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A 48 años de Argentina campeón del Mundial 78: la gloria deportiva en medio del terror dictatorial

La Selección argentina obtuvo su primera Copa del Mundo hace 48 años, un logro futbolístico imborrable que convivió con el aparato represivo de la última dictadura cívico militar.

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A 48 años del primer título mundial de Argentina; entre la consagración de Menotti y la sombra de la dictadura.

El 25 de junio de 1978, la Selección argentina conquistó su primer título mundial tras vencer por 3 a 1 a Países Bajos en el Estadio Monumental. El equipo conducido por César Luis Menotti alcanzó la gloria deportiva en tiempo suplementario, con dos goles de Mario Kempes y uno de Daniel Bertoni, en una final intensa que marcó la historia del fútbol local.

Sin embargo, a casi medio siglo de aquella jornada, el aniversario reactiva de forma inevitable la densa memoria histórica; el contraste absoluto entre la euforia de las tribunas y el terrorismo de Estado que se ejecutaba a pocas cuadras de la cancha, en el centro clandestino de detención de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

El plano deportivo; sufrimiento y desahogo en Núñez

El encuentro decisivo ante el combinado neerlandés estuvo marcado por la paridad y el dramatismo. El delantero Mario Kempes abrió el marcador durante la primera etapa, pero Dick Nanninga igualó para los europeos a pocos minutos del final del tiempo reglamentario. En la última jugada del partido, un remate del atacante Rob Rensenbrink impactó en el palo del arco defendido por Ubaldo Fillol, lo que estuvo a centímetros de dejar sin título al conjunto albiceleste.

Ya en el tiempo suplementario, el equipo local consolidó su superioridad táctica y física. Kempes, quien se consagró como el goleador del torneo con seis anotaciones, convirtió el 2 a 1, mientras que Daniel Bertoni selló el resultado definitivo. La formación que alcanzó el campeonato alineó a figuras de trayectoria como Daniel Passarella, Osvaldo Ardiles y Ricardo Villa, quienes plasmaron en la cancha la identidad de juego ofensivo pregonada por su director técnico.

La utilización política y el contexto de los derechos humanos

Más allá del indiscutible mérito de los futbolistas y del cuerpo técnico, el torneo quedó indexado en la historia argentina por su contexto político. El autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, encabezado por el dictador Jorge Rafael Videla, utilizó el evento deportivo como una gigantesca plataforma de propaganda para intentar blanquear su imagen internacional y ocultar las sistemáticas violaciones a los derechos humanos; tal como documentaron los organismos de derechos humanos y los juicios de lesa humanidad posteriores.

La finalización de la Copa del Mundo de 1978 dejó una doble lectura histórica que perdura hasta la actualidad. Por un lado, se consolidó el nacimiento de la tradición ganadora de la Selección mayor, que más tarde sumaría las estrellas de 1986 y 2022. Por el otro, persistió la denuncia sobre los millonarios costos organizativos del torneo y la manipulación civil ejercida por una dictadura que secuestraba y desaparecía personas en forma simultánea a los festejos callejeros.

Puntos clave

  • La Selección argentina obtuvo su primer campeonato mundial el 25 de junio de 1978 tras vencer 3 a 1 a Países Bajos.
  • Los goles del equipo nacional fueron convertidos por Mario Kempes, en dos oportunidades, y Daniel Bertoni.
  • Mario Kempes finalizó el torneo como el máximo goleador con seis tantos en total.
  • El director técnico César Luis Menotti lideró un plantel integrado por futbolistas como Ubaldo Fillol y Daniel Passarella.
  • La Copa del Mundo se disputó bajo el régimen de la última dictadura cívico militar, que utilizó el torneo con fines propagandísticos.

Fútbol & Goles!

“Ya cumplió su sentencia”: Riquelme justificó el regreso de Villa a Boca

El presidente de Boca Juniors respaldó la reincorporación del delantero colombiano condenado por abuso sexual y violencia de género, afirmó que el jugador merece una segunda oportunidad y evitó hablar de la posible salida de Exequiel Zeballos. La decisión reaviva el debate sobre los límites del deporte frente a la violencia machista.

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El negocio antes que la ética: cómo Boca normalizó el regreso de un condenado por violencia de género.

Juan Román Riquelme salió a defender públicamente la polémica incorporación de Sebastián Villa a Boca Juniors, el delantero colombiano que cumplió una condena de dos años y un mes de prisión en suspenso por violencia de género. «En el momento que tuviera una sentencia dejaría de jugar, y fue lo que pasó. Ya cumplió su sentencia», afirmó el presidente del club, deslizando que, desde su perspectiva, la deuda del futbolista con la justicia está saldada y el asunto queda cerrado.

El dirigente agregó que había sido «una suerte» tenerlo en el plantel antes de que se dictara la condena judicial, y se refirió a los momentos previos al fallo como «momentos raros» que Villa debió atravesar, colocando el foco en la incomodidad del acusado durante el proceso judicial y no en los hechos que motivaron esa condena ni en la víctima. La elección de las palabras no fue casual: en ningún momento de sus declaraciones Riquelme mencionó el nombre de Daniela Cortés, la mujer que denunció al jugador.

Una historia de contradicciones

La postura actual de Riquelme contrasta de manera notable con sus propios dichos de los últimos años. En distintas instancias el dirigente había afirmado que Villa «le faltó el respeto al club, a la camiseta y a sus compañeros», en referencia a las tensiones contractuales que antecedieron a su salida. Ahora, ese mismo presidente es quien encabezó las negociaciones para abonar alrededor de 6,5 millones de dólares por el cien por ciento del pase del futbolista y ofrecerle un contrato por cuatro temporadas.

La historia entre Villa y Boca estuvo signada por un rosario de denuncias. En 2020, el colombiano fue acusado por primera vez por violencia de género por parte de su entonces pareja. En 2022, una nueva denuncia lo señaló por abuso sexual y tentativa de homicidio. La jueza Claudia Dávalos lo encontró culpable y dictó la condena en suspenso. Posteriormente, la Justicia elevó a juicio oral una causa adicional por abuso sexual con acceso carnal, delito que, de resultar en condena, implicaría prisión efectiva. El proceso judicial, en ese sentido, no está completamente cerrado.

El deporte como escudo y la víctima invisibilizada

El regreso de Villa a la Ribera desencadenó un debate que excede con creces al ámbito futbolístico. Organizaciones de mujeres y colectivos feministas cuestionaron con dureza la decisión de Boca, señalando que la readmisión de un futbolista con condena judicial por violencia de género envía un mensaje regresivo sobre los valores que el club elige priorizar. El argumento de que Villa «ya cumplió» elude deliberadamente cualquier reflexión sobre las consecuencias para la víctima y sobre el mensaje institucional que implica premiar con un contrato millonario a quien fue hallado culpable.

No es la primera vez que el fútbol argentino enfrenta esta tensión. El deporte de masas ha funcionado históricamente como un espacio de excepción donde las normas que rigen para el resto de la sociedad se negocian, se relativizan o directamente se ignoran cuando el talento y el negocio están de por medio. La lógica del rendimiento deportivo opera como atenuante extraoficial, un criterio que no figura en ningún código penal pero que en la práctica determina el destino laboral de los condenados por violencia contra las mujeres.

Arruabarrena, primer nombre; Zeballos, en la puerta de salida

En el marco de esa misma conferencia, Riquelme confirmó que el entrenador Rodolfo «Vasco» Arruabarrena fue su primera y única opción para reemplazar a Claudio Úbeda al frente del equipo de cara al segundo semestre. La elección del técnico no generó controversias y fue descripta por el propio dirigente como una decisión tomada sin dudar.

Sobre la situación de Exequiel Zeballos, Riquelme declinó hacer declaraciones, aunque el escenario está prácticamente definido: el delantero manifestó a Arruabarrena su deseo de emigrar al exterior y su contrato vence en diciembre de 2026. La incorporación de Villa, precisamente, responde en parte a la necesidad de cubrir el puesto de extremo que dejaría vacante Zeballos. El nuevo técnico busca implementar un esquema con tres delanteros y necesita con urgencia alternativas en esa posición.

El negocio y sus prioridades

Durante su primera etapa en Boca, Villa disputó 172 partidos, convirtió 29 goles, repartió 32 asistencias y conquistó siete títulos. En el último semestre con Independiente Rivadavia acumuló 20 encuentros, tres goles y ocho asistencias. Desde el punto de vista estrictamente deportivo, el colombiano regresa en un buen nivel. La pregunta que la institución eligió no hacerse, o al menos no responder públicamente, es otra: qué lugar ocupa la víctima en este balance entre el rendimiento y la ética institucional.

Riquelme, que construyó buena parte de su imagen pública sobre la lealtad y el respeto a los valores del club, cerró el tema con la misma lógica con la que lo abrió: la Justicia ya habló, el jugador pagó su deuda, y el fútbol puede seguir. Lo que no dijo, y lo que el debate social insiste en señalar, es que las condenas en suspenso no borran los hechos, y que una institución de las dimensiones de Boca Juniors tiene también la responsabilidad de elegir qué tipo de mensajes envía con sus decisiones más resonantes.

Puntos clave

  • Riquelme defendió el regreso de Villa argumentando que «ya cumplió su sentencia» de dos años y un mes de prisión en suspenso por violencia de género.
  • Boca pagará aproximadamente 6,5 millones de dólares por el cien por ciento del pase y le ofrecerá contrato por cuatro temporadas.
  • Villa enfrenta aún una causa adicional por abuso sexual con acceso carnal elevada a juicio oral, con posibilidad de condena de cumplimiento efectivo.
  • Arruabarrena fue confirmado como DT y Zeballos tiene un pie fuera del club, lo que impulsó la búsqueda de extremos en el mercado.
  • Organizaciones feministas cuestionaron la decisión institucional de Boca por el mensaje que implica frente a las víctimas de violencia de género.

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