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Sociedad

¿Qué encontraron en el departamento de Sabbag?

El hombre que le alquilaba a Sabag dijo que encontró el departamento de su inquilino “muy revuelto y bastante sucio”.

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El hombre que le alquilaba la vivienda en el barrio Villa Zagala, partido de San Martin, a Fernando André Sabag Montiel, el detenido por intentar asesinar a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, dijo que encontró el departamento de su inquilino “muy revuelto y bastante sucio” y que “encontraron balas dentro de un armario”, en tanto que vecinos de la zona indicaron que era frecuente verlo caminar por el barrio y que “era poco simpático y muy retraído”.

“Le alquilo un PH, un monoambiente. Me parecía una persona normal. Teníamos un trato de inquilino con propietario. Después de todo lo que pasó encontramos su departamento muy revuelto y bastante sucio. Las balas que encontraron estaban dentro de un armario. Eran dos cajas de municiones”, señaló ante los medios de prensa Sergio Paroldi, quien indicó que Sabag Montiel (35) vivía hace 8 meses en el domicilio ubicado en la calle Uriburu al 729, del mencionado partido del conurbano bonaerense.

En ese sentido, Paroldi indicó que el brasileño llegó “recomendado” por otros inquilinos y que le había comentado que trabajaba en una empresa de la Capital Federal. A su vez, el hombre recordó cómo se enteró que su inquilino había sido quien atacó anoche a la vicepresidenta Cristina Fernández.

Estaba comiendo, mirando la tele, y cuando veo la foto digo ‘es mi inquilino’, no sabía yo lo que estaba pasando. No lo podía creer”, relató.

En tanto, los vecinos del barrio, que esta tarde estaban shockeados ante la noticia y permanecían en las puertas de sus hogares observando a la gran cantidad de periodistas que rodeaban el domicilio, dijeron que Sabag Montiel era visto “frecuentemente” por la zona.

Fernando no era de saludar mucho. Era muy retraído. Tenía una novia jovencita. Alquilaba ahí atrás”, expresó Jorge (81), vecino del barrio Villa Zagala, mientras sostenía a su perra de raza caniche toy, llamada “Reina”, apoyado en su Ford Falcon amarillo estacionado frente al lugar donde residía hasta ayer el brasileño Sabag Montiel.

Al respecto, Jorge contó que Paroldi, luego de ver el rostro de Sabag Montiel en la televisión, se dirigió a la comisaría del barrio y les entregó a los policías la llave.

Les dijo a los policías que el agresor vivía ahí. No lo dudó ni un segundo. Ahí ellos vinieron e hicieron un gran despliegue”, contó el hombre de 81 años.

Por su parte, otro vecino, de apodo “Tano”, dio detalles de la vivienda y recordó lo sucedido anoche cuando se despertó por los “ruidos estruendosos” que causaron los oficiales de la Policía Federal Argentina (PFA) al irrumpir en el domicilio para realizar un allanamiento.

Yo sentía a la madrugada un despiole en el barrio. Se sentían ruidos raros. Salgo y veo todos los patrulleros acá en frente. Fue una tormenta. Sergio fue a la comisaría, entregó la llave y dijo que ese hombre denunció ahí. Ahí vinieron e hicieron ese despliegue», rememoró.

Por otro lado, Ariel, observaba con atención la puerta negra con detalles dorados del domicilio en el que habitaba Sabag Montiel, a la vez que permanecía apoyado sobre la fachada de su casa junto a su madre y su hermana.

«En un lapso de 1 año lo vi 4 o 5 veces al pibe. Parecía tranquilo, siempre me trató muy bien. Lo recuerdo bien porque tenía un Peugeot 307 gris”, enunció Ariel, que agregó que anoche se fue a dormir temprano y que despertó ante “el ruido descontrolado de todos los patrulleros”.

“Me acosté temprano y me desperté con el ruido de todos los patrulleros. Pensé que le habían entrado a robar«, confesó el hombre que definió a Villa Zagala como “un barrio tranquilo” y que no es habitual ver este tipo de despliegues policiales.

Ciencia 🧬

Científicos de la UBA buscan detectar trastornos del neurodesarrollo con un análisis de sangre

Un equipo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular de la Facultad de Ciencias Médicas trabaja en el desarrollo de biomarcadores que permitirían identificar patologías como el TGD sin secuenciación genómica. La investigadora Verónica Báez advierte que la mayoría de los pacientes nunca recibe un diagnóstico preciso porque los estudios son costosos y las obras sociales no los cubren.

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Una muestra de sangre podría cambiarle la vida a miles de familias argentinas que llevan años sin saber qué le pasa a su hijo.

Un equipo científico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET avanza en el desarrollo de una herramienta de diagnóstico que podría transformar la forma en que se detectan los trastornos del neurodesarrollo en niñas y niños argentinos: una simple muestra de sangre, sin necesidad de secuenciación genómica ni equipamiento de alta complejidad. La investigación, que ya obtuvo resultados positivos en modelos animales publicados en revistas internacionales, se encuentra actualmente en la fase de recolección de muestras biológicas de voluntarios de la población general.

Un diagnóstico que llega tarde, o nunca

Las patologías del neurodesarrollo se agrupan en Argentina bajo el paraguas clínico de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), una categoría amplia que, en la práctica, deriva en tratamientos de ensayo y error. Un niño con dificultades motoras va a fisioterapia; uno con problemas cognitivos, a psicopedagogía; ante convulsiones, se prueban anticonvulsivantes hasta dar con el que funciona. El sistema trata síntomas porque, en la mayoría de los casos, no sabe cuál es la causa.

«La mayoría de los pacientes queda sin un diagnóstico certero de la causa. Lo que se hace es tratar los síntomas que va teniendo el paciente», explicó Verónica Báez, docente e investigadora de la UBA y el CONICET, quien dirige el proyecto. La especialista señaló que solo quienes concurren a clínicas especializadas y pueden costear una secuenciación genómica obtienen un diagnóstico preciso: «Pocas familias pueden acceder a este tipo de estudios, dado que muchas obras sociales no los cubren y terminan siendo muy costosos».

El contexto regional agrava el cuadro. «De todos los niños y niñas que tenemos en Argentina con patologías del neurodesarrollo, son muy pocos los que podemos diagnosticar. Y en Latinoamérica son muchísimo menos», subrayó Báez.

Buscar en la sangre lo que ocurre en el cerebro

La propuesta del equipo es rastrear en muestras de sangre las huellas de ciertas proteínas sinápticas, es decir, propias de la sinapsis, la estructura donde las neuronas se comunican entre sí. En particular, el laboratorio trabaja sobre los receptores NMDA, que controlan la plasticidad sináptica: la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y aprender, formar recuerdos y mantener estables las conexiones cerebrales. Cuando estas proteínas se desregulan o fallan, los circuitos cerebrales se desequilibran, un mecanismo directamente vinculado a trastornos del neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas.

«Lo que detectamos es que hay ciertas cosas que se modifican en la sangre cuando una persona tiene una de estas patologías», precisó Báez. Si bien la concentración de estas proteínas en sangre es notablemente menor que en tejido cerebral, el equipo ya pudo verificar su detectabilidad en modelos animales. El paso siguiente es establecer valores de referencia en personas sanas para luego contrastarlos con los de niños y niñas que presentan trastornos sin diagnóstico específico. Cualquier desviación relevante de esos rangos podría constituir una alerta clínica.

Democratizar el diagnóstico: menos costo, más acceso

El objetivo declarado de la investigación no es encontrar una cura, sino abrir una puerta que hoy permanece cerrada para la mayoría de las familias. «Queremos dejar en claro que esta investigación no va a impactar en la cura, pero puede haber un diagnóstico y un tratamiento acertados, que es muy importante», enfatizó Báez.

En un país donde el desfinanciamiento de la ciencia pública avanzó en los últimos años sobre presupuestos universitarios y sobre el CONICET, la apuesta de este equipo representa una respuesta concreta al desafío de sostener investigación aplicada con impacto social en condiciones adversas. Un test de sangre accesible, sin equipamiento de alta complejidad, podría acortar drásticamente los tiempos de diagnóstico y habilitar intervenciones tempranas, que son las que mejoran de manera sustantiva la calidad de vida de los niños y sus familias.

El proyecto se desarrolla en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y el CONICET, y actualmente se encuentra en la etapa de recolección de muestras de la población general, paso previo indispensable para validar el método en humanos.

Puntos clave

  • El equipo de la UBA-CONICET busca detectar trastornos del neurodesarrollo mediante biomarcadores en sangre, sin necesidad de secuenciación genómica.
  • La mayoría de los pacientes con TGD en Argentina no recibe diagnóstico preciso por el alto costo de los estudios genéticos y la falta de cobertura de las obras sociales.
  • Los resultados positivos en modelos animales ya fueron publicados en revistas científicas internacionales; la fase actual trabaja con voluntarios humanos.
  • La investigadora Verónica Báez advierte que en Latinoamérica el déficit de diagnóstico es aún más grave que en Argentina.
  • El objetivo es facilitar un diagnóstico temprano y accesible que permita tratamientos adecuados, no una cura para los trastornos.
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