Opinión
Unidos o huérfanos de Patria
Desde el Consejo de Redacción de la revista Hechos e Ideas expresamos el apoyo al compañero, Sergio Tomás Massa.
Por Ana Colotti
“La Patria es un dolor que aún no sabe su nombre”, Leopoldo Marechal
Desde el Consejo de Redacción de la revista Hechos e Ideas llamamos a todas las personas que aman a nuestra Patria -pertenezcan o no a partidos, organizaciones políticas, sociales, gremiales o de otra índole, desencantados y no desencantados, militantes y no militantes, creyentes y no creyentes, intelectuales, artistas y personas de bien sea cual fuere su ocupación o creencia- a votar al compañero Sergio Tomás Massa en estas decisivas elecciones del 19 de noviembre cuando se enfrenta a un personaje “desconocido” (aunque con algunas señales de quienes lo instrumentan). Damos un expreso apoyo a Massa con el voto y ponemos a su disposición nuestra histórica revista que acompañó, desde su nacimiento allá por el año 1935, al movimiento nacional y popular.

Sostenemos y defendemos la justicia social, eje del justicialismo y de la doctrina social de la iglesia, pero también presente como aspiración en otras tendencias del arco político. Entendemos la justicia social como soporte de una vida verdaderamente humana, abierta a los otros, fundada en el amor al prójimo que es la expresión de la máxima libertad; diametral distancia, esta, de quien ha dicho que “la justicia social es una aberración precedida por un robo”.
Sostenemos y proclamamos la libertad como el elemento fundamental de la vida humana que hace posible la existencia de los valores y de la convivencia ética; contra quienes sólo defienden la libertad del mercado, de los poderosos, de los más fuertes y por lo mismo, una libertad que no es tal ya que niega los fundamentos antropológicos del “ser con otros” en el cual se expresa la libertad política y responsable; el contendiente, niega las dimensiones trascendentes de la vida en las cuales se expresa la libertad creadora ya que todo se vuelve mercancía en su mezquina visión de la realidad.
Estamos ante un proyecto que pretende pulverizar todo lo que nos es común, escuelas, hospitales, universidades y todo lo que hacemos juntos: la cultura, la ciencia, el futuro, la nación misma. Se intenta por estas vías la fragmentación y destrucción del tejido social, la completa desafiliación de todo proyecto común, de todo destino. El salvaje sálvese quien pueda.
Se nos propone el desprecio de la democracia, de las minorías y de la vida política. La corte que lo acompaña niega la historia y sienta las bases de la reinstalación de la “teoría de los dos demonios”. Detesta toda noción de soberanía política y descree de la “Causa Malvinas”: realmente desprecian a la Argentina y a los argentinos, nunca se vio algo tan desmedido: el candidato, -casi una caricatura si no fuera trágico- insultando y blandiendo la motosierra. Pobre Patria.
Pero, estamos a tiempo, es posible la unidad nacional con anchura de corazón.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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