Cultura
La guaracha de la Telesita, patrona del baile
Por Matías Segreti
La última vez que hablé con Miguel fue sábado, fue en agosto y hoy se cumple exactamente un año. También fue de noche y como había otras personas no faltó el momento en que alguien quiso decir alguna verdad. Es el gesto ¿no? el dedo dibujando un círculo que asciende, el tono, la mueca de la cara. Hablaron sobre qué hacer y qué no hacer para seducir a una persona: invitarla a tomar algo, a un lugar donde no haya posibilidad de encontrarse con gente conocida, pedir tragos, para empezar algo suave, hay reglas.
El lugar estaba bien, la música también, algo de folclore, no conozco mucho del tema pero sé llevar las palmas con discreción, algunas risas que se querían hacer notar, una persona enorme con la voz chiquita como de ratón. La casa era de unos amigos que decían y siguen diciendo que van a ser poetas algún día. Una de ellas repite la misma frase cada vez que la veo, la poesía, afirma, es mirar el detalle con pasión. La casa tenía cuadros o era al revés, los cuadros necesitaban de la casa y apenas dejaban respirar sus paredes. Sobre uno me detuve, el mar, una mancha celeste enorme rodeado de palmeras y una mujer con el cabello recogido, su cuerpo recibido por la anatomía de aguas malas.
La noche era, a pesar de la estación, bastante cálida. Estábamos todos en un barquito amarrado sobre pequeñas olas, íbamos para donde la charla nacía, donde explotaban las burbujas. Entonces Miguel se paró, de repente, veloz, porque un ritmo lo hizo levantar, una especie de temblor y una música a la que, supe después, Dios miraba de reojo. Lo vimos a Miguel bailar y cantar una canción que no conocíamos, vimos sacudir su cuerpo y alegrarse. Eran unos pasos enfermizos, electrizantes, de galope. Bailaba como si calzara sus piernas en las de su pareja, aunque no había nadie allí o nadie la vio. Bailó hasta que la música se apagó. Las cosas son repentinas.
Después se sentó a mi lado y arrastró su erre, porque así habla cuando está feliz o borracho, a veces las dos formas se le juntan. Le pregunté qué era eso. Guaracha me dijo, con la voz agitada, mientras calmaba una sed de animal, de monte aplastado bajo el sol.
Hace varios años que Miguel vive en Buenos Aires pero vivió más tiempo en Santiago del Estero donde la guaracha es la música del baile. Me contó que se aprende a bailar de chiquito, como se aprende a jugar a la pelota o a entrar a los campos vecinos o adivinar las siluetas en las estrellas. Nadie te enseña, se aprende solo me dijo, es tierra de la Telesita.
Entonces tuve que preguntar y él tuvo que contar. Telésfora, dijo, ese era el nombre de la Telesita, una mujer de Tajona, la región de Salavina, el lugar donde la canción dice: “cuando el sol con su magia lo deja, florecido de oro al tuscal, el crespín va rompiendo el silencio, por amargos senderos de sal”.
Sus padres eran terratenientes y ella una desprendida que andaba regalando por acá y por allá. Todo lo que tenía lo daba, collares, joyas, vestidos, zapatos. Se imaginan el disgusto. Otra de las cosas que le gustaba era el baile. Entonces el desconsuelo de sus padres era doble porque además de andar regalando lo propio y lo de otros, recién la encontraban al amanecer, cuando los pies ardían y ya no podía mantenerse en pie.
Todavía se acuerdan de la Telesita en el último baile. Dijeron que bailó tanto y con tanta fuerza que las bestias del cielo y el infierno se juntaron para verla. Era una fuerza que no se podía controlar. Después de esa noche a Telesita le vino la desgracia porque en el rancho a donde fue a descansar, unas llamas devoraron todo, ni siquiera su cuerpo pudieron encontrar.
Fue llorada por el pueblo porque la adoraban, lloraron un cajón vacío y hasta algunas viejas se animaron a tirar adentro del ataúd algunos de los tesoros que la Telesita les había dado. Así la despidieron.
Entonces un día se hizo el milagro. La vieron por primera vez danzando sola bajo un algarrobo. Dijeron que era ella porque nadie bailaba así. Todos creyeron. Otra vez con forma de tigre cruzando el monte, tiempito después en una fiesta donde bailó sola y una tormenta borró su rastro.
La noche terminó un rato después de la historia.
Hoy vuelvo a encontrarme con Miguel, en la misma casa, bajo el mismo cuadro de la mujer que entra al mar del Caribe. Los dueños de la casa discuten en la planta alta. Algo me dice Miguel, arrastra las erres, las empuja salvaje para tapar lo que se dice arriba.
A veces las cosas suceden con fuerza, como la tierra colándose al mar, como el agua barriendo la escarcha. Así entró la lengua española, con la punta de la lanza sobre la carne y así se fundió con el mar y las cadenas. Así también se baila en Santiago, levantando el polvo, golpeando el taco, marcando la huella. Guarache nació de esa violencia. Guarache significa bailador en la lengua mestiza de las Antillas, guarache también como Miguel, guarache como la Telesita, santa patrona de las bailadoras, de los bailadores, de quien quiera. Algún día será también la mía.
Cultura
Malala se despide: Stéfani habla del fin de Margarita y la polémica anti-Milei
La actriz Graciela Stéfani cerró su etapa como Malala en la tercera temporada de Margarita y se refirió a la escena viral de Isabel Macedo sobre «un presidente villano»: descartó que Cris Morena haya tenido intención política, pero admitió que la frase «coincide con la realidad».
Una frase alcanzó para encender las redes. En el primer capítulo de la tercera y última temporada de Margarita, la ficción de Cris Morena que HBO Max relanzó como reboot de Floricienta, la actriz Isabel Macedo narra que «un presidente puede ser un villano». El pasaje se viralizó de inmediato y desató una oleada de interpretaciones que vinculaban el guion con una posición política de la productora contra el gobierno de Javier Milei.
Graciela Stéfani, quien durante dos décadas interpretó a Malala, uno de los personajes más reconocibles del universo de Morena, salió a opinar sobre la polémica en diálogo con un medio local y aprovechó para hablar del cierre definitivo de su rol en la serie.
El adiós a Malala
Malala tiene los días contados en la pantalla. La tercera temporada de Margarita es el capítulo final de la villana más querida del prime time argentino de los 2000, y Stéfani lo vivió con una mezcla de nostalgia y gratitud. «Malala terminó en esta temporada y termina. Es un personaje entrañable para mí y para la gente. Ahora, de repente, se terminó, y la verdad que me da como una tristeza pensar que no va más», admitió la actriz.
Lejos del rechazo que algunos actores expresan cuando quedan asociados a un único personaje, Stéfani reivindica el vínculo con Malala como parte de su identidad profesional. Reconoció que en algún momento sí sintió el encasillamiento: «Hubo un momento que sí, porque te encasillan y por ahí no te llaman pensando que lo único que sabés hacer es eso». Sin embargo, cambió la perspectiva con el tiempo. «Hace rato que estoy súper agradecida. Y en cuanto empecé a agradecer, me empezaron a llamar para cosas totalmente diferentes», sostuvo.
La longevidad del fenómeno Floricienta, que primero fue un éxito televisivo, luego cobró vida en YouTube y ahora regresa renovado en una plataforma de streaming global, también la sorprende. «Lo que tiene de bueno y de increíble es que sigan sumándose generaciones», señaló Stéfani.
La escena viral y la lectura política
La frase de Isabel Macedo en el primer episodio de la temporada final fue el disparador de una discusión que excedió a la ficción. Usuarios en redes sociales leyeron en el parlamento una crítica directa al gobierno de Javier Milei y especularon con que Cris Morena habría usado el guion como plataforma para un mensaje político. La productora no se caracterizó históricamente por hacer declaraciones públicas sobre sus posicionamientos partidarios.
Stéfani fue tajante al descartar la hipótesis de la intención directa: «No creo, mirá, yo no creo que Cris Morena le quiera decir nada a Milei, te soy honesta. No creo que ponga en sus programas nada que tenga que ver con lo partidista, con la política. No creo».
Sin embargo, la actriz no esquivó la segunda parte de la pregunta. Lejos de cerrar el debate, abrió un flanco significativo al reconocer que la coincidencia entre la ficción y la coyuntura no es del todo casual. «Fue casual y coincide; lo que pasa es que ella es visionaria y es muy intuitiva, entonces por ahí tiró algo que tendría que ver con la realidad sin quererlo», opinó Stéfani.
La distinción que traza la actriz es delgada pero relevante: no intención política explícita, sino intuición artística que captura el clima de época. En un país donde el debate sobre el rol del Estado, la concentración de poder y el perfil del liderazgo político domina la agenda pública, la línea entre la ficción y el comentario social rara vez es nítida.
Margarita, el reboot y el legado de Morena
Margarita es la apuesta de HBO Max por revivir el universo de Floricienta con una nueva generación de protagonistas, manteniendo figuras del elenco original como la propia Stéfani. La decisión de una plataforma de streaming global de apostar por una remake de una telenovela argentina de los 2000 habla del peso cultural que tuvo el producto original y de la capacidad de Cris Morena para sostener franquicias a lo largo del tiempo.
La tercera temporada cierra ese ciclo y, con él, el personaje de Malala, que durante veinte años funcionó como uno de los grandes arquetipos de la villana televisiva argentina. Su despedida, en boca de Stéfani, tiene más de celebración que de duelo.
Puntos clave
- Graciela Stéfani cierra su personaje Malala en la tercera y última temporada de Margarita, el reboot de Floricienta producido por Cris Morena para HBO Max.
- Una frase de Isabel Macedo sobre «un presidente villano» en el primer episodio generó una ola de interpretaciones políticas en redes sociales, que vincularon el guion con una crítica al gobierno de Javier Milei.
- Stéfani descartó que Morena haya tenido intención política explícita, pero reconoció que la frase «coincide con la realidad» y que la productora es «visionaria e intuitiva».
- La actriz pasó de sentirse encasillada por Malala a valorar el personaje como parte central de su carrera y agradece el vínculo con el rol.
- Floricienta continúa sumando generaciones de seguidores desde su etapa televisiva original hasta su nueva vida en plataformas globales de streaming.
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