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Cultura

Tango&Roll, como un cuento para seguir cantando

Martín Martines presentó Viaje 2, la segunda entrega de su proyecto solista Tango & Roll, en el Club Atlético Fernández Fierro, esa casa de resistencia cultural tallada en el Abasto.

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Si se trata de jugar el juego liso, se debe tomar el riesgo llano. El primer paso presentó a la bestia, el segundo corrió con el riesgo de seguir el camino allanado. Ambos cumplieron.  

Hacía falta ese espacio que una, que ponga de pie la sala llena. Un lugar para que perfectos desconocidos repasen con la voz en alto una buena parte de la historia de la música nacida rioplatense. Así fue.

El pasado 4 de mayo Martines puso en marcha este segundo paso con una identidad concreta, una idea clara y una producción resuelta en virtud de la imperiosa necesidad de decir que somos esto que encuentra en las diferencias el verdadero sentido de la palabra.

Nueve tracks ilustran, no solo la representación del artista, el mapa genético que nos forma cuando nos cuenta el cuento a un costado de la cuna con la autoridad que ostentan aquellos que saben como contarlos.

El disco es un de paseo nítido por un parque nacional plagado de especies que necesitan urgente de un lugar de común atención y de un mismo grito. Así las cosas, “Viaje 2” no sorprende cuando pone sobre la mesa a Homero Manzi en “Romance de Barrio”, a Horacio Basterra con una exquisita versión slide blues de “Nada”, o Anselmo Aieta y “Mariposita”, y Laurenz y Contursi en “Como dos extraños”.

El artista consigue que el tango se sienta a gusto y en la misma mesa del corso a contramano que se alimenta de las premisas que aún siguen sometiendo a los desclasados.

En ese sentido, el quinteto volvió a mostrar de qué está hecho y hacia dónde va. “Hokusay”, un tango homenaje, escrito por Martines, al gran Enrique Siymns, “Motorpsico” y “Oda a la sin nombre” dejando en claro el espíritu ricotero inoxidable y necesario.

Sobre el escenario, completa la banda, Manu Quiroga en violín, Marco Fernández en bandoneón, Martín Morales en guitarra y Gabriel Jerez en piano. El show abrió con “9 de Julio” y se debatió entre los dos discos con el placer de ver en un espacio íntimo a Pato Fontanet versionando “Fantasía o realidad” y “Motorpsico” como punto a destacar en una noche que superó cualquier tipo de expectativa.   

 abrió el show como el buen himno que es y “Puede ser hoy”, de Ojos Locos, para que la vida no sea otra cosa más que vida. La banda

Martines consigue, entonces, que la música sea lugar, espacio, tiempo y forma. No es un disco de rock, tampoco de tango, pero a la vez son dos corrientes que encuentran, a través de la obra, más similitudes que diferencias y tal vez por eso funcionan tan bien juntas.

Martín Martines declara como principio la suerte de estar del lado de los que, a pesar de tanto, siguen andando con las mismas premisas bajo el brazo.

Que el disco está disponible en todas las plataformas digitales es mero rigor periodístico. Que la producción haya estado a manos de Álvaro Villagra en la grabación, mezcla, masterización y producción artística es el reflejo de la concordancia a la hora de contar el cuento arriba mencionado.

Tango & Roll, Viaje 2, vio la luz donde la oscuridad prima, la desidia atiende, pero donde nadie puede tocarnos.

Entre la practicidad que propone la depredación cultural a la orden del día, el disco es otro susurro resistente al paso del tiempo, que sopla verdades al oído de quienes escuchan y entienden.   

Cultura

Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta

Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.

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El Argentino Diario-Carlos Alonso, pintor.
Carlos Alonso: el pintor que convirtió la desaparición de su hija y el horror de la dictadura en arte irreductible.

Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.

El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.

De Cuyo a Europa: una formación entre maestros

Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.

En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.

El cuerpo como territorio político

A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.

La dictadura, el exilio y Paloma

La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.

Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.

Reconocimientos y una última exposición

Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.

En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.

Lo que tenés que saber

  • Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
  • Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
  • Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
  • En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
  • Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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