscalía argumentó que la administración de Cambiemos esgrimió «argumentos falsos y engañosos» sobre los objetivos y usos de las divisas solicitadas. Los fines declarados incluían reducir la deuda pública, bajar la inflación, restaurar la confianza en el mercado, proteger a los sectores vulnerables y crear puestos de trabajo. Sin embargo, según el dictamen, «las sumas obtenidas no fueron utilizadas para cumplir con estos propósitos».
Por el contrario, a través de disposiciones del Ministerio de Hacienda y del BCRA, los fondos se destinaron a «la profundización de transferencias de capitales desde el Estado hacia un sector privado concentrado desde el cual se intensificó la masiva salida de divisas fuera del circuito financiero nacional».
La Sindicatura General de la Nación (SIGEN) cuantificó el perjuicio económico para el patrimonio público en 29.618 millones de dólares. A eso se suman, según Picardi, «otros daños de compleja estimación patrimonial» derivados de los efectos del endeudamiento y sus consecuencias.
Lo que la jueza ignoró: alertas del BCRA y los organismos de control
La causa se inició tras el primer acuerdo con el FMI firmado en junio de 2018. Capuchetti se tomó años para concluir que se trataba de una cuestión «no judiciable», es decir, una decisión de política económica que escapa al ámbito judicial.
Sin embargo, la investigación fiscal reveló que tanto el propio Banco Central como los organismos de control del Estado, la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) y la Auditoría General de la Nación (AGN), habían alertado sobre el incumplimiento de normas administrativas. Entre las irregularidades detectadas figuran: la falta de aprobación parlamentaria (prevista en el artículo 75 inciso 4 de la Constitución Nacional), la ausencia de dictamen de viabilidad del Ministerio de Economía, la inexistencia de autorización de la Jefatura de Gabinete para las negociaciones, la falta de informe del BCRA sobre la viabilidad jurídica y la ausencia de firma del Ministerio de Finanzas.
Según Picardi, «todo esto fue deliberadamente ignorado por la señora jueza al momento de archivar las actuaciones».
El retiro de la querella oficial y la composición de la Cámara
En forma simultánea con el fallo de Capuchetti, el gobierno nacional retiró su querella del caso, que era llevada adelante por la Procuración General del Tesoro, el cuerpo de abogados del Estado. Sin esa querella, el expediente continúa impulsado por la fiscalía.
La Sala I de la Cámara Federal que deberá revisar el caso está integrada por Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia, dos jueces designados sin concurso por el gobierno de Macri mediante traslados desde un tribunal oral, y por Mariano Llorens, también designado durante esa gestión pero a través del proceso de concurso habitual.
Puntos clave
- La Cámara Federal revisará el archivo de la causa por el megaendeudamiento con el FMI después de que la fiscalía apeló la decisión de la jueza Capuchetti.
- El fiscal Picardi presentó un dictamen de 85 páginas en el que calificó la resolución de «parcial, sesgada y superficial».
- Entre los imputados figuran el expresidente Macri y tres funcionarios del actual gobierno: Caputo, Sturzenegger y Bausili.
- La SIGEN cuantificó el perjuicio para el patrimonio público en 29.618 millones de dólares.
- El gobierno retiró su querella del caso en forma simultánea con el fallo de archivo. ★
Deuda externa
Caputo pone AySA a la venta para tapar los agujeros de la deuda que él mismo generó
El Gobierno de Milei planea publicar el llamado a licitación antes de fin de abril para recaudar unos 500 millones de dólares. La Ley Bases habilitó la privatización del 90% de las acciones estatales de la empresa; y el marco regulatorio permite cortar el suministro por mora en el pago.
El agua como moneda de cambio: Milei y Caputo privatizan AySA para pagar la deuda externa
★ El Gobierno libertario acelera la entrega de Agua y Saneamientos Argentinos al sector privado con el objetivo declarado de recaudar hasta 500 millones de dólares, mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, teje una red de financiamiento para cubrir vencimientos que este año superan los 9.000 millones de dólares.
La privatización que no arranca
Según fuentes con conocimiento directo del proceso, la Agencia de Transformación de Empresas Públicas trabaja en los últimos detalles del contrato de concesión de AySA para publicarlo antes de fin de mes y llamar a licitación. La operación busca recaudar unos 500 millones de dólares, aunque el proceso lleva meses de demoras: originalmente estaba previsto para antes de fin de 2025, luego se postergó para el primer trimestre de 2026 y ahora se promete para los próximos días.
Una vez publicada la licitación, la adjudicación definitiva no será inmediata. La evaluación de ofertas, el análisis de capacidades técnicas y la solvencia económica de las empresas participantes insumiría al menos tres meses adicionales. Entre los grupos empresariales que el Ejecutivo mencionó como interesados figuran la brasileña Sabesp, la francesa Veolia, el grupo Roggio y un holding con operaciones en Argentina y el exterior.
Una ley para entregar el agua
La privatización de AySA fue habilitada por la Ley Bases, que permite transferir al sector privado el 90% de las acciones que el Estado tiene en la empresa; el 10% restante quedaría en manos de los trabajadores. En una primera etapa se concesionaría el 51% de las acciones estatales; en una segunda, el 39% restante se colocaría en la Bolsa mediante una oferta pública inicial.
La misma ley habilitó la privatización de otras empresas estratégicas: Belgrano Cargas, Corredores Viales, Intercargo, Energía Argentina S.A. (Enarsa), la Sociedad Operadora Ferroviaria S.E. (SOFSE), Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima (NASA) y el Complejo Carbonífero, Ferroviario, Portuario y Energético de Yacimientos Carboníferos Río Turbio (YCRT).
El marco regulatorio aprobado por el Gobierno para la prestación del servicio de agua potable y cloacas en el Área Metropolitana de Buenos Aires incluye una cláusula que permite a la empresa privada que se quede las acciones de AySA cortar el suministro en caso de mora en el pago. Una disposición que, en el contexto de la caída del poder adquisitivo de los sectores populares, representa una amenaza directa sobre el acceso al agua de millones de personas.
El agua como variable de ajuste
La decisión de apurar la privatización de AySA no responde a una lógica de mejora del servicio sino a una urgencia financiera concreta. Durante su participación en las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial en Washington, Caputo reconoció que espera recaudar 2.000 millones de dólares a través de privatizaciones, una cifra que contempla el conjunto de las empresas habilitadas por la Ley Bases.
El compromiso más exigente es el de julio próximo, cuando el Gobierno debe pagar 4.200 millones de dólares a los bonistas. En total, hasta fin de 2026, el Tesoro enfrenta vencimientos en moneda extranjera por cerca de 9.000 millones de dólares, según un informe de la consultora GMA Capital.
Para cubrir ese agujero, el equipo económico negoció garantías de 2.000 millones de dólares con el Banco Mundial y 550 millones con el BID, más aportes esperados de la CAF y emisiones de deuda en dólares en el mercado local. El objetivo de Caputo es reunir unos 10.000 millones de dólares por fuera del mercado internacional, al que califica como todavía «oneroso».
La soberanía del agua en juego
Esta entrega avanza en un contexto geopolítico que este medio analizó en profundidad en enero de 2026, cuando investigadores del Conicet publicaron el estudio más completo sobre las reservas de agua subterránea argentina, con acuíferos que almacenan agua de hasta un millón de años de antigüedad, las más antiguas de Latinoamérica. Aquellas aguas no se renovarán jamás a escala humana.
Ahora, mientras los científicos advierten sobre la necesidad de proteger ese patrimonio irreemplazable y proponen un programa nacional de monitoreo, el Gobierno avanza en la dirección opuesta: privatiza la empresa que gestiona el agua y las cloacas del AMBA, desregula la actividad extractiva y recorta el presupuesto de los organismos científicos que estudian y alertan sobre esos recursos estratégicos.
La lógica del ajuste se aplica con coherencia brutal: lo que el Estado construyó durante décadas para garantizar el acceso al agua como derecho, el Gobierno lo ofrece como activo financiero para cubrir las facturas de una deuda que él mismo generó.
Puntos clave
- El Gobierno planea publicar el llamado a licitación de AySA antes de fin de abril de 2026 para recaudar unos 500 millones de dólares.
- El proceso acumula meses de demoras; estaba previsto para antes de fin de 2025 y luego para el primer trimestre de 2026.
- La Ley Bases habilitó la privatización del 90% de las acciones estatales en AySA; el marco regulatorio permite cortar el suministro por mora en el pago.
- Caputo busca reunir 2.000 millones de dólares a través de privatizaciones para afrontar vencimientos de deuda que superan los 9.000 millones hasta fin de 2026.
- El avance sobre AySA contrasta con las advertencias científicas del Conicet sobre la necesidad de proteger las reservas hídricas estratégicas del país.
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