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Colombia vira a la derecha: De la Espriella fue declarado presidente electo con Petro resignado a la transición

El CNE colombiano certificó este miércoles la victoria del ultraderechista Abelardo de la Espriella en el balotaje del 21 de junio, con más de 250.000 votos de diferencia sobre el candidato del petrismo Iván Cepeda. Gustavo Petro, que cuestionó el proceso hasta el final, anunció el inicio del empalme y habló de una futura «resistencia pacífica».

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El CNE de Colombia declaró presidente electo a De la Espriella, con 250.000 votos de diferencia sobre Cepeda.

El Consejo Nacional Electoral certificó este miércoles la victoria del ultraderechista Abelardo de la Espriella en el balotaje del 21 de junio, con más de 250.000 votos de diferencia sobre el candidato del petrismo Iván Cepeda. El presidente saliente Gustavo Petro, que cuestionó el proceso hasta el final, anunció el inicio del empalme institucional con el gobierno entrante y adelantó una posible «resistencia pacífica» tras abandonar la Casa de Nariño.

La certificación que cierra un proceso turbulento

El magistrado Cristian Quiroz, presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE) por la Alianza Verde, certificó este miércoles los resultados oficiales y vinculantes del escrutinio correspondiente a la segunda vuelta presidencial colombiana, celebrada el 21 de junio de 2026. La audiencia de escrutinio, que se extendió por tres días, contó con la presencia de la Misión de Observación Electoral, la delegación de la MOE Internacional, el registrador delegado para asuntos electorales, Jaime Hernando Suárez, y delegados de la Procuraduría.

Con ese acto formal, Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria) quedó confirmado como presidente electo de Colombia para el período 2026-2030. Lo acompaña en la fórmula José Manuel Restrepo, de 55 años, exministro de Hacienda del gobierno de Iván Duque, quien asumirá como vicepresidente. La posesión está prevista para el 7 de agosto de 2026.

Los números de una victoria estrecha y récord

Los datos del balotaje otorgaron la presidencia a De la Espriella con 12.959.542 votos (49,66% del total), frente a los 12.708.712 sufragios obtenidos por el senador Iván Cepeda (48,7%), candidato del Pacto Histórico respaldado por el gobierno de Petro. La diferencia final fue de 250.830 votos, apenas 0,95 puntos porcentuales, en lo que el diario colombiano El Tiempo describió como la segunda vuelta más reñida en la historia reciente del país. El escrutinio arrojó una coincidencia del 99,997% con el preconteo, desmintiendo de manera contundente las denuncias de fraude que habían circulado desde la propia Presidencia. La participación fue del 63,60% del padrón electoral, un récord histórico.

Cepeda reconoció la derrota; Petro llegó al final con reservas

Antes de la certificación del CNE, el candidato derrotado Iván Cepeda reconoció públicamente el triunfo de De la Espriella. «He decidido aceptar el resultado que surge de dicho proceso de escrutinio y que señala que Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de la República», publicó en la red X. Definió su decisión como «un acto de responsabilidad democrática» y anunció que ejercerá una oposición «democrática, vigilante y constructiva», con lo que aceptó la banca en el Senado que la normativa electoral colombiana reserva al candidato que queda en segundo lugar.

El camino de Gustavo Petro hacia el reconocimiento fue más tortuoso. El mandatario saliente, que en la primera vuelta del 31 de mayo había desconocido el preconteo afirmando, sin pruebas que lo sustentaran, que se habían incorporado 850.000 votantes irregulares al padrón, denuncias que la Registraduría Nacional, la MOE y los observadores de la OEA y la Unión Europea desmintieron, mantuvo sus cuestionamientos durante el escrutinio de la segunda vuelta. Incluso el martes 23 de junio, cuando el proceso de escrutinio estaba prácticamente finalizado, Petro volvió a señalar un supuesto fraude a través del software electoral e insinuó injerencia de los gobiernos de Estados Unidos e Israel en el proceso. «Solo que el software que defiende de ataques extranjeros el software de escrutinios es también extranjero y de los EEUU y algo de Israel, potencias computacionales», sostuvo en un extenso mensaje en sus redes sociales, según consignó El Espectador.

Sin embargo, en ese mismo texto, Petro anunció que iniciaría la transición institucional. «Empezará el empalme y mi retirada y quizás la resistencia pacífica», escribió, en alusión directa al proceso de traspaso del poder y a lo que podría ser su posicionamiento político posterior al 7 de agosto. Reafirmó además su «juramento por la paz» y descartó llamar a su electorado hacia la violencia, según publicó El Colombiano.

El presidente electo y la promesa de gobernar para todos

De la Espriella, conocido durante toda la campaña con el apodo de «El Tigre», calificó como «positivo» que Cepeda reconociera «la derrota de su proyecto político y la decisión soberana adoptada por los colombianos el pasado 21 de junio». A través de su oficina de comunicaciones, reiteró que el gobierno entrante garantizará «plenamente el derecho a la oposición» y gobernará «para todos los colombianos», con el propósito de trabajar «por la unidad nacional, con el pueblo y para el pueblo».

El equipo del mandatario electo informó además que durante las jornadas previas a la certificación se evaluaron perfiles para las distintas carteras ministeriales y se definieron lineamientos estratégicos para el nuevo gobierno. Se estableció también la hoja de ruta para el proceso de empalme con la administración saliente, con el objetivo de garantizar una transición que, según el comunicado oficial, sea «ordenada, responsable y orientada a responder desde el primer día a las necesidades de los colombianos». Entre los nombres que se barajan para integrar el gabinete, según reportó Noticias Caracol, figuran los de Elsa Noguera y Carlos Alonso Lucio, aunque ninguno fue confirmado en el comunicado oficial.

Un giro a la derecha con respaldo de Washington y el uribismo

La victoria de De la Espriella abre un ciclo político radicalmente diferente al de los cuatro años de gobierno de Petro. El presidente electo ya anunció que Colombia se integrará al denominado Escudo de las Américas, una iniciativa de cooperación regional centrada en la lucha contra el crimen organizado, a partir del 7 de agosto. La declaración llegó horas después de que el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, felicitara a De la Espriella y lo invitara a trabajar con el Departamento de Guerra y la Coalición de las Américas contra los Carteles (A3C).

El partido Centro Democrático, fundado por el expresidente Álvaro Uribe, anunció que actuará como fuerza de gobierno durante la administración entrante, lo que fortalece la base legislativa del nuevo mandatario. El proceso electoral que culminó este miércoles estuvo signado por una intensa polarización, avivada por los debates sobre la reforma laboral y la propuesta de asamblea constituyente impulsada por Petro, y enlutada por el asesinato del precandidato Miguel Uribe Turbay, quien murió en agosto de 2025 a raíz de un atentado.

Puntos clave

  • Abelardo de la Espriella obtuvo 12.959.542 votos (49,66%) frente a 12.708.712 de Iván Cepeda (48,70%), con 250.830 votos de diferencia.
  • El CNE certificó los resultados el miércoles 24 de junio tras una audiencia de escrutinio de tres días con observadores internacionales.
  • El escrutinio oficial coincidió en el 99,997% con el preconteo, refutando las denuncias de fraude formuladas por Gustavo Petro.
  • Petro anunció el inicio del empalme y anticipó una posible «resistencia pacífica» tras dejar la Casa de Nariño el 7 de agosto.
  • El Centro Democrático se declaró partido de gobierno y el presidente electo anunció la adhesión de Colombia al Escudo de las Américas.

América Latina

Brasil vota hoy: Lula defiende el último gran bastión de la izquierda regional

Con 12 de 20 países latinoamericanos ya en manos de gobiernos conservadores, la elección de este domingo entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro es mucho más que una disputa interna: es la pelea por el equilibrio político de toda la región, con la sombra de Trump y el alineamiento con Washington como telón de fondo.

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El Argentino Diario-Bolsonaro-Lula.

Doce de los veinte países de América Latina y el Caribe ya son conducidos por gobiernos de derecha o centroderecha. Este domingo, Brasil decide si ese número sube a trece, o si Luiz Inácio Lula da Silva logra conservar el último gran bastión progresista del continente al frente de la mayor economía de la región.

El duelo entre Lula y Flávio Bolsonaro no es solo una elección presidencial: es el termómetro más preciso del estado de situación política en América Latina.

Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien está procesado por un intento de golpe de Estado y tiene sus derechos políticos suspendidos, encarna la continuidad del bolsonarismo sin la excentricidad de su padre. Las encuestas lo ubican cabeza a cabeza con Lula, quien busca su cuarto mandato presidencial a días de cumplir 81 años. La paridad refleja tanto el vigor de la nueva derecha regional como el desgaste propio de toda gestión de gobierno.

El mapa que incomoda a la democracia

El mapa actual es contundente: de los veinte países que integran el constructo latinoamericano y caribeño, doce ya están en manos de opciones conservadoras, alineadas en su mayoría con Washington. No todos son iguales en tono ni en profundidad ideológica; el pragmatismo de Luis Abinader en República Dominicana dista mucho del ultraliberalismo de Milei, pero la tendencia regional es inequívoca.

El drama del oficialismo y las reelecciones que no fueron

Uno de los datos más reveladores del ciclo político regional es la dificultad estructural para la continuidad en el poder. Solo en cinco de los veinte países latinoamericanos los ciudadanos apostaron por la reelección o la continuidad de la fuerza gobernante. Y esos casos están lejos de ser ejemplos de normalidad democrática: Bukele fue reelecto en 2024 tras una polémica reforma constitucional que habilitó su candidatura en contra de la prohibición vigente; Daniel Ortega fue ratificado en Nicaragua en unos comicios que la Unión Europea, la OEA y Estados Unidos calificaron de farsa; en Cuba, Raúl Castro fue ratificado por la Asamblea Nacional; y Abinader ganó en República Dominicana en el caso más institucional del grupo.

Sí hubo continuidad de fuerza gobernante sin el mismo candidato en México, donde Claudia Sheinbaum sucedió a Andrés Manuel López Obrador al frente del movimiento MORENA; en Paraguay, donde el candidato de Abdo Benítez sostuvo al Partido Colorado; y en Costa Rica, donde Laura Fernández, ministra de su antecesor Rodrigo Chaves, se impuso en las urnas. En ese contexto, la apuesta de Lula por un cuarto mandato es al mismo tiempo un desafío electoral y un símbolo de resistencia política frente al avance conservador.

La mano de Trump y la Doctrina Monroe recargada

El ascenso de la derecha regional no ocurre en un vacío: tiene una influencia directa del movimiento MAGA y los triunfos de Donald Trump en 2016 y 2024. Bajo la actualización de la Doctrina Monroe, el líder republicano conduce desde el norte una guerra comercial con China que derrama en América Latina a través de su política arancelaria, y un enfrentamiento cultural sostenido contra todo lo que identifica con la agenda progresista, que en la región se mezcla con el campo de la izquierda y el centroizquierda.

Las subas de aranceles afectaron principalmente a Sheinbaum y a Lula, aunque tanto México como Brasil lograron arribar a acuerdos con Washington. Como contrapartida, el Gobierno de Milei recibió el beneplácito de la administración Trump, materializado en un préstamo clave del Tesoro estadounidense en 2025, previo a las elecciones de medio término en Argentina. La geopolítica regional tiene, así, un factor externo que opera con claridad sobre los resultados internos.

Lo que está en juego más allá del Planalto

Un eventual triunfo de Flávio Bolsonaro implicaría la consolidación de un bloque regional de derecha que incluiría a las dos mayores economías de América del Sur, Argentina y Brasil, ambas alineadas con el eje Washington-FMI y en abierta tensión con los gobiernos de Venezuela, Nicaragua, Cuba y Bolivia. Para la izquierda y el progresismo regional, significaría perder el ancla más pesada con la que contó desde la llegada de Lula al poder en 2003.

Una victoria de Lula, en cambio, sostendría el contrapeso más significativo frente al avance conservador y reforzaría los vínculos con los gobiernos de Colombia, Honduras y México, donde el progresismo aún gobierna con márgenes distintos. Lo que se define este domingo en las urnas brasileñas excede ampliamente las fronteras del gigante sudamericano: es una disputa por el sentido político de toda una región.

Lo que tenés que saber

  • Brasil vota este domingo en una elección que enfrenta a Lula da Silva, presidente en ejercicio, con Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente inhabilitado judicialmente.
  • Las encuestas ubican a ambos candidatos cabeza a cabeza, lo que refleja el vigor de la nueva derecha regional y el desgaste del oficialismo.
  • Doce de los veinte países de América Latina y el Caribe ya están conducidos por gobiernos de derecha o centroderecha alineados con Washington.
  • El respaldo de la administración Trump al Gobierno de Milei mediante un préstamo del Tesoro en 2025 ilustra la dimensión geopolítica del ciclo conservador regional.
  • Un triunfo de Bolsonaro consolidaría un bloque de derecha en las dos mayores economías de América del Sur; una victoria de Lula sostendría el principal contrapeso progresista del continente.
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