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Alberto Fernández anunció un programa de asistencia económica para mujeres que sufren violencia de género

El jefe de Estado ratificó su compromiso en la búsqueda de la «igualdad» entre los géneros y en no tolerar la «violencia», la «infamia», el «maltrato» y la «agresión psicológica» sobre las mujeres.

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El jefe de Estado ratificó su compromiso en la búsqueda de la «igualdad» entre los géneros y en no tolerar la «violencia», la «infamia», el «maltrato» y la «agresión psicológica» sobre las mujeres.

El presidente de la Nación, Alberto Fernández, presentó el programa Acompañar, que brindará asistencia económica y acompañamiento integral a quienes se encuentren en riesgo por violencia de género, instancia en la que ratificó su compromiso en la búsqueda de la «igualdad» entre los géneros y en no tolerar la «violencia», la «infamia», el «maltrato» y la «agresión psicológica» sobre las mujeres.

«En el siglo XXI no hay ninguna posibilidad de hacerse los distraídos ante la desigualdad por género y menos podemos tolerar que haya violencia, infamia, maltrato y agresión psicológica por ser mujer», dijo el Jefe de Estado al presentar el programa junto a la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, y la titular de la Anses, Fernanda Raverta, desde la residencia de Olivos.

Agregó que con este programa el Estado «avanza» en su rol de «auxiliar a la mujer que sufre violencia de género» y se encuentra sin posibilidades de actuar por mantener un vínculo de «dependencia económica» con quien la somete.


«Piensen un minuto lo que es vivir con el carcelero agresor. Por eso, lo que estamos haciendo es liberar de esos carceleros violentos a esas mujeres violentadas y darles la oportunidad de empezar otra vez con la ayuda del Estado», dijo el mandatario.

Asumió en este contexto que resulta «increíble» que «todavía haya dificultades para que en la Argentina se entienda que todos tenemos los mismos derechos» y le pidió a la Justicia que aplique la ley Micaela y que «entienda la dimensión del problema» de la violencia de género.

«No puede pasar más que haya mujeres que deben vivir con hombres que las someten a hechos de violencia por una dependencia económica», añadió el jefe de Estado y como cierre destacó que «una sociedad se construye si todos los días nos obligamos a darle derecho a esas personas que sufren».


Del acto participaron también el ministro del Interior, Eduardo de Pedro, y por videoconferencia la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, y sus pares de Buenos Aires, Axel Kicillof; de Chaco, Jorge Capitanich, y de Santa Fe, Omar Perotti.

El Programa, que forma parte del Plan Nacional contra las Violencias por Motivos de Género 2020-2022, garantizará a través de convenios con las provincias y los municipios la asistencia económica a personas en riesgo y contará con una inversión de casi 4.500 millones de pesos.

La iniciativa abarca además otros dispositivos de asistencia, asesoramiento, protección y fortalecimiento de acceso a la justicia y busca promover de manera integral el acceso a derechos económicos, sociales y políticos.

Diversidad

La hija de Elon Musk destruyó un robot de su padre: «Fueron diseñados para obedecer, yo no»

La hija de Elon Musk protagonizó la campaña «Born to Disobey» de la marca Desigual arrastrando y golpeando un robot de apariencia similar a los humanoides de Tesla. La puesta convierte la desobediencia en manifiesto y vuelve a exponer la fractura pública entre Wilson y el magnate que construyó un emporio sobre la promesa de la obediencia mecánica.

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Vivian Wilson agarró un palo de golf, le pegó a un robot y le dijo al mundo que no piensa obedecer. La frase que cierra la campaña Born to Disobey («Nacida para desobedecer») de la marca española Desigual es tan simple como contundente: «Él fue diseñado para obedecer, yo no.»

El robot en cuestión tiene la apariencia de los humanoides que fabrica Tesla, la empresa de su padre. La que lo arrastra, lo golpea y lo convierte en accesorio de moda es la hija que en 2022 cambió legalmente su nombre para borrar el apellido Musk de su identidad.

Vivian Wilson, hija de Elon Musk y Justine Wilson, se declaró transgénero en 2020 y dos años después tramitó ante la Justicia el cambio de nombre y apellido, con el argumento explícito de que no quería mantener ningún vínculo con su padre. Desde entonces construyó una presencia pública propia dentro de la comunidad LGBTIQ+, con apariciones en redes sociales, entrevistas y ahora una campaña de moda internacional que usa el universo empresarial de Musk como telón de fondo para una crítica que excede lo familiar.

La campaña: desobediencia como declaración política

La producción audiovisual de Born to Disobey estuvo a cargo del colectivo PSG, integrado por Yukihiro «Sho» Shoda, Pau López y Gerardo del Hierro. En las imágenes, Wilson aparece en una cancha de golf arrastrando y golpeando un robot de diseño similar a los Optimus, los humanoides que Tesla desarrolla para uso doméstico e industrial. La elección no es casual: Musk lleva años presentando a sus robots como una de las apuestas tecnológicas más ambiciosas de la compañía, y la imagen de su hija maltratando uno de ellos condensa en pocos segundos el distanciamiento generacional, político e identitario entre ambos.

La campaña no ataca directamente a Musk por su nombre, pero el lenguaje visual habla solo. El robot que obedece órdenes funciona como metáfora de lo que Wilson rechaza: un sistema diseñado para controlar, clasificar y someter. La propia marca lo explicita al elegir el concepto de la desobediencia como valor central de su temporada, con Wilson como rostro y como argumento.

La ruptura con Musk: identidad, transfobia y dinero

El distanciamiento entre Wilson y su padre tiene historia y tiene motivos públicos. Musk ha expresado en múltiples ocasiones su rechazo a las políticas de inclusión trans, criticó los tratamientos de afirmación de género para menores y llegó a decir que la ideología «woke» le «mató» a su hijo, en referencia a Vivian. La joven respondió en varias entrevistas con una precisión que no deja lugar a interpretaciones: no quiere su apellido, no quiere su dinero y no quiere su mundo.

En una entrevista con la revista Cosmopolitan, Wilson afirmó que la relación con su padre «es parte de mi historia, pero no define mi futuro» y cuestionó cómo la riqueza extrema transforma a las personas. Describió el deseo de acumular poder como un ciclo de codicia que teme reproducir y señaló que crecer en un entorno de recursos ilimitados no equivale a crecer en un entorno de libertad. «El dinero puede comprarte obediencia. La identidad, no», fue la lectura que muchos usuarios hicieron de la campaña en redes sociales al viralizarse las imágenes.

La tensión entre padre e hija se inscribe en un debate más amplio que excede la esfera familiar: Musk es hoy uno de los referentes globales de la derecha tecno-libertaria, un hombre que financia partidos de extrema derecha en Europa, que compró X (ex Twitter) para desregular la moderación de contenidos y que fue una pieza central en la campaña electoral de Donald Trump. Frente a ese perfil, la decisión de Vivian Wilson de protagonizar una campaña que ridiculiza sus robots no es solo una pelea entre padre e hija: es un posicionamiento cultural y político que usa la moda como plataforma.

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