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Violencia de Género

Juicio Ético Popular por el femicidio impune de María Florencia Gómez Pouillastrou

Se llevará a cabo en la Universidad Nacional de Rosario.

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Por Néstor Llidó

María Florencia Gómez Pouillastrou, es el nombre de una de las tantas mujeres asesinadas y, como sucede en muchos de los casos, el femicidio continúa impune. Sin respuestas concretas de los investigadores y ante la inacción del Poder Judicial, la demanda por el esclarecimiento del crimen de la activista feminista y militante comunista nunca ha cesado. Madre de dos niños, fue víctima de un ataque, en el que la golpearon, abusaron sexualmente y mataron con una pedrada en la cabeza, en un camino rural de la ciudad santafesina de San Jorge.

Desde aquel 12 de octubre de 2020, cuando asesinaron a Flor Gómez, se siguieron algunas pistas. Hubo unos pocos sospechosos, pero nunca detenidos. Sus compañeras de lucha, tanto en el pueblo, como en toda la provincia y el país, impulsan un Juicio Ético Popular, que tendrá lugar mañana en la sede de la Universidad Nacional de Rosario. Un encuentro en el que expondrán reconocidas personalidades del ámbito jurídico, activistas sociales y políticas, representantes del colectivo feminista y familiares de víctimas de femicidios.

El Estado es responsable”, es una de las consignas de esta iniciativa, en la que se reiterará que el crimen de la dirigenta del Partido Comunista, de entonces 35 años, también guarda connotaciones políticas. Las distintas ponencias apuntarán a denunciar “el accionar corriente de las policías, fiscalías y el conjunto de instituciones que intervienen en este tipo de casos” y en tal sentido, uno de los objetivos reside en que “la sentencia del juicio ético popular es poder ensayar respuestas para que la Justicia sea reformulada, que haya profesionales capacitados para investigar con perspectiva de género y se pueda avanzar en erradicar estas violencias estructurales”.

Después de dos años y medio del femicidio de María Florencia Gómez Pouillastrou, el fiscal Omar De Pedro a cargo del caso, ordenó una serie medidas inconducentes, en medio de la carencia de indicios sobre el autor del ataque sexual que terminó con su muerte, y menos aún hipótesis, sin ahondar en el trabajo social, político y comunitario de la víctima. A partir de rastros hallados en la escena del crimen, un cañaveral de la periferia de San Jorge, envió a cotejar con 30 hombres que habitan este pueblo santafesino, sin que arrojara resultados positivos.

La recompensa oficial de una importante suma de dinero para quien aporte datos para el esclarecimiento del caso tampoco funcionó como para dar con alguna pista, mientras los familiares y compañeras de militancia de la mujer (creadora de la agrupación feminista Las Chuecas) siempre sostuvieron que “no se trató de un hecho al azar y como todo femicidio, de haber sido bien investigado en sus inicios, hoy habría alguien preso, hasta condenado”.

Ni la Policía, ni la Fiscalía actuaron correctamente, como correspondía, en la preservación de las pruebas, en analizar rápidamente imágenes de cámaras de seguridad, en la recolección de testimonios.

Sin culpables, ni siquiera sospechosos, este juicio ético popular persigue la meta de sostener en alto el reclamo por el esclarecimiento del femicidio de Flor Gómez, como herramienta para que la impunidad no continúe siendo garantizada.

Géneros 🟣

Ex funcionario del INAES Carlos Debiaggi fue declarado culpable de abuso sexual tras 7 años de lucha judicial

Después de siete años de lucha, la Justicia federal encontró culpable al ex Director de Asuntos Jurídicos del INAES por abuso sexual simple consumado en horario laboral. La condena llegó tras un juicio oral que comenzó el 18 de marzo de 2026.

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El 12 de agosto de 2019, en pleno horario laboral y en las oficinas del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), dependiente del entonces Ministerio de Desarrollo Social, Carlos Alberto Debiaggi, quien se desempeñaba como Director de Asuntos Jurídicos del organismo, abusó sexualmente de una trabajadora. La víctima, identificada solo como Cecilia para resguardar su identidad, relató los hechos a la Revista Cítrica en 2019.

La denuncia fue presentada de inmediato en sede penal y administrativa. Sin embargo, la respuesta institucional no fue la protección que la trabajadora merecía. El presidente del INAES, Marcelo Collomb, se negó en forma reiterada a apartar a Debiaggi del organismo, pese a las audiencias personales y los requerimientos formales de la junta interna de ATE y de las trabajadoras del organismo.

Cecilia debió tomarse licencia psiquiátrica primero, y por violencia de género después. Le redujeron el sueldo. Debiaggi, en cambio, siguió concurriendo al organismo.

Represalias y solidaridad

La situación no quedó ahí. Según informó la propia junta interna de ATE INAES, como represalia por el acompañamiento sindical a la denunciante, dos delegados fueron denunciados penalmente por supuestas amenazas, una acusación que los propios trabajadores calificaron como «armada«. Ni esa maniobra logró frenar el avance judicial.

En 2021, la Cámara Federal confirmó el procesamiento de Debiaggi al considerar que existían elementos probatorios suficientes para avanzar al debate oral. Aun así, la causa tardó cinco años más en llegar al juicio.

El juicio y la condena

El juicio oral y público en la causa «Debiaggi, Carlos Alberto s/ infr. art. 119, 1° CP» se inició el 18 de marzo de 2026 ante la Justicia federal. Semanas después, el veredicto llegó: CULPABLE.

La junta interna de ATE INAES celebró la condena como «una conquista histórica» y subrayó que la victoria no hubiera sido posible sin «un sindicato que acompañe y se plante» y sin la sororidad de decenas de trabajadoras del organismo y delegadas de otras juntas que sostuvieron a la trabajadora durante años.

La causa también expuso los antecedentes de violencia de género de Debiaggi: según señaló en su momento ATE INAES en comunicado oficial, el ex funcionario registraba además una causa por violencia doméstica impulsada por su ex pareja, y diversas situaciones no denunciadas formalmente por temor por parte de otras trabajadoras de su Dirección.

Una victoria, un síntoma

El caso Debiaggi ilustra con crudeza una realidad extendida en el ámbito laboral estatal: la denuncia no garantiza la protección, no es la primera vez que denunciantes son despedidas o forzadas a tomarse «licencias». La trabajadora fue quien pagó las consecuencias inmediatas, mientras el agresor, amparado por el silencio institucional, continuó en funciones.

Siete años de proceso judicial, licencias forzadas, reducción salarial, represalias sindicales y una burocracia que prefirió mirar para otro lado antes de actuar. La condena es justa y necesaria. Pero también es la prueba de todo lo que aún falta construir para que el Estado deje de ser un lugar peligroso para quienes se atreven a denunciar.

Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.

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