CABA
Múltiples repudios sindicales ante la represión de Larreta
Ante los ataques perpetrados por la Policía de la Ciudad, el Sindicato Argentino de Docentes Privados (Sadop) y la Asociación del Personal Legislativo (APL) repudiaron oficialmente los hechos.
El Sindicato Argentino de Docentes Privados (Sadop) y la Asociación del Personal Legislativo (APL) repudiaron hoy el accionar de la Policía de la Ciudad contra manifestantes que apoyaban a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en inmediaciones de su departamento del barrio de Recoleta.
El Sadop dijo en un comunicado que «repudia la violencia del estado macrista de la Ciudad de Buenos Aires y reafirma el compromiso de la organización con la Democracia».
«Los niveles de violencia política ejercidos por el aparato estatal de CABA son intolerables. De esta manera, el sindicato señala que los derechos y garantías básicas de un Estado de Derecho son violados sistemáticamente por el Gobierno porteño», añadió.
La organización dijo que «se solidariza con Cristina Fernández de Kirchner, Vicepresidenta de la Nación, con las/os Diputadas/os Nacionales y Provinciales y militantes agredidas/os e insultados durante la feroz represión».
«La violencia ejercida en el barrio porteño de la Recoleta responde a grupos que pretenden desconocer las causas populares y el sentimiento que anida en el pueblo trabajador que históricamente ha levantado las banderas de la Justicia Social, la independencia económica y la soberanía política, las cuales se defienden con organización y movilización popular», aseveró.
Por su parte, la APL repudió «los discursos de odio y las escenas de violencia» durante la vigilia en el domicilio de la expresidenta, así como la agresión sufrida por el diputado Máximo Kirchner, por parte de la Policía Porteña. «No sólo atentan contra la figura de un diputado nacional elegido de manera democrática, sino que también lo hacen frente a la manifestación del pueblo», aseveró.
El comunicado firmado por el secretario general, Norberto Di Próspero, criticó las agresiones físicas y verbales «ejercidas por la Policía de la Ciudad contra el diputado del Frente de Todos y presidente del PJ bonaerense Máximo Kirchner», cuando intentaba acercarse al departamento de su madre.
Agregó que la agresión se refleja también «frente a la manifestación del pueblo, su derecho histórico a salir y ocupar la calle y defender ideales de soberanía y justicia social».
La APL consideró que las escenas violentas forman parte de «discursos de odio» y calificó a la represión como «fiel reflejo de mecanismos de persecución, violencia y hostigamientos ejercidos por una institución estatal que, a poco tiempo de cumplirse 40 años del retorno a la democracia, no podemos tolerar».
CABA
Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo
La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.
Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.
En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.
Criminalizar la infancia, una respuesta ligera
Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?
- Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
- Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
- Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.
El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.
El fantasma de las redes y la coartada perfecta
La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.
En la Ciudad, docentes vienen denunciando:
- Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
- Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
- Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.
Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.
Protocolos sin comunidad
El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.
Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.
Lo que no se dice
Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:
- ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
- ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
- ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?
La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.
Entre el control y el abandono
El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.
En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.
La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?
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