Consumo
Ingresos promedio superan los $600.000, pero no alcanzan ni para cubrir lo básico
Con un costo de vida en aumento, los salarios se alejan cada vez más de lo necesario para que las familias no caigan por debajo de la línea de pobreza
Lo que tenés que saber
- El ingreso promedio de los trabajadores alcanzó los $612.035 en el tercer trimestre de 2024, según el INDEC.
- A pesar de este promedio, una familia tipo necesita cerca de $2.000.000 mensuales para no ser considerada pobre, lo que hace que estos ingresos sean insuficientes.
- La mediana de los ingresos ocupados es de $500.000, muy por debajo de la suma que permitiría una vida digna en la actualidad.
- Los ingresos de las mujeres siguen siendo considerablemente más bajos que los de los hombres, con un promedio de $546.317 frente a $754.820.
- El coeficiente de Gini, indicador de desigualdad, se mantuvo prácticamente sin cambios en 0,435, lo que refleja una leve mejora en la distribución del ingreso, pero con niveles todavía elevados de desigualdad.
- Más del 60% de la población tiene algún ingreso, pero los datos muestran una fuerte concentración de los mismos en los sectores de mayores ingresos.
Ingresos que no cubren las necesidades mínimas
El último informe del INDEC sobre la evolución del ingreso en el tercer trimestre de 2024 muestra que, aunque el ingreso promedio de los ocupados se sitúa en $612.035, esta cifra es insuficiente para cubrir las necesidades básicas de una familia argentina. Ayer se informó que una familia tipo necesita cerca de $2.000.000 para no caer bajo la línea de pobreza. Por lo tanto, el ingreso promedio de los ocupados está muy por debajo de lo necesario para asegurar una vida digna, lo que pone en evidencia la brecha creciente entre los ingresos y el costo de vida.
Una mediana que refleja la crisis
La mediana de los ingresos de los trabajadores ocupados se encuentra en $500.000, lo que significa que la mitad de los trabajadores ganan menos que esa cifra. Esta cantidad está lejos de ser suficiente para cubrir los gastos básicos, ya que está muy por debajo de lo que se requiere para una familia tipo en términos de alimentos, vivienda, transporte y servicios esenciales. Estos datos reflejan que muchas familias argentinas viven con ingresos que rayan lo miserable, luchando cada mes para llegar a fin de mes.

La desigualdad entre géneros persiste
El informe también revela que los ingresos de las mujeres siguen siendo considerablemente más bajos que los de los hombres. Mientras que los varones perciben un ingreso promedio de $754.820, las mujeres reciben apenas $546.317 en promedio. Esta diferencia salarial, que no es nueva, refuerza las brechas de género que persisten en el mercado laboral y demuestra que, incluso con un ingreso promedio relativamente alto, la equidad sigue siendo una deuda pendiente.
¿Una leve mejora en la desigualdad?
El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad en la distribución de los ingresos, se mantuvo en 0,435 en el tercer trimestre de 2024, lo que refleja una mejora mínima respecto al año anterior (0,434). Si bien esta leve caída podría interpretarse como un avance, la realidad es que la desigualdad sigue siendo alarmante, con una brecha significativa entre los deciles más bajos y los más altos.

La brecha de ingresos: un abismo cada vez más profundo
El análisis por deciles muestra que la diferencia entre los ingresos más bajos y los más altos es abismal. Las personas en el estrato más bajo (primeros cuatro deciles) ganan en promedio $212.282, mientras que los del estrato más alto (deciles 9 y 10) perciben un promedio de $1.614.039. Esta disparidad refleja la profunda brecha económica que persiste en Argentina, donde el ingreso de una familia en el decil más alto es más de 7 veces mayor que el de las familias en los primeros deciles.
Salarios de la población asalariada: la precariedad en cifras
El informe también reveló que, entre los asalariados, el ingreso promedio fue de $640.470, pero cuando se desglosa entre aquellos con y sin descuento jubilatorio, la situación es aún más desigual. Los trabajadores con descuento jubilatorio ganan $810.560 en promedio, mientras que aquellos sin descuento perciben apenas $334.819. Este abismo salarial entre los distintos tipos de asalariados refleja la precariedad en el empleo y la disparidad que existe dentro del mercado laboral argentino.

Ingresos laborales que no alcanzan a cubrir los gastos
Los ingresos laborales representan el 77,5% del total de los ingresos de los hogares, lo que pone de manifiesto la dependencia que tienen las familias de los salarios para subsistir. Sin embargo, la realidad económica muestra que estos ingresos no alcanzan para cubrir ni siquiera lo más básico, ya que el costo de vida continúa aumentando, mientras que los salarios quedan estancados, sobre todo para los sectores más bajos.
La relación de dependencia: pobreza estructural
El informe también destaca que, por cada 100 personas ocupadas, existen 122 personas no ocupadas, lo que refleja una alta tasa de desocupación y una falta de oportunidades laborales para millones de argentinos. Esta cifra, junto con la relación entre personas con y sin ingresos, revela la pobreza estructural que afecta a gran parte de la población, sobre todo en los deciles más bajos.
Consumo
La confianza del consumidor cayó 6,78% en CABA y 4,07% entre los hogares de mayores ingresos
El Índice de Confianza del Consumidor elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella subió 2,4% en septiembre y llegó a 41,18 puntos, pero el dato promedio esconde una fractura que el relato oficial prefiere ignorar: en la Ciudad de Buenos Aires cayó 6,78% mensual, y entre los hogares de ingresos altos retrocedió 4,07%. La mejora la traccionaron el Interior del país y, paradójicamente, los sectores de menores ingresos, que aún no sienten haber recuperado lo perdido.
Mientras el Gobierno de Javier Milei celebra la desaceleración de la inflación como prueba de que el modelo funciona, el termómetro del consumo marca una temperatura que no cierra con el discurso oficial. En septiembre, la confianza del consumidor subió en el promedio nacional, pero cayó en la Ciudad de Buenos Aires y entre los hogares de mayores ingresos, que son los sectores que deberían haber sido los primeros beneficiados por el ajuste fiscal y la estabilización cambiaria.
El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que elabora el Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella se ubicó en 41,18 puntos en septiembre de 2026, con una suba mensual de 2,37% respecto de agosto y un avance de 3,44% interanual. El relevamiento fue realizado entre el 1 y el 9 de septiembre sobre una muestra de 1.000 casos de población adulta de grandes centros urbanos, con un margen de error de +/-3,5%, y ejecutado por Poliarquía Consultores.
CABA y los más ricos, al margen de la recuperación
Lejos de un rebote uniforme, los datos desagregados revelan un mapa fragmentado. El Interior del país fue el motor de la mejora, con una suba mensual de 5,23% que lo dejó como la región con mayor nivel de confianza: 46,11 puntos. El Gran Buenos Aires también avanzó, 3,33% en el mes. Pero la Ciudad Autónoma de Buenos Aires registró una caída de 6,78% mensual y acumula una baja interanual de 8,53%, con apenas 37,16 puntos, el registro más bajo de las tres regiones relevadas.
La fractura también es visible por nivel socioeconómico. Entre los hogares de ingresos bajos, el ICC trepó 12,33% en el mes y quedó 4,82% por encima del nivel de septiembre de 2025. Entre los hogares de ingresos altos, en cambio, retrocedió 4,07% mensual, aunque todavía se ubicó 2,24% por encima del registro de un año atrás. El resultado final invierte la lógica esperada: la confianza de los hogares de menores ingresos (41,29 puntos) superó levemente a la de los hogares de mayores ingresos (40,95 puntos).
La explicación de esa inversión está en la percepción sobre la situación personal. Entre los hogares de menores ingresos, ese componente trepó 21,73% mensual, mientras que la evaluación de la situación macroeconómica subió 13,40%. Entre los hogares de mayores ingresos, la situación macro cayó 8,89% y la disposición a comprar bienes durables e inmuebles retrocedió 7%.
La situación personal mejora, la economía no convence
Al desagregar el índice por componentes, el de Situación Personal fue el de mejor desempeño del mes, con una suba de 11,33% que lo llevó a 43,04 puntos. Los otros dos componentes, en cambio, tuvieron un comportamiento opuesto: la Situación Macroeconómica cayó 0,75% y el de Bienes Durables e Inmuebles retrocedió 3,42%.
El deterioro de la percepción macroeconómica se concentró especialmente en el corto plazo: la perspectiva económica a un año cayó 3,2% mensual y quedó 6,2% por debajo de septiembre de 2025. A tres años, en cambio, la expectativa mejoró 1% mensual y avanzó 2,4% interanual. En CABA, ese deterioro fue todavía más pronunciado: la evaluación de la situación macroeconómica cayó 9,7% mensual, con un retroceso de 7,2% en las expectativas de corto plazo y de 11,2% en las de largo plazo.
Menos ganas de comprar electrodomésticos, autos y casas
La predisposición a realizar compras importantes también retrocedió. A nivel nacional, el componente de Bienes Durables e Inmuebles descendió 3,4% mensual: la disposición a comprar electrodomésticos cayó 4,4%, mientras que la correspondiente a automóviles y viviendas retrocedió 2%.
CABA volvió a mostrar el peor desempeño en este rubro: el indicador de bienes durables e inmuebles cayó 16,8% en el mes, con una baja de 21,9% en electrodomésticos y de 8% en automóviles y casas. En el Interior, en cambio, el componente general avanzó 4,7% y la predisposición a comprar autos y viviendas mejoró 7,2%.
Pese a la baja mensual, el indicador nacional de bienes durables e inmuebles se mantiene 13,68% por encima de septiembre de 2025, con un crecimiento interanual de 23,45% en el componente de automóviles y casas. Se trata, sin embargo, de una comparación con un piso muy bajo: el año pasado, la caída del consumo había sido de una magnitud que dificulta cualquier lectura lineal de la recuperación.
Lejos del pico de enero de 2025
Más allá del rebote puntual de septiembre, el informe de la Universidad Di Tella deja en claro que la confianza del consumidor está lejos de los niveles que el propio ciclo de Milei alcanzó en su mejor momento. El pico del ICC durante la gestión libertaria se registró en enero de 2025, cuando llegó a 47,38 puntos. Desde entonces, el índice acumula una caída de 13,09%.
La comparación con el piso de enero de 2024, cuando el índice había tocado 35,60 puntos en medio del shock devaluatorio y los primeros megadecretos, muestra una recuperación de 15,67%. Pero ese dato debe leerse con cuidado: el propio piso de 2024 era el resultado de la crisis que el gobierno de Milei generó con sus primeras medidas, por lo que la comparación no es un indicador de bienestar, sino de rebote desde el fondo del pozo.
Las Expectativas Futuras subieron 3,80% en septiembre, mientras que las Condiciones Presentes avanzaron apenas 0,33%. En la comparación interanual, las condiciones presentes están 9,42% por encima de septiembre de 2025, mientras que las expectativas futuras retrocedieron 0,24%. El cuadro que emerge es el de una sociedad que percibe cierta mejora en su situación inmediata pero mantiene serias dudas sobre el rumbo económico del país a corto y mediano plazo, en particular en los sectores que siguieron de cerca los números del ajuste y sus consecuencias.
Lo que tenés que saber
- subió 2,37% en septiembre de 2026 y se ubicó en 41,18 puntos, pero cayó 6,78% en CABA y 4,07% entre los hogares de mayores ingresos.
- El Interior del país fue el motor de la mejora, con una suba mensual de 5,23% y el registro más alto: 46,11 puntos.
- Los hogares de menores ingresos traccionaron la mejora con un alza de 12,33% mensual, y su nivel de confianza superó por primera vez al de los hogares de mayores ingresos.
- La percepción sobre la situación macroeconómica a un año cayó 3,2% y se ubica 6,2% por debajo de septiembre de 2025.
- El índice acumula una caída de 13,09% desde el pico de enero de 2025, cuando alcanzó 47,38 puntos bajo el actual gobierno.
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