Política 📢
¿Sobres marrones? Milei denunció que Larreta usó fondos públicos para pagar periodistas en campaña
El jefe de Estado vinculó al ex jefe de Gobierno porteño con el pago a comunicadores con dinero de la Ciudad de Buenos Aires. La acusación, respaldada por declaraciones del periodista Jonatan Viale, estalló en medio del escándalo por la criptomoneda $LIBRA y tensiones con Mauricio Macri.
En plena crisis por el colapso de la criptomoneda $LIBRA, promovida por el Gobierno y vinculada a presuntas irregularidades, Javier Milei intenta distraer la atención y redirigir el foco hacia uno de sus rivales políticos.
A través de X, acusó a Horacio Rodríguez Larreta de utilizar recursos públicos de la Ciudad de Buenos Aires para «ensobrar» periodistas durante su fallida campaña presidencial de 2023, donde obtuvo solo el 11% en las PASO de Juntos por el Cambio.
La denuncia se basó en las revelaciones del conductor de TN Jonatan Viale, quien aseguró que varios colegas recibieron «sobres marrones», supuestos pagos en efectivo, para favorecer a Larreta y perjudicar a otros candidatos . «Existe un vínculo directo entre políticos corruptos y periodistas ensobrados», afirmó Milei, exigiendo una investigación judicial.
Viale y el detonante de una guerra mediática
Jonatan Viale, conocido por su salida abrupta de medios afines al PRO, declaró en su programa *No la ven* que rechazó participar en lo que calificó como una «operación de prensa» pagada. Según él, Larreta habría destinado fondos públicos a comprar apoyo mediático, una práctica que Milei aseguró vigilar desde 2021.
El escándalo se intensificó tras filtrarse una entrevista sin editar entre Viale y el asesor presidencial Santiago Caputo, donde este último intentó guiar las preguntas, generando críticas sobre la transparencia del Gobierno.
Milei vs Macri: la pulseada interna en la derecha
El presidente también respondió a Mauricio Macri, quien días antes lo criticó por estar «mal rodeado» tras el fiasco de $LIBRA. «Los que cuestionan mi entorno deberían preguntarse qué tipo de gente apoyaron todos estos años», replicó Milei, en un claro ataque a la coalición opositora.
Macri había calificado la promoción de la criptomoneda como una «estafa» y exigió explicaciones, mientras el valor de $LIBRA se desplomó un 90% en horas, afectando a miles de inversores.
Silencios y dobles estándares: la crítica a la «anticorrupción selectiva»
Milei cuestionó el mutismo de quienes se autoproclaman defensores de la ética pública. «Sorprende el silencio de muchos paladines de la anticorrupción […] Casualmente omiten que su jefe fue acusado de ensobrar periodistas», señaló, apuntando a Larreta y sus aliados.
Analistas políticos consultados por este medio coinciden en que la denuncia busca desviar la atención del «Criptogate», aunque también expone una práctica histórica en la política argentina: el uso de fondos públicos para financiar campañas.
¿Qué sigue? La Justicia como tablero político
La solicitud de investigación judicial podría profundizar la fractura en Juntos por el Cambio, especialmente entre bullrichistas y larretistas. Sin embargo, hasta ahora, no se presentaron pruebas concretas más allá de las declaraciones de Viale y Milei.
Mientras tanto, el Gobierno enfrenta su propia tormenta: la Justicia estadounidense investiga a Hayden Davis, creador de $LIBRA, por presunto lavado de dinero y conexiones con Karina Milei, hermana del presidente.
Puntos clave:
- Milei vinculó a Larreta con pagos ilegales a periodistas usando fondos públicos .
- Jonatan Viale denunció «sobres marrones» para comprar apoyo mediático en 2023 .
- El escándalo se enmarca en la crisis por $LIBRA y las críticas de Mauricio Macri .
- La acusación refleja tensiones en la oposición y debates sobre ética en el periodismo .
- La Justicia argentina podría abrir una nueva causa por malversación de recursos.
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Análisis
La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo
Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».
Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia
Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.
Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.
Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.
Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.
El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina
La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.
Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.
La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.
Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)
La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.
Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.
Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.
El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas
El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.
Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.
El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.
Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala
La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.
El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.
En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.
Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.
Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.
Machismo de guardapolvo blanco
Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.
La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.
Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.
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