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Chile: «Las Tesis» con Rita Segato, inspiradora de su performance

Segato está en Chile, especialmente invitada por Gabriel Boric a participar de la ceremonia de asunción presidencial de este viernes.

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La antropóloga feminista Rita Segato se encontró por primera vez con las integrantes del grupo chileno Las Tesis, famoso en el mundo por la performance «Un violador en tu camino» inspirado en los textos de la académica argentina.

Segato está en Chile, especialmente invitada por Gabriel Boric a participar de la ceremonia de asunción presidencial de este viernes.

La investigadora había contado esta semana que estaba «muy emocionada» por el encuentro con las integrantes del colectivo feminista chileno.

Ayer, Las Tesis fueron las encargadas de organizar el acto artístico-cultural que se desarrolló durante toda la jornada frente al ex Congreso Nacional de Chile, donde la Constituyente chilena aprobó en general una norma sobre derechos sexuales y reproductivos a incluir en la nueva Constitución.

Allí, Daffne Valdés y Sibila Sotomayor, dos de las integrantes de Las Tesis, dialogaron, en un impasse del festejo por la votación positiva. Al encuentro con Segato lo definieron como «íntimo,cercano, muy esperado».

Ellas, junto a sus compañeras Paula Cometa y Léa Cáceres, comenzaron a trabajar en 2019 en una obra de teatro basada en tesis feministas. Una de las tesis era la de Segato sobre el mandato de violación y la desmitificación del violador como un sujeto que ejerce la acción de violar por placer sexual.

En ese proceso surge la performance «Un violador en tu camino» que las hizo famosas a nivel mundial. «Sentimos admiración por Rita, por su trabajo. Nunca habíamos podido estar juntas físicamente, solo por zoom», contaron las artistas.

La académica argentina llegó esta semana a Valparaiso para participar de la asunción presidencial de Gabriel Boric, ciudad de donde surgió el grupo feminista.

Allí vive Sotomayor, y Segato participó de su cumpleaños y marchó con ella por las calles el 8 de marzo, Día de la Mujer. «Ha sido mi cumpleaños más famoso, anecdótico, con humor y amor», contó Sibila. Y Dafne compartió que tomaron once -merienda- para festejar el cumpleaños.

«Aprovechamos todas las instancias a las que pudimos acceder de encuentro con Rita. Fueron realmente de esos momentos que te vas a acordar toda la vida. Trascendental», resumió Sibila.

Dafne anticipó que quieren hacer actividades con Segato: «Ella es increíble, queremos volver a encontrarnos. Queremos hacer algo juntas, por lo menos estar en alguna conversación donde poder dialogar, compartir ideas».

Al clima especial que vive Chile por estas horas, con la asunción de un nuevo gobierno identificado como feminista por Boric, suma también este encuentro entre las artistas que llevaron los textos académicos a construcciones colectivas militantes sin fronteras.

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Senado: denuncian proyecto de “falsas denuncias” intenta silenciar a las víctimas

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos.

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Senado: qué pasa con el proyecto de “falsas denuncias”

El conversatorio “Derecho a la voz: contra la criminalización de quienes denuncian violencia” funcionó como una respuesta urgente frente al proyecto impulsado por Carolina Losada, que ya cuenta con dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. La iniciativa propone agravar las penas por falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento en casos de violencia de género, delitos sexuales y situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes.

Para quienes expusieron, el diagnóstico fue otro: no hay vacío legal ni problema empírico que justifique la reforma. Lo que sí aparece, señalaron, es una estrategia política para disciplinar a quienes denuncian y reinstalar el silencio.

Una arquitectura punitiva para desalentar la denuncia

La abogada Ileana Arduino, referente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, desmenuzó el corazón del proyecto. Sostuvo que no se trata de una falla técnica sino de una decisión deliberada: utilizar el derecho penal como herramienta de control social.

Funciona como una extorsión procesal”, advirtió. El planteo es claro: en un sistema judicial que ya resulta hostil, la amenaza de una contra-denuncia penal empuja a las víctimas a no hablar. El resultado no es más justicia, sino menos denuncias.

Arduino también apuntó a un efecto colateral clave: la criminalización de las redes de acompañamiento. Equipos interdisciplinarios, profesionales y organizaciones quedarían bajo sospecha por intervenir en procesos donde la prueba suele ser compleja y el tiempo judicial, lento.

Construir un problema inexistente

La ministra bonaerense Estela Díaz fue directa: “Lo falso es el problema que quieren instalar”.

Respaldada por un documento con más de 1.700 firmas, sostuvo que las falsas denuncias no representan un fenómeno significativo en Argentina. En cambio, sí lo es la subdenuncia en casos de violencia y abuso.

Para Díaz, la iniciativa se inscribe en una narrativa política más amplia que cuestiona la existencia misma de la violencia de género. En ese marco, el proyecto no busca mejorar el sistema penal, sino desplazar el foco: de la protección de las víctimas a la sospecha sobre su palabra.

El miedo como política pública

Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi aportó datos que desarman el argumento central del proyecto:

  • Solo una de cada cuatro mujeres en situación de violencia busca ayuda.
  • En abuso sexual infantil, más del 88% de los casos no llega a la Justicia.

En ese contexto, endurecer penas por denuncias “falsas” no resuelve un problema: crea otro. Introduce una amenaza concreta para quienes están obligados a denunciar, como establece la Ley Lucio.

La contradicción es evidente: el Estado exige denunciar ante la sospecha de abuso, pero al mismo tiempo instala el riesgo de persecución penal si la causa no prospera. El mensaje implícito, señalaron, es el silencio.

Convenciones internacionales vulneradas

La dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, cuestionó la compatibilidad del proyecto con los estándares internacionales.

Mencionó dos marcos normativos clave:

  • Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
  • Convención de Belém do Pará

Ambos obligan al Estado a garantizar el acceso a la justicia y a no generar obstáculos para denunciar violencia de género. La iniciativa, en cambio, invierte esa lógica: convierte a la denunciante en potencial imputada.

Naddeo también desarmó una de las falacias centrales: equiparar falta de prueba con falsedad. En delitos que ocurren en la intimidad, esa equivalencia no solo es errónea, sino funcional a la impunidad.

Datos incómodos para el oficialismo

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos. Se trata de una cifra marginal, que en general no está vinculada a violencia de género sino a otros delitos.

Sin evidencia empírica que justifique el endurecimiento penal, el proyecto queda expuesto como una definición ideológica: desplazar la centralidad de la víctima y reinstalar la sospecha sobre su palabra.

Efectos concretos: censura, desprotección e impunidad

El rechazo no se agota en el plano simbólico. Las organizaciones advirtieron consecuencias concretas:

  • Bozal mediático: limitaciones a la difusión de casos que han sido clave para visibilizar violencias.
  • Persecución profesional: equipos técnicos y redes de acompañamiento bajo amenaza penal.
  • Inseguridad jurídica: profesionales de salud y educación atrapados entre denunciar o protegerse.
  • Desaliento de denuncias: una profundización en la caída previsible en el acceso a la justicia.

En ese marco, el proyecto aparece como una herramienta de disciplinamiento que redefine el sistema: ya no se investiga al agresor, se sospecha de quien denuncia.

Una disputa de fondo: voz o silencio

Lo que se debatió en el Senado excede una reforma penal. Se trata de una disputa política y cultural: quién tiene derecho a hablar y bajo qué condiciones.

Frente a un escenario que intenta reinstalar el miedo como frontera, el feminismo articuló una respuesta clara. El derecho a la voz no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano básico.

Y su restricción, no fortalece la justicia. La debilita.

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