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Tensión en Bolivia: acusaciones de autogolpe y conflictos en el MAS

Crece la crisis política: opositores acusaron a Luis Arce de promover la insurrección de Zúñiga, quien fustigó la posible candidatura de Evo Morales. Mientras, el mandatario denunció un complot internacional contra el gobierno y apuntó hacia EEUU.

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El Argentino Diario-El golpista Zúñiga-Bolivia.

En Bolivia, se desató una fuerte polémica tras las recientes acusaciones de un «autogolpe» por parte del presidente Luis Arce. La denuncia fue inicialmente realizada por Carlos Mesa, líder del partido opositor Comunidad Ciudadana, y otros políticos, quienes argumentaron que el gobierno intentaba consolidar el poder de manera dictatorial en la Asamblea Legislativa. La situación se agravó con forcejeos entre policías y diputados, interpretado por algunos como un intento de toma del control del Legislativo.

División interna en el MAS

El conflicto también expuso divisiones dentro del Movimiento al Socialismo (MAS). El general Juan José Zúñiga, comandante del Ejército, tomó posiciones polémicas respecto a la posible candidatura de Evo Morales, exacerbando las tensiones políticas y militares en el país. Estas divisiones reflejan un MAS fragmentado, con diferentes facciones que buscan controlar el rumbo del partido y del país.

Denuncias de conspiración externa

En respuesta a estas acusaciones, el presidente Luis Arce afirmó que existen fuerzas internas y externas que conspiran contra Bolivia para controlar sus recursos estratégicos, como el litio. Arce mencionó a “potencias imperiales” y a un “país vecino” que, según él, buscan balcanizar Bolivia y desestabilizar el gobierno. “Pretenden mostrar a Bolivia como un Estado fallido”, manifestó Arce, añadiendo que estas acciones tienen como fin detener el progreso del país y socavar el proceso de revolución democrática popular e industrializadora.

La oposición y las acusaciones de autogolpe

Carlos Mesa y otros opositores denunciaron públicamente lo que consideraron un autogolpe de estado. Según Mesa, el oficialismo buscaba aprobar leyes de manera “dictatorial”, lo que generó un clima de tensión y enfrentamientos físicos en la Asamblea Legislativa. La diputada Mayra Zalles informó sobre la agresión sufrida por parte de colegas del oficialismo, criticando la pasividad de la policía en estos incidentes.

El diputado de Comunidad Ciudadana, Ingvar Ellefsen Dotzauer, acusó al presidente Luis Arce de intentar un golpe de estado “en franco acto dictatorial y de abuso de las concesiones políticas”. Por su parte, Walthy Egüez, diputado de Creemos, señaló que el objetivo del gobierno es tomar el control del Legislativo y consolidar un régimen autoritario.

Puntos clave de la crisis política en Bolivia

  • Carlos Mesa y otros opositores denunciaron un “autogolpe” del presidente Luis Arce.
  • Fuerzas policiales y diputados se enfrentaron físicamente en la Asamblea Legislativa.
  • Luis Arce acusó a potencias extranjeras de conspirar para desestabilizar Bolivia.
  • Divisiones dentro del MAS aumentan las tensiones políticas y militares por la posible candidatura de Eco Morales.

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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