Columna
El giro a la derecha de Lucas Ghi y la militarización inédita del Municipio de Morón
Tras el asesinato de Franco Vera, el gobierno local blindó la sede municipal en lugar de reforzar la seguridad en los barrios. Vecinos denuncian abandono frente al aumento de la violencia y el narcomenudeo en todo el distrito.
Por Santiago Rojas
El intendente de Morón, Lucas Ghi, parece haber abandonado definitivamente los principios de un gobierno popular con sus recientes decisiones. Una de las más polémicas ha sido otorgar «superpoderes» a Hernán Sabbatella, secretario de Legal y Técnica, en un contexto de crisis social y creciente inseguridad en el municipio. Lejos de ser una respuesta que priorice el diálogo y la cercanía con los vecinos, estas decisiones han derivado en una militarización sin precedentes del municipio.
La brutal muerte del joven vecino Franco Vera desató el malestar entre los habitantes de Morón, quienes buscan respuestas y acompañamiento por parte del gobierno local. Sin embargo, en lugar de abrir las puertas del municipio para escuchar a los familiares y vecinos afectados, Ghi y su flamante súper secretario decidieron blindar la sede de gobierno con un imponente despliegue policial. «Ni en el estallido del 2001 vimos algo así», comentaron vecinos memoriosos, recordando cómo el estado municipal en aquella época “se unió a los sectores más vulnerables en lugar de reprimirlos”.





Esta militarización se da en un contexto político tenso, marcado por el desplazamiento de Diego Spina de la Secretaría de Gobierno. Según trascendió, uno de los argumentos de Ghi para apartar a Spina fueron sus críticas al ministro de Seguridad provincial, Javier Alonso. No obstante, esta movida interna ha generado mayor desconcierto en la población, que se enfrenta diariamente a un clima de inseguridad alimentado por el narcotráfico y los asesinatos a sangre fría.
En lugar de reforzar la seguridad en los barrios más golpeados, el gobierno municipal y provincial han optado por blindar su sede. Esto implica no sólo un desmesurado gasto de recursos económicos y humanos, sino también un mensaje político claro: la prioridad es protegerse de los vecinos, no proteger a los vecinos.
¿Un gobierno popular en entredicho?
La decisión de blindar el municipio refleja un cambio radical en la gestión de Lucas Ghi, que antes se mostraba cercano a las demandas populares. Este giro a la derecha contradice los principios de un gobierno que se proclamaba defensor de los derechos de los sectores más vulnerables. Las imágenes del despliegue policial, que algunos califican como excesivo, muestran un panorama que contrasta con la tradición de Morón de enfrentar las crisis con solidaridad y diálogo.




Los vecinos, ya acosados por el aumento del narcomenudeo y la violencia, ahora se sienten abandonados por quienes deberían estar a su lado. «No necesitamos más policías para reprimirnos, necesitamos que el municipio nos escuche y trabaje con nosotros», afirmó otro vecino indignado.
Un intendente cada vez más lejos del pueblo
El caso de Morón no es un hecho aislado, sino un reflejo de cómo ciertas mandatarios locales pueden priorizar su propia supervivencia política por encima de las demandas ciudadanas. En un municipio históricamente comprometido con las luchas populares, la militarización del gobierno local representa un quiebre profundo entre las autoridades y el pueblo.
Este episodio deja en evidencia no sólo la falta de sensibilidad política frente a las tragedias locales, sino también la desconexión entre un gobierno que se autoproclamaba popular y la realidad de sus decisiones, que cada vez parecen más alejadas de los principios que alguna vez enarboló.
Por Jesús Rivero*
Deseo comenzar por la etimología de transmisión, porque como planteaba Jacques Marie Emile Lacan, el origen me colma.
Transmisión etimológicamente significa acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá.
¿Qué se transmite?
El objeto petit “a» que agujerea al sujeto-sujetado y lo sostiene desde su pérdida.
¿Es pedagógico?
Se puede decir que no. Aunque las palabras no pueden decir todo.
Éste petit “a» de Jacques Lacan es su invento privilegiado, ya que a la nada le cedió un lugar topológico, lo nombró y dio (donó) existencia.
Falta irreductible que opera más allá del sujeto supuesto saber. Es la hiancia que motoriza el deseo. Lacan en su última enseñanza transmite esto, la cosa, el ruido. No un supuesto saber platónico y universal, esto obtura.
Hagan la prueba, pongan sobre un escritorio una piedra y un libro frente a una audiencia y observen las miradas de dicha audiencia, que se transmite. El ruido, la enunciación del enunciado. El dicho del decir del disertante, cuyo rasgo unario, no tiene que ver con la pedagogía. Lo que se transmite es otra cosa, el objeto petit “a».
Lo que todos buscan en este movimiento, que es el peronismo, cuyo significante vacío busca negociar con un significado. Es el punto de capitón que anuda la significación. Esta lucha casi interminable que auguran para siempre los opositores, pero nadie mejor que ellos saben, que dicha disputa de poder (lucha de clases) siempre llega a su anudamiento.
El significante vacío sin negociación, no es nada. La problemática es intentar identificar un líder, sin transmisión. Sin hacer circular una cosa, más allá. Esto no puede ser forzado, no es pedagógico, responde a la lógica de la falta, de lo que se perdió. El mismo Sigmund Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” planteó que “las masas no se identifican al ideal del yo, sino que se identifican entre sus yoes, al objeto ideal que es el líder». Es decir, no hay identificación al significante, sino entre las masas a un rasgo, que es el objeto ideal.
Este objeto (poder) no es pedagógico. No se aprende, se comprende. La conducción no es para cualquiera, se tiene o no se tiene. Todos tienen el bastón de mariscal en la mochila, pero no todos saben transmitirlo. De aquí, vemos a grandes teóricos no entender la fórmula de dicha conducción, nunca la van a entender, porque no se entiende se comprende.
El mismo Juan Domingo Perón, que en lo singular creo es el mejor en conducción, no decía: “la política no se aprende, se comprende, y solamente comprendiendo es posible realizarla racionalmente. Decía el Mariscal de Sajonia que él tenía una mula que lo había acompañado en más de diez campañas, pero decía que la mula no sabía nada de estrategia. Lo peor es que él pensaba que muchos de los generales que también lo habían acompañado, sabían lo mismo; hay hombres que toda su vida han hecho política, pero nunca la han comprendido. El éxito será siempre para quien la haya comprendido, no para el que pretenda aprenderla”.
Hoy en día hay muchos que pretenden aprenderla, y hay pocos que desde el exilio, cárcel o proscripción, la comprenden. Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía.
*escritor y activista político.
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