Legislativo
Inédito: tras una polémica aprobación del proyecto de reforma laboral, LLA píde la expulsión de Carignano
Tras la sesión maratónica que aprobó la reforma laboral, el oficialismo avanzó con un pedido de expulsión contra la diputada de Unión por la Patria. Lo hizo basado en supuestos videos difundidos en redes y con acusaciones de “sabotaje”, en un Congreso atravesado por la confrontación política y la criminalización de la protesta parlamentaria.
El bloque de La Libertad Avanza pidió este viernes la suspensión preventiva y posterior expulsión de la diputada Florencia Carignano, de Unión por la Patria, luego de la difusión de imágenes en las que se la ve desconectando equipos técnicos durante la sesión en la Cámara de Diputados que terminó con la aprobación de la reforma laboral.
La ofensiva fue impulsada por el jefe del bloque libertario, Gabriel Bornoroni, con el respaldo de 14 legisladores oficialistas y la firma del diputado del PRO Javier Sánchez. Además del pedido de expulsión, reclamaron facultar a la presidencia de la Cámara para promover una denuncia penal contra la diputada santafesina.
El argumento central del oficialismo es que la conducta de Carignano habría implicado un “sabotaje” al funcionamiento institucional. La acusación se apoya en un video difundido por Lilia Lemoine, grabado en un contexto de máxima tensión, cuando distintos bloques opositores cuestionaban una votación a mano alzada y denunciaban irregularidades en la conducción de la sesión.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, el pedido de expulsión se inscribe en una estrategia más amplia: disciplinar a la oposición tras una votación clave para el Gobierno. El comunicado libertario habla de “ataque a la democracia” y “desorden de conducta”, categorías amplias y elásticas que el oficialismo utiliza para convertir un episodio político en una falta institucional grave.
La sesión que dio origen al conflicto se desarrolló con el Congreso vallado, fuerte presencia policial y protestas en las calles. En ese marco, el oficialismo no solo avanzó con una reforma que recorta derechos laborales, sino que ahora busca correr el eje del debate hacia la sanción de una diputada opositora, transformando el conflicto político en una cuestión punitiva.
Desde sectores opositores advirtieron que el pedido de expulsión sienta un precedente peligroso: criminalizar acciones de protesta parlamentaria mientras se legitiman prácticas de votación exprés y se desoyen cuestionamientos reglamentarios. La paradoja es evidente: quienes denunciaron un “ataque a la democracia” son los mismos que blindaron una sesión cuestionada y ahora reclaman castigos ejemplares.
Con este nuevo episodio, la Cámara de Diputados suma otro capítulo a una escalada que ya no se limita al contenido de las leyes, sino que avanza sobre las reglas del disenso. Bajo el régimen de Milei, el Parlamento aparece cada vez menos como un ámbito de debate y cada vez más como un escenario de disciplinamiento político.
Desregulación
La “Hojarasca” de Sturzenegger: desregulación con ideología y eliminación de leyes que protegen derechos
Bajo el disfraz de modernización, el Gobierno ataca la soberanía informativa y farmacéutica. El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque. Qué es lo que pretende derogar el ministro de Desregulación.
★ El Gobierno de Javier Milei reingresó al Congreso el proyecto de ley denominado «Hojarasca», una iniciativa del ministro de Modernización y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que propone derogar decenas de normas vigentes bajo el argumento de que constituyen regulaciones “obsoletas o burocráticas”.
Lo que el oficialismo presenta como una «limpieza» del digesto legislativo esconde, en varios casos concretos, el desmantelamiento de marcos normativos que protegen derechos sociales, culturales y económicos.
El proyecto que perdió estado y vuelve a la carga
El texto ingresó por primera vez en 2024 pero nunca llegó a tratarse en comisión y perdió estado parlamentario. Ahora, en este segundo intento, el Ejecutivo lo relanza con la misma lógica ideológica de origen: reducir la intervención estatal en la economía y en la vida social bajo el principio de que «todo está permitido, salvo lo expresamente prohibido».
La iniciativa propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías: leyes que limitarían la libertad individual, leyes con trámites considerados inútiles, leyes superadas por normativa posterior, leyes obsoletas por cambios tecnológicos, leyes sobre organismos inexistentes y leyes que crean organismos con financiamiento público.
Una lógica ideológica, no técnica
El proyecto no es un ejercicio neutro de higiene legislativa. Es una declaración de principios del ala más dogmática del libertarismo. En sus propios fundamentos, el texto afirma que las regulaciones son producto de «corrientes ideológicas más intervencionistas, predominantes durante el siglo XX» y que el Estado debe regirse por «un principio de máxima libertad y no de máximo control».
Esa premisa no es técnica ni jurídica: es política. Y en función de esa premisa política, el Gobierno decide qué leyes merecen seguir en pie y cuáles no.
Lo que se llama «hojarasca» y no lo es
Entre las normas que el Ejecutivo rotula como «trámites inútiles» aparece la Ley N° 25.750 (2003), que establece que la propiedad de los medios de comunicación debe pertenecer a empresas nacionales y limita la participación del capital extranjero a un máximo del 30% del capital accionario. Derogar esa ley implica abrir la puerta a la extranjerización ilimitada del sistema de medios argentino, con consecuencias directas sobre la soberanía informativa y cultural del país.
También figura como «trámite inútil» la Ley N° 26.688 (2011), que declaró de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos. En el contexto de un Gobierno que ya desmanteló el Fondo de Sustentabilidad y recortó partidas del CONICET y de laboratorios públicos como el Laboratorio Industrial Farmacéutico, eliminar esta ley tiene un significado preciso: despejar el terreno normativo para la privatización de la producción farmacéutica.
Otro caso es la Ley N° 26.227 (2007), que creó el Consejo Federal de la Juventud, presentada como una «ley sobre organismos con financiamiento público que deberían autofinanciarse». El argumento es revelador: si el Estado no debe financiar políticas de juventud, tampoco debe financiar salud, educación ni cultura.
Normas anacrónicas que nadie defiende, y otras que sí importan
El proyecto mezcla, deliberadamente, normas genuinamente anacrónicas con normas de alto contenido político. Nadie discute que la Ley N° 94 (1864), que inhabilita a la autoridad que ordene azotar a una persona, o la Ley N° 21.895 (1978), que autorizó las emisiones de televisión en color, ya no tienen vigencia práctica. Su derogación no genera ningún debate sustantivo.
Pero esas normas funcionan como cobertura de las otras: al mezclarlas en un mismo proyecto, el Gobierno busca que la aprobación del conjunto arrastre también las normas políticamente sensibles. Es una técnica legislativa conocida y cuestionada.
Tampoco resulta inocente la inclusión de la Ley N° 18.312 (1969) sobre papel de diario o la Ley N° 19.787 (1972) sobre difusión musical, enmarcadas como «leyes que afectan libertades». El Gobierno aprovecha normas del período de facto para construir un relato según el cual «el intervencionismo» tiene raíces autoritarias, omitiendo que la mayoría de las regulaciones sociales y económicas que busca desmantelar fueron producto de gobiernos democráticos y de conquistas populares.
El Congreso como obstáculo a sortear
El proyecto vuelve al Congreso en un contexto en que el oficialismo no tiene mayoría propia ni en Diputados ni en el Senado. En 2024, la iniciativa no logró ni siquiera dictamen de comisión. La estrategia del Ejecutivo parece ser instalar el debate para forzar posicionamientos en un año electoral, más que garantizar su aprobación en el corto plazo.
La oposición tendrá que decidir si acepta discutir el proyecto norma por norma, con el riesgo de quedar atrapada en un debate sobre si el «padrinazgo presidencial del séptimo hijo» (Ley N° 20.843) debe o no existir, o si plantea el rechazo global de una iniciativa que, bajo una apariencia de modernización, avanza sobre derechos y soberanía.
Puntos clave:
- El proyecto «Hojarasca» fue reingresado al Congreso tras perder estado parlamentario en 2024 sin ser tratado.
- Propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías.
- Entre las leyes que busca eliminar figura la que limita la extranjerización de medios de comunicación (Ley N° 25.750).
- También apunta contra la ley que declara de interés nacional la producción pública de medicamentos (Ley N° 26.688).
- El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque.
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