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Qué pasó en la Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Histórica para travestis y trans

2.000 manifestantes denunciaron, el recrudecimiento de la violencia institucional que se ensañó contra ese colectivo desde la asunción de Javier Milei, expresado en discursos y acciones de odio.

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El desmesurado y agresivo “corset antipiquete” que la Policía Federal colocó a la Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Histórica para travestis y trans no impidió que los 2.000 manifestantes que se congregaron en Plaza de Mayo para dirigirse luego a Plaza Congreso denunciaran, en la tarde del viernes y en un grito único, el recrudecimiento de la violencia institucional que se ensañó contra ese colectivo desde el desembarco de Javier Milei en la Casa Rosada, expresado en discursos y acciones de odio, el desfinanciamiento de programas públicos y en el despido de agentes estatales amparados por el cupo laboral consagrado, tras décadas de lucha social, en la Ley 27.636.

La manifestación que reunió a personas travestis y trans y, en menor medida, a otros colectivos LGBTIQ+ renovó un reclamo que desde hace décadas enarbolan las primeras: que el Estado nacional reconozca y repare la persecución, encarcelamiento, asesinato y abandono del que fueron víctimas, en manos de las fuerzas policiales y militares, durante el terrorismo de Estado y, recuperada la democracia, hasta la sanción de la Ley de Identidad de Género Nº 26.743, en 2012.

Proclamas y cánticos
Con las tetas al aire, orgullosa de su expresión de género, Patricia Alexandra Rivas, representante del grupo de las travestis históricas autoconvocadas y una de las sobrevivientes de la dictadura cívico militar que permanecen vivas, fue quien leyó el primer tramo de la proclama que exigió al Estado nacional “el respeto al estatus de humanidad y al estatus jurídico, secuestrado por la supremacía héterosexual que concibe los derechos humanos como otro de sus privilegios”.

“Vinimos a honrar la memoria de nuestras propias muertas y muertos y de nuestras propias vidas. Tomamos el espacio público para decirles que la historia que cuentan será reescrita con la memoria de nuestros cuerpos”, enfatizó Rivas, quien en representación de 90 organizaciones travestis, trans y no binaries de todo el país exigió “la reparación por los crímenes cometidos, la persecución policial, la violencia sistemática, el abuso infantil, la exclusión, la muerte, los discursos de odio, los prejuicios y fundamentalismos religiosos que estigmatizan, criminalizan y patologizan nuestras identidades desde nuestra niñez hasta que nos matan”.

Quienes tomaron la palabra denunciaron la profundización del empobrecimiento que afecta al colectivo travesti trans a partir de la aplicación del ajuste neoliberal puesto en práctica por La Libertad Avanza.

Una hora antes, cuando las y los manifestantes se dispusieron a dejar Plaza de Mayo para encaminarse por Avenida de Mayo rumbo al Congreso Nacional, cientos de policías federales -muchos de ellos pertrechados con armas largas- cargaron contra ellas y ellos y, tras algunas refriegas, las y los obligaron a marchar por la vereda. “¡Hay un tortón en el cordón! ¡Hay un maricón en el cordón! ¡Que levante la mano la marica yuta!”, les enrostraban algunos de los manifestantes a las decenas de uniformados abroquelados en una fila de una cuadra de largo para impedir cualquier atisbo de ocupación de la tradicional arteria porteña.

“No nos conformamos con la limosna cis héterosexual. Los derechos de las travestis y trans también son derechos humanos”, apuntó a su turno y como parte de la proclama Marlene Wayar, una de las referentes del colectivo, quien denunció “el daño material e inmaterial” que este sufrió por parte de la Nación y las provincias, así como “el genocidio y crímenes de lesa humanidad” del que fue víctima. También peticionó que “el Estado establezca mecanismos de consulta y diálogo con representantes de la comunidad travesti para comprender sus necesidades, preocupaciones y demandas específicas”.

Como parte de las políticas reparatorias, Wayar reclamó la identificación de víctimas, de los perpetradores de crímenes y de los lugares donde fue ejercido el terrorismo de Estado y la violencia institucional contra travestis y trans.

“Para el común de la gente, la dictadura cívico militar terminó en 1983. En cambio, para nosotras terminó en 2012, cuando fue sancionada la Ley de Identidad de Género. Por eso, las sobrevivientes reclamamos que sea reconocido y reparado el daño que el Estado ejerció contra nosotras”, dijo Rivas un rato antes de que se subiera al escenario a leer el documento de las organizaciones impulsoras de la Segunda Marcha Plurinacional por la Reparación Histórica.

Una deuda parlamentaria
En base a fuentes del Congreso Nacional, la agencia Presentes informó hoy que conserva estatus parlamentario el proyecto de ley que busca reconocer y reparar los delitos estatales cometidos contra la población travesti trans. Son tres las iniciativas presentadas por sendos legisladores, todos pertenecientes a la actual bancada de Unión por la Patria.

“En 2023, horas antes de la primera marcha, hubo una primera reunión de comisión en la Cámara de Diputados. La convocó la Comisión de Mujeres y Diversidades de Diputadas y referentxs del colectivo travesti y trans fueron voces protagónicas”, consignó la agencia Presentes, aunque no hubo consenso entre las diferentes fuerzas para avanzar en su discusión y eventual sanción.

Rivas y otras “voces históricas”, como las de Marcela Tita y Marcela Navarro -estuvo detenida en Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio Puente 12, ubicado en la intersección de Ruta Provincial 4 y Avenida Ricchieri, en el partido bonaerense de La Matanza-, estimaron entre 3.000 y 6.000 las travestis y trans adultas mayores que reclaman una reparación económica del Estado nacional, que les posibilite transitar de modo digno su envejecimiento.

“Estamos acá, en la marcha por la reparación histórica, pero también para ‘acuerparnos’, ‘transencontrarnos’ (sic), abrazarnos y profundizar esto que venimos diciendo: no es porque no pudimos estudiar, no es porque nos corrieron de niñas de nuestras casas, no es porque nos persiguieron a fuerza de edictos policiales lo que nos pasa; es por el solo hecho de ser travestis y transexuales”, aseveró Alma Fernández, quien supo ser una de las impulsoras de la Ley 27.636 y denunció despidos de trabajadoras de ese colectivo en diversos organismos del Estado nacional.

Algunas cifras

*Solo 1% de las personas travesti trans llega a los 60 años.

*35 a 40 años es la esperanza de vida de ese colectivo.

*Una pensión reparatoria y un acompañamiento en salud integral a las adultas mayores son dos de los derechos que buscan ser consagrados a través de una ley.

*Para quienes son menores de 60 años, se exige el cumplimiento efectivo de la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans.

*El reclamo incluye la creación y/o restablecimiento de políticas de promoción y el derecho a vivir libres de violencia por identidad o expresión de género.

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Una familia porteña necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza en agosto

Un hogar porteño de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza y $2.603.556 para ingresar al sector medio. La canasta alimentaria y la canasta total volvieron a subir y dejaron al descubierto cuánto se achicó el margen de las familias.

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El ingreso mínimo para ser considerada de clase media llegó a $2.603.556. Mientras el umbral de indigencia se ubicó en $903.930.

Una familia porteña de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 durante agosto para no quedar debajo de la línea de pobreza, mientras que debió reunir $2.603.556 para ser considerada de clase media, según el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA).

El dato mostró, sin maquillaje, el tamaño del esfuerzo que tuvieron que hacer los hogares para sostener una vida cotidiana cada vez más cara. El grupo familiar tomado como referencia estuvo compuesto por dos adultos y dos menores. Para no caer en la indigencia necesitó, como mínimo, $903.930.

La canasta volvió a correrle al bolsillo

La Canasta Básica Alimentaria, utilizada para fijar el umbral de indigencia, subió 1,69% en agosto. La Canasta Básica Total, que además de alimentos contempló bienes y servicios indispensables y marcó la línea de pobreza, avanzó 1,74%.

La inflación porteña también llegó al 1,7% durante el mes. Así, el ingreso familiar tuvo que correr detrás de precios que no dieron tregua, incluso en un escenario de aumentos mensuales que el Gobierno nacional presentó como una señal de estabilidad. Para las familias, la cuenta fue bastante menos amable: cada compra ocupó una porción mayor del ingreso y el margen para pagar alquiler, transporte, medicamentos o educación quedó cada vez más ajustado.

Qué significó ser pobre o de clase media

El esquema del IDECBA distinguió a los hogares según su ingreso total y su capacidad para cubrir las canastas de consumo. Quienes no alcanzaron a pagar la Canasta Básica Total quedaron debajo de la línea de pobreza. El sector medio, en cambio, comenzó en un ingreso equivalente a 1,25 veces esa canasta y se extendió hasta menos de cuatro veces su valor.

Por eso, los $2.603.556 no representaron un salario cómodo ni una garantía de bienestar. Fueron apenas el piso estadístico para que una familia tipo ingresara al sector medio porteño. La etiqueta sonó a progreso, pero la realidad del changuito y las facturas marcó otra cosa: ser de clase media empezó por alcanzar una cifra que ya se consumió buena parte del mes antes de pagar todos los gastos básicos.

Un año después, el alivio no apareció

La comparación interanual también expuso el deterioro. En agosto de 2025, la línea de pobreza para esa familia se ubicó en $1.229.444. Un año después llegó a $1.651.798. La línea de indigencia, por su parte, pasó de $660.658 a $903.930.

La diferencia no fue un número perdido en una planilla. Fue la distancia que cada hogar tuvo que cubrir con salarios, jubilaciones, changas o más horas de trabajo. Mientras los ingresos quedaron obligados a negociar con paritarias, trabajos informales o empleos cada vez más inestables, los precios siguieron marcando las condiciones. El resultado fue un bolsillo con menos aire y una clase media a la que le exigieron cada vez más para seguir llamándose como antes.

Puntos clave

  • Una familia porteña de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza en agosto.
  • El ingreso mínimo para ser considerada de clase media llegó a $2.603.556.
  • El umbral de indigencia se ubicó en $903.930.
  • La Canasta Básica Alimentaria subió 1,69% y la Canasta Básica Total aumentó 1,74% en agosto.
  • La línea de pobreza pasó de $1.229.444 en agosto de 2025 a $1.651.798 un año después.
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