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Legislativo

Argentina Humana: los 10 principios que deberán cumplir los legisladores de Grabois

El espacio Patria Grande formalizó un documento con normas de conducta para funcionarios y legisladores electos en el Congreso.

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Lo que tenés que saber

  • Juan Grabois presentó un decálogo de cumplimiento obligatorio.
  • El documento rige para diputados y funcionarios de Argentina Humana.
  • El anuncio se realizó en un encuentro federal en la UBA.
  • El espacio amplió su bancada a cinco diputados.
  • El texto fija pautas éticas, políticas y de conducta pública.

Presentación del decálogo en la UBA

En un encuentro federal con militantes del espacio Patria Grande, realizado el viernes en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, Juan Grabois encabezó la actividad junto a los diputados Itai Hagman, Natalia Zaracho, Fernanda Miño y Adriana Sérquis.

Durante la jornada se presentó de manera oficial el “Decálogo de Principios Éticos y Políticos”, un documento que establece diez normas de conducta obligatorias para funcionarios y legisladores del proyecto político Argentina Humana.

Una bancada ampliada en el Congreso

El 10 de diciembre se renovaron las bancas de diputados y senadores, con los candidatos electos en las elecciones legislativas del 26 de octubre. El sector referenciado en Juan Grabois, que integró las listas de Fuerza Patria, amplió su representación parlamentaria y alcanzó cinco diputados, incluido el propio dirigente social.

La bancada se mostró en el salón académico con afiches que reproducían el contenido completo del documento presentado.

Los ejes del decálogo

El texto fija como principio central la necesidad de “servir al pueblo de todo corazón” y establece lineamientos vinculados al ejercicio del poder, la conducta personal y la función pública.

Entre los criterios destacados aparecen:

  • Rechazo a privilegios personales.
  • Austeridad y simplicidad de vida.
  • Prohibición de designar familiares o amigos cercanos.
  • Intolerancia frente a hechos de corrupción.

El documento remite a valores asociados a la ética pública y a una concepción de la política como servicio, una visión que Grabois expresó en distintas oportunidades y que mantiene afinidad con el pensamiento del Papa Francisco, a quien reconocía como referencia.

Los diez principios del documento

El decálogo presentado enumera los siguientes puntos:

  1. “Servir al pueblo de todo corazón”
  2. “Desplazamiento de las élites gobernantes”
  3. “Sentido de propósito”
  4. “Nuestro objetivo es la justicia social”
  5. “Austeridad y simplicidad de vida”
  6. “La corrupción no se tolera”
  7. “Ni parientes ni amigos”
  8. “Planificación y resultados”
  9. “Ejemplaridad pública”
  10. “La función pública es una etapa de la militancia”

La función pública como etapa transitoria

El documento señala que el paso por la gestión estatal debe entenderse como “circunstancial” y que no responde a objetivos personales. “La formación de referencias públicas y saberes gubernamentales está al servicio de un proyecto y un propósito”, expresa el texto en su cierre.

Desde el espacio indicaron que el decálogo busca ordenar la práctica política interna y establecer límites claros para quienes ocupen cargos públicos.

El mensaje de Grabois al asumir su banca

Al asumir como diputado, Grabois expuso su mirada sobre la situación social y laboral del país. “En Argentina hay millones de trabajadores a los que les sobra sacrificio pero les falta todo derecho”, afirmó.

En ese mismo discurso agregó: “Está lleno de urgencias y esta basura que armaron las profundiza todas. Vamos a enfrentarla en el Congreso y también vamos a poner la voz para que cambiemos malestar por dignidad y descanso”.

Desregulación

La “Hojarasca” de Sturzenegger: desregulación con ideología y eliminación de leyes que protegen derechos

Bajo el disfraz de modernización, el Gobierno ataca la soberanía informativa y farmacéutica. El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque. Qué es lo que pretende derogar el ministro de Desregulación.

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★ El Gobierno de Javier Milei reingresó al Congreso el proyecto de ley denominado «Hojarasca», una iniciativa del ministro de Modernización y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que propone derogar decenas de normas vigentes bajo el argumento de que constituyen regulaciones “obsoletas o burocráticas”.

Lo que el oficialismo presenta como una «limpieza» del digesto legislativo esconde, en varios casos concretos, el desmantelamiento de marcos normativos que protegen derechos sociales, culturales y económicos.

El proyecto que perdió estado y vuelve a la carga

El texto ingresó por primera vez en 2024 pero nunca llegó a tratarse en comisión y perdió estado parlamentario. Ahora, en este segundo intento, el Ejecutivo lo relanza con la misma lógica ideológica de origen: reducir la intervención estatal en la economía y en la vida social bajo el principio de que «todo está permitido, salvo lo expresamente prohibido».

La iniciativa propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías: leyes que limitarían la libertad individual, leyes con trámites considerados inútiles, leyes superadas por normativa posterior, leyes obsoletas por cambios tecnológicos, leyes sobre organismos inexistentes y leyes que crean organismos con financiamiento público.

Una lógica ideológica, no técnica

El proyecto no es un ejercicio neutro de higiene legislativa. Es una declaración de principios del ala más dogmática del libertarismo. En sus propios fundamentos, el texto afirma que las regulaciones son producto de «corrientes ideológicas más intervencionistas, predominantes durante el siglo XX» y que el Estado debe regirse por «un principio de máxima libertad y no de máximo control».

Esa premisa no es técnica ni jurídica: es política. Y en función de esa premisa política, el Gobierno decide qué leyes merecen seguir en pie y cuáles no.

Lo que se llama «hojarasca» y no lo es

Entre las normas que el Ejecutivo rotula como «trámites inútiles» aparece la Ley N° 25.750 (2003), que establece que la propiedad de los medios de comunicación debe pertenecer a empresas nacionales y limita la participación del capital extranjero a un máximo del 30% del capital accionario. Derogar esa ley implica abrir la puerta a la extranjerización ilimitada del sistema de medios argentino, con consecuencias directas sobre la soberanía informativa y cultural del país.

También figura como «trámite inútil» la Ley N° 26.688 (2011), que declaró de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos. En el contexto de un Gobierno que ya desmanteló el Fondo de Sustentabilidad y recortó partidas del CONICET y de laboratorios públicos como el Laboratorio Industrial Farmacéutico, eliminar esta ley tiene un significado preciso: despejar el terreno normativo para la privatización de la producción farmacéutica.

Otro caso es la Ley N° 26.227 (2007), que creó el Consejo Federal de la Juventud, presentada como una «ley sobre organismos con financiamiento público que deberían autofinanciarse». El argumento es revelador: si el Estado no debe financiar políticas de juventud, tampoco debe financiar salud, educación ni cultura.

Normas anacrónicas que nadie defiende, y otras que sí importan

El proyecto mezcla, deliberadamente, normas genuinamente anacrónicas con normas de alto contenido político. Nadie discute que la Ley N° 94 (1864), que inhabilita a la autoridad que ordene azotar a una persona, o la Ley N° 21.895 (1978), que autorizó las emisiones de televisión en color, ya no tienen vigencia práctica. Su derogación no genera ningún debate sustantivo.

Pero esas normas funcionan como cobertura de las otras: al mezclarlas en un mismo proyecto, el Gobierno busca que la aprobación del conjunto arrastre también las normas políticamente sensibles. Es una técnica legislativa conocida y cuestionada.

Tampoco resulta inocente la inclusión de la Ley N° 18.312 (1969) sobre papel de diario o la Ley N° 19.787 (1972) sobre difusión musical, enmarcadas como «leyes que afectan libertades». El Gobierno aprovecha normas del período de facto para construir un relato según el cual «el intervencionismo» tiene raíces autoritarias, omitiendo que la mayoría de las regulaciones sociales y económicas que busca desmantelar fueron producto de gobiernos democráticos y de conquistas populares.

El Congreso como obstáculo a sortear

El proyecto vuelve al Congreso en un contexto en que el oficialismo no tiene mayoría propia ni en Diputados ni en el Senado. En 2024, la iniciativa no logró ni siquiera dictamen de comisión. La estrategia del Ejecutivo parece ser instalar el debate para forzar posicionamientos en un año electoral, más que garantizar su aprobación en el corto plazo.

La oposición tendrá que decidir si acepta discutir el proyecto norma por norma, con el riesgo de quedar atrapada en un debate sobre si el «padrinazgo presidencial del séptimo hijo» (Ley N° 20.843) debe o no existir, o si plantea el rechazo global de una iniciativa que, bajo una apariencia de modernización, avanza sobre derechos y soberanía.

Puntos clave:

  • El proyecto «Hojarasca» fue reingresado al Congreso tras perder estado parlamentario en 2024 sin ser tratado.
  • Propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías.
  • Entre las leyes que busca eliminar figura la que limita la extranjerización de medios de comunicación (Ley N° 25.750).
  • También apunta contra la ley que declara de interés nacional la producción pública de medicamentos (Ley N° 26.688).
  • El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque.

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