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Masiva marcha antifascista repudió y aplastó el discurso de odio de Milei en Davos

Miles de personas se movilizaron por la democracia, la igualdad y los derechos humanos, en contra de la violencia del gobierno nacional

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Lo que tenés que saber

  • La Marcha Federal del Orgullo Antifascista y Antirracista se realizó este sábado desde las 16.
  • El epicentro de la manifestación fue en Plaza Congreso, con posterior destino a Plaza de Mayo.
  • La convocatoria reunió a organizaciones LGBTQI+, sindicatos y movimientos de derechos humanos.
  • En ciudades europeas también se movilizaron argentinos en rechazo al discurso de odio del presidente Javier Milei.
  • La marcha respondió masivamente al avance del fascismo en el país, reafirmando el compromiso con la diversidad y la igualdad.

700 MIL PERSONAS

El día comenzó con la llegada de los primeros manifestantes a las cercanías del Congreso, en la Ciudad de Buenos Aires. A las 16, cientos de personas se agruparon en la Plaza para dar inicio a una marcha histórica que, según las expectativas, se extenderá por todo el país. Organizada por diversas entidades de la comunidad LGBTQI+, sindicatos y movimientos de derechos humanos, la manifestación tiene como objetivo repudiar los discursos y políticas de odio impulsadas por el presidente Javier Milei.

Bajo el grito «Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las travestis en la cara de la gente», los participantes hacen de su voz un eco contra la violencia y la discriminación. Este llamado pone en evidencia el creciente temor hacia las agresiones a la comunidad travesti y trans, que lidera la manifestación desde la vanguardia, junto a las organizaciones de derechos humanos. Además, corearon consignas como «Olé ole, ola, como a los nazis, les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar», con un rechazo rotundo a la ideología fascista.

Respuesta a la violencia y el discurso de odio

La marcha no solo es una respuesta al discurso de odio que promueve el presidente, sino también una manifestación de apoyo a los derechos humanos y en defensa de la diversidad. Las consignas que acompañan la movilización incluyen pancartas que hacen referencia a las víctimas del terrorismo de estado con el lema «son 30.400». De esta manera, los manifestantes muestran su lucha contra las injusticias pasadas y presentes, recordando los horrores de la dictadura mientras se oponen al avance de ideologías autoritarias.

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Movilización internacional

Mientras tanto, en las principales capitales de Europa, también se registran protestas masivas de argentinos que viven en el exterior. En estas ciudades, se alzan las voces contra el discurso y las políticas de Milei, sumándose al rechazo global hacia el autoritarismo y la discriminación.

Diversidad

La hija de Elon Musk destruyó un robot de su padre: «Fueron diseñados para obedecer, yo no»

La hija de Elon Musk protagonizó la campaña «Born to Disobey» de la marca Desigual arrastrando y golpeando un robot de apariencia similar a los humanoides de Tesla. La puesta convierte la desobediencia en manifiesto y vuelve a exponer la fractura pública entre Wilson y el magnate que construyó un emporio sobre la promesa de la obediencia mecánica.

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Vivian Wilson agarró un palo de golf, le pegó a un robot y le dijo al mundo que no piensa obedecer. La frase que cierra la campaña Born to Disobey («Nacida para desobedecer») de la marca española Desigual es tan simple como contundente: «Él fue diseñado para obedecer, yo no.»

El robot en cuestión tiene la apariencia de los humanoides que fabrica Tesla, la empresa de su padre. La que lo arrastra, lo golpea y lo convierte en accesorio de moda es la hija que en 2022 cambió legalmente su nombre para borrar el apellido Musk de su identidad.

Vivian Wilson, hija de Elon Musk y Justine Wilson, se declaró transgénero en 2020 y dos años después tramitó ante la Justicia el cambio de nombre y apellido, con el argumento explícito de que no quería mantener ningún vínculo con su padre. Desde entonces construyó una presencia pública propia dentro de la comunidad LGBTIQ+, con apariciones en redes sociales, entrevistas y ahora una campaña de moda internacional que usa el universo empresarial de Musk como telón de fondo para una crítica que excede lo familiar.

La campaña: desobediencia como declaración política

La producción audiovisual de Born to Disobey estuvo a cargo del colectivo PSG, integrado por Yukihiro «Sho» Shoda, Pau López y Gerardo del Hierro. En las imágenes, Wilson aparece en una cancha de golf arrastrando y golpeando un robot de diseño similar a los Optimus, los humanoides que Tesla desarrolla para uso doméstico e industrial. La elección no es casual: Musk lleva años presentando a sus robots como una de las apuestas tecnológicas más ambiciosas de la compañía, y la imagen de su hija maltratando uno de ellos condensa en pocos segundos el distanciamiento generacional, político e identitario entre ambos.

La campaña no ataca directamente a Musk por su nombre, pero el lenguaje visual habla solo. El robot que obedece órdenes funciona como metáfora de lo que Wilson rechaza: un sistema diseñado para controlar, clasificar y someter. La propia marca lo explicita al elegir el concepto de la desobediencia como valor central de su temporada, con Wilson como rostro y como argumento.

La ruptura con Musk: identidad, transfobia y dinero

El distanciamiento entre Wilson y su padre tiene historia y tiene motivos públicos. Musk ha expresado en múltiples ocasiones su rechazo a las políticas de inclusión trans, criticó los tratamientos de afirmación de género para menores y llegó a decir que la ideología «woke» le «mató» a su hijo, en referencia a Vivian. La joven respondió en varias entrevistas con una precisión que no deja lugar a interpretaciones: no quiere su apellido, no quiere su dinero y no quiere su mundo.

En una entrevista con la revista Cosmopolitan, Wilson afirmó que la relación con su padre «es parte de mi historia, pero no define mi futuro» y cuestionó cómo la riqueza extrema transforma a las personas. Describió el deseo de acumular poder como un ciclo de codicia que teme reproducir y señaló que crecer en un entorno de recursos ilimitados no equivale a crecer en un entorno de libertad. «El dinero puede comprarte obediencia. La identidad, no», fue la lectura que muchos usuarios hicieron de la campaña en redes sociales al viralizarse las imágenes.

La tensión entre padre e hija se inscribe en un debate más amplio que excede la esfera familiar: Musk es hoy uno de los referentes globales de la derecha tecno-libertaria, un hombre que financia partidos de extrema derecha en Europa, que compró X (ex Twitter) para desregular la moderación de contenidos y que fue una pieza central en la campaña electoral de Donald Trump. Frente a ese perfil, la decisión de Vivian Wilson de protagonizar una campaña que ridiculiza sus robots no es solo una pelea entre padre e hija: es un posicionamiento cultural y político que usa la moda como plataforma.

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