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Elecciones en Bolivia: en medio de la tensión, el país opta entre dos modelos antagónicos

Luego de un año dramático a partir de la crisis política abierta en noviembre pasado con el golpe al presidente Evo Morales y la asunción de un gobierno de facto, más de siete millones de bolivianos eligen presidente este domingo.

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Luego de un año dramático a partir de la crisis política abierta en noviembre pasado con el golpe al presidente Evo Morales y la asunción de un gobierno de facto, más de siete millones de bolivianos eligen presidente este domingo.

Por Daniel Casas

Un total de 7.332.925 bolivianos están habilitados para elegir presidente y otros cargos, como corolario de un proceso electoral atravesado por la crisis económica y el coronavirus, en el que se enfrentan en un clima tenso varios candidatos que representan sustancialmente dos modelos antagónicos de país: uno estatista y plurinacional y otro neoliberal y de élites.

Bolivia llega a esta elección luego de un año dramático, que comenzó con la indefinición de las presidenciales de 2019, con acusaciones de fraude para reelegir a Evo Morales, que fueron avaladas por la Organización de Estados Americanos (OEA) y sirvieron para forzar su renuncia, el 10 de noviembre, y la instalación de un gobierno irregular.

En ese marco de tensión, con al menos 33 personas muertas durante el golpe, la pandemia de coronavirus forzó la postergación de dos fechas electorales, en medio de denuncias contra el gobierno de facto de Jeanine Áñez de intentar utilizar la crisis sanitaria para socavar las posibilidades del Movimiento Al Socialismo (MAS), cuyos principales dirigentes están bajo acoso judicial por diversos cargos.

El candidato del MAS, Luis Arce, aparece en los sondeos como el probable ganador, aunque deberá alcanzar el 40% de los votos con 10 puntos de diferencia de su seguidor para ganar directamente en esta primera vuelta.

En caso de ir a segunda vuelta, convocada para el 29 de noviembre, las chances del MAS de volver al gobierno son menos ciertas. Por esta razón, la apuesta es a todo o nada para este domingo.

Tal como en las frustradas elecciones del año pasado, el segundo en las intenciones de voto es el expresidente Carlos Mesa, candidato de Conciencia Ciudadana, un liberal moderado que representa a las élites del oriente boliviano.

Y el tercero, que puede incidir en el resultado, es el exprefecto de Santa Cruz de la Sierra Luis Fernando Camacho, que se postula por Creemos y representa a la derecha más radical y elitista.

Todo el espectro viene presionando a Camacho para que respalde a Mesa, porque consideran la unión del voto de derecha “es la única forma de evitar que gane el MAS”, según dijo la presidenta de facto, Jeanine Áñez, al retirar su propia postulación,al ver que no convocaba al electorado.

El resto de los candidatos son Chi Hyun Chung, del Frente para la Victoria; Feliciano Mamani, del Partido Acción Nacional Boliviana, y María de la Cruz Bayá, de Acción Democrática Nacionalista. Además de presidente y vice se eligen 36 senadores y 130 diputados, entre otros cargos.

Una de las pocas certezas en este proceso es que quien pierda difícilmente se resigne a aceptar el resultado. En caso de que gane el MAS tendría que ser muy amplia su ventaja para ahogar los previsibles reclamos de los sectores más radicalizados, con Camacho como figura sobresaliente.

El escritor y periodista Fernando Molina, autor de varios libros sobre economía e historia contemporánea de Bolivia, analizó en diálogo con Télam que lo que está en juego es consolidar el cambio de sistema que se lanzó con el derrocamiento de Morales o volver al sistema armado por el MAS en sus 14 años de Gobierno.

Afirmó que Jeanine Áñez asumió el gobierno para “finalizar con el capitalismo de Estado y avanzar hacia un capitalismo más mercantil”, de modo que sean los bancos y las empresas quienes lideren el proceso económico con que se intente salir de esta crisis.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) el desempleo urbano se duplicó en la medición interanual y llegó al 8,4% en el segundo trimestre de 2020, con el consiguiente impacto en los niveles de pobreza de un país donde el 62% de los trabajadores están en negro.

Para este retorno a las normas liberales del capitalismo la Constitución Política del Plurinacional, aprobada en 2009, es un impedimento. “El objetivo (para este sector) sería salir del Estado Plurinacional para volver a la República, basada en principios liberales clásicos. Ese cambio significa la eliminación física de las organizaciones sociales y por ende la pérdida del poder que adquirieron durante el gobierno del MAS”, agregó Molina.

Claro que los sectores sociales son consientes de que una organización elitista los excluye y restaura las viejas jerarquías sociales, y se oponen terminantemente a ese cambio.

El tema, como en tantos lados, son las clases medias que hace un año terminaron por avalar el derrocamiento de Evo Morales, donde primó el enojo por su postulación a pesar de que el referendo de febrero de 2016 le había negado esa posibilidad.

Muchos de esos votantes de clase media ahora estarían dispuestos a volver a votar al MAS, pero Morales les sigue resultando refractario. Por eso el expresidente declaró en un video difundido el último jueves que no interferirá en un posible Gobierno de Arce.

“Lucho y solamente Lucho será Presidente de Bolivia, con todas las atribuciones y responsabilidades que eso implica”, dijo Morales. Su tarea en adelante, agregó, será “formar nuevos líderes”.

Por otra parte, las Naciones Unidas, el Vaticano y la Unión Europea (UE), entre otros, exhortan a las partes a propiciar un proceso electoral transparente, pero el Tribunal Superior Electoral (TSE) reemplazó el sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) por la Difusión de Resultados Preliminares (Direpre), que según las críticas lentifica el proceso y puede propiciar la difusión de resultados parciales que enciendan la mecha de alguna reacción.

“Yo creo que era mejor el sistema que se tenía anteriormente (TREP), donde se mandaba las fotografías (de las actas de mesa) directamente, porque todos sabemos que cuando una cosa sale de un sitio y llega a otro en medio pueden pasar muchas cosas”, afirmó la veedora por la UE María Teresa Mola Sainz, dejando abiertas las suspicacias.

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Imputaron al acusado por el intento de asesinato contra Trump y podría recibir cadena perpetua

La próxima audiencia ya fue fijada y se espera que en las próximas semanas se definan los pasos procesales siguientes.

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Cole Tomas Allen fue formalmente imputado por el intento de asesinato del Trump

El ciudadano estadounidense Cole Tomas Allen fue formalmente imputado por el intento de asesinato del presidente de EEUU, Donald Trump, tras el tiroteo ocurrido durante una cena en el Hotel Hilton, en el marco de la tradicional gala de corresponsales de la Casa Blanca.

El acusado, de 31 años, compareció ante el juez federal Matthew Sharbaugh, donde respondió preguntas y solicitó la designación de una defensa pública. Según se informó, permanecerá detenido bajo custodia federal mientras avanza el proceso judicial.

Cargos graves y posible condena máxima

Allen enfrenta múltiples cargos:

  • Intento de asesinato del presidente de Estados Unidos
  • Uso de arma de fuego en un delito violento
  • Transporte de armas con fines delictivos en comercio interestatal

De ser hallado culpable, podría recibir una condena de cadena perpetua. Además, algunos de los cargos prevén penas adicionales obligatorias, que podrían extender aún más su tiempo en prisión.

La acusación fue impulsada por la fiscal federal Jeanine Pirro, quien sostuvo que el ataque no dejó lugar a dudas sobre la intencionalidad: aseguró que el acusado buscaba atentar no solo contra Trump, sino también contra otros altos funcionarios del gobierno.

Un manifiesto con amenazas al Gobierno

En paralelo, la investigación reveló la existencia de un manifiesto redactado por Allen antes del ataque. El documento fue alertado por su propia familia a la policía minutos antes del hecho.

Según trascendió, el texto incluía expresiones de odio hacia el mandatario y referencias a un plan más amplio para atacar a miembros del gabinete. También describía la intención de avanzar de manera escalonada contra distintos objetivos políticos.

Las autoridades indicaron que el contenido del manifiesto será una pieza clave dentro de la causa, ya que refuerza la hipótesis de premeditación.

Investigación en curso

El caso sigue bajo análisis de la justicia federal estadounidense, que deberá determinar el grado de responsabilidad penal del acusado. La próxima audiencia ya fue fijada y se espera que en las próximas semanas se definan los pasos procesales siguientes.

El intento de atentado reavivó las preocupaciones en torno a la seguridad presidencial en Estados Unidos, especialmente en eventos públicos de alto perfil donde confluyen dirigentes políticos, periodistas y figuras influyentes.

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