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ANSES confirma un exiguo 2,34% de aumento mientras jubilados siguen perdiendo poder adquisitivo
El organismo previsional oficializó el último incremento del año basado en la inflación de octubre. Con bono congelado hace más de un año, el haber mínimo quedará en $581.319 con el aguinaldo. Organizaciones sociales y especialistas advierten que la pérdida acumulada supera el 20% en dos años de gestión libertaria.
★ La Administración Nacional de la Seguridad Social oficializó este lunes un aumento del 2,34% para jubilaciones, pensiones y asignaciones correspondiente a diciembre de 2025, siguiendo la fórmula de movilidad que ajusta los haberes según el Índice de Precios al Consumidor con dos meses de rezago.
El incremento, que toma como referencia el IPC de octubre difundido por el INDEC, se suma al aguinaldo y al bono extraordinario de $70.000 que el gobierno mantiene congelado desde marzo de 2024. Con estos tres componentes, quienes cobran la jubilación mínima percibirán un total de $581.319,39 en diciembre.
La trampa del bono congelado
El esquema implementado por el gobierno de Javier Milei a través del Decreto 274/2024 establece actualizaciones mensuales por inflación, pero mantiene paralizado el bono compensatorio en $70.000 desde hace más de 20 meses. Esta decisión, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), constituye la principal variable de ajuste sobre el sector pasivo.
Mientras los haberes se incrementaron entre marzo de 2024 y febrero de 2025 un 103,1%, el haber mínimo con bono incluido solo aumentó 67,8%. De haberse actualizado en la misma proporción, el bono debería haber sido en febrero de 2025 de $142.161, es decir, más del doble de lo actual, señala el informe del CEPA.
Esta licuación sistemática del bono significa que, en la práctica, cinco millones de jubilados que perciben el haber mínimo continúan perdiendo capacidad de compra mes a mes, a pesar de los aumentos nominales que el gobierno exhibe como logro en materia previsional.
Detrás de los números: pérdida histórica de poder adquisitivo
El haber mínimo que contempla el refuerzo acumuló una caída del 26% en los últimos siete años, según un análisis del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF). La situación se agravó particularmente desde diciembre de 2023, cuando el actual gobierno aplicó una política de shock que incluyó una devaluación del peso del 54% y la eliminación de subsidios.
En los primeros 24 meses de gobierno de Milei, hasta noviembre de 2025, los beneficiarios de la mínima más el suplemento de $70.000 recibieron un aumento nominal de 224,4%, frente a una inflación acumulada de 248,6%, lo que significó una pérdida de 6,9% en su poder de compra, revela un estudio reciente de Infobae.
El panorama es aún más dramático para quienes no acceden al bono extraordinario. Los jubilados que en 2017 podían adquirir 2,8 canastas básicas con sus haberes, en 2024 solo accedieron a 1,5. Esto representa una pérdida del 46% en términos reales, según un informe de investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
El veto que selló el destino de los jubilados
El actual esquema de movilidad jubilatoria se consolidó tras el veto presidencial a la ley aprobada por el Congreso en agosto de 2024, que proponía un aumento adicional del 8,1% y mejoras en la fórmula de actualización. En la sesión especial de septiembre, 153 diputados votaron a favor de insistir con el proyecto de ley, mientras que 87 votaron en contra y 8 se abstuvieron. No se alcanzaron los 2 tercios necesarios para revertir el veto.
La decisión del Ejecutivo se fundamentó en argumentos fiscales. El decreto 782/2024 sostuvo que la medida aprobada por el Congreso representaría un gasto de $6.160.000 millones para 2024 y de $15.430.000 millones para 2025, comprometiendo el equilibrio fiscal que el gobierno considera prioritario.
Sin embargo, analistas del sector previsional cuestionan estos números. En 2024, el 19,2% del ajuste del gasto del Estado estuvo explicado por la pérdida de poder adquisitivo de las jubilaciones y pensiones, señala un informe del CEPA que desnuda cómo el superávit fiscal se construyó sobre el ajuste a los sectores más vulnerables.
Crisis sanitaria y habitacional: el combo mortal
La caída en los ingresos se agudiza cuando se analiza el acceso a servicios básicos. Desde 2024, el gobierno eliminó la gratuidad de medicamentos para jubilados, medida que impactó directamente en quienes dependen de tratamientos crónicos. Sin capacidad de compra suficiente para afrontar los costos farmacéuticos, miles de adultos mayores se ven obligados a interrumpir sus tratamientos.
En el plano habitacional, la situación no es menos grave. El defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, denunció recientemente que en la Ciudad de Buenos Aires una habitación con baño compartido cuesta más de $200.000 mensuales, cifra que consume más de la mitad del haber mínimo y deja apenas $180.000 para alimentación, medicamentos y otros gastos esenciales.
Los números de diciembre
De acuerdo al comunicado oficial de ANSES, la composición de los haberes para diciembre quedó establecida de la siguiente manera:
Jubilación mínima: $340.879,59 de haber base + $70.000 de bono + $170.439,80 de medio aguinaldo = $581.319,39
Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM): $272.703,67 de haber + $70.000 de bono + $136.351,84 de aguinaldo = $479.055,51
Pensiones No Contributivas por Invalidez y Vejez: $238.615,71 de haber + $70.000 de bono + $119.307,86 de aguinaldo = $427.923,57
Asignación Universal por Hijo (AUH): $122.492
AUH por Hijo con Discapacidad: $398.853
El organismo previsional aclaró que los pagos se realizarán según el calendario habitual, modificado por el feriado del 8 de diciembre. Los jubilados con haberes mínimos comenzarán a cobrar desde el martes 9 de diciembre según la terminación de su DNI.
El estancamiento como política
Al atar las jubilaciones al IPC, éstas no perderán poder adquisitivo pero tampoco podrán recuperar. La actualización decidida por Milei considera que el poder de compra actual de las jubilaciones es el máximo al que pueden aspirar los jubilados, advierte el análisis del CEPA.
Esta lógica de «estancamiento perpetuo» contrasta con la propuesta vetada por el Ejecutivo, que contemplaba mecanismos de recuperación gradual del poder adquisitivo perdido durante las últimas administraciones. La ley rechazada proponía que en marzo de cada año se habilitara una suba adicional por el 50% del índice de variación salarial, permitiendo que los haberes previsionales no quedaran definitivamente desacoplados de la evolución de los ingresos de los trabajadores activos.
El gobierno sostiene que el esquema actual «garantiza previsibilidad» y «protege el superávit fiscal». Sin embargo, para los cinco millones de jubilados que viven con $340.000 mensuales —antes del bono congelado—, la previsibilidad se traduce en la certeza de que su situación económica no mejorará mientras este modelo se mantenga vigente.
Con la inflación de octubre en 2,7% —la más baja desde noviembre de 2021— y proyecciones oficiales que apuntan a una desaceleración sostenida de los precios, el debate sobre la situación de los jubilados vuelve a instalarse: ¿es momento de discutir una recomposición integral del sistema previsional, o el equilibrio fiscal seguirá siendo la prioridad excluyente del Ejecutivo?
Puntos clave:
• ANSES oficializó un aumento del 2,34% para diciembre basado en el IPC de octubre de 2025
• El bono de $70.000 permanece congelado desde marzo de 2024, perdiendo más del 50% de su valor real
• Los jubilados de la mínima acumulan una pérdida de 6,9% en poder adquisitivo en dos años de gestión Milei
• En septiembre de 2024, el Congreso no logró reunir los dos tercios necesarios para rechazar el veto presidencial a la ley de movilidad jubilatoria
• El ajuste a jubilaciones explicó el 19,2% del recorte total del gasto público en 2024
Consumo
Pascuas con sabor a ajuste: el pescado también se vuelve un lujo en Semana Santa
Un relevamiento de precios mostró valores elevados en productos clave. En un contexto de caída del poder adquisitivo, el consumo se adapta entre tradiciones y bolsillos ajustados.
En la antesala de la Semana Santa, el pescado vuelve a ocupar un lugar central en la mesa de muchas familias argentinas. La tradición religiosa (que evita el consumo de carne roja, especialmente el Viernes Santo) impulsa la demanda, pero también tensiona los precios en un contexto económico adverso.
Un relevamiento de precios actuales mostró los valores actuales, que muestran una brecha importante entre productos básicos y opciones más exclusivas.
La lista de precios, producto por producto
En la pescadería Santa Bárbara, los precios exhibidos son los siguientes:
Filete de merluza: $13.900 el kilo
Filete de lisa: $13.900 el kilo
Pollo de mar: $11.800 el kilo
Pejerrey: $10.900 el kilo
Trucha: $33.900 el kilo Salmón rosado: $39.000 el kilo
Paella de mariscos: $40.000 el kilo
Media docena de empanadas de pescado (congeladas): $12.900
El abanico refleja una fuerte segmentación: mientras algunas opciones buscan sostener cierto acceso, otras quedan directamente fuera del alcance de amplios sectores.
“No hay por qué aumentar”: la estrategia del comercio
Diego, dueño del local, aseguró que decidió no remarcar precios pese al pico de demanda. Según explicó, la mercadería llega de forma directa desde Mar del Plata, lo que le permite sostener costos.
“Se está vendiendo bien. Tratamos de tener precios que la gente se pueda pueda pagar. La idea es que los clientes se vayan contentos”, sostuvo.
En la misma línea, planteó una lógica que contrasta con la especulación estacional habitual:
“Hay que cuidar al cliente. Es un momento donde la gente hace lo que puede para llegar a fin de mes”.
Tradición religiosa vs. crisis económica
El consumo de pescado en estas fechas no es solo cultural, sino también litúrgico. Sin embargo, en un escenario de deterioro del ingreso, muchas familias ajustan cantidades, reemplazan especies o directamente resignan la tradición.
Se priorizan cortes más económicos Se reduce el volumen de compra Crecen alternativas como productos congelados
Lo que históricamente fue una práctica extendida hoy aparece condicionado por la capacidad de compra.
Entre la demanda estacional y la pulseada por el consumo
Aunque algunos comercios buscan sostener precios para mantener el flujo de ventas, en el sector reconocen que la Semana Santa sigue siendo un momento donde suele haber remarcaciones. La lógica es simple: mayor demanda, mayor precio.
Sin embargo, el dato que empieza a repetirse es otro: incluso en fechas clave, el consumo ya no responde como antes. La tradición persiste, pero el bolsillo manda.
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