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Mata el miedo que guarda el animal

Por Manu Campi.

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El folclore popular llora la muerte de Ricardo Iorio. La prosa de la canción de habla hispana ve partir a una de sus más sentidas lapiceras. Que esté usted bien, Toro y Pampa. Adiós, cantor.

El domingo volví de votar, paseé a los perros y me acosté a dormir después de cenar, fumarme un pucho en el balcón y lavarme los dientes. La noche caía con menos tensión. Mirando al techo, pensé en que, además de las elecciones, era el cumpleaños setenta y dos de Charly. Me puse los auriculares que dejo siempre sobre mi mesa de luz y empecé a escuchar las canciones que me fueron formando, disco a disco, década a década.

Corrían los noventa, la hipoteca generacional que se arrodillaba entre autos deportivos, motos todo terreno, cigarrillos Camel y lentes Ray Ban, adquiría holgada el bálsamo que esta década tenía para ofrecer. A pesar del plástico y las modas, los noventa, en mí, tuvieron sus propias voces. A los quince o dieciséis años, los Pistols, The Clash o, Nina Hagen, Bowie, Tom Waits, Leonard Cohen, Muddy Waters, Voughan y Lou Reed se mezclaban con Silvio, Pablo y Los Violadores, La Polla Records, Soda, Los Redondos, Pappo y Viejas Locas. El Don del Águila, Un Mundo Feliz, El Hombre Ilustrado, El Aleph y los Doors me unieron a un contexto más amable que el lema que el comprá, gastá, tené y se feliz que traía consigo el Imperio y amabilidad a la hora de convencer.

Sus voces, hicieron de aquel adolescente alguien que podía mirar más allá de los nuevos teléfonos celulares y la maravilla de Silicon Valley. El imperialismo siempre se sintió incómodo en la casa de mis viejos, gastar guita no era una opción. Recién recibidos, las grandes marcas no consiguieron entrar en los bolsillos de dos flamantes médicos. La respuesta a esto se sirvió en la bandeja de la intelectualidad. Leer, escuchar y aprender fueron la manera de sentarse en el living comedor antes de la primera video casetera. Entre tantas voces, hubo una que hablaba de una América saqueada y sometida. Fue Hermética, de Ricardo Iorio.

Hoy me levanté y el tipo se había muerto de un infarto a los sesenta y un años. Contradictorio, auténtico, contestatario, desbocado y rockero, supo decir lo que en los noventa se decía muy poco. Habló del poder predatorio que sufría la gran colonia hispana a manos de aquellos que se escaparon “en las horas sin sol, de las miradas oscuras que aprobaron las torturas del fugado represor”. Iorio contaba el cuento latino de las patrias diezmadas sometidas para “adorar y no pensar”. En él, la clase trabajadora tuvo forma y color cuando internet aun no servía de fuente de consulta y ‘conocimiento’. Dentro de su autenticidad, nos contó que los laburantes sobrevivían a infancias estomacales, víctimas de un vaciamiento que les quitaba la sangre al “antojo de un patrón, por un mísero sueldo, mientras el mundo, policía y ladrón” lo bautizaban sonriendo como un gil trabajador.

No hay en esta página un repaso sobre su obra, no hace falta; no hay una decisión sobre la obra y el artista; no hay quien deba juzgar las herramientas con las que se ha crecido, pensado y sostenido. Ver a Hermética en vivo es parte de mi vida, de mi impronta como argentino, humano, amigo y rockero. El tiempo me sigue mostrando cuál es el sitio de donde vengo, las cosas que hice y las cosas que quiero. Los años me pusieron selectivo en tanto me di cuenta de cuánto había aprendido a elegir.

Si me convertí en esto que se negocia tan poco, mira de frente, que saluda a sus amigos antes de irse a dormir y que no se sienta en cualquier mesa es, en parte, por las lapiceras que atendieron las inquietudes de un niño con más preguntas que zapatillas de marca. Un día se murió Ricardo Iorio, exponente de un tiempo en el que fui hermoso. Se va un poco de mi voz. Adiós…Toro y Pampa.

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Lali Espósito y Pedro Rosemblat dieron el sí: boda íntima en San Telmo

La cantante y el periodista celebraron su unión rodeados de familiares y amigos en una antigua propiedad porteña. Claudia Villafañe estuvo al frente de la organización de una jornada reservada, mientras la pareja decidió mantener bajo perfil los detalles del festejo.

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Lali Espósito y Pedro Rosemblat dieron un paso fundamental en su historia de amor y se casaron este sábado 31 de octubre. La cantante y el periodista eligieron una antigua casona del barrio porteño de San Telmo para celebrar su unión en una ceremonia íntima, acompañados por sus familiares y amigos más cercanos.

El festejo estuvo organizado por Claudia Villafañe y se desarrolló bajo un marcado hermetismo. La pareja decidió preservar los detalles de la celebración y evitar que trascendieran anticipadamente aspectos centrales de uno de los acontecimientos más importantes de su relación.

La casona de San Telmo que eligieron Lali y Pedro para casarse

El escenario elegido para la boda fue una antigua propiedad ubicada en el tradicional barrio de San Telmo, que combina arquitectura porteña con espacios rodeados de vegetación.

El lugar fue acondicionado especialmente para recibir a los invitados. Además, parte de la cuadra quedó delimitada para organizar los accesos y el estacionamiento durante el evento.

La elección de una casona tradicional acompañó el estilo reservado que la pareja buscó para la celebración, con una convocatoria reducida a su círculo más cercano.

Claudia Villafañe organizó la celebración y hubo detalles que quedaron bajo reserva

La organización del casamiento estuvo a cargo de Claudia Villafañe, quien asumió la planificación de una jornada en la que los novios buscaron mantener el protagonismo de la intimidad familiar.

En los días anteriores, Lali había compartido algunas precisiones sobre cómo imaginaba el festejo. Entre otras cuestiones, adelantó que no utilizaría un vestido tradicional con una cola extensa.

También describió la celebración como un encuentro tranquilo para compartir con sus seres queridos. La artista contó que algunos integrantes de su familia viajarían desde diferentes puntos del país para acompañarla.

Otro detalle que anticipó fue que no tenían previsto realizar una luna de miel inmediatamente después de la boda, debido a los compromisos laborales de ambos.

Cómo comenzó la historia de amor entre Lali Espósito y Pedro Rosemblat

La relación entre la cantante y el periodista comenzó a tomar forma a fines de 2023, después de un primer acercamiento que surgió a través de las redes sociales.

Lali se interesó por las publicaciones de Rosemblat y decidió contactarlo. Tiempo después, ambos coincidieron en una reunión con amigos en común.

Ese primer encuentro estuvo marcado por los nervios de la artista, aunque el vínculo avanzó hasta consolidarse como una relación sentimental.

En febrero de 2024 confirmaron públicamente que estaban juntos y comenzaron a compartir algunos momentos de su vida como pareja.

De la primera aparición pública al compromiso

En marzo de 2024, Lali y Pedro realizaron su primera aparición oficial juntos durante el estreno de la obra teatral «Mejor no decirlo», protagonizada por Mercedes Morán e Imanol Arias.

Con el paso del tiempo, la relación se afianzó y ambos comenzaron a hablar públicamente sobre la convivencia y los proyectos compartidos.

En 2025, la cantante contó que ya vivían juntos y compartió algunos detalles de la rutina que construyeron como pareja.

Finalmente, en enero de 2026 anunciaron su compromiso, un paso previo a la celebración que concretaron este sábado en San Telmo.

Así, después de casi tres años desde los primeros acercamientos, Lali Espósito y Pedro Rosemblat celebraron su casamiento rodeados de sus seres queridos, en una jornada que mantuvieron lejos de los grandes despliegues públicos.

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