CABA
Teresa García: el proyecto de García Moritán es un «sinsentido»
«La derecha argentina no encuentra forma de seguir abonando el sinsentido. Sobre García Moritan voy a evitar comentarios».
La presidenta del bloque de senadores del Frente de Todos (FdT) en la provincia de Buenos Aires, Teresa García, rechazó el proyecto que propone arancelar los servicios de salud y educación de CABA para las personas que no residan en el distrito que fue presentado por el legislador porteño Roberto García Moritán, al considerar que la iniciativa es una forma de «seguir abonando el sinsentido».
«La derecha argentina no encuentra forma de seguir abonando el sinsentido. Sobre García Moritan voy a evitar comentarios. Una vez más se trata de ideas que buscan achicar el Estado. Unos cinco millones de bonaerenses van a Capital Federal todos los días a trabajar. Hay muchas empresas de provincia que están en Capital, un lugar que produce servicios», señaló García en declaraciones radiales.
La iniciativa fue presentada por García Moritán, que integra el espacio Republicanos Unidos -integra la coalición de Juntos por el Cambio (JxC)- y lidera el diputado nacional Ricardo López Murphy.
La legisladora bonaerense calificó la iniciativa como «una locura» y recordó que la firma Ceamse, es una empresa creada por los estados de la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para realizar la gestión integral de los Residuos Sólidos en el AMBA.
«A través de esa empresa, el cinturón ecológico ubicado en provincia de Buenos Aires recibe a diario una enorme cantidad de basura de Capital Federal al mismo valor que el que percibimos nosotros, los bonaerenses. Entonces creo que hay que dar una discusión de fondo porque después (desde CABA) levantan la voz por la coparticipación que perdieron», apuntó García.
Y agregó: «Me parece que los liberales siguen haciendo fulbito para la tribuna. No es la primera vez que escucho cómo puede ser que las mujeres de Bolivia vengan a este país a tener a sus hijos y no paguen nada y los peruanos vengan a estudiar y no paguen. Es un pensamiento ofensivo».
Por ultimo, Teresa García preguntó «¿qué van a hacer (los porteños) con los trabajadores de casas de familia y con los jardineros» que residen en provincia de Buenos Aires.
«¿Les van a decir que tienen que pagar la salud y la educación, mientras se les pagan dos monedas y no se sabe si van a poder pagarse el pasaje de vuelta a sus hogares al otro lado de la General Paz?, planteó García.
CABA
Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo
La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.
Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.
En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.
Criminalizar la infancia, una respuesta ligera
Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?
- Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
- Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
- Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.
El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.
El fantasma de las redes y la coartada perfecta
La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.
En la Ciudad, docentes vienen denunciando:
- Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
- Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
- Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.
Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.
Protocolos sin comunidad
El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.
Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.
Lo que no se dice
Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:
- ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
- ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
- ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?
La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.
Entre el control y el abandono
El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.
En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.
La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?
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