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Cultura

Colapso y desintegración de los Estados “Unidos”

Alex Garland imagina la actual polarización política llevada a un extremo en su nueva película Guerra Civil.

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Fotos: Diamond Films

Por Nicolás Lachman

Estamos acostumbrados a un cine distópico donde el mundo se derrumba ante invasiones alienígenas, epidemias o catástrofes ecológicas. No es el caso de Guerra Civil (Alex Garland, Estados Unidos / Reino Unido, 2024), que se estrenó hace pocas semanas en la Argentina. Aquí, un presidente autoritario lleva a la escisión de varios estados y al estallido de una nueva guerra al interior de Norteamérica. En ese escenario, el realizador de la recomendable miniserie Devs hace foco en el final del conflicto, cuando el bando presidencial se encuentra cerca de su caída y cuatro periodistas viajan en dirección a Washington DC, es decir, al frente de combate.

Así, y en primer lugar, Guerra Civil representa la historia de un viaje por un Estados Unidos devastado, el del noreste, el que había salido relativamente indemne de la guerra civil del siglo XIX. Lo que los corresponsales de guerra observan no es muy diferente de lo que se conoce de muchos territorios arrasados y en conflicto, desde una infraestructura demolida hasta fosas comunes y toda clase de crueldades. Sobre todo, el largometraje muestra una Norteamérica devastada y en la que los cadáveres son más que las personas vivas, creando un escenario similar al de una de esos films o series postapocalípticos tan de moda.

Realidad

La base y la forma sobre la que Garland crea su ficción es, obviamente, la actual “grieta” que atraviesa al país del Norte. Aunque se trata de una tendencia global, un régimen político tan burocratizado y rutinarizado como el de Estados Unidos, donde dos partidos no muy diferentes solían alternarse en el poder y la población no se involucraba demasiado, parecía impedir todo tipo de desequilibrio y tener asegurada la estabilidad de sus instituciones. Sin embargo, la crisis de 2008 y la aparición de la extrema derecha sacudió el tablero, creando un escenario donde los republicanos se radicalizan cada vez más, el centro se desmorona y la izquierda no termina de despertar.

“A medida que nuestras identidades y valores políticos se calcifican, nos preocupamos cada vez más por lo que harían nuestros oponentes si ganaran unas elecciones determinadas […]. No vemos a nuestros oponentes como estadounidenses equivocados y, en última instancia, de buen corazón; los vemos como si vinieran a destruir nuestro modo de vida, y las urnas fueran nuestra última resistencia”, escribió el politólogo Daniel Bennet, citado por el ex-embajador Jorge Argüello en su libro Las dos almas de Estados Unidos, editado por Capital Intelectual y recientemente presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires.

Disgregación

No es casual que Guerra Civil se estrene en un año en el que se eligirá presidente. El miedo a que los resultados sean desconocidos y se produzcan hechos de violencia -como el asalto al Capitolio- llevando a un quiebre irremediable del sistema no sólo fue registrado por Hollywood, sino también por los servicios de inteligencia.

Sin embargo, si bien hay algunas advertencias sobre la amenaza del fascismo y referencias a Trump, Guerra Civil no es una película sobre el fascismo. Al respecto, pueden verse la ucrónica La complot contra América, la sátira Succession o la más fantasiosa El cuento de la criada. Más bien hace foco en la descomposición de una sociedad que no logra reconciliarse consigo misma, desarticulación en la que la extrema derecha puede nutrirse o terminar arrastrando a la sociedad en su caída.

Por ello, si buscamos una reflexión sobre el fascismo en Guerra Civil, difícilmente encontraremos una muy profunda, pero sí nos chocaremos con algo sobre sus trágicas consecuencias. No es un film acerca de ideologías o las alturas del poder, sino sobre las bases de una sociedad en plena tembladeral. En ese sentido, los periodistas atraviesan un territorio que parece “sin ley”, donde todos desconfían de todos y los soldados se matan sin saber a qué bando pertenece cada uno y cometen atrocidades por doquier. La crueldad termina involucrando a los civiles y periodistas.

Periodismo

El balance que el espectador puede hacer de la película es ambigüo. Su punto más fuerte se encuentra en su producción, como ese sonido de balas y bombas que sigue acechando una vez terminada la proyección o la excelente escena final en la capital. En tanto, las canciones que pretenden hacer un contrapunto con la acción no dejan de ser desconcertantes. La identificación con los protagonistas sólo se alcanza a medias: si el periodista que interpreta Wagner Moura parece divertirse con la catástrofe, la que encarna Kirsten Dunst está casi siempre enojada. Los dos llegan, sin embargo, a un punto de quiebre y logran conmover.

La cuestión más polémica e incómoda del film se halla, precisamente en el rol que asigna a los corresponsales de guerra. Los periodistas de Guerra Civil son testigos de toda clase de brutalidades sin intervenir y sólo buscan informar al resto de la humanidad sobre lo que sucede ante sus ojos. Terminan siendo como espectadores morbosos y encarnando un tipo de “objetividad” muy dudosa.

CABA

Gran abrazo a Zivals: el próximo sábado se planta la cultura contra la demolición

Con la consigna “Frenemos la demolición”, una convocatoria difundida en Instagram pide rodear Zivals el sábado 31 de octubre, a las 17, en Callao y Corrientes. La histórica disquería y librería, abierta desde 1971, integra la lista de inmuebles a expropiar para la Línea F del subte, mientras su familia propietaria sostiene que hay alternativas técnicas sin demolición.

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El Gobierno porteño ni siquiera dice que necesite expropiar para empezar la obra de la Línea F, pero el edificio de Zivals sigue en la lista de inmuebles a demoler. Por eso, el sábado 31 de octubre, a las 17, vecinos, lectores y amantes de la música están convocados a abrazar la esquina de Callao y Corrientes.

La convocatoria, difundida en Instagram por la cuenta descalzo.nico bajo el lema “Frenemos la demolición | Gran abrazo a Zivals”, se apoya en un reclamo que la familia propietaria de la librería y disquería sostiene desde hace semanas contra la expropiación del inmueble, prevista en el proyecto de la futura Línea F del subte que impulsa el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. La consigna agrega la etiqueta #ZivalsNoSeVa y pide a los asistentes que lleven a sus familias y amigos.

Una consigna que no enfrenta al subte con la cultura

El texto de la convocatoria evita el falso dilema entre transporte y patrimonio. “Zivals y el subte no son opuestos: los dos son parte de la identidad porteña”, sostiene. Y precisa la demanda: “Queremos la Línea F y queremos que Zivals siga en su esquina. Existen alternativas técnicas para hacer la estación en otro lugar”. El reclamo no es contra el subte, es contra la decisión de llevárselo puesto.

Alternativas sin respuesta y una oferta rechazada

Como publicó El Argentino el 8 de octubre, Fernando Laviz, referente de Zivals, difundió una Carta Abierta en la que afirmó que se trata de “una obra pública que eligió hacerse sobre Zivals”, teniendo otras opciones. Entre ellas, la familia mencionó el proyecto Estación Tucumán 2×1 y el uso del Pasaje Discépolo para los accesos, propuestas que hasta entonces no habían recibido respuesta oficial. También rechazó la fórmula de “coexistencia” que planteó la Ciudad, porque implicaría un cierre de al menos tres años que, advirtió, rompería el vínculo con su comunidad: “El hábito de la esquina, en tres años, deja de ser hábito”.

El ministro de Infraestructura y Movilidad porteño, Pablo Bereciartua, defendió que la esquina de Corrientes y Callao es la que mejor resuelve la combinación con la Línea B, sin escaleras, y señaló que trasladar la estación a Callao y Tucumán exigiría un túnel de 200 metros. Sin embargo, aclaró que la obra puede comenzar por el túnel sin esperar las expropiaciones. Si las expropiaciones no son condición para arrancar, la urgencia por tirar abajo un sitio cultural queda sin explicación a la vista.

El propio dueño de Zivals contó que durante la pandemia recibió una oferta de 6 millones de dólares por la propiedad y no la aceptó, un dato que refuerza el argumento de la Carta Abierta: “Si esto fuera un negocio, ya lo habríamos negociado”. Según advirtió el gerente general, Alfredo Suhring, la dirección Callao 373 integra la lista de 12 parcelas que el Gobierno porteño decidió expropiar.

Una Línea F entre demoras y acusaciones

Macri presumió en redes sociales que la Ciudad ya licitó “la primera en 25 años”, pero el proyecto acumula cuestionamientos. El legislador porteño Emmanuel Ferrario denunció en julio que la apertura de sobres de la licitación se postergó por tercera vez y recordó que, en junio, ya habían pasado 475 días desde el anuncio de la obra. Según consignó un medio local, mientras tanto el Gobierno avanzó con el financiamiento mediante endeudamiento y con la expropiación de los inmuebles necesarios.

El exvicepresidente Amado Boudou fue más lejos en su programa de Somos Radio AM 530, donde acusó a la administración porteña de usar la excusa de la estación para un “negocio inmobiliario”. Se trata de una acusación política que, hasta ahora, no está comprobada.

Por ahora, la decisión final depende del tratamiento legislativo del proyecto de expropiación y de cómo responda el Gobierno porteño a las alternativas técnicas presentadas. El sábado, la esquina de Callao y Corrientes será el escenario de una pregunta simple: si una ciudad puede construir un subte sin demoler la cultura que tiene arriba.

Lo que tenés que saber:

  • El sábado 31 de octubre, a las 17, se convoca a un abrazo a Zivals en Callao y Corrientes bajo el lema “Frenemos la demolición”.
  • El proyecto de la Línea F prevé una estación en esa esquina, lo que implica expropiar el edificio donde funciona Zivals desde 1971.
  • Zivals propuso alternativas (Estación Tucumán 2×1 y accesos por el Pasaje Discépolo) y rechaza la coexistencia por una interrupción de al menos tres años.
  • El ministro Pablo Bereciartua dijo que llevar la estación a Callao y Tucumán exigiría un túnel de 200 metros, y aclaró que la obra puede empezar sin las expropiaciones.
  • La convocatoria reclama la Línea F y la permanencia de Zivals: “no son opuestos”.
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