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Personajes

Murió Luis Brandoni: se apaga una voz irrepetible de la cultura argentina

Fue mucho más que una figura del espectáculo: fue una conciencia pública que atravesó más de seis décadas de historia argentina con coherencia y dignidad.

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Murió Luis Brandoni: adiós a una leyenda del cine, el teatro y el compromiso

★ La cultura argentina amaneció de luto este lunes. Luis Brandoni, el «Beto» nacido en Dock Sud hace apenas 86 años (cumplidos el pasado 18 de abril), falleció en la madrugada en el Sanatorio Güemes de Villa Crespo, donde permanecía internado desde el 11 de abril tras una caída en su domicilio que le provocó un hematoma subdural, una acumulación de sangre entre el cerebro y su cubierta exterior que no pudo reabsorberse. Actor, dirigente gremial y militante político, Brandoni fue mucho más que una figura del espectáculo: fue una conciencia pública que atravesó más de seis décadas de historia argentina con coherencia y dignidad.

El último escenario

La noticia fue confirmada por el productor Carlos Rottemberg a través de la cuenta de Multiteatro en X: «Con Beto se va el último primer actor de una generación inolvidable. Impulsor del teatro nacional, desde esta Casa Teatral seguiremos aplaudiendo su compromiso permanente, que excedió el ámbito del escenario. Hoy es un día muy triste para nuestra cultura».

Hasta el mismo día del accidente, el 11 de abril, Brandoni protagonizaba la obra «¿Quién es quién?» junto a Soledad Silveyra, bajo la producción de Rottemberg en el circuito de la calle Corrientes. Las funciones debieron suspenderse ese sábado. En un primer momento, el propio Rottemberg había transmitido cierto optimismo respecto de su recuperación, pero el cuadro clínico fue deteriorándose progresivamente: desde el miércoles previo a su muerte, el actor dejó de responder a estímulos. «Hubo una vigilia desde ayer esperando a ver cuándo ocurría esto», confirmó el productor en diálogo con TN.

La Asociación Argentina de Actores y Actrices expresó sus condolencias e indicó que «su sólida labor interpretativa en cine, teatro y televisión lo consolidó como una reconocida figura de la escena nacional». Soledad Silveyra, quien compartió el escenario con él hasta el último momento, lo despidió con una frase que resume el sentir del mundo artístico: «Sos el último de los grandes en irse». El productor Axel Kuschevatzky, que trabajó con Brandoni en cinco ocasiones, señaló en redes que «es imposible imaginar el cine argentino sin él» y subrayó que fue «una de las personas más consecuentes» que conoció.

Una vida en las tablas y en la pantalla

Adalberto Luis Brandoni nació el 18 de abril de 1940 en Dock Sud, partido de Avellaneda, en el seno de una familia trabajadora. A los ocho años ya organizaba obras de títeres; a los trece se mudó al barrio porteño de Núñez y no tardó en encaminar su vocación hacia el Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico. Su debut profesional en teatro se produjo el 2 de mayo de 1962, en la comedia musical «Novio», en el Teatro Coliseo. Luego se integró a la Comedia Nacional bajo la dirección de Armando Discépolo y, más tarde, de Luisa Vehil.

En cine, Brandoni construyó una filmografía que es, en sí misma, un mapa de la identidad cultural argentina: «La Patagonia Rebelde» (1974), «Juan que reía» (1976), «Esperando la carroza» (1985), «Made in Argentina» (1987), «Un lugar en el mundo» y «Cien veces no debo» (1990), entre decenas de títulos. Ganó dos premios Cóndor de Plata como Mejor Actor, otorgados por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, y cuatro premios Martín Fierro a lo largo de su carrera televisiva. En la pantalla chica dejó clásicos como «Mi cuñado», «Buscavidas» y «Un gallo para Esculapio».

El teatro fue, sin embargo, su gran pasión. Participó en cerca de 70 títulos a lo largo de su vida, entre ellos «La fiaca», «Stéfano», «Chúmbale», «Gris de ausencia», «Made in Lanús» (como actor y director) y «Parque Lezama».

El actor que no se quedó en silencio

La dimensión de Brandoni excedió con creces el ámbito escénico. Desde 1962 participó en la Asociación Argentina de Actores, de la que fue elegido Secretario General en los años setenta. Su gestión estuvo signada por la defensa de los derechos laborales del sector artístico, en un contexto de represión creciente: en 1975, ante las amenazas de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), debió exiliarse en México junto a su familia. Volvió diez meses después. Ya bajo la dictadura, en julio de 1976, él y su entonces esposa, la actriz Marta Bianchi, fueron secuestrados por un grupo parapolicial comandado por el represor Aníbal Gordon y llevados al centro clandestino de detención Automotores Orletti. Fueron liberados a las pocas horas, bajo la advertencia de cesar en sus actividades. Brandoni fue luego testigo en causas de crímenes de lesa humanidad.

Su militancia política, siempre encuadrada en la Unión Cívica Radical (UCR), se consolidó a partir de 1982 con la lectura del pensamiento de Raúl Alfonsín, a quien acompañó como asesor ad honorem en cultura durante su presidencia. En 1997 fue electo diputado nacional por la provincia de Buenos Aires y mantuvo una presencia constante en la vida política hasta sus últimos años, en los que se desempeñaba como parlamentario del Mercosur por Argentina.

El velatorio y el último adiós

Según informó Rottemberg, los restos de Brandoni serán velados en el Palacio de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires desde el mediodía de este lunes hasta la medianoche. El martes a la mañana, el cuerpo será trasladado al Panteón de Actores del Cementerio de Chacarita, donde descansará junto a otras grandes figuras de la escena nacional.

Puntos clave

  • Luis Brandoni murió el lunes 20 de abril de 2026, a los 86 años, en el Sanatorio Güemes de Buenos Aires.
  • La causa fue un hematoma subdural provocado por una caída en su domicilio el 11 de abril.
  • Fue confirmado por el productor Carlos Rottemberg y la empresa Multiteatro.
  • Brandoni fue actor, Secretario General de la Asociación Argentina de Actores, diputado nacional por la UCR y sobreviviente de un secuestro en la última dictadura.
  • Sus restos serán velados en la Legislatura porteña y luego trasladados al Panteón de Actores en Chacarita.

Celebridades

Pepe Cibrián: «A los 78 años sigo sintiendo que cada estreno es volver a empezar»

Con el estreno de Drácula II: Resurrección, Pepe Cibrián vuelve al universo que marcó su carrera. En una charla con El Argentino, confiesa que sigue sintiendo “el mismo nervio que tenía a los 18” y repasa los derechos que ayudó a conquistar, cómo es trabajar y convivir con su pareja, qué cosas cambió con el paso del tiempo, y además cuenta el ritual diario que mantiene con sus padres.

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A los 78 años, Pepe Cibrián sigue hablando de los estrenos como si fuera la primera vez. La voz se acelera cuando describe la magnitud de Drácula II Resurrección, la secuela de la obra que revolucionó el teatro musical argentino. Durante la charla con El Argentino, el director, dramaturgo y actor vuelve una y otra vez sobre una misma idea: «Siempre es volver a empezar». Y quizás esa sea la frase que mejor resume este nuevo desafío: regresar al universo que lo consagró para asumir, una vez más, el riesgo de crear algo nuevo.

Drácula II Resurrección, estrenada el 19 de junio en la Gran Carpa del Circo Rodas instalada en el Hipódromo de San Isidro, propone un regreso al mito que marcó generaciones. Con cerca de 30 artistas en escena y unas 80 personas involucradas en el proyecto, la puesta reúne además 240 trajes de época diseñados por Vanesa Mascolo, música original de Pablo Flores Torres, arreglos de Yair Hilaly más de 800 cambios de luces a lo largo de la función. Protagonizada por Diego Duarte Conde (Wolf) y Antonela Cirillo (Mina), la obra retoma la historia décadas después de los acontecimientos originales y pone el foco en Mina Murray, quien vuelve a enfrentarse con las huellas de un pasado que parecía haber quedado atrás.

La propuesta nació hace un año y medio, cuando la empresa Rodas lo convocó para imaginar una experiencia poco habitual en la cartelera local: traer una carpa especialmente desde México y construir en su interior una sala teatral para 1300 espectadores. «Es un proyecto ambicioso y costoso, pero lo justifica», asegura el director, que lejos de pensar en el retiro, sigue apostando por desafíos de gran escala.

Sin embargo, detrás de la expectativa también aparece el riesgo de una nueva producción que dialoga, inevitablemente, con una obra convertida en mito. «En realidad, ese Drácula compite con este nuevo Drácula», reconoce. «Mucha gente fanática vendrá a ver qué es esto y otros llegarán con ilusión porque nunca vieron la obra original. Entonces pienso qué bárbaro que la vida me dé la posibilidad de jugar con mi primera criatura y con esta segunda, después de haber estrenado más de 60 obras».

Lejos de apoyarse en los logros del pasado, Cibrián sostiene que cada proyecto vuelve a colocarlo en el mismo lugar de incertidumbre que conoció cuando era joven. «Tengo el mismo nervio que a los 18 años, la misma inquietud. Siempre es volver a empezar», afirma.

El legado

Más allá de los aplausos y de una carrera que supera las seis décadas, Cibrián asegura que su mayor orgullo no pasa únicamente por lo artístico. A la hora de pensar en el legado que le gustaría dejar, menciona tanto sus obras como su participación en distintas luchas sociales.

«No creo mucho en eso de ser una persona convocante. Sí sé que he aportado mucho a la cultura, a la historia y a la sociedad de mi país. Eso me genera mucho orgullo«, sostiene.

En ese sentido, recuerda especialmente su compromiso con la ampliación de derechos y el impulso que brindó al proyecto de Matrimonio Igualitario. «Creo sinceramente que el mundo ha avanzado. Hoy es absurdo pretender negar algo que existe. Siempre hubo homosexuales, lesbianas, como siempre hubo bailarines o doctores. No hace a la calidad de una persona», afirma.

Durante ese tramo de la conversación aparece una figura recurrente en su vida: la de su padre. Fue él, cuenta, quien le dejó una de las frases que más lo acompañaron en su recorrido personal y militante. «Me dijo: ‘Pepe, se es hombre en la vida, no en la cama’. Y me pareció algo muy sabio, porque es así».

Ese recorrido, asegura, también se refleja en el cariño que recibe de la gente y en las devoluciones que más lo marcaron. «Una mujer me dijo una vez: ‘Usted es un pedazo de la bandera argentina’. Otras personas me han dicho: ‘Usted me salvó la vida con su música, sus obras, sus historias’. Y uno piensa: Dios mío». Y concluye: «Lo importante es hacer, no importa dónde. Uno deja legados».

El Pepe de hoy

Si algo aprendió Pepe Cibrián con el paso de los años es que el cambio no termina nunca. “A los 78, valoro fundamentalmente haber modificado actitudes de mi persona, formas de relacionarme, mucho más simples, más cálidas quizás», explica. Y agrega: «Qué bueno poder modificar siempre, sin parar. Tratar, por lo menos».

La reflexión aparece también cuando habla del amor, uno de los grandes temas que atraviesan tanto su vida como muchas de las historias que escribió. Lejos de idealizarlo, lo entiende como una construcción cotidiana. «La vida de dos es muy linda», afirma. «La vida también es volver a empezar todos los días. Un vínculo es volver a empezar, volver a enfrentarte a cosas que te superan, cosas que no te superan, el otro».

Durante gran parte de su vida adulta eligió vivir solo. «De mis 78 años, prácticamente te diría que 50 he vivido solo», cuenta. «He tenido relaciones, claro, pero de vivir, vivir solo».

La llegada de Ezequiel cambió su realidad, y lo define no sólo como un compañero de vida, sino también como una pieza clave en esta nueva etapa profesional. «He tenido el encuentro maravilloso con Ezequiel, que es un gran compañero», dice. Y enseguida lo vincula con el enorme desafío que significó levantar Drácula II Resurrección. «Este proyecto te aseguro que lo ha sacado él adelante de una manera tan comprometida y me causa tanto orgullo».

Después baja el tono solemne con una confesión que cualquiera que conviva podrá comprender: «Nosotros convivimos todo el día, lo cual no es fácil a veces, pero es lindo y no me arrepiento. Me gustaría que siguiese siendo así».

Los que siguen estando

Si hay algo que atraviesa buena parte de la conversación con Pepito son las referencias a sus padres. Durante la charla con El Argentino, cuenta el ritual que conserva hasta hoy: «Hablo con mi padre y mi madre a la noche y a la mañana, cuando me levanto». Y enseguida explica: «Les agradezco y les pregunto a ver qué me aconsejan, de qué manera, y siento que me conducen. Obviamente, no hay una palabra viva, pero sí hay algo que yo siento que me protege permanentemente». La certeza es absoluta: «Sé que están al lado».

Cuando recuerda su infancia, tampoco esquiva las contradicciones. «Fue una infancia solitaria», admite. «Mis padres eran dos figuras muy importantes y era todo el año teatro, cine, comidas, una vida social muy particular. Y yo muy solo».

Sin embargo, con los años aquella mirada se volvió más comprensiva. «Me afectó mucho, por supuesto, pero con la adultez entendí que era lógico», reflexiona. «Yo sé profundamente que me amaban. Había fiestas, cumpleaños, viajes, cosas maravillosas, y lo hacían con todo el amor. Pero bueno, sé también que hay un precio para todo».

Entre los recuerdos que más atesora aparece uno sencillo: la caricia de su madre en la mejilla. Y aunque asegura sentir la presencia cotidiana de ambos, confiesa que sólo una vez soñó con su padre: “Papá estaba con un pijama celeste muy lindo, pelo blanco, fumando, cuando él ya no fumaba. Yo sabía que estaba muerto y hablaba con él. Entonces le digo: ‘Qué guapo estás, papá’. Y me dice: ‘Sí, la cara es lo primero que se mejora'».

La gratitud también surge cuando habla de las personas que marcaron su carrera. «No hay nota o estreno en el que no les agradezca a mis padres y a los Lectoure», asegura. Y recuerda una conversación con Tito Lectoure que lo acompañó durante décadas.

«Una vez le pregunté por qué me había dado tanto. Y me dijo: ‘Porque estoy acostumbrado a hacer campeones’. Él había hecho campeones de boxeo. Y yo siento que, en lo mío, me hizo un campeón. Y eso no puedo no agradecérselo más con la vida».

Ping pong con Pepe Cibrián

Un lugar en el mundo

—Mi casa.

Un aplauso que nunca olvidaste

—Los del Luna Park.

Una palabra que te define

—Íntegro.

Un olor que te lleva a la infancia

—El olor a amapolas. Mi abuela me cantaba una canción que se llamaba Amapola y ese aroma me penetra.

Un libro al que siempre volvés

—Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.

Una canción para escuchar en soledad

—Amapola.

Un miedo que aprendiste a vencer

—La oscuridad. Por eso tengo en casa un grupo electrógeno, porque me angustia muchísimo la oscuridad.

Drácula es…

Mi vida.

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