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Misiles sobre Kiev y promesas de paz: la guerra que Trump asegura estar por terminar

El presidente de los Estados Unidos aseguró que el final del conflicto está «mucho más cerca de lo que la gente cree», horas después de que un ataque masivo ruso con misiles balísticos dejara al menos 18 muertos en la capital ucraniana. Las declaraciones se produjeron en la víspera de la cumbre de la OTAN en Ankara, donde el mandatario se reunirá con Volodymyr Zelensky.

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El Argentino Diario-Donald Trump.
Trump promete el fin de la guerra en Ucrania mientras Rusia bombardea Kiev.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este lunes que el fin de la guerra entre Rusia y Ucrania, que atraviesa su quinto año, está próximo. «Considero que estamos mucho más cerca de lo que la gente cree», declaró ante los periodistas que lo consultaron sobre el tema.

El optimismo del mandatario republicano contrasta de manera brutal con la realidad del frente. Mientras Trump hablaba de una paz inminente, los equipos de rescate ucranianos todavía removían escombros en Kiev, donde un ataque masivo ruso con misiles balísticos y drones dejó al menos 18 muertos y decenas de heridos, según la agencia AFP. Fue el segundo bombardeo de gran escala contra la capital en menos de una semana: el jueves pasado, otro ataque ruso mató a más de 30 personas, el tercero más letal contra Kiev desde el inicio de la invasión en febrero de 2022.

Un bombardeo imposible de interceptar

La magnitud de la ofensiva rusa de este lunes expuso la vulnerabilidad de las defensas ucranianas. Según las fuerzas aéreas de Ucrania, Rusia lanzó 68 misiles y 351 drones contra la capital y otras regiones. De acuerdo con la información difundida por Volodymyr Zelensky, las defensas no lograron derribar ninguno de los 29 misiles de trayectoria balística empleados en el ataque, entre ellos 23 Iskander-M y 6 misiles Zircón y Óniks.

El presidente ucraniano atribuyó esa falencia al «suministro insuficiente de misiles interceptores» PAC-3, la munición que utilizan los sistemas antiaéreos Patriot de fabricación estadounidense. «Es de una importancia crítica que el mundo, y antes que nada Estados Unidos y nuestros socios europeos, salgan de la cumbre de la OTAN en Ankara con decisiones contundentes en apoyo de nuestra defensa aérea, y de esta forma de la protección de las vidas humanas ordinarias», escribió Zelensky en la red social X.

El canciller ucraniano, Andrí Sibiga, fue más lejos y apuntó directamente contra el Kremlin: «El mensaje de Putin a Ankara es simple: apuntará con misiles balísticos a niños durmiendo y continuará matando mientras pueda. ¿Qué responderán los líderes de la Alianza?». Entre las víctimas fatales del bombardeo se cuentan un niño y sus padres, cuyos cuerpos fueron hallados entre los escombros de un edificio residencial.

Los ataques provocaron además cortes de energía en varias regiones ucranianas, incluidas Kiev, Sumy, Járkiv y Dnipropetrovsk, según informó la agencia de transmisión eléctrica del país. El Ministerio de Defensa de Rusia sostuvo que empleó «armas de alta precisión y largo alcance» contra instalaciones militares, industriales y energéticas, y justificó la ofensiva como respuesta a los ataques ucranianos contra infraestructura en territorio ruso. Moscú afirmó, a través de la agencia estatal TASS, haber derribado 519 drones ucranianos durante la misma noche.

La diplomacia del anuncio permanente

Las declaraciones de Trump se inscriben en una secuencia diplomática que hasta ahora acumuló más gestos que resultados. El domingo, el presidente estadounidense mantuvo una conversación telefónica de casi 90 minutos con Vladimir Putin, en la que reiteró su disposición a colaborar para alcanzar una solución que permita terminar la guerra, según informó el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. Horas después de esa llamada, calificada por Moscú como «profesional», los misiles balísticos rusos volvieron a caer sobre edificios de departamentos en Kiev.

El patrón se repite desde el inicio del segundo mandato de Trump: anuncios de paz inminente, llamadas con el Kremlin y, en paralelo, una escalada militar sostenida en el terreno. Las fuerzas rusas intensificaron en las últimas semanas su ofensiva para consolidar el control sobre la región oriental de Donetsk, uno de los principales objetivos estratégicos de Putin, mientras Ucrania multiplicó sus ataques de largo alcance contra refinerías, puertos y fábricas de armamento dentro de Rusia.

Ankara, la cumbre de las definiciones

La cumbre anual de la OTAN comienza este martes en Ankara, Turquía, con la guerra como telón de fondo ineludible. Trump tiene previsto reunirse con Zelensky al margen del encuentro y, posteriormente, volver a hablar con Putin, en un intento de Washington por reactivar unas negociaciones de paz que permanecen estancadas.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que el ataque de este lunes demuestra que Ucrania necesita «con urgencia» más defensa aérea, un asunto que se abordará en la reunión de la Alianza. En la antesala, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, instó a los aliados a presentar estrategias concretas para cumplir con los objetivos de gasto en defensa, en un contexto de creciente presión por parte de Estados Unidos para que los socios europeos asuman una porción mayor del costo militar.

La pregunta que sobrevuela Ankara es si el optimismo declarativo de Trump se traducirá en algún mecanismo concreto de cese del fuego o si, como ocurrió hasta ahora, la retórica de la paz convivirá con una guerra que cada semana suma muertos civiles, ciudades a oscuras y una población que ya no distingue entre las promesas y los escombros.

Puntos clave

  • Trump afirmó que el fin de la guerra entre Rusia y Ucrania está «mucho más cerca de lo que la gente cree».
  • Horas antes, un ataque ruso con 68 misiles y 351 drones dejó al menos 18 muertos en Kiev, según AFP.
  • Ucrania no logró interceptar ninguno de los 29 misiles balísticos por falta de munición PAC-3 para los sistemas Patriot.
  • Trump y Putin mantuvieron una llamada de casi 90 minutos el fin de semana, según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia.
  • La cumbre de la OTAN comienza este martes en Ankara, donde Trump se reunirá con Zelensky.

América Latina

Brasil lanzó su campaña presidencial: Lula lidera en las encuestas pero la derecha disputa el Congreso

El pasado domingo arrancó formalmente la campaña presidencial en Brasil. Con 158,7 millones de electores habilitados y las elecciones fijadas para el 4 de octubre, el escenario es de polarización total entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Las encuestas favorecen al oficialismo, pero la batalla real se libra en el Congreso, donde el Centrão y la renovación del Senado pueden condicionar cualquier gobierno por la próxima década.

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La República Federativa de Brasil activó su maquinaria electoral. El domingo pasado comenzó formalmente la campaña presidencial y lo que en la superficie parece un reencuentro conocido entre dos bloques irreconciliables adquiere, en este ciclo, una dimensión institucional que va mucho más allá de la disputa por el Palacio do Planalto. La elección del 4 de octubre no solo definirá quién gobierna Brasil hasta 2030; también reconfigurará la composición del Congreso Nacional y, con ella, el equilibrio de poderes de la república por al menos una década.

La tercera vía fracasó: el escenario es binario

La contienda se perfila como una reedición del duelo de 2022, pero con nuevos protagonistas en el campo opositor. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, acompañado por el vicepresidente Geraldo Alckmin, encabeza una amplia coalición democrática. Frente a él, Flávio Bolsonaro asumió el liderazgo del Partido Liberal (PL) y la representación orgánica del bolsonarismo, tras la inhabilitación electoral de su padre, Jair Bolsonaro, procesado por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023.

Las denominadas «terceras vías» no lograron despegar. Los candidatos ajenos al duelo central se mantienen estancados entre el 3% y el 9% de intención de voto, lo que consolidó una contienda netamente binaria. En un sistema de doble vuelta con voto obligatorio, donde el índice de rechazo absoluto opera como techo electoral, la elección se perfila como un plebiscito de identidades políticas irreconciliables.

Las encuestas y sus metodologías

El mapa de las intenciones de voto muestra divergencias según la metodología empleada. Las encuestadoras que utilizan entrevistas presenciales y domiciliarias, como Datafolha y Quaest, captan con mayor precisión el voto de los sectores de menores ingresos en regiones periféricas y otorgan ventajas consistentes a Lula. Las firmas que trabajan con reclutamiento digital aleatorio, como AtlasIntel, reflejan un escenario más competitivo, ya que capturan el pulso de un electorado joven y digitalmente activo, más permeable a las narrativas de la oposición.

En el Nordeste, bastión histórico del lulismo y principal ancla electoral del PT, Quaest registra una ventaja de 29 puntos porcentuales para el oficialismo: 54% frente al 25% de Flávio Bolsonaro. Para compensar esa desventaja estructural, el Partido Liberal necesita márgenes de victoria abrumadores en la región Sur, donde sostiene una diferencia de 13 puntos cimentada en el conservadurismo agrario y el histórico antipetismo.

El verdadero campo de batalla es el Sudeste, que concentra el 41,7% del padrón electoral nacional. En São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, Quaest detecta un empate técnico con leve ventaja numérica para Lula (40% a 37%), una variable que sustenta su favoritismo en las proyecciones nacionales. A nivel de género, Lula conserva una ventaja sustancial entre las mujeres (47% a 34%), mientras que entre los varones la disputa está en empate técnico. El dato más preocupante para la izquierda es el electorado juvenil (16 a 24 años), donde la competencia es excepcionalmente estrecha (42% a 40%), lo que evidencia la penetración cultural de la derecha a través de la digitalización del discurso político.

El factor evangélico y la demografía religiosa

La demografía religiosa es quizás el clivaje más dinámico de la política brasileña. El segmento evangélico, que representa una porción creciente del electorado, mantiene un alineamiento casi dogmático con las plataformas de la derecha conservadora. Flávio Bolsonaro, respaldado por estructuras eclesiásticas como la Asamblea de Dios Victoria en Cristo, registra ventajas de hasta 22 puntos porcentuales sobre el oficialismo en ese grupo demográfico. La Iglesia como maquinaria electoral es uno de los activos más difíciles de contrarrestar para el PT.

El Centrão: la gobernabilidad tiene precio

La Cámara de Diputados, compuesta por 513 escaños, opera bajo el amparo del Centrão: un bloque de partidos de centro y centro-derecha (PP, União Brasil, Republicanos, PSD, MDB) con una capacidad de extracción de recursos presupuestarios sin equivalente en América Latina. El mecanismo son las enmiendas parlamentarias, que permiten a diputados y senadores dirigir fondos directamente a sus bastiones electorales.

La sumisión del Ejecutivo a esta dinámica es estructural. A lo largo del primer semestre de 2026, el gobierno de Lula liberó 33.890 millones de reales en enmiendas parlamentarias para garantizar el avance de su agenda legislativa. La paradoja es que el Partido Liberal (PL), principal partido opositor, concentró la mayor tajada: 3.100 millones de reales, frente a los 2.160 millones del PT gobernante. Quien gane la presidencia en octubre heredará esta misma lógica: gobernar Brasil exige pagar peaje en el Congreso.

El Senado: la disputa que puede cambiar la próxima década

Las elecciones de 2026 son especialmente críticas porque implican la renovación de dos tercios de la Cámara Alta: 54 de los 81 escaños del Senado Federal quedan en disputa. Con mandatos de ocho años, esta renovación puede alterar de forma irreversible la fisonomía política del país. Actualmente el Senado exhibe una correlación de fuerzas marcadamente conservadora.

El Senado posee competencias exclusivas que lo convierten en una pieza clave del sistema: ratifica a los directores del Banco Central, aprueba embajadores, confirma designaciones al Supremo Tribunal Federal (STF) y, en términos críticos, tiene la facultad de procesar y destituir a sus magistrados. Si la derecha alcanza los 41 escaños (mayoría absoluta), obtendría el andamiaje institucional para promover juicios políticos contra figuras como Alexandre de Moraes y condicionar la agenda judicial de cualquier gobierno de signo progresista por años.

El rol del STF y las tensiones institucionales

Think tanks internacionales como Chatham House y el Center for Strategic and International Studies (CSIS) advierten sobre una degradación paulatina de las normas democráticas en Brasil. En ese marco, el Supremo Tribunal Federal y en particular las medidas del juez Alexandre de Moraes frente a las redes sociales y la desinformación funcionan como un dique de contención del sistema electoral, aunque profundizan la confrontación interna y generan fricciones con sectores conservadores en el país y en el exterior.

El 4 de octubre, Brasil elegirá mucho más que un presidente. Quien asuma el Planalto en enero de 2027 gobernará bajo la tutela financiera del Centrão y bajo la vigilancia de un Senado potencialmente hostil. En la mayor democracia de América del Sur, ganar la presidencia es solo el primer paso; el verdadero desafío es no quedar atrapado en el laberinto de la propia gobernabilidad.

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