Cultura
Hacer música es una manera de decir gracias
Con un line up excluyente, un espacio colmado, una propuesta auténtica y diez años bajo brazo, el Baradero Rock puso sobre la mesa, en un fin de semana memorable, qué significa ser parte del rock argentino.

Por Manu Campi | @manucampimaier
De una idea, de un principio de susurro, nace la historia. Como mandada a hacer, carga con su propio rodaje, impronta, identidad y constancia. Así, diez años después, el festival más íntimo del territorio nacional dejó en claro que es una entidad que habla por sí misma, narra su único sentido y sostiene la imperiosa necesidad de estar poniendo un mismo grito debajo de un mismo cielo.
La crónica debería responder a determinado principio, modo y forma para que el lector atienda –y comprenda– sumergido en la experiencia del cronista, tangentes, aromas y sentidos que hacen a un todo comprensible y humano.
En este caso, quién escribe se confunde y se debate entre la profesión y el placer de haber sido, simplemente, uno más. A tal fin, como periodista no consigo quitarme de encima al ser humano que llevé este fin de semana conmigo. Partiendo del error técnico –grave e infantil para algunos– de este relato, escribo tranquilo y, como un extraño de mi propia prosa, lo que significa ser parte de un verdadero festival de rock de tan rico suelo.
El periodista dirá que el festejo, a diferencia de otras ediciones, tuvo su particular apertura un día antes.
A la vera del río Baradero, las parrillas prendidas y los chicos en los hombros de sus padres pintaban las remeras de colores justos. Con un prolijo y necesario reparto de bandas locales, que desde el jueves temprano también dijeron oportuno presente, abrieron el juego para que los Jóvenes Pordioseros cierren la jornada y marquen la impronta de lo que serían los dos días posteriores.
La técnica que ostentan y de la cual se jactan los periodistas también supondrá que a tal día y a tal hora pasó tal o cual cosa a manos de algunos o de tantos. Sin embargo, esto dejaría por fuera la personalidad misma del evento y eximiría de emociones y complejidades a quienes hacen de la fiesta la fiesta en sí.
Entonces, trataré de ser justo y diré, con el equilibrio que requiere contar el cuento, cómo fue este festejo plagado de emociones.
Que las cosas no ocurren solas no es ningún misterio, pero que a veces y con el afán de informar sobre determinada característica, se tiende a pasar por alto la responsabilidad de quienes hacen posible que estas cosas sucedan. El Baradero Rock, entonces, responde a la producción en primera instancia y, desde ese lugar, no emitir opinión sobre la mano de Gonna Go sería algo tremendamente injusto. Desde ese lugar, el orden establecido, el cuidado de la causa y efecto, y la debida atención que conlleva un evento de tal envergadura, no solo volvió a dar la talla, sino que demostró –sin necesidad de hacerlo– el compromiso que viene sosteniendo en el tiempo de manera sólida, cuidada y amable. Desde ese lugar y sobre este punto, es oportuno decir que el Baradero no necesita esconder en la grilla nuevas corrientes para vender entradas. Es un festival de rock y punto. Gracias por eso. Así, desde el viernes temprano y con el sol haciendo transpirar al predio, las parrillas de las quintas se dirimían entre las colas de los supermercados, los lugares comunes y el gusto de ser parte de la oleada de pibas y pibes que, con remeras acordes y canciones al unísono fueron llegando al banquete que propusieron, una vez más, desde la producción. Pero es cierto que una cosa no sucede sin la otra. Entonces, el line up hecho a la medida anunciaba, a los animales que somos, que era momento de decir algo que mancomune al todo.
Como paréntesis, y a los tiempos que corren, la cultura como un hecho puesto en tela de juicio evita, o deja por fuera la significancia cultural en sí. De esta manera, parece que tal cosa se encuentra sujeta únicamente al arte y sus hacedores.
La misma responde, además, a la unión social representada a través de los actores mencionados, pero también a la capacidad que tenemos quienes, a través de aquello, entendemos que un hecho cultural es también la interpretación de cualquier tipo de movimiento que contenga a sus veedores, y estos son tan responsables como quienes la proponen. Visto así, cultura somos todos los que nos levantamos y elegimos con quien hablar, a quien querer, con quien compartir, crecer, aprender, construir y escuchar, etcétera. El rock, tal vez, no sea más que la capacidad de entenderse en un mismo plano, con el corazón en la mano y en un mismo sentido; de ese modo nos convertimos en nuestro propio grito de guerra y ese, discúlpennos, es un lugar intocable.
Los escenarios estaban desnudos. Los fierros a la vista como si fueran dos esqueletos rabiosos en donde las luces mostraban el interior de un cuerpo vivo fueron, en esta oportunidad, parte activa de lo que ocurría en ellos.
Si el Baradero está luego de una década de vida anclado en nuestra identidad, aquellos que se encargan artísticamente de sostenerlo ofrecieron un espectáculo por demás a la altura. El primer día advertía de qué venía la mano: Estelares con un nivel altísimo, Joaquín Levinton y los Turf para el delirio del público a manos de tamaño frontman, Los Pericos, Piti Fernández, El Plan de la Mariposa, Usted Señalemeló y Nonpalidece entre otras bandas, abrieron el juego para el bálsamo final a manos de Los Auténticos Decadentes. Por último, y como si se quisiera calmar a las bestias con un baile final, Los Palmeras terminaron por darnos el exquisito gusto.
Al otro día, el final anunciado. Los cuerpos con dos días de rodaje a cuestas, pero con esa idea de no dejar de ser parte y darlo todo. Se bailó, sí, con la misma intensidad que se entonaban las canciones de brazos en alto y pibas en andas repartidas entre banderas y declaraciones de principios.
El escenario al Río cediéndole el espacio a nuevos artistas como Perro Suizo, Ryan y Parientes por mencionar algunos que ya dan la nota y la altura, más un espacio para desconectarse entre food trucks y espacios para un pequeño descanso antes de que la grilla principal gane cuerpo y forma.
Así, con la tarde sobre nuestras cabezas, El Bordo y sus 25 años de vida reafirmó su regreso al Luna Park el 18 de mayo próximo. El Kuelgue y esa necesidad de vivir bailando, Guasones que nos tuvo a todos saltando durante toda la lista, y Las Pelotas como una unión generacional hipnótica que nunca deja de sorprenderme, ni de llenarme. Pero si en el detalle aparece la grandeza, Ricardo Iorio no podía estar ajeno al convite. Así, para quienes no lo vieron, o no lo conocen, o no sabían de quien o de qué se trataba, un mural devenido en santuario anticipó el gusto personal de ver a Hermética –La H no murió– en la antesala del cierre; y este es un gesto que comprendió con notable pulso y sensatez la producción.

El periodista ha cumplido. Mi ser humano no puede no mencionar a los amigos con los que tocamos el cielo a cada salto, a cada mirada, a cada sonrisa, a cada llanto.
Pero también, como parte de una postal única, fue un gusto ver como en la principal radio de rock nacional, encallada en un contendor y deck generoso entre los dos escenarios, staff, técnicos, asistentes, coordinadores, conductores y director, bailaron, como los mortales de a pie que son, junto al público, para que el Baradero termine por ser un abrazo gigante de unas veinticinco mil almas. Para terminar esta pobre crónica, tuve el placer de ser parte de un cierre único que, luego de una descomunal puesta de Rata Blanca, Kapanga –con formación completa— entonó un merecido feliz cumpleaños por la década cumplida hacia la producción, pero también para un público que obliga a repetir la fiesta el año próximo.
Termino. Me toca escribir y escribo, en primera persona, como me sale, por elección propia y por que parte de lo que soy se lo debo a la música con la fui creciendo, los artistas que me fueron formando y los amigos que me van corrigiendo. Antes de ser periodista, nací como un ser humano. Acá, en América. Bien al sur.
El viernes 12 de junio a las 18 hs, se realizará una propuesta diferente para quienes buscan conectar con la intuición, el misterio y las energías: una exclusiva Tarde de Tarot y Lectura de Café en el emblemático Castillo de Sandro, ubicado en Av. Pavón 3943, Boedo (CABA).
La actividad invita a compartir una experiencia especial junto a amigos, pareja o seres queridos, en un entorno cargado de historia y magia.
Durante el encuentro, el tarot será el gran protagonista de la jornada, acompañado además por dinámicas de numerología y un cierre especial con lectura de café (cafemancia).
La reunión estará coordinada por Iris Arese, numeróloga y especialista en prácticas esotéricas.
La experiencia incluye:
Lecturas y dinámicas de tarot
Juegos y experiencias de numerología
Lectura de café (cafemancia)
Break + merienda incluida
Duración aproximada: 2 horas
Información general
📅 Fecha: Viernes 12 de junio🕕 Hora: 18:00 hs📍 Lugar: Castillo de Sandro📌 Dirección: Av. Pavón 3943 — Boedo, CABA
Reservas e informes
📲 11-6852-2863💳 Reserva con seña del 50%⏳ Cupos limitados
-
Judiciales ⚖️5 díasAutopsia de Benjamín Scerra: revelan que recibió más de 20 puñaladas
-
Fútbol & Goles!5 díasEscándalo total: Malcorra fue a buscar a Gustavo López a la salida de la radio y casi terminan a las piñas
-
Goles! ⚽7 díasEl fútbol argentino en llamas por la eliminación de Racing: entre rojas, insultos y acusaciones de robo
-
Buenos Aires4 díasAlerta en Mar del Tuyú: el mar avanza y las casas de la costa quedan al borde del colapso
-
Espectáculos 🎭1 díaWanda ganó el Martín Fierro a Mejor Conductora: su discurso a favor de las mujeres y la salud pública
-
Judiciales ⚖️4 díasNarcoaviones y política: avanza la investigación en EEUU que vincula a Machado con Espert
-
Desregulación6 díasSindicatos aeronáuticos denuncian penalmente a Milei y Caputo por la venta de Intercargo a precio vil
-
Mundo 🌐2 díasSeis vidas en las profundidades: el accidente de buceo más letal en la historia de Maldivas
