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Fiplasto: la empresa de Marcelo Mindlin que amenaza con cerrar en Ramallo

Emplea a más de 250 trabajadores. Fue comprada el año pasado por el también dueño de Pampa Energía

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Lo que tenés que saber:

  • Fiplasto, una de las empresas más importantes de Ramallo, emplea a más de 250 trabajadores directos.
  • La maderera enfrenta una fuerte crisis económica debido a la caída de ventas y la sobreproducción de tableros de madera.
  • El grupo inversor de Marcelo Mindlin, propietario de Pampa Energía, compró Fiplasto en 2023.
  • La planta detuvo su producción durante un mes en 2024, y aunque se implementaron medidas, la situación sigue siendo crítica.
  • La comunidad local teme por el cierre de la empresa, que representa un pilar para la economía de la ciudad.
  • El Concejo Deliberante de Ramallo aprobó una resolución para expresar su apoyo a los trabajadores despedidos.

Fiplasto, un pilar económico en riesgo

La ciudad de Ramallo, ubicada en la provincia de Buenos Aires, atraviesa una situación de tensión debido a los recientes despidos en Fiplasto, una empresa maderera que juega un rol crucial en la economía local. Con una plantilla que supera los 250 trabajadores directos, Fiplasto es una de las principales fuentes de empleo en la ciudad de 40.000 habitantes. La compra de la maderera en 2023 por el grupo inversor liderado por Marcelo Mindlin, propietario de Pampa Energía, había generado expectativas de crecimiento y expansión. Sin embargo, la crisis económica actual pone en peligro la continuidad de la empresa.

El impacto de la crisis en la producción

Fiplasto enfrenta dificultades producto de una caída drástica en la demanda de sus productos. La venta de tableros de madera, uno de sus principales productos, sufrió una caída significativa, lo que obligó a la empresa a detener su producción durante el mes de junio de 2024. A pesar de las medidas implementadas para reorganizar al personal, como la reubicación en tareas de limpieza y pintura, la empresa no logró superar la crisis.

La situación se vio agravada por la disminución de pedidos de grandes clientes, como Coca Cola y Quilmes, lo que generó una sobreproducción de tableros ante una demanda en descenso. Fuentes gremiales señalaron que, aunque Fiplasto tiene proyectos de expansión a futuro, se produjo una reducción en el personal para adaptarse a las nuevas condiciones del mercado, lo que afectó a menos del 5% de los empleados.

Reacción del Concejo Deliberante

Ante esta situación, el Concejo Deliberante de Ramallo aprobó un proyecto de resolución unánime para expresar su preocupación por los despidos y la incertidumbre en torno al futuro de Fiplasto. Adrián Lescano, presidente del Concejo, destacó que se trataba de un «gesto de acompañamiento hacia los despedidos, que son vecinos de Ramallo». Además, resaltó la necesidad de apoyar a los trabajadores en este momento crítico para el sector maderero y la comunidad local.

La incertidumbre sobre el futuro de Fiplasto

A pesar de la implementación de medidas de reestructuración, la falta de una comunicación clara por parte del grupo inversor y de la propia empresa ha dejado a la comunidad de Ramallo en una situación de incertidumbre. La falta de pronunciamientos oficiales sobre la continuidad de la planta genera temor por el posible cierre de la empresa, lo que tendría un impacto devastador en la economía local.

No al cierre de Fiplasto” es uno de los lemas que puede verse en las calles de Ramallo, reflejando el miedo de los habitantes ante la posibilidad de perder más empleos y el sustento económico que la empresa representa. Mientras tanto, la ciudad sigue esperando respuestas claras sobre el futuro de la maderera, que sigue siendo una pieza clave para la estabilidad económica de la región.

Consumo

Pascuas con sabor a ajuste: el pescado también se vuelve un lujo en Semana Santa

Un relevamiento de precios mostró valores elevados en productos clave. En un contexto de caída del poder adquisitivo, el consumo se adapta entre tradiciones y bolsillos ajustados.

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En la antesala de la Semana Santa, el pescado vuelve a ocupar un lugar central en la mesa de muchas familias argentinas. La tradición religiosa (que evita el consumo de carne roja, especialmente el Viernes Santo) impulsa la demanda, pero también tensiona los precios en un contexto económico adverso.

Un relevamiento de precios actuales mostró los valores actuales, que muestran una brecha importante entre productos básicos y opciones más exclusivas.

La lista de precios, producto por producto

En la pescadería Santa Bárbara, los precios exhibidos son los siguientes:

Filete de merluza: $13.900 el kilo

Filete de lisa: $13.900 el kilo

Pollo de mar: $11.800 el kilo

Pejerrey: $10.900 el kilo

Trucha: $33.900 el kilo Salmón rosado: $39.000 el kilo

Paella de mariscos: $40.000 el kilo

Media docena de empanadas de pescado (congeladas): $12.900

El abanico refleja una fuerte segmentación: mientras algunas opciones buscan sostener cierto acceso, otras quedan directamente fuera del alcance de amplios sectores.

No hay por qué aumentar”: la estrategia del comercio

Diego, dueño del local, aseguró que decidió no remarcar precios pese al pico de demanda. Según explicó, la mercadería llega de forma directa desde Mar del Plata, lo que le permite sostener costos.

“Se está vendiendo bien. Tratamos de tener precios que la gente se pueda pueda pagar. La idea es que los clientes se vayan contentos”, sostuvo.

En la misma línea, planteó una lógica que contrasta con la especulación estacional habitual:

“Hay que cuidar al cliente. Es un momento donde la gente hace lo que puede para llegar a fin de mes”.

Tradición religiosa vs. crisis económica

El consumo de pescado en estas fechas no es solo cultural, sino también litúrgico. Sin embargo, en un escenario de deterioro del ingreso, muchas familias ajustan cantidades, reemplazan especies o directamente resignan la tradición.

Se priorizan cortes más económicos Se reduce el volumen de compra Crecen alternativas como productos congelados

Lo que históricamente fue una práctica extendida hoy aparece condicionado por la capacidad de compra.

Entre la demanda estacional y la pulseada por el consumo

Aunque algunos comercios buscan sostener precios para mantener el flujo de ventas, en el sector reconocen que la Semana Santa sigue siendo un momento donde suele haber remarcaciones. La lógica es simple: mayor demanda, mayor precio.

Sin embargo, el dato que empieza a repetirse es otro: incluso en fechas clave, el consumo ya no responde como antes. La tradición persiste, pero el bolsillo manda.

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