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Francia extiende el derecho al aborto hasta las 14 semanas
Con 135 votos a favor y 47 en contra, la Asamblea Nacional (Diputados) adoptó de forma definitiva la medida, presentada en agosto de 2020 por la diputada del grupo Ecología, Democracia y Solidaridad (EDS) Albane Gaillot, exintegrante del partido oficialista La República en Marcha (LREM).
El Parlamento francés aprobó hoy una ampliación de dos semanas al actual plazo legal para abortar, que pasó de 12 a 14 semanas, una extensión que constituía el punto más destacado de la proposición de ley impulsada para reforzar la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) en el país europeo.
Con 135 votos a favor y 47 en contra, la Asamblea Nacional (Diputados) adoptó de forma definitiva la medida, presentada en agosto de 2020 por la diputada del grupo Ecología, Democracia y Solidaridad (EDS) Albane Gaillot, exintegrante del partido oficialista La República en Marcha (LREM).
«Hoy es un día importante para la salud sexual y reproductiva y un día importante para la salud de las mujeres», dijo el ministro de Salud, Olivier Véran, tras la aprobación de la iniciativa.
Para el responsable de la cartera sanitaria, la extensión del plazo traduce la voluntad del Ejecutivo de avanzar hacia un mayor «pragmatismo e igualdad».
«En un momento en que varios países ponen en duda este derecho fundamental de las mujeres, estoy orgulloso de que Francia lo reafirma y amplíe», tuiteó.
La normativa reconoce que, si bien los abortos tardíos representan una «ínfima parte» de los efectuados en el país, cada año hay entre 3.000 y 5.000 francesas que viajan al exterior para abortar por haber superado el plazo legal, reportó la agencia de noticias AFP.
Gaillot recordaba que la IVE sin restricciones es legal hasta las 14 semanas de gestación en países como España y Austria, hasta las 18 en Suecia, las 22 en Países Bajos e incluso las 24 en Reino Unido.
Al presentar su proposición, con la que pretendía mejorar la «efectividad» del derecho al aborto, la diputada había sostenido que estos ejemplos reflejaban «que ningún argumento médico o científico justifica oponerse a la ampliación de los plazos».
La legalización del aborto fue promulgada en Francia en 1975.
La conocida como Ley Veil, en referencia a su impulsora, la exministra conservadora francesa y superviviente de los campos de concentración nazis Simone Veil, buscaba acabar con los cerca de 300.000 abortos clandestinos que se practicaban entonces en el país.
Pese a los numerosos avances obtenidos desde su entrada en vigor, el Gobierno francés había admitido la necesidad de mejorar el acceso y la garantía al aborto en el país, donde desde que se pide una consulta hasta que se lleva a cabo el procedimiento pasa una media de 7,4 días.
Según un informe oficial de la Dirección de Estadísticas difundido en el pasado septiembre, en 2020 se practicaron 222.000 abortos voluntarios en Francia, lo que supuso una caída de 4% respecto a 2019, año en el que se alcanzó la cifra más elevada desde 1990, principalmente por parte de jóvenes de 20 a 29 años.
Diversidad
La hija de Elon Musk destruyó un robot de su padre: «Fueron diseñados para obedecer, yo no»
La hija de Elon Musk protagonizó la campaña «Born to Disobey» de la marca Desigual arrastrando y golpeando un robot de apariencia similar a los humanoides de Tesla. La puesta convierte la desobediencia en manifiesto y vuelve a exponer la fractura pública entre Wilson y el magnate que construyó un emporio sobre la promesa de la obediencia mecánica.
Vivian Wilson agarró un palo de golf, le pegó a un robot y le dijo al mundo que no piensa obedecer. La frase que cierra la campaña Born to Disobey («Nacida para desobedecer») de la marca española Desigual es tan simple como contundente: «Él fue diseñado para obedecer, yo no.»
El robot en cuestión tiene la apariencia de los humanoides que fabrica Tesla, la empresa de su padre. La que lo arrastra, lo golpea y lo convierte en accesorio de moda es la hija que en 2022 cambió legalmente su nombre para borrar el apellido Musk de su identidad.
Vivian Wilson, hija de Elon Musk y Justine Wilson, se declaró transgénero en 2020 y dos años después tramitó ante la Justicia el cambio de nombre y apellido, con el argumento explícito de que no quería mantener ningún vínculo con su padre. Desde entonces construyó una presencia pública propia dentro de la comunidad LGBTIQ+, con apariciones en redes sociales, entrevistas y ahora una campaña de moda internacional que usa el universo empresarial de Musk como telón de fondo para una crítica que excede lo familiar.
La campaña: desobediencia como declaración política
La producción audiovisual de Born to Disobey estuvo a cargo del colectivo PSG, integrado por Yukihiro «Sho» Shoda, Pau López y Gerardo del Hierro. En las imágenes, Wilson aparece en una cancha de golf arrastrando y golpeando un robot de diseño similar a los Optimus, los humanoides que Tesla desarrolla para uso doméstico e industrial. La elección no es casual: Musk lleva años presentando a sus robots como una de las apuestas tecnológicas más ambiciosas de la compañía, y la imagen de su hija maltratando uno de ellos condensa en pocos segundos el distanciamiento generacional, político e identitario entre ambos.
La campaña no ataca directamente a Musk por su nombre, pero el lenguaje visual habla solo. El robot que obedece órdenes funciona como metáfora de lo que Wilson rechaza: un sistema diseñado para controlar, clasificar y someter. La propia marca lo explicita al elegir el concepto de la desobediencia como valor central de su temporada, con Wilson como rostro y como argumento.
La ruptura con Musk: identidad, transfobia y dinero
El distanciamiento entre Wilson y su padre tiene historia y tiene motivos públicos. Musk ha expresado en múltiples ocasiones su rechazo a las políticas de inclusión trans, criticó los tratamientos de afirmación de género para menores y llegó a decir que la ideología «woke» le «mató» a su hijo, en referencia a Vivian. La joven respondió en varias entrevistas con una precisión que no deja lugar a interpretaciones: no quiere su apellido, no quiere su dinero y no quiere su mundo.
En una entrevista con la revista Cosmopolitan, Wilson afirmó que la relación con su padre «es parte de mi historia, pero no define mi futuro» y cuestionó cómo la riqueza extrema transforma a las personas. Describió el deseo de acumular poder como un ciclo de codicia que teme reproducir y señaló que crecer en un entorno de recursos ilimitados no equivale a crecer en un entorno de libertad. «El dinero puede comprarte obediencia. La identidad, no», fue la lectura que muchos usuarios hicieron de la campaña en redes sociales al viralizarse las imágenes.
La tensión entre padre e hija se inscribe en un debate más amplio que excede la esfera familiar: Musk es hoy uno de los referentes globales de la derecha tecno-libertaria, un hombre que financia partidos de extrema derecha en Europa, que compró X (ex Twitter) para desregular la moderación de contenidos y que fue una pieza central en la campaña electoral de Donald Trump. Frente a ese perfil, la decisión de Vivian Wilson de protagonizar una campaña que ridiculiza sus robots no es solo una pelea entre padre e hija: es un posicionamiento cultural y político que usa la moda como plataforma.
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