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Política 📢

Lula define a su Gabinete: Tebet, Marina Silva y Fernando Haddad, entre los elegidos

El presidente electo debe conformar un gabinete de equilibrio entre los integrantes del PT y todos los aliados que sumó durante la campaña. Creará nuevos ministerios, como el de Pueblos Originarios.

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«Tengo dos meses para formar un gobierno», aseguró el presidente electo de Brasil Luiz Inácio Lula Da Silva, visiblemente emocionado, al festejar con la inmensa marea de seguidores que pobló la Avenida Paulista para acompañarlo en la victoria.

Esa frase puso en palabras uno de los principales desafíos que tiene por delante el líder del Partido de los Trabajadores (PT), que debe conformar un gabinete de ministros que contenga en equilibrio a sus dirigentes y a todos los aliados que fue sumando a lo largo de la campaña.

No será una tarea fácil ubicarlos a todos, aunque ya anunció la creación de nuevas carteras, como la de los Pueblos Originarios, y el regreso de otras que habían sido absorbidas por otras durante la gestión de Jair Bolsonaro, como las de Cultura y Pesca.

Si bien Lula evitó confirmar por el momento a quiénes ubicará en cada cargo, hay nombres puestos para tener un espacio en el gobierno de coalición -fue una alianza de diez partidos- que comenzará a gestionar Brasil a partir del próximo 1° de enero.

Uno de ellos es Fernando Haddad (PT), quien resultó derrotado este domingo en su carrera por ser el gobernador de San Pablo, pero tiene una estrecha relación con el mandatario electo y tuvo un importante papel en la campaña por articular la alianza con el vicepresidente electo Geraldo Alckmin.

También se espera que Lula le otorgue un lugar a la senadora Simone Tebet (MDB), quien se sumó a su campaña tras salir tercera en la elección de primera vuelta del 2 de octubre pasado.

El líder del PT dijo durante las últimas semanas que necesitaba a Tebet para «construir y reconstruir Brasil» una vez en el gobierno.

La ex ministra de Medio Ambiente y diputada electa por San Pablo Marina Silva (Red) también está en la lista de llamadas a integrar el próximo gabinete en un área de su conocimiento.

La nómina está compuesta, además, por la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, pieza clave en el armado de Lula durante la campaña y que podría ocupar alguna de las secretarías de coordinación de la Presidencia, por su cercanía con el mandatario.

El senador electo y ex juez federal Flavio Dino (PSB) ya fue señalado por el líder del PT públicamente como parte de su gobierno, por lo que se espera que sea convocado para el Ministerio de Justicia u otra cartera técnica.

Además, entre los nombres que suenan se encuentran el senador Jacques Wagner (PT); el gobernador de Bahía, Rui Costa (PT); el diputado Alejandro Padilha (PT); el ex gobernador de San Pablo Marcio Francia (PSB); la economista Teresa Campello (PT); el gobernador de Pernambuco, Paulo Cámara (PSB); el diputado José Guimarães (PT); el alcalde de Araraquara, Edinho Silva (PT); el senador electo Wellington Días (PT); y la gobernadora de Ceará, Célula Izolda (PDT), entre otros.

La idea del nuevo gobierno es reinstaurar la categoría de Ministerios a Planificación, Finanzas y Pequeñas Empresas, (fusionados en Economía); Cultura (forma parte de Turismo); Pesca (hoy dentro de Agricultura); Igualdad Racial, Derechos Humanos y Mujer (unificados actualmente); Seguridad Social y Seguridad Pública.

Se creará el de Pueblos Originarios, tal como lo anunció este domingo por la noche Lula al brindar un discurso ante sus simpatizantes cerca de la medianoche, al confirmar su intención de darle mayor visibilidad a los pueblos originarios.

Para ese puesto suena la líder indígena Sonia Guajajara (PSOL), quien fue elegida por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo.

Ciencia 🧬

Pagan insumos con su sueldo para diagnosticar a niños: la cara del cientificidio libertario

Investigadoras de la UBA y el Conicet desarrollan un análisis para detectar trastornos del neurodesarrollo en la infancia, que hoy requieren estudios genéticos de hasta 2.000 dólares. El proyecto avanza, pero su directora advierte que, si el ajuste sigue, el laboratorio tendrá que cerrar.

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«Si esto sigue así, lamentablemente vamos a tener que cerrar». La advertencia no proviene de una pyme asfixiada por la recesión, sino de la directora de un laboratorio público que trabaja en un análisis de sangre capaz de acelerar el diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo en niños. Mientras la ciencia argentina produce avances con impacto directo en la salud de la infancia, el ajuste del Gobierno de Javier Milei la empuja al borde del cierre.

La investigación está a cargo de Verónica Báez, responsable del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia, y es encabezada por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet. El desarrollo ya obtuvo resultados positivos en animales y hoy atraviesa la etapa de recolección de muestras en personas voluntarias.

Un diagnóstico caro y a prueba y error

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos del neurodesarrollo son condiciones que alteran la conducta y el pensamiento durante los primeros años de vida, y que pueden dificultar la comprensión de conceptos, la realización de movimientos o la interacción con otras personas. Entre los más frecuentes figuran el TDAH, el trastorno del espectro autista, la discapacidad intelectual y los trastornos motores, del aprendizaje y del lenguaje.

La Argentina no cuenta con cifras oficiales sobre cuántos niños tienen condiciones del neurodesarrollo. Como referencia, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estiman que alrededor de uno de cada seis chicos de entre 3 y 17 años presenta algún trastorno de este tipo.

En el país, estos cuadros suelen agruparse bajo el amplio paraguas de los trastornos generalizados del desarrollo (TGD), y el tratamiento se organiza muchas veces por ensayo y error: kinesiología ante problemas motrices, psicopedagogía ante dificultades de aprendizaje, anticonvulsivos ante episodios convulsivos. «Cuando uno diagnostica por sintomatología, a veces puede no ser exacto«, explicó Báez.

La confirmación hoy depende de la secuenciación de ADN. «La secuenciación cuesta entre u$s1.000 y u$s2.000, dependiendo del tamaño de la secuencia a analizar. Para muchas familias es caro», señaló la investigadora. El acceso a un diagnóstico preciso queda así condicionado por la capacidad de pago de cada familia.

Cómo funciona el análisis

El eje del proyecto es la búsqueda de biomarcadores en sangre asociados a fallas en los receptores NMDA, proteínas clave en la comunicación entre neuronas y en la plasticidad cerebral, que también están presentes en otras partes del cuerpo. «Vimos en ratas que a nivel del sistema nervioso central hay ciertas cosas que cambian cuando estos receptores NMDA fallan. Ahora vemos que en la sangre por ahí también fallan de la misma manera y podemos ver las mismas cosas», detalló Báez.

La prueba requeriría una muestra de apenas 5 mililitros de sangre. Aunque la presencia de estas proteínas en el torrente sanguíneo es mucho menor que en el cerebro, el equipo busca confirmar si su medición permite detectar y diagnosticar el trastorno. En esta etapa, el objetivo es establecer los valores normales en personas sanas para luego compararlos con muestras de niños con alguna condición del neurodesarrollo.

«Estamos sacando muestras de personas voluntarias, pero atrás de eso hay un proceso ético que se tiene que evaluar y el cual tiene que estar rigurosamente controlado», aclaró Martina Piñeiro, estudiante de Medicina e integrante del equipo.

Sin atajos: los plazos y el foco en la infancia

Báez fue prudente con los tiempos. «Estaría buenísimo poder dar esperanza e ir más rápido, pero no. Estamos lejos porque lo queremos hacer bien para que llegue lo mejor posible a la gente que lo necesita», sostuvo, y relató: «Es terrible cuando una familia nos escribe y nos dice ‘te presto a mi hijo para que lo metas en este ensayo'».

La investigadora explicó por qué el test apunta a los chicos y no a los adultos: el sistema nervioso activa mecanismos compensatorios cuando algo falla en su desarrollo, de modo que muchas personas con retrasos madurativos en la infancia llegan a la adultez sin signos evidentes. Por eso, la detección temprana es la ventana en la que el análisis puede cambiar el rumbo de un tratamiento.

Poner plata del sueldo para sostener el laboratorio

El costado más crudo del proyecto es financiero. «Tenemos mucha menos plata. Seguimos trabajando y colaboramos con gente de afuera, pero se está haciendo muy difícil porque la cantidad de dinero que teníamos para trabajar pasó a ser muy poca», describió Báez. Y fue más allá: «Muchos estamos poniendo plata de nuestro sueldo para mantener algunas cosas del laboratorio. Los insumos son muy caros».

La científica recurrió a un término que ya forma parte del vocabulario de la comunidad académica: «Llamamos ‘cientificidio’ porque mucha gente cerró su laboratorio o algunos juntaron laboratorios para trabajar entre dos como si fuera uno solo». Que investigadores del Conicet financien con su salario los insumos de un proyecto de salud infantil retrata el nivel de abandono del Estado nacional sobre el sistema científico.

«Los problemas de un país los tiene que resolver el país y no gente de afuera. Si no podemos preguntarnos las cosas ni contestarlas, ¿quién lo hará por nosotros?», planteó Báez. La pregunta conecta con una discusión de fondo sobre soberanía científica: sin financiamiento público, el conocimiento que necesita la salud argentina depende de voluntades individuales o de la cooperación externa.

La otra fuga: los jóvenes que miran al exterior

El ajuste también pone en riesgo a la próxima generación de investigadores. Lucía Moreno, estudiante de Biotecnología e integrante del equipo, admitió que evalúa continuar su carrera fuera del país. «Es muy gratificante todo lo que se puede llegar a lograr, pero la situación de hoy en día también hace cuestionárselo más a fondo e intentar pensar si se puede subsistir y de qué forma«, dijo. Cada joven formada en la universidad pública que se va es una inversión del país que termina aprovechada por otros.

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