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Análisis

Bielorrusia, lo que no quieren que sepas

El análisis de Christian Lamesa en vísperas de la elecciones de este domingo.

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El Argentino Diario-Bielorrusia.

Por Christian Lamesa*

El próximo 26 de enero se celebrarán elecciones presidenciales en la República de Belarús. Esto nos permite prever algunos posibles escenarios como, denuncias de fraude por parte de la “oposición democrática”, tanto en el país como en el exterior, como así también el desconocimiento de un resultado favorable al presidente Alexandr Lukashenko, por parte de las “democracias occidentales”.

Tampoco resultaría sorprendente la organización de protestas fomentadas desde varias capitales europeas, favoreciendo un clima de agitación e inestabilidad, en busca de una nueva “revolución de color” en un país que no se somete a los deseos de Washington, Londres o Bruselas, y que, además, es uno de los principales aliados de Moscú.

La propaganda occidental hace décadas que se dedica denodadamente a demonizar la imagen de Bielorrusia y del presidente Alexandr Lukashenko, apelando al mote de “último dictador de Europa”, por ejemplo, siendo que los dirigentes del llamado “occidente colectivo”, ni siquiera pueden soñar con tener la popularidad entre sus compatriotas, como con la que cuenta Lukashenko, entre los bielorrusos.

Sin embargo, este aspecto, justamente es uno de los que te ocultan, para que los incautos, incluso muchos de ellos provenientes de los llamados sectores progresistas o de izquierdas, también se sumen al coro de loros que repiten sin cesar la propaganda que busca arrebatar su soberanía al pueblo bielorruso y entronizar en el poder a un agente de occidente, que termine destruyendo al país eslavo para luego venderlo a los intereses extranjeros.

El viajero que llega a Bielorrusia se encuentra con un país muy hermoso, ordenado, limpio y seguro, en el que se siente la pujanza económica y la excelente administración y planificación gubernamental, siendo que el 80% de la economía es estatal y funciona de modo eficiente. Incluso me arriesgaría a afirmar que, de no haberse desmembrado la URSS y habiendo seguido un rumbo virtuoso, muy posiblemente habría tenido una evolución parecida a la que se puede observar al día de hoy en Bielorrusia, teniendo esta exrepública soviética un Estado con marcadas características socialistas en los sectores económico, productivo (planificación mediante planes quinquenales) y fundamentalmente en lo referente al desarrollo social de sus ciudadanos. Justamente es por esta razón que se ocultan estos logros, incluso por parte de sectores supuestamente de izquierdas que, al final del día, siempre son funcionales a los deseos e intereses del capitalismo occidental, seguramente cobrando por estos servicios.

En las próximas elecciones presidenciales en Bielorrusia, sin duda el presidente Alexandr Lukashenko será el claro ganador. Para hacer esta afirmación me baso en la historia y la idiosincrasia de los eslavos orientales, y no en una supuesta falta de garantías democráticas en el sistema electoral bielorruso, como diría la burda propaganda occidental, mientras no dice nada ante las farsas electorales en Rumania o Moldavia. Pero analicemos estos aspectos, el histórico, y que es lo que busca el pueblo de Bielorrusia al elegir a su presidente.

En occidente, a menudo los ciudadanos parecen votar a sus representantes, guiados por la apatía, la frivolidad o el esnobismo, generando cambios de rumbo radicales que los conduce a una eterna inestabilidad. Por el contrario, los pueblos que forman o formaron parte de la historia milenaria de Rusia, la cual se inició como Estado con la Rus de Kiev, buscan y necesitan gobernantes fuertes, con los que puedan sentirse protegidos.

La historia de Rusia nos muestra que, debido a numerosos factores, como su geografía, siempre ha sufrido invasiones y ataques con un alto costo para su población y en última instancia siempre fue el Estado, a través de sus gobernantes, el que finalmente debió defender a su pueblo, del mismo modo vemos que cada vez que el zarato, el imperio, la URSS o la federación tuvieron gobernantes débiles, el pueblo sufrió mucho y el país estuvo al borde de ser destruido.

Por supuesto que esto también aplica al pueblo bielorruso, el cual encontró en Lukashenko, a su líder, en un momento dramático, como fue el de la disolución de la URSS. Recordemos algunos detalles de esta época.

Merced a las desastrosas medidas de Gorbachov, a traiciones internas y a la ofensiva para socavar a la Unión Soviética por parte de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y el Papa Juan Pablo II, el país ya se comenzaba a resquebrajar al final de la década de 1980. Sin embargo, El 17 de marzo de 1991 se realizó un referéndum para decidir el futuro de la URSS, con la siguiente pregunta: ¿Considera necesario preservar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como una federación renovada de repúblicas soberanas iguales en la que se garantizarán plenamente los derechos y libertades de una persona de cualquier nacionalidad?

El 80.03% de los ciudadanos habilitados para votar participó de la consulta y el 76.4% votó a favor del mantenimiento de la URSS. En algunas repúblicas como Turkmenistán el apoyo al sí fue abrumador con el 98.3%. En Rusia y en Ucrania la opción de mantener la unión fue más baja con 71.3% y 70.2% respectivamente, siendo aun enorme el apoyo a la continuidad del país. En Bielorrusia el número en favor de la unión fue del 82.7%.

A pesar de esta contundente decisión del pueblo soviético por mantener la unidad estatal, el 8 de diciembre de 1991 los presidentes de las repúblicas socialistas soviéticas de Rusia, Borís Yeltsin; de Ucrania, Leonid Kravchuk y de Bielorrusia, Stanislav Shushkévich, firmaron el Tratado de Belavezha, que separaba a los tres países de la URSS, avasallando la voluntad popular de los soviéticos.

Hay que recordar otros aspectos que considero importantes, como que Shushkévich al igual que Yeltsin y Kravchuk eran prominentes miembros del Partido Comunista de la Unión Soviética y no dudaron ni ocultaron su felicidad a la hora de destruir a su país, lo que evidencia la infiltración y la traición interna que sufrió la URSS y su pueblo.

Las últimas elecciones que se hicieron para el Sóviet Supremo de la República Socialista Soviética de Bielorrusia fueron abiertas a todas las fuerzas políticas, participando el Partido del Frente Popular Bielorruso (separatista) que abogaba por la independencia de Bielorrusia, obteniendo el 10% de los votos, lo que reafirmaba lo expresado en el referéndum de marzo, así como lo poco populares que eran estas ideas en la república soviética.

A pesar de todo esto, Shushkévich, que había sido elegido presidente del Sóviet Supremo, el día 19 de septiembre de 1991 realizó los cambios del nombre oficial del país por el de República de Belarus, el escudo nacional y la bandera, reemplazándola por la blanca con una franja roja horizontal en el centro, bandera de la efímera República Popular Bielorrusa y usada por los nacionalistas de aquel país, quienes colaboraron con las fuerzas nazis durante la ocupación alemana de la URSS, la cual le costó a Bielorrusia la aniquilación de una cuarta parte de su población.

Parece bastante claro cuáles eran las simpatías de Stanislav Shushkévich, y el pueblo bielorruso se lo cobraría menos de tres años más tarde.

El 14 de diciembre de 1993, un informe de Alexandr Lukashenko, por entonces presidente de la comisión anticorrupción del Parlamento, acusaba a setenta altos funcionarios del gobierno, incluido el presidente Shushkévich, por casos de corrupción, entre ellos la apropiación de fondos públicos en beneficio personal. Debido a esto se llevó adelante una moción de censura que culminó con la destitución del presidente, el 26 de enero de 1994.

A pesar de todo esto, el destituido presidente se presentó como candidato en las elecciones del 23 de junio de ese año. Shushkévich no solo era impopular entre los bielorrusos por su gobierno corrupto y su política, que en tiempo récord socavó el nivel de vida del pueblo y amenazaba con destruir la otrora poderosa industria del país mediante privatizaciones de corte neoliberal, sino también por su postura prooccidental y hostil hacia Rusia, posición enfrentada con los sentimientos de la inmensa mayoría de los bielorrusos.

Como resultado de todo esto, Shushkévich obtuvo el 10.1% de los votos en la primera vuelta, quedando en cuarto lugar, mientras que Alexandr Lukashenko fue el más votado con un 45.8%, debiendo ir a una segunda vuelta con Viacheslav Kébich, por entonces primer ministro, que había obtenido 17.7% de los votos y no tenía la misma postura antirrusa del expresidente, lo cual también podría explicar su segundo lugar en la primera vuelta. En la definición, el 10 de julio, la victoria fue contundente para Lukashenko con el 80.6%.

Para concluir, veamos algunos números de la economía bielorrusa:

Inflación: La tasa de inflación anual en Bielorrusia se redujo al 5,5% en noviembre de 2024, la más baja en cuatro meses, desde el 5,9% en octubre. Los productos no alimentarios (3,7% frente al 4,1%) y los servicios (5,8% frente al 6%). En términos mensuales, los precios al consumidor aumentaron un 0,3%, tras un aumento del 0,5% en octubre.

Inflación de alimentos: El precio de los alimentos en Bielorrusia aumentó un 6,70% en noviembre de 2024 en comparación con el mismo mes del año anterior. La inflación de los precios de los alimentos en Bielorrusia fue en promedio del 9,31% desde 2014 hasta 2024, alcanzando un máximo histórico del 22,90% en septiembre de 2014 y un mínimo histórico del 2,30% en junio de 2018.

Crecimiento salarial: En noviembre de 2024, los salarios en Bielorrusia aumentaron un 18% en comparación con el mismo mes del año anterior. El crecimiento salarial en Bielorrusia fue en promedio del 25,64% desde 2003 hasta 2024, alcanzando un máximo histórico del 115,90% en mayo de 2012 y un mínimo histórico del 5,72% en octubre de 2016. Nótese el mayor crecimiento de los salarios en comparación a la inflación del IPC.

Desempleo: La tasa de desempleo en Bielorrusia se incrementó drásticamente desde 1991, alcanzando un pico histórico del 24,4% en 1996, comenzando ese año un constante descenso que logró ubicar este número en un dígito (9.44%) en 2004, continuando constantemente a la baja, para ubicarse en el 3.57% en 2023.

La composición por sectores económicos del producto bruto interno del país es: agricultura 9,2%, industria 46,2% y comercio y servicios 44,6%.

El 33% de las exportaciones totales de Bielorrusia son combustibles y lubricantes.

Bielorrusia es uno de los principales proveedores de vehículos para minería, tractores y maquinaria agrícola a nivel mundial.

Bielorrusia posee una fuerte industria alimenticia, siendo un gran exportador de productos lácteo, cárnicos y habiendo industrializado a las granjas colectivas estatales para que se realice la producción de las materias primas y la posterior comercialización de las mismas a través de las propias cooperativas.

Bielorrusia exporta fertilizantes potásicos además de una gran variedad de productos químicos.

Para finalizar, Bielorrusia exporta madera aserrada, acero y otros metales, productos agrícolas como papa, lino, cáñamo, remolacha azucarera, centeno, avena y trigo. También exporta muebles, vidrio, fibra de vidrio y cemento.

Entonces, la pregunta sería: ¿Qué motivos tendría el pueblo bielorruso para querer cambiar su situación actual y escuchar los cantos de sirena de un occidente cada día más decadente?

*Christian Lamesa, nacido en la ciudad de Buenos Aires en 1971.
Analista geopolítico, fotógrafo, escritor y conferencista. Autor del libro “La paternidad del mal – Los cómplices de Hitler”.
Nominado dos veces al premio de la Sociedad Rusa «Znanie» (Российское общество «Знание») como «Educador extranjero del año” (2023 y 2024). (Knowledge.Prize.).
Embajador en la República Argentina de la Sociedad Rusa «Znanie» (Российское общество «Знание»)
En YouTube: La verdadera política con Christian Lamesa

Análisis

El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar

La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.

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Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.

El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.

«Una bomba en el medio del pueblo»

Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.

La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.

Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».

Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal

Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».

Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.

Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.

Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».

La intendenta y el pedido de los trabajadores

Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.

Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».

La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.

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