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Polémica por reimpresión de boletas tras renuncia de Espert: quién debería pagar los costos

El diputado nacional Leandro Paulón exigió que La Libertad Avanza se haga cargo del gasto millonario si finalmente se reimprimen las boletas electorales. La Justicia Electoral deberá definir si corresponde o no la reimpresión después de que José Luis Espert renunciara a su candidatura en la provincia de Buenos Aires.

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⬛ La renuncia del economista José Luis Espert a su candidatura a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires desató un conflicto político y económico en torno a la reimpresión de las boletas para las elecciones legislativas. El diputado nacional del Frente Renovador, Leandro Paulón, fue contundente al señalar que si finalmente se reimprimen las boletas por este motivo, los costos deberían ser asumidos por La Libertad Avanza y no por el Estado.

«Si por la renuncia de Espert se reimprimen boletas, que las pague La Libertad Avanza», sostuvo Paulón, según consignó el medio Noticias Argentas. El legislador apuntó directamente contra el espacio libertario, argumentando que la decisión de Espert de abandonar su postulación genera consecuencias económicas que no deberían ser solventadas con fondos públicos.

La Libertad Avanza solicitó formalmente la reimpresión

Por su parte, La Libertad Avanza presentó oficialmente el pedido de reimpresión de boletas ante la Justicia Electoral, según informó el mismo medio. El espacio que lidera Javier Milei ahora aguarda la definición del tribunal electoral competente, que deberá resolver si corresponde o no proceder con la reimpresión de las papeletas en la provincia de Buenos Aires.

La decisión judicial resulta clave no solo por las implicancias logísticas de reimprimir millones de boletas a pocos días de las elecciones, sino también por el impacto económico que esta medida acarrearía. Hasta el momento, no se ha confirmado de manera oficial el monto exacto que demandaría el proceso de reimpresión.

Gray pidió que no se reimpriman las boletas

En medio de la controversia, el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, presentó una solicitud formal ante la Justicia Electoral pidiendo la «no reimpresión de boletas», de acuerdo a lo informado por Noticias Argentinas. Gray fundamentó su pedido en criterios de economía de recursos públicos y en la proximidad de la fecha electoral.

El pedido del jefe comunal bonaerense suma otro elemento al debate sobre si la renuncia de un candidato a estas alturas del proceso electoral justifica o no la reimpresión de las papeletas, considerando tanto los tiempos acotados como los costos involucrados.

Antecedentes y contexto político

La renuncia de Espert se produce en un contexto de reordenamiento interno dentro de La Libertad Avanza en territorio bonaerense. El economista, que había sido uno de los referentes del espacio libertario antes de la llegada de Milei al poder, decidió dar un paso al costado de su candidatura, aunque no trascendieron de manera oficial los motivos precisos de su decisión.

El debate actual pone en tensión dos aspectos: por un lado, el derecho de los partidos políticos a modificar sus listas dentro de los plazos legales; por otro, la responsabilidad sobre los costos que esas decisiones generan al erario público cuando se toman cerca de la fecha de votación.

La Justicia Electoral tendrá la palabra final sobre si ordena o no la reimpresión de boletas y, eventualmente, sobre quién debe hacerse cargo de los gastos involucrados en caso de que se concrete esta medida.

Puntos clave:

• Leandro Paulón exigió que La Libertad Avanza pague los costos de reimpresión de boletas si se aprueba el pedido tras la renuncia de Espert
• La Libertad Avanza solicitó formalmente a la Justicia Electoral la reimpresión de las boletas en la provincia de Buenos Aires
• Fernando Gray, intendente de Esteban Echeverría, presentó un pedido contrario ante la Justicia Electoral para evitar la reimpresión
• La Justicia Electoral deberá definir si corresponde o no la reimpresión considerando los tiempos y los costos involucrados
• José Luis Espert renunció a su candidatura a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, generando este conflicto político y económico

Dólar 💵

El vocero de Milei dijo que el dólar podría llegar a $1.800: la grieta entre el relato oficial y el mercado

El vocero presidencial admitió en un streaming oficialista que una corrección cambiaria «es una posibilidad», y el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio cercano a los $1.700 para fin de año. La confesión contradice el discurso gubernamental de estabilidad.

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Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.

El dólar y los salarios son los dos pilares sobre los que el Gobierno de Javier Milei construyó su relato de éxito económico. Pero en las últimas horas, uno de los propios funcionarios del equipo oficialista horadó ese andamiaje: el vocero presidencial Adrián Ravier reconoció públicamente que el tipo de cambio podría experimentar una corrección y llegar a valores de entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses. La declaración, formulada en un streaming de carácter oficialista, no pasó inadvertida en un contexto donde la devaluación es una amenaza latente para el poder adquisitivo de los trabajadores.

«Es una posibilidad»: la admisión que el oficialismo intentó minimizar

Ravier intentó enmarcar la posible corrección cambiaria como un movimiento «mínimo» que «no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos». Tras recorrer una serie de grandes devaluaciones de gobiernos anteriores para contextualizar el escenario actual, el vocero reconoció que «es una posibilidad que el tipo de cambio llegue a $1.800 ó $1.700 para dentro de unos meses». El argumento del funcionario buscó diferenciarse de saltos cambiarios abruptos del pasado, pero la admisión en sí misma representa una fisura en el discurso oficial de estabilidad cambiaria que el equipo económico repite cada vez que puede.

La pregunta de si existe o no atraso cambiario sobrevoló la declaración de Ravier, quien esquivó una respuesta directa: «Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir», señaló, antes de concluir que cualquier corrección sería de magnitud acotada. Sin embargo, la dificultad para responder con certeza esa pregunta es, en sí misma, una señal de alarma para quienes siguen de cerca la política monetaria.

El mercado ya descuenta una suba del dólar

Las palabras de Ravier no llegaron en el vacío. Antes de su declaración, el propio mercado financiero ya venía descontando un tipo de cambio más elevado hacia fin de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado en base a encuestas realizadas a las consultoras y empresas más relevantes del sector financiero, proyecta un dólar cercano a los $1.700 para diciembre de 2026. El consenso privado y las palabras del vocero apuntan, entonces, en la misma dirección, aunque el Gobierno se esfuerce en llamarlo «corrección mínima» en lugar de devaluación.

El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares en reservas desde principios de año, un dato que el oficialismo exhibe como señal de fortaleza. No obstante, analistas del sector advierten que ese ritmo de compra se desacelerará una vez superada la cosecha gruesa, lo que limitará el margen del Gobierno para sostener artificialmente el valor del dólar en los meses siguientes.

El ancla que sostiene una macroeconomía frágil

El tipo de cambio cumple en el esquema libertario una función doble y contradictoria: es, al mismo tiempo, el principal instrumento antiinflacionario y el punto de mayor fragilidad del modelo. La estabilidad financiera que el Gobierno exhibe hoy, a pesar de la caída de los salarios, la pérdida de empleos y el cierre de empresas, depende en gran medida del dólar quieto. Una devaluación, aunque sea presentada como «mínima», arrastra un riesgo concreto: acelerar el cierre de negocios y licuar aún más el poder adquisitivo de los trabajadores, especialmente si la respuesta del Gobierno fuera profundizar el ajuste para evitar nuevas correcciones del tipo de cambio, como ya hizo en ciclos anteriores.

El propio Gobierno reconoció en otras instancias que el proceso de recomposición salarial «lleva tiempo» y «genera tensiones». Mientras tanto, los salarios privados registrados subieron apenas un 2% en mayo, por debajo de la inflación del mismo mes, que fue del 2,1%, según datos del INDEC. La brecha entre salarios y precios se repite en las comparaciones interanuales y acumula un deterioro sostenido desde el inicio de la gestión. En ese contexto, una nueva corrección del tipo de cambio sería una mala noticia más para los sectores populares.

La contradicción estructural del modelo

La declaración de Ravier expone una contradicción que el Gobierno prefiere no abordar frontalmente: si el tipo de cambio está atrasado, cualquier corrección afectará los precios internos y erosionará los ingresos reales; si no lo está, la competitividad de las exportaciones queda condicionada por otros factores estructurales que el modelo libertario tampoco resolvió. El propio Ravier intentó salir de ese dilema reivindicando el rendimiento exportador como prueba de competitividad sin necesidad de devaluación, pero sus números sobre la posible llegada del dólar a $1.700 o $1.800 desmienten esa certeza.

El mercado, los analistas y ahora el propio vocero presidencial confluyen en un escenario que el relato oficial prefiere esquivar: el dólar se va a mover. La discusión es cuánto, cuándo y, sobre todo, quién pagará el costo.

Puntos clave

  • El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.
  • El REM del Banco Central proyecta un dólar cercano a $1.700 para diciembre de 2026.
  • El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares desde principios de año, pero el ritmo se desaceleraría tras la cosecha gruesa.
  • Los salarios privados registrados subieron 2% en mayo, por debajo de la inflación del 2,1% según el INDEC.
  • Una corrección cambiaria profundizaría el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de ajuste sostenido.
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