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Trump le pone precio a Groenlandia: quiere pagar USD 700.000 millones por un territorio que no se vende

Un grupo de expertos coordinado por la Casa Blanca tasó el territorio ártico en una cifra que economistas califican de «completamente arbitraria». Tanto Dinamarca como Groenlandia rechazan cualquier negociación, mientras juristas internacionales advierten que la amenaza del uso de la fuerza viola el derecho internacional.

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★ La ambición del presidente electo Donald Trump por hacerse con Groenlandia escaló esta semana con la revelación de una cifra concreta: 700.000 millones de dólares (601.800 millones de euros). Según adelantó la cadena NBC News este miércoles, la tasación fue determinada por un grupo de expertos académicos y exfuncionarios de alto nivel coordinado por Marco Rubio, futuro secretario de Estado.

Sin embargo, la información no aclara qué criterios utilizaron para llegar a esa cantidad, lo que generó críticas inmediatas desde el ámbito económico y jurídico.

Una cifra sin sustento objetivo

«Ese es un precio completamente arbitrario. ¿Cuánto cuesta la soberanía nacional de un territorio? ¿Cuánto cuesta el sentimiento de pertenencia a una tierra? Ponerle precio a Groenlandia es como si yo se lo pongo al amor que siento por mi hija», señaló a Público el economista Juan Torres.

Torres explicó que si bien se pueden calcular los recursos naturales de Groenlandia y los beneficios potenciales de su explotación, «sigue habiendo elementos inmateriales que no responden a un criterio objetivo».

El economista también recordó que Estados Unidos históricamente amplió sus fronteras mediante compras, pero siempre a precios bajos. «No hay un mercado de islas ni de territorios. No en el siglo XXI», afirmó Torres, quien mencionó la compra de las Islas Vírgenes a Dinamarca en 1917 y otras adquisiciones territoriales a España, Francia, México y Rusia durante los siglos XIX y XX. «Estas compras eran de dominio, por imposición, por la fuerza de un país sobre otro, por lo tanto eran precios de colonización, de dominio, de imperio», agregó.

Los recursos que están detrás de la oferta

El interés estadounidense por Groenlandia no es nuevo. En 1946, durante la presidencia de Harry Truman, Washington ofreció 100 millones de dólares por la isla, propuesta que fue rechazada por Dinamarca.

El think tank American Action Forum (AAF) estimó que el valor total de los recursos minerales de Groenlandia asciende a 4,4 billones de dólares (3,79 billones de euros), incluyendo petróleo, gas, cuya explotación está prohibida desde 2021 por razones ambientales, y tierras raras estratégicas.

Esta cifra sugiere que si Trump está dispuesto a pagar 700.000 millones de dólares, es porque el valor real del territorio es considerablemente mayor.

Obstáculos legales y políticos

Montserrat Abad Castelos, catedrática de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III de Madrid, explicó a Público que cualquier compra exigiría un tratado internacional entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, además de la autorización de la población groenlandesa.

«Hay que tener en cuenta que el estatuto actual de Groenlandia es un territorio autónomo bajo soberanía danesa, no es simplemente una propiedad de Dinamarca que pueda venderse; tiene su propio Gobierno, Parlamento y tiene autonomía. El consentimiento es necesario para cualquier transferencia», señaló la experta.

Abad Castelos advirtió que al amenazar con el uso de la fuerza para hacerse con Groenlandia, Trump estaría violando el derecho internacional. «Una eventual compra sin contar con el consentimiento del pueblo groenlandés también violaría el derecho a la autodeterminación, porque el 85% de los groenlandeses se opone a formar parte de Estados Unidos», agregó, recordando además la protección que merecen los pueblos indígenas de la isla, los inuits.

La catedrática estableció una diferencia crucial: «Una diferencia esencial entre el derecho internacional clásico y el de ahora, el contemporáneo que ahora mismo Trump está haciendo peligrar, es que hoy en día los territorios no son mercancías intercambiables entre Estados, sino que también se conciben como espacios donde los pueblos ejercen su derecho fundamental a la autodeterminación».

Alternativas sin compra

Según informó The New York Times el 7 de enero, existe un acuerdo poco conocido de la Guerra Fría por el cual Estados Unidos ya disfruta de amplio acceso militar al territorio. Este pacto permite a Washington «construir, instalar, mantener y operar» bases militares en toda la isla, así como «controlar aterrizajes, despegues, anclajes, amarres, movimientos y operaciones de barcos, aviones y embarcaciones».

Otra opción que maneja el equipo de Trump sería un pacto de libre asociación con Groenlandia, similar a los que Estados Unidos tiene con las Islas Marshall o los Estados Federados de Micronesia. En este esquema, Washington brindaría asistencia financiera a cambio de mayor presencia militar.

Sin embargo, dentro de Estados Unidos ya se escuchan voces contrarias a la compra, principalmente por su elevado precio: 700.000 millones de dólares representan casi la mitad del presupuesto del Departamento de Defensa para todo un año. Además, Trump necesitaría la aprobación de la Cámara de Representantes y del Senado.

Rechazo categórico

Tanto las autoridades de Dinamarca como de Groenlandia descartaron que el territorio esté en venta. Los líderes groenlandeses fueron claros en su posición: no quieren ser estadounidenses.

«Ese derecho de libre determinación es ahora un pilar del ordenamiento jurídico internacional», concluyó Abad Castelos.

Puntos clave:

• La Casa Blanca tasó Groenlandia en 700.000 millones de dólares sin especificar los criterios utilizados
• Economistas califican la cifra de «completamente arbitraria» ya que no existe un mercado de territorios en el siglo XXI
• El 85% de los groenlandeses se opone a formar parte de Estados Unidos
• Cualquier transferencia violaría el derecho internacional sin el consentimiento del pueblo groenlandés
• Estados Unidos ya tiene amplio acceso militar a Groenlandia mediante un acuerdo de la Guerra Fría

Deuda externa

Bessent usó a Argentina como ejemplo del poder financiero de Trump y Milei lo festejó

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, presentó al gobierno de Javier Milei como modelo de «políticas sólidas» ante el mundo, en el marco de una estrategia que usa el dinero de Washington para construir alianzas geopolíticas en el hemisferio occidental. Milei lo celebró en X con la frase «fenómeno barrial».

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Ser un "fenómeno barrial" tiene precio: Bessent confirmó que Argentina es el ejemplo del poder financiero de EEUU sobre sus "clientes".

Argentina fue exhibida ante el mundo como un caso de éxito de la política financiera exterior de Estados Unidos. El elogio no provino de un think tank afín al libertarismo ni de un medio simpatizante, sino del secretario del Tesoro del gobierno de Donald Trump, Scott Bessent, quien presentó a la gestión de La Libertad Avanza como el ejemplo más claro de cómo Washington puede utilizar su poder monetario para ganar aliados.

Bessent realizó las declaraciones durante una disertación en la Escuela de Negocios Cox de la Universidad Metodista del Sur (SMU), donde expuso la doctrina financiera de la administración Trump. El funcionario fue explícito: «Creo que puedo utilizar el poder financiero de Estados Unidos como herramienta de política exterior. Tenemos un objetivo de política exterior y ese objetivo es crear aliados en el Hemisferio Occidental». En ese contexto, colocó a la Argentina en el centro del argumento: «Argentina fue la principal candidata para eso. Según mi opinión, el gobierno de Milei tenía políticas sólidas».

El «fenómeno barrial» y la lógica del cliente

Milei no demoró en amplificar el elogio. En su cuenta de X, el presidente de la Nación citó las palabras de Bessent y las celebró con la expresión «fenómeno barrial», una frase coloquial que usa para describir algo que considera excepcional. La reacción presidencial condensa con precisión la naturaleza del vínculo: el jefe de Estado libertario encuentra en el reconocimiento externo, especialmente el norteamericano, una fuente de legitimidad que difícilmente puede construir en el plano interno, donde los indicadores sociales de su gestión siguen siendo críticos.

Lo que el discurso oficial omite al celebrar el halago es el marco en el que fue pronunciado: Bessent no describió a Argentina como un socio soberano ni como un modelo de desarrollo, sino como el resultado más visible de una estrategia de poder donde el dinero de Washington opera como instrumento para moldear la política económica de gobiernos de la región. La «candidatura» argentina, en los propios términos del funcionario republicano, fue una elección estratégica de Estados Unidos, no un reconocimiento a la autonomía de Buenos Aires.

El swap de 20.000 millones y la intervención cambiaria

Las declaraciones de Bessent no pueden leerse en el vacío. En 2025, el gobierno de Milei firmó con Washington un acuerdo de swap por hasta 20.000 millones de dólares. De ese total, la Argentina utilizó 2.700 millones de dólares para intervenir en el mercado cambiario y cumplir con los compromisos adquiridos ante el Fondo Monetario Internacional (FMI). El swap, en la práctica, permitió al gobierno libertario sostener su esquema cambiario y mostrar ante el FMI reservas que, sin ese auxilio, no hubieran alcanzado las metas pactadas.

La secuencia revela una interdependencia que el elogio de Bessent vuelve más transparente que nunca: Argentina recibió asistencia financiera de Estados Unidos, cumplió con las condiciones del FMI y, en ese recorrido, se convirtió en el «ejemplo» que Washington necesita para justificar ante su propio auditorio el uso de herramientas monetarias como instrumento de política exterior. El círculo se cierra cuando el secretario del Tesoro sale a explicar en una universidad norteamericana por qué ese dinero fue bien invertido.

Geopolítica financiera y soberanía en disputa

Bessent también mencionó en su exposición la intervención sobre el yen japonés como parte de esta misma estrategia, lo que sitúa la relación con Argentina en una cadena de decisiones de política exterior global donde los recursos del Tesoro norteamericano se mueven según los intereses de Washington. Que Japón y Argentina aparezcan en el mismo argumento dice más sobre la lógica del poder que sobre las virtudes específicas del programa económico libertario.

La pregunta que el alarde presidencial deja sin responder es la misma que se repite desde diciembre de 2023: a qué precio se sostiene ese reconocimiento. El acuerdo con el FMI suscrito por Milei en abril de 2025 comprometió al país por 20.000 millones de dólares adicionales (el 479% de la cuota argentina), condicionó las reservas, el tipo de cambio y el gasto público, y transfirió hacia los próximos dos gobiernos una carga de vencimientos que, según estimaciones del Foro Economía y Trabajo, supera los 13.400 millones de dólares solo en intereses para el período 2026-2030. Ser el «ejemplo» de la política exterior financiera de Trump tiene un costo que los sectores populares argentinos pagan todos los días en la canasta, en las tarifas y en los salarios erosionados.

Puntos clave

  • El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, presentó a Argentina como «la principal candidata» para demostrar el uso del poder financiero norteamericano como herramienta de política exterior.
  • Milei celebró el elogio en X con la frase «fenómeno barrial».
  • En 2025, Argentina utilizó 2.700 millones de dólares de un swap con EE.UU. de hasta 20.000 millones para intervenir en el mercado cambiario y cumplir metas con el FMI.
  • Bessent encuadró la asistencia a Argentina en una estrategia para «crear aliados en el Hemisferio Occidental», no como un reconocimiento a la autonomía argentina.
  • El acuerdo con el FMI de abril de 2025 compromete vencimientos que superan los 13.400 millones de dólares en intereses para el período 2026-2030.
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