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La Legislatura porteña trata los cambios al nuevo esquema de Gabinete de Jorge Macri

En sesión ordinaria se abordará la modificación a la estructura de ministros que gestionará desde el 10 de diciembre. Se estipula la creación de un nuevo Ministerio de Infraestructura, la división del actual de Justicia y Seguridad y la disolución de la cartera de Gobierno.

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La Legislatura porteña tratará este jueves en sesión ordinaria el proyecto para modificar la estructura del Gabinete de ministros con la que Jorge Macri gestionará desde el 10 de diciembre, y que prevé la creación de un nuevo Ministerio de Infraestructura, la división del actual de Justicia y Seguridad y la disolución de la cartera de Gobierno.

La propuesta fue remitida al Parlamento la semana pasada y formará parte del temario previsto para la sesión, cuyo comienzo será a las 12.

De acuerdo al texto, los cambios buscan «contribuir a la gestión y desarrollo de políticas públicas» que llevará adelante el Gabinete porteño, que estará conformado por funcionarios que ya fueron adelantados por Jorge Macri.

Puntualmente, las modificaciones impulsadas a la estructura de ministros que guiará la gestión contemplan la figura del jefe de Gabinete y diez Ministerios, uno más del organigrama actual.

Los Ministerios previstos son los de Hacienda y Finanzas, Justicia, Seguridad, Salud, Educación, Desarrollo Económico, Cultura, Desarrollo Humano y Hábitat, Espacio Público e Higiene Urbana e Infraestructura.

La novedad del nuevo esquema es la creación de la cartera de Infraestructura, que tendrá como función «la supervisión, planificación, programación y diseño de flujos de movilidad, obras viales y subterráneas», y «las políticas referidas a la gestión y fiscalización del transporte y del ordenamiento del tránsito».

Además, se divide el actual Ministerio de Seguridad y Justicia en dos organismos distintos, a partir de la cual el primero estará dedicado a «controlar el sistema de prevención de la violencia y el delito» y «la gestión administrativa general de la Policía de la Ciudad»; en tanto que el segundo coordinará las relaciones con el Poder Judicial y las acciones para traspaso de la Justicia Nacional al ámbito porteño.

Por otra parte, la cartera de Desarrollo Económico y Producción ya no contará con la segunda función y el Ministerio de Gobierno, a cargo en la actualidad de Jorge Macri, dejará de estar vigente.

Las designaciones confirmadas
Entre las confirmaciones para ocupar los ministerios están las designaciones de Néstor Grindetti y Gabriel Sánchez Zinny como jefe y vicejefe de Gabinete; Waldo Wolff en Seguridad; Mercedes Miguel en Educación; Gabino Tapia en Justicia; Ignacio Baistrochi en Espacio Público; Roberto García Moritán en Desarrollo Económico y, recientemente, Gabriela Recardes en Cultura y Fernán Quiroz en Salud.

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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