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¿Audios falsos? Ex niñera del hijo del ex presidente dice que podrían ser obra de Inteligencia Artificial

La exniñera negó haber presenciado violencia entre la pareja y describió su relación como «cordial».

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Noelia del Valle, la exniñera de Francisco, hijo de la ex primera dama Fabiola Yañez y el expresidente Alberto Fernández, declaró este martes ante el fiscal federal Ramiro González en el marco de la causa por presunta violencia de género contra Yañez. En su testimonio, la exniñera sugirió que los audios donde se escucha a Fernández gritarle a Yañez podrían haber sido manipulados o generados con Inteligencia Artificial, ya que aseguró no haber presenciado nunca discusiones de esa índole entre la pareja.

Audios «armados» con Inteligencia Artificial

Del Valle, quien trabajó en la Quinta de Olivos, afirmó bajo juramento que nunca presenció discusiones de la magnitud reflejada en los audios que circulan en la causa. «Hoy la Inteligencia Artificial es enorme, te podría decir que es la voz de Alberto, pero no lo puedo asegurar», declaró. La exniñera sostuvo que los audios le resultaron anormales y sugirió que podrían haber sido creados con tecnología avanzada.

Además, enfatizó que durante su tiempo en la residencia presidencial no fue testigo de actos violentos por parte de Fernández hacia Yañez, describiendo su relación como «cordial». Del Valle participó de la audiencia como testigo de la defensa del expresidente.

Acusaciones sobre alcohol y tratamientos estéticos

Del Valle también se refirió a los rumores sobre el consumo de alcohol por parte de Yañez, recordando tres episodios en los que la ex primera dama se habría acercado al cuarto de su hijo Francisco en estado de ebriedad. En uno de esos incidentes, dijo haber escondido una copa con la ayuda de Teresa, otra trabajadora de la casa.

Con respecto a los supuestos moretones en el cuerpo de Yañez, que alimentaron rumores de violencia, Del Valle explicó que estos se debían a tratamientos estéticos. “La vi con pinchazos y una línea morada en el párpado en primavera de 2022. Me explicó que era parte de un tratamiento”, comentó, negando así cualquier indicio de violencia física por parte de Fernández.

Una única discusión presenciada

En cuanto a los conflictos entre la pareja, Del Valle solo mencionó haber presenciado una discusión telefónica entre ambos, poco antes de su renuncia en agosto de 2023. Explicó que decidió dejar su puesto porque no quería quedar en medio de las discusiones entre Yañez y Fernández.

Según su relato, fue la propia Yañez quien ordenó su renuncia, lo que llevó a que la Secretaría de la Presidencia le notificara que debía abandonar la residencia oficial.

Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.

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Senado: denuncian proyecto de “falsas denuncias” intenta silenciar a las víctimas

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos.

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Senado: qué pasa con el proyecto de “falsas denuncias”

El conversatorio “Derecho a la voz: contra la criminalización de quienes denuncian violencia” funcionó como una respuesta urgente frente al proyecto impulsado por Carolina Losada, que ya cuenta con dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. La iniciativa propone agravar las penas por falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento en casos de violencia de género, delitos sexuales y situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes.

Para quienes expusieron, el diagnóstico fue otro: no hay vacío legal ni problema empírico que justifique la reforma. Lo que sí aparece, señalaron, es una estrategia política para disciplinar a quienes denuncian y reinstalar el silencio.

Una arquitectura punitiva para desalentar la denuncia

La abogada Ileana Arduino, referente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, desmenuzó el corazón del proyecto. Sostuvo que no se trata de una falla técnica sino de una decisión deliberada: utilizar el derecho penal como herramienta de control social.

Funciona como una extorsión procesal”, advirtió. El planteo es claro: en un sistema judicial que ya resulta hostil, la amenaza de una contra-denuncia penal empuja a las víctimas a no hablar. El resultado no es más justicia, sino menos denuncias.

Arduino también apuntó a un efecto colateral clave: la criminalización de las redes de acompañamiento. Equipos interdisciplinarios, profesionales y organizaciones quedarían bajo sospecha por intervenir en procesos donde la prueba suele ser compleja y el tiempo judicial, lento.

Construir un problema inexistente

La ministra bonaerense Estela Díaz fue directa: “Lo falso es el problema que quieren instalar”.

Respaldada por un documento con más de 1.700 firmas, sostuvo que las falsas denuncias no representan un fenómeno significativo en Argentina. En cambio, sí lo es la subdenuncia en casos de violencia y abuso.

Para Díaz, la iniciativa se inscribe en una narrativa política más amplia que cuestiona la existencia misma de la violencia de género. En ese marco, el proyecto no busca mejorar el sistema penal, sino desplazar el foco: de la protección de las víctimas a la sospecha sobre su palabra.

El miedo como política pública

Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi aportó datos que desarman el argumento central del proyecto:

  • Solo una de cada cuatro mujeres en situación de violencia busca ayuda.
  • En abuso sexual infantil, más del 88% de los casos no llega a la Justicia.

En ese contexto, endurecer penas por denuncias “falsas” no resuelve un problema: crea otro. Introduce una amenaza concreta para quienes están obligados a denunciar, como establece la Ley Lucio.

La contradicción es evidente: el Estado exige denunciar ante la sospecha de abuso, pero al mismo tiempo instala el riesgo de persecución penal si la causa no prospera. El mensaje implícito, señalaron, es el silencio.

Convenciones internacionales vulneradas

La dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, cuestionó la compatibilidad del proyecto con los estándares internacionales.

Mencionó dos marcos normativos clave:

  • Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
  • Convención de Belém do Pará

Ambos obligan al Estado a garantizar el acceso a la justicia y a no generar obstáculos para denunciar violencia de género. La iniciativa, en cambio, invierte esa lógica: convierte a la denunciante en potencial imputada.

Naddeo también desarmó una de las falacias centrales: equiparar falta de prueba con falsedad. En delitos que ocurren en la intimidad, esa equivalencia no solo es errónea, sino funcional a la impunidad.

Datos incómodos para el oficialismo

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos. Se trata de una cifra marginal, que en general no está vinculada a violencia de género sino a otros delitos.

Sin evidencia empírica que justifique el endurecimiento penal, el proyecto queda expuesto como una definición ideológica: desplazar la centralidad de la víctima y reinstalar la sospecha sobre su palabra.

Efectos concretos: censura, desprotección e impunidad

El rechazo no se agota en el plano simbólico. Las organizaciones advirtieron consecuencias concretas:

  • Bozal mediático: limitaciones a la difusión de casos que han sido clave para visibilizar violencias.
  • Persecución profesional: equipos técnicos y redes de acompañamiento bajo amenaza penal.
  • Inseguridad jurídica: profesionales de salud y educación atrapados entre denunciar o protegerse.
  • Desaliento de denuncias: una profundización en la caída previsible en el acceso a la justicia.

En ese marco, el proyecto aparece como una herramienta de disciplinamiento que redefine el sistema: ya no se investiga al agresor, se sospecha de quien denuncia.

Una disputa de fondo: voz o silencio

Lo que se debatió en el Senado excede una reforma penal. Se trata de una disputa política y cultural: quién tiene derecho a hablar y bajo qué condiciones.

Frente a un escenario que intenta reinstalar el miedo como frontera, el feminismo articuló una respuesta clara. El derecho a la voz no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano básico.

Y su restricción, no fortalece la justicia. La debilita.

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